En los años sesenta, el gobierno de Leopoldville luchó para mantener unido el país frente a las fuertes tendencias separatistas, sobre todo en la provincia de Katanga (más tarde Shaba), en el sur. También tuvo que ocuparse de un gran número de desplazados internos.27 La mayoría de los refugiados ruandeses que habían huido
de su país vivía en las provincias de Kivu Septentrional y Kivu Meridional, en el este del Congo. A principios de 1962, ya había 60.000 refugiados ruandeses en la zona de Kivu, concentrados principalmente en torno a Goma, Bukavu, Nyangezi y Luvungi.28 Inicialmente bien recibidos por el gobierno provincial, en 1963 las di-
visiones políticas internas dentro del Congo se tradujeron en una creciente inse- guridad para los refugiados. La violencia se hizo habitual y e s t a b a dirigida cada vez más hacia los refugiados. Un funcionario del ACNUR que trabajaba e n l o s campos de refugiados ruandeses del Congo, François Preziosi, escribió al Alto Comisionado en octubre de 1963 en términos que encontraron un escalofriante eco 30 años después:
Me he encontrado con que las autoridades de Kivu Septentrional utilizan este término [tutsi] como un ardid propagandístico. Todo lo malo en la zona está provocado por «tutsis». Esta palabra parece contener una mezcla de miedo subjetivo, odio y frustración, de un modo muy similar a lo que ocurría con el término «judío» en la Alemania de Hitler. Por tanto, cualquiera que parezca tutsi puede ser víctima de una paliza, ser asesinado o encar- c e l a d o , a s í c o m o t o d o e l q u e l e a y u d e . H e v i s t o e n S a k e u n t e l e g r a m a p r o c e d e n t e d e l gobierno de Kivu Septentrional dirigido al gobierno central de Leopoldville, en el que se atribuían a los tutsis todos los desórdenes y atrocidades en Kivu Septentrional.2 9
En noviembre d e 1 9 6 3 , el Alto Comisionado Schnyder telegrafió al p r i m e r ministro Cyrille Adoula a Leopoldville, pidiendo la intervención del gobierno central para proteger a los refugiados. A sugerencia de Ralph Bunche, consejero del Secretario General de la ONU U Thant, se creó una comisión conjunta de la ONU y del gobierno congolés para investigar la situación y tratar de reducir las
La situación de los refugiados en el mundo
tensiones políticas. Pero la rebelión encabezada por Pierre Mulele en el este de Congo añadió una nueva dimensión al problema. El gobierno provincial, con el apoyo en esta ocasión de las autoridades centrales de Leopoldville, utilizó la a m e n a z a d e l o s r e b e l d e s p a r a t r a t a r d e e x p u l s a r a l o s r e f u g i a d o s , a l e g a n d o q u e algunos de ellos habían ayudado a los primeros.30 En agosto de 1964, cuando
intentaba prestar asistencia a los refugiados que sufrían la intimidación de los insurgentes en un campo próximo a Kalonge, François Preziosi y un funcionario que trabajaba p a r a la Organización Internacional del Trabajo (OIT) fueron ase- sinados brutalmente (veáse recuadro 8.3) y, como consecuencia de ello, el ACNUR y la OIT suspendieron con carácter temporal todas las operaciones en la zona de Kivu.
Casi de forma simultánea, el gobierno de Leopoldville ordenó la expulsión de todos los refugiados. Aunque el decreto nunca se aplicó de forma sistemática, fue utilizado d e s d e entonces por las autoridades locales para acosar a los refugiados ruandeses.31 El gobierno central quería ahora que los refugiados fueran expulsa-
dos a Uganda o a Tanzania. En noviembre de 1964, los refugiados ruandeses co- menzaron a realizar el difícil trayecto que separa Goma de Tanzania. Finalmente, con la asistencia del ACNUR, alrededor de 5.000 refugiados fueron trasladados en barco desde Bukavu hasta Goma, desde donde se fletaron aviones para llevarlos a Tabora, en Tanzania. Allí fueron alojados por el ACNUR en un centro de tránsito, desde donde viajaron en tren hasta Mpanda, a unas 20 horas de distancia. Desde Mpanda, fueron llevados en camiones a las montañas Mwezi, donde se establecie- ron. Otros refugiados, más de 10.000, huyeron por sus propios medios hasta Uganda, y 10.000 más hasta Burundi. Aunque el puente aéreo fue financiado casi exclusivamente por dos organizaciones religiosas alemanas, el ACNUR decidió prestar su asistencia a esta operación porque consideró que ya no se podía prote- ger a los refugiados en el Congo, al menos en Kivu.32 E n 1 9 9 6 , e l A C N U R t o m ó
una decisión similar en la misma región.
Los refugiados que se quedaron en el Congo siguieron recibiendo la asisten- cia del ACNUR. Estos refugiados, de habla kinyarwanda, fueron asimilados en la comunidad de lengua kinyarwanda congolesa, aunque no se les concedió la ciuda- danía d e e s t e p a í s . D i c h a comunidad era objeto de una considerable hostilidad, especialmente desde que en 1965 llegó al poder el presidente Mobutu Sese Seko, que mantenía una relación conflictiva con sus miembros. Los refugiados tuvieron dificultades para distanciarse del resto de esta comunidad y, como consecuencia de la situación, se vieron involucrados en la política local. Preziosi señaló en aquel m o m e n t o :
Los refugiados no pueden permanecer neutrales. Tienen que tomar partido. Si no toman partido se granjean la enemistad de los jefes y de las poblaciones donde viven. Si toman partido, sus adversarios los acusan de meterse en política. Pueden salir perdiendo en am- bos casos.3 3
Es inevitable preguntarse qué rumbo habrían tomado los acontecimientos pos- teriores si se hubiera encontrado una solución duradera para los refugiados
ruandeses en los años sesenta. No cabe duda de que la inmensa mayoría de ellos quería regresar. Un estudio realizado sobre la situación en Kivu en 1964 concluyó que la abrumadora mayoría de los refugiados deseaba retornar a su país si el ACNUR les podía garantizar «a toda prueba» su bienestar en Ruanda.34 S i s e h u -
biera llevado a cabo la repatriación en aquel momento, se habría podido alcanzar un nuevo acuerdo entre tutsis y hutus, evitándose por tanto el genocidio que se produjo 30 años después. O, cabe alegar, si la comunidad internacional hubiera sido más generosa al proporcionar los fondos necesarios, podría haber funciona- do el asentamiento local en un entorno políticamente estable, como Tanzania. Además, es indudable que podía haberse hecho más por encontrar soluciones re- gionales.
En aquel momento, sin embargo, la atención de la comunidad internacional se había desviado hacia la guerra separatista que se desarrollaba en la provincia meridional, rica en minerales, de Katanga, en el mismo Congo. Mientras las fuer- zas belgas apoyaban a los separatistas, las Naciones Unidas se habían implicado a petición del gobierno congolés y habían desplegado tropas en la Operación de las Naciones Unidas para el Congo (Opération des Nations Unies pour le Congo, ONUC) desde 1960 hasta 1964, en una compleja operación d e i m p o s i c i ó n d e l a p a z q u e pasó por muchos problemas. Las tensiones de la Guerra Fría y la preocupación de los Estados ante otros acontecimientos —especialmente la crisis de los misiles de Cuba de 1962— también contribuyó a situar en su contexto su falta de disposición en aquellos momentos para abordar la crisis de los refugiados ruandeses de una forma más integral y exhaustiva.
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