E
l que encontró el camino de larga paciencia y benignidad — encontró el camino de la vida. Es mejor cortar con una sonrisa la irritación que encarnizarse indomablemente. Igual que el veneno de áspides es la irritación y el rencor, ya que alteran la cara, perturban los pensamientos, debilitan los tendones, dejan una persona sin fuerzas para cumplir las tareas; en cambio la mansedumbre y el amor alejan a todo esto.Seas atento a ti mismo para no montar en cólera, para no irritarte, tener rencores, que van a rendir tu vida desorganizada y llena de inquietudes. Trata de adquirir generosidad, mansedumbre, benignidad, todo lo que es correcto para los cristianos, para llevar una vida tranquila y apacible.
Si tienes algo contra tu hermano, o él en contra de ti — reconcíliate. Si no lo harás, tu ofrenda a Dios no será aceptada (Mc. 11:25; Mat. 5:23-24). En cambio, si cumplís el mandado del Señor, entonces con osadía reza a El, diciendo: "Perdóname Señor mis deudas, así como yo perdone a mis deudores, cumpliendo Tu mandamiento." Y El, que ama a los hombres, te responderá: "Si tu perdonaste, también Yo te perdono."
No pienses que tu solo soportas pesares mas que cualquiera. El que vive en este mundo no puede evitar de estar tentado por enfermedades y aflicciones. Ocupados en lo terrenal de esto mismo sufren las congojas. En cambio, los que aspiran lo espiritual, se apenan sobre lo espiritual. Pero estos últimos son bienaventurados ya que engendran muchos frutos en Dios.
Dios no permite que un alma que confía en El y paciente, sea tentada en tal medida, que llegue a la desesperación, o sea, no la dejara ser tentada mas de lo que pueda resistir (1 Cor. 10:13); y el maligno tienta el alma y la apesadumbra con tristeza no como lo desearía, pero hasta donde lo deja Dios. Solamente el alma debe soportar todo con valentía, sostenida por la fe; y es imposible que fuera abandonada.
Beato Efrem Siriaco.
El odio, viene del rencor, rencor — del orgullo. El orgullo de la vanidad, la vanidad viene por la falta de fe, que proviene de la dureza del corazón; la crueldad — de la negligencia, la negligencia — de la pereza, la pereza del abatimiento, el desaliento de la impaciencia, la impaciencia — del amor propio.
La oración depende del amor, el amor — de la alegría, la alegría de la mansedumbre, la mansedumbre — de la humildad, la humildad — del servicio, el servicio — de la esperanza, la esperanza — de la fe, la fe — de la obediencia, la obediencia — de la simplicidad.
Beato Macario, el Grande.
Debemos considerar la tristeza útil para nosotros solo cuando sentimos arrepentimiento de los pecados, o deseamos con ardor el perfeccionamiento, o contemplación de la futura felicidad. De esto habla el apóstol Pablo: "La tristeza, que es según Dios, produce arrepentimiento para salvación; pero la tristeza del mundo produce muerte" (2 Cor. 7:10).
Existe también otro tipo de aflicción — la peor, cuando ella introduce en el alma pecadora, no el deseo de corregir la vida y purificarse de las pasiones, sino una nefasta desesperación. Es ella, la que no permitió a Caín de arrepentirse después del asesinato del hermano, ni a Judas, no lo dejo después de la traición buscar medios de
recuperación, sino lo llevo a través de la desesperación al suicidio.
Beato Juan Kassian.
No esta triste el abstinente si no consigue comida; el casto, que no cometió indecencia; el pacifico — por no haberse vengado; el humilde — por falta de recibir honras
humanas, el desinteresado de bienes — por fracasar. Todos ellos han apagado semejantes deseos y gracias a esto no sufren tristeza, ya al que no tiene pasiones la tristeza no hiere, tal como un hombre con armadura la flecha no puede perforar. La tristeza nace de cosas desagradables (males, congojas, desencantos) y de ella se origina un animo sombrío (mal humor), y de ambos proviene un insensato rezongo contra todo. Si quieres vencer esta clase de tristeza, revestite de un amor benigno, y una alegría sin ninguna maldad.
San Nilo de Sinai.
La ira es el recuerdo del odio secreto, o sea, el rencor. La ira es un deseo de causar mal al que nos ofende. La irascibilidad es un súbito ardor del corazón. Amargura es un sentimiento de enfado, despecho, que se fija en el alma. La furia es la perversión del
buen animo y vergüenza del alma. El enojo es como rápido movimiento de la piedra del molino, que en un momento puede moler y destruir el trigo y fruto del alma, mas rápido que el trabajo de un día. Por eso hay que observarse a si mismo con atención. Es como una llamarada, traída por un viento fuerte puede quemar mas rápido que la llama lenta y destruir el trigal del alma.
Como, con la aparición de la luz se va la oscuridad, así con el aroma de la humildad, desaparecen toda aflicción e ira.
Beato Juan Lestvichnik.
El Señor completa los huecos de nuestras obras de bien, enviando o enfermedades, o aflicciones.
San Demetrio de Rostov.
Por todo lo que acontece con nosotros hay que agradecer a Dios. Si pasa algo bueno — es la obra de la Providencia Divina, y si el Señor permite que pasa algo malo y sufrimos — hay que culparse a si mismo por nuestros pecados.
Beato abba Doroteo.
Nuestro enemigo siempre trata de inducir en nosotros malos pensamientos. Si por ej., algún enferma soporta con paciencia su enfermedad — le sugiere que podría hacer muchas obras de bien si fuera sano... profundizando estos pensamientos, el hombre se transforma en descontento, pierde ya la paciencia anterior, a toda cuesta quiere solo salud por salud misma, odia a su enfermedad, se llena de pensamientos malos y el enemigo se alegra. De la misma manera descompone el enemigo a un pobre, que soporta con paciencia su destino.
De todas semejantes tentaciones fácilmente se libera aquel, que tiene un guía espiritual experimentado. El que no lo posee debe vigilar con atención sus pensamientos, si llegan malos — cambiarlos por buenos. Por ejemplo, dice el anciano Paisio: te molesta el ruido de un taller mecánico, decí: gracias a Dios que no son aviones con bombas, que no es el ruido de batallas... etc. Procediendo así siempre tendrás la paz en el alma.
Enfermo, o pobre — aguanta. Dios exige de nosotros solo tener paciencia. Aguantar con benevolencia es una obra de bien, Dios todo lo ve y no te abandonara.
Beato Nicodemo del Monte Santo.
Dios no permite tentaciones por encima de nuestras fuerzas. A los débiles les da una tentación liviana y a los fuertes — mas pesada. Hay que cortar el descontento para que no se vuela en ira y odio, de ahí a una maldad se agregue otra mayor todavía.
"No se ponga el sol sobre vuestro enojo, ni deis lugar al diablo" (Ef. 4:26-27).
Es necesario tratar con todos los medios de conservar la paz del alma y no indignarse con las ofensas, sino tratarlas con indiferencia, como si no nos conciernen. Esto dará calma a nuestro corazón y lo hará morada del Espíritu Santo.
Si supiéramos que alegría espera al justo en el cielo, soportaríamos agradecidos a todos los disgustos de esta vida.
Beato Serafín de Sarov.
Cuando la mente se somete a Dios, entonces el corazón obedece a la mente. En esto consiste la mansedumbre. Que es la mansedumbre? Es una humilde fidelidad a Dios, unida con la fe y bendecida con la Gracia Divina.
Jerarca Ignacio Brianchaninov.
El castigo, por si mismo, no cura al hombre de su pecaminosidad. Si los sufrimientos llevan al hombre a la ira y exasperación, si él no se humille y tenga paciencia,
sometiéndose a Dios, si en cambio solo incitará la ira, odio a todo lo que lo rodea, maldiciendo la causo de sus sufrimientos — entonces solo va a aumentar su propia pecaminosidad, agregando lo mas terrible: el rechazo de la Santa voluntad Divina.
Macario, metropolitano de Moscú.
Los Santos Padres rechazan un excesivo, sin medida, pesar sobre sus pecados, porque lleva a la desesperación. Esta congoja debe ser diluida con la esperanza en la
misericordia Divina: hay que afligirse y al mismo tiempo tener la esperanza. Ser triste, porque con nuestros pecados enojamos a Dios y nos alejamos de El. Tener la esperanza porque tenemos un medico Todopoderoso para pecados nuestros, el Señor Jesucristo, que derramó Su sangre por nosotros.
Beato Ambrosio de Optina.
Donde está el verdadero ideal, que abarque a toda la naturaleza humana en toda su plenitud e infinito desarrollo, cercano a todos y accesible para todos, él que da al débil — lo pequeño, y al fuerte — lo grande; benigno, que atrae a todos hacia él y satisface a todos? Tal ideal es uno — es el Dios cristiano: Seáis perfectos, como padre vuestro Celestial perfecto es...
Indiquen al hombre la mas alta exigencia de la naturaleza, que no encontraría la satisfacción en El; imagínense la perfección mas alta que no estaría en El. El es la verdad misma, amor, benevolencia, pureza, generosidad, abnegación, laboriosidad, paciencia, valentía — pero quien puede calcular a todos Sus perfecciones?
Posiblemente, lo que no coincide con el espíritu de nuestra época, es que en Él no hay pasiones con los cuales podríamos justificarnos, que El no les favorece, que El no comete ilegalidades, "ni hubo engaño en Su boca" (Is. 53:9).
Los genitores llevan y ponen ante El a sus hijos en esta escuela sagrada, que es la Iglesia, donde la educación sigue a todas las leyes del desarrollo humano. Primeramente a través de los sentidos. Así, como en las bellezas de la naturaleza, también en la Iglesia se adquieren las primeras nociones sobre Dios, las mas tempranas y las mas importantes
en la vida del hombre, a través de la observación de las imágenes santas, cánticos, símbolos que indican el mundo espiritual. He aquí una lección de conocimiento de Dios!
De esta influencia benéfica y la misma Gracia Divina privan los padres a sus hijos si no los llevan al templo si lo privan de la Sagrada Comunión ya desde la edad temprana. El vano argumento de tales padres es que los pequeños nada entienden. Los niños sin analizar con la mente reciben la sagrada influencia, así se educa el espíritu, el sentido religioso, que es propulsor principal de la vida cristiana. Sin esto el niño después tendrá su corazón sordo a las impresiones espirituales.
Arzobispo Ambrosio (Klucharev).
El hombre, sujeto a la irritabilidad y lleno de maldad, siente muy claramente en su interior la presencia de la fuerza enemiga, fuerza mala; ella produce en el alma todo lo contrario de los que dice el Salvador sobre Su presencia: "Mi yugo es fácil y ligera Mi carga" (Mat. 11:30).
Santo y Justo Juan de Kronstadt.
No murmures, hijita, no hay de que, Si el Señor te hubiera olvidado o no te tendría misericordia, no estarías ni psiquiera viva. Pasa, que vos no ves Su benevolencia, porque quieres lo tuyo y ruegas por lo tuyo, en cambio, El Señor sabe lo que es mejor y te trae mas provecho. Ora siempre, desde luego, que te libere de congojas y de tus pecados, pero, al final agrega siempre: "Antes que nada, Señor, que se haga Tu voluntad."
Starez Alexis (Zosimovski)
Cuanto en tu alma cabe o puede soportar de las congojas, tanto cabe, también, de la gracia Divina.
Starez Alejandro de Getsimania.
Sanando a los enfermos, el Señor, agregando, decía: "Se te perdonan tus pecados." De ahí se puede concluir, que generalmente las enfermedades nos son enviadas, como castigo por los pecados. Las enfermedades redimen a nuestros pecados. Si en hombre tiene conciencia, y nunca olvida, que en su vida todo se produce por la voluntad Divina, entonces todos los fracases y dificultades los sobrelleva fácilmente, entendiendo que todo es enviado por el Señor para nuestro beneficio y expiación de los pecados; y por eso conserva siempre la tranquilidad de espíritu y la jovialidad.
Arzobispo Alejandro (Tolstopiatov).
Soporten las ofensas, reproches, injusticias, lleven las cargas unos por otros, para completar con esto la falta de obras espirituales. Somos dignos de pesares ("lo que merecemos por nuestros hechos — lo recibimos"). Es sabido que en los últimos tiempos van a salvarse con congojas. No es en vano que los Santos Padres aconsejaban a
al Señor por cada palabra, hecho, pensamiento, falsedad, adhesión al mundo,, vanidad, todo lo secreto, que es conocido solo por el Señor y nuestra conciencia.
Prior Nikon (Vorobiev).
Folleto Misionero # S142
Copyright © 2004 Holy Trinity Orthodox Mission 466 Foothill Blvd, Box 397, La Canada, Ca 91011
Editor: Obispo Alejandro (Mileant)
(orthodox_psychotherapy_d_avdeev_s.doc, 03-01-2004).
Edited by Date
E. Ancibor