APÉNDICE III E l ARSIS Y LA TESIS
B. LOS POETAS LATINIZANTES DE NUESTRA EDAD DE ORO
El renacimiento horaciano en España había dado comienzo con la imitación del Beatus ille debida al marqués de Santi- llana:
Benditos aquellos que con el azada . . .
Se ha aclimatado también en lengua castellana el endecasí labo, fruto maduro de la asimilación de la métrica clásica al castellano en sus diversas formas de versos sáficos, alcaicos, falecios y senarios yámbicos. Menos importancia tiene el saber si lo trajo a España Francesco Imperiale o Boscán por con sejo de Navagiero.
El paso siguiente será la creación de estrofas que imiten las latinas sin influjo italiano. Y aunque es cierto que ya Dante y Boccaccio primero, y después Boiardo habían alternado hep- ' tasílabos con endecasílabos, nadie en Italia había utilizado esos versos en la forma en que Garcilaso de la Vega los combinó en su canción
A LA FLOR DE GnIDO Si de mi baja lira
tanto pudiese el son, que en un momento aplacase la ira
del animoso viento
y la furia del mar y el movimiento .. .
Esta estrofa es la lira, ánfora perfecta que encerrará la casi totalidad de las inspiraciones del divino fray Luis. En liras ha dejado fluir el agustino su inspiración al mismo tiempo hora- ciana, platónica y escritural; su dominio de las transiciones y los enlaces; su sabia condensación del pensamiento en frases breves.9
Pero se aproxima más a la inigualable pureza helénica de la forma el bachiller Francisco de la Torre, quien crea la estrofa que lleva su nombre, denominada también Asclepiadeo-Gli-
cónica:
Amintas nunca del airado Júpiter la armada mano descompone umbrosa selva de plantas, sin mostrar humana
su presencia divina.
9 Ver M enéndez y Pelayo. Horacio en España, t. 11, los Imitadores.
“De tales estrofas a la resurrección de la sáfica, parece que no hay más que un paso”, dice Menéndez Pelayo. Pero De la Torre denominaba ciclónicos a sus versos, y sólo escribió algu nos sáficos por casualidad.
Pasemos a la estrofa sáfica. Aunque parezca extraño, no fue Villegas el introductor en España de la estrofa de Lesbos. Fue el arzobispo de Tarragona Antonio Agustín, quien escribe en carta a un amigo en 1540:
M itto ad te quaedam epigrammata novi cuiusdam generis. Y
los versos de nuevo género son unos sáficos. Ésta es la primera estrofa:
J ú p ite r to rn a , c o m o su ele, rico, c u e rn o d e rra m a Jove co p io so , ya q u e b ie n p u e d e el p egaseo m o n te
v erse y la c u m b re .
También el brócense trazó bellos sáficos para traducir la oda Rectius vives, Licini. He aquí dos de sus austeras estrofas:
M u y al seg u ro vivirás, L ic in o , n o te e n g o lfa n d o p o r lo s alto s m ares, n i p o r h u irlo s e n c a lla n d o e n p la y a tu n av ecilla. O u ie n a d a m a re d u lc e m e d ia n ía n o lo c o n g o ja n viles m e n d ig u e c e s, n i le d e m u e s tra n c o n a tru e n d o s v an o s casas reales.
Entre las primeras sáficas de nuestra lengua se cuentan tam bién varios coros de fray Jerónimo Bermúdez en sus tragedias
Nise lastimosa y Nise laureada.
Pero es el poeta Esteban Manuel de Villegas (1580-1645) quien hace triunfar la estrofa sáfico-adonia. Hizo también ágiles ensayos con el hexámetro, pero en éstos no obtuvo el mismo aplauso, quizá porque sus contemporáneos no gustaban de la polirritmia que tales hexámetros encierran.
La oda sáfica A l Céfiro es tan perfecta, que figura en la ma yoría de las antologías líricas de nuestro idioma.
Hela aquí:
D u lc e v ecin o d e la v erd e selva, h u é s p e d e te r n o del ab ril flo rid o , v ita l a lie n to d e la m a d re V e n u s ,
C é firo b la n d o ;
Si de mis ansias el dolor supiste tú, que las quejas de mi voz llevaste, oye, no temas, y a mi ninfa dile,
dile que muero.
Filis un tiempo mi dolor sabía, Filis un tiempo mi dolor lloraba; quísome un tiempo, mas ahora temo,
temo sus iras.
Así los dioses con amor paterno, así los cielos con amor benigno nieguen al tiempo que feliz volares,
nieve a la tierra.
Jamás el peso de la nube parda, cuando amanece en la nevada cumbre, toque tus hombros ni su mal granizo
hiera tus alas.
Villegas ha captado aquí todas las peculiaridades acentuales del sáfico latino que, como ya he dicho, es un verso logaédico como en
Integer vitae, scelerísque purus.
Como ya he señalado, Horacio suele dar al sáfico un acento en 4?, a causa de la censura en el dáctilo. Ese acento es tan peculiar del mismo como el de la 10? sílaba. Son también ca racterísticos, pero no obligados, los acentos en la 1? y en la 8? sílaba.
No hay duda de que Villegas siguió el sáfico latino en su aspecto acentual, pues coincide del todo con él.
Compárese cualquier estrofa de la oda citada de Villegas con esta de Horacio:
Dive, quem proles Niobea magnae vindicem linguae Tityosque raptor sensit, et Troiae prope victor altae
Phtius Achilles.
('Od. IV , 6 ) .
Confróntese tal acentuación con la que llevaría la estrofa sáfica si Villegas colocara sus acentos donde había sílabas lar gas en latín. Sonaría aproximadamente así:
Ved que va fundiéndose el viento helado, ya se calma el hórrido cierzo inerte.
Ya retoza el hato triscando en prados verdes de grama.
Quien lea esta estrofa verificará que esta acentuación rigu rosamente “cuantitativo-acentual” del sáfico que ha ensayado aquí es bastante diversa de la que utiliza Villegas; y que, por lo demás, no existe obstáculo alguno para la adopción de este nuevo esquema acentual en castellano. Con más razón si se va repitiendo la misma serie de acentos en las sílabas F , Ψ, 5?, 8? y 10^ de cada endecasílabo. Es indudable que casi cualquier serie acentual es armoniosa si se repite a lo largo de varios versos. Ésa es justamente la “Ley de la sucesión rítmica” .
Yo no afirmo que esta acentuación sea fiel al carácter del sáfico latino, sino sólo que es también admisible en nuestra lengua.
Con esto he dejado demostrado que Villegas es “silábico- acentual” en sus estrofas sáficas. Por otra parte, puede serlo también en los dimetros yámbicos de sus Anacreónticas. En ellas se limita Villegas a seguir la acentuación más común que tienen en griego, aunque rehúye por sistema la imitación de los heptasílabos con acento en la última sílaba, pues nos suenan como octosílabos.
Así comienza en griego: la más conocida de las anacreón ticas: Θέλω λεγειν 'Ατρείδας, π» TT- c>, θέλω δε Κάδμον άδειν' Εις Κιθαραν = , ^ 1 * ~ ‘ ri ραρριτος οε χοροοας ’Έρωτα μούνον ήχεΐ.
Y ésta es la traducción de Villegas, verso por verso, de todo el poema :
Quiero cantar de Cadmo, quiero cantar de Atridas: mas, ¡ay!, que de amor sólo sólo canta mi lira.
Renuevo el instrumento, las cuerdas mudo aprisa; pero si yo de Alcides, ella de amor suspira.
Pues, héroes valientes, quedaos desde este día, porque ya de amor solo sólo canta mi lira.
Demostraré a continuación que Villegas puede ser “cuanti tativo-acentual” en su Égloga en hexámetros.
La Égloga en hexámetros está en buena parte formada con pies acentuales.
Unos son dactilicos, como:
L ícid as y C o rid ó n , C o rid ó n el a m a n t e d e Filis.
Otros son anfibráquicos como:
Q u e p re s to in s p ira n d o p e á n c o n a m ig o c o tu rn o .
Otros alternan algún pie acentual ajeno al predominante del verso: (Pastor el) úno de cábras, el ótro de bláncas ovéjas. (Aquí un anfíbraco precedió a una serie dactilica.)
Otros forman dos hemistiquios, cada uno de un ritmo acen tual, como en éstos, compuestos de dos anfíbracos y tres dáctilos, aunque el último sea cataléctico:
S in riesgo d e l g ráv e / d á ñ o d e l sácro p i r á t a . . . A l tro n c o d e u n v é rd e e- / n é b ro se sié n ta n a m i g o s . . . M a s césa la d u lc e / q u élis, los b rá z o s a p ré sta .
M is á ñ o s, p a s to ra , / vivas; m il á ñ o s a M ó p s o . . .
Por otra parte no hay que olvidar que Villegas encontraba verdaderas cuantidades en las sílabas castellanas.
De ahí que la Égloga en hexámetros pueda ser cuantitativa, como lo quería el autor. Cuantitativo-acentual, pues tiene va rios hexámetros de seis acentos simétricos. O silábico-acentual, pues muestra varios de los esquemas acentuales que reseñé en mi capítulo n.
Añadiré, para concluir las aportaciones latinizantes de Ville gas, sus dos epigramitas en dísticos elegiacos. Es de notar que, además de los hexámetros en las formas citadas, incluyen pentámetros de 5 -j- 7 sílabas:
I
¿ C ó m o e n el m o n te sigues a D ia n a , d ijo C ite re s, D ic tin a h e rm o sa , sie n d o la caza fea?
N o m e la d esp recies, C íp rid a , re s p o n d e D ia n a ; t ú ta m b ié n fu is te caza: la re d lo d ig a.
II
N o el fu e r te A yaces, n o lo s tro y a n o s acusa. ‘M is p ro p io s griegos c u lp o ’, m u r ie n d o dice.