El turismo no ha sido ajeno a las dinámicas del conflicto, debido a que en las urbes y los municipios se encontrado amenazado por la presencia de los grupos al margen de la ley en sus territorios, donde los desplazamientos de las poblaciones estaban limitados por el accionar de los mismos, al igual que los campos
colombianos no contaban con las facilidades para recorrer los atractivos tanto culturales como naturales con los que cuenta el país.
De igual forma, se observa como con la muerte de líderes sociales y comunales, ha menguado el actuar autónomo de las poblaciones que han sido víctimas del conflicto, lo que no ha permitido un desarrollo de políticas turísticas, que ayude a la construcción, fortalecimiento y uso de los valores culturales locales de las comunidades que se localizan en medio de los enfrentamientos bélicos.
La actividad también se vio afectada por los atentados que tanto las entidades públicas como las instalaciones de las industrias colombianas tenían, sumado a la angustia que generaba los desplazamientos por las carreteras nacionales, debido a que en ellas se podía ser víctima del secuestro o de desapariciones por parte de los actores armados, por temas ligados a lo económico y a lo político.
El pánico provocado por el simple hecho de subir a un avión sin saber, si ese día la aeronave sería blanco de un atentado, como ocurrió con la de Avianca que se dirigía a Cali, o como si salir a trabajar era un riesgo tan alto que morirías sin despedirte de quienes más querías, esto es solo una muestra de cómo las comunidades se veían presas en sus propias casas al fin de resguardar la vida. Los efectos se ven en el desarrollo de la infraestructura turística, la disminución de los empleos que el turismo genera y las limitantes de las poblaciones a la educación permiten entender como la industria comienza una profesionalización en el país, tan solo desde hace poco más de cuatro décadas, la ausencia de líderes económicos que permitan más allá del desarrollo hotelero, el desarrollo de la actividad turística en los territorios.
La investigación de igual forma resalta la necesidad de las administraciones locales y de las poblaciones de entender que solo reconociendo las dinámicas sociales, políticas y económicas que el conflicto armado ha producido en sus territorios, influyen en los procesos de planificación de los mismos, por lo tanto el tener en cuenta la historia, el cómo se ha desarrollado, en que ha intervenido y a que poblaciones o comunidades ha afectado el conflicto permitirá la construcción
de políticas turísticas, que den soporte a los procesos de reconocimiento de las diferencias, de la construcción de identidad de las comunidades que ha vivido el conflicto y de la planificación de los territorios desde sus propias características. Las autoridades locales y el sector turístico cuentan sobre la mesa con distintos retos, uno de ellos es cómo ser herramienta de reingreso a la vida civil de ex combatientes de los distintos grupos armados, de cómo generar mecanismos de cohesión social donde se construyan escenarios de reconocimiento del otro, de su historia y de una identidad común en el marco de procesos de reconciliación de las poblaciones víctimas del conflicto, sin llegar a revictimizar a quienes hacen parte de las mismas o mantener las amenazas latentes en quienes dejan la lucha armada.
Otro de los retos que la actividad turística cuenta es la construcción de la confianza para la conformación de cadenas de valor en territorio, donde la comunidad teme el ingreso de personas ajenas a sus poblaciones, y que al tiempo que el fortalecimiento de la misma, que permita la prestación de servicios turísticos de calidad con la vinculación de mano de obra local calificada, por lo que se debe entender como los conocimientos que se confinan en las grandes urbes nacionales deben ser llevados a las dinámicas y a los escenarios de las regiones más apartadas, al tiempo que se deben buscar mecanismos que ayuden a la aplicación de las normas y leyes en las comunidades, a fin de incentivar la conservación de los procesos constructivos de identidad territorial y de dar calidad en la apropiación de la cultura de reconciliación nacional.
De igual forma, se observa que el diseño de las políticas de la actividad debe comenzar a ser pensada más en las regiones apartadas y no en el desarrollo del sector en las ciudades, como llevar los beneficios del turismo a las comunidades que han sido afectadas por el conflicto y reducir las problemáticas que se asocian al turismo mal manejado como lo es la contaminación de los recursos naturales, la sobre carga a los ecosistemas, a las comunidades y el desplazamiento por invasión de espacio a los locales, sin contar con la afectación que se puede dar por aculturación de las mismas comunidades.
Las autoridades de turismo, también deben ser conscientes de la historia de cada uno de los territorios inmersos en el conflicto, porque solo viendo lo que los mismos han vivido, se comprenderán tanto las dinámicas actuales con las que se administra los destinos para poder planificar de forma más real, más aplicada y mucho más coherente con los retos que cada ciudad o pueblo puede mantener frente al no retorno de la violencia y a la búsqueda de alternativas económicas que involucren desarrollos sociales y culturales de reconstrucción de redes en las comunidades que cambian su camino hacia la convivencia, la paz y la reconciliación.