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LOS SENTIMIENTOS SOCIALES Y DE TRASCENDENCIA

Estos sentimientos son la vía regia para conocer nuestro anclaje socio cul- tural y nuestros sentidos de pertenencia comunitarios

Los sentimientos sociales son moldeados por las objetivaciones culturales y trascendentes; implican un encauzamiento de los impulsos. Llevan a ajustarse, a pertenecer a la vida social o a apartarse de las prescripciones sociales. Ayudan a desarrollar sentimientos de familia, religiosos, comunitarios, políticos, ecológi- cos, etc. Mediante estos sentimientos se desarrolla una preocupación por el mundo circundante y a la vez una conciencia y sentido de pertenencia. Por eso también se constituyen en sentimientos orientativos.

La cultura actual ha puesto énfasis en los sentimientos personales. Son íntimos y de cercanía, ya que giran alrededor de la pareja, de la familia y las amistades. Aun así, tenemos dificultades. Pero los sociales y de trascendencia han sido aun más descuidados (el clásico “no te metas, viví tu vida”) con la consi- guiente pérdida de valoración de los bienes comunes, de los valores y de las actitudes correspondientes.

¿Cuáles son?

• Sentir patrio, cívico. • Lo religioso, y trascendente. • Lo estético, lo creativo y artístico. • Lo ético.

• Lo social, lo humano. • Lo ecológico.

Actitud y sentimientos orientativos

Los sentimientos mencionados son orientativos si cumplen una función social de encauzamiento y superación. Ayudan a detectar el bien común de un determinado grupo humano (familia, escuela, barrio, ciudad).

Son experiencias, aprendizajes o conocimientos sociales y de socialización. No son sentimientos orientativos por imposición; son fruto de la educación y de la cultura de involucramiento y de participación.

Dan seguridad familiar y social; contención, solidaridad, sociabilidad. Generan conciencia de convivencia y sentimiento de inclusión.

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Se constituyen en los sentimientos básicos para una comunidad, una socie- dad o un país.

Funcionalidad

Crean conciencia de una determinada necesidad o problemática social, sentido de pertenencia, crean y desarrollan Koinonía (comunicación, comunión, solidaridad, participación, sinergia grupal y social).

Algunos de estos se expresan:

• En la acción directa: en el trabajo, con perseverancia y constancia; • en el pensar, la cultura, la creatividad;

en relación al sentido, a gustos, actividades e intereses (sensus communis); • en el contacto con otras personas y con grupos humanos.

Los sentimientos orientativos son vivencias complejas que, si se sustentan en convicciones y valores, crean actitudes que dan sentido a una vida.

En estas actitudes vitales, el aspecto afectivo desempeña un papel central. Los sentimientos son más complejos y personales que las actitudes (no es lo mismo poseer una actitud favorable hacia el “interior” o la patria que tener un sentimiento patrio del interior).

Los sistemas y escalas de valor tienen casi el mismo carácter, pero con un factor de juicio mucho más explícito. De acuerdo a los valores seleccionados (consciente o inconscientemente) y a esas actitudes surgirá la organización de la vida en proyectos personales, y, fruto de ello, los diferentes estados de ánimo y la consecuente búsqueda de la felicidad.

Es necesario rescatar los sentimientos de humanidad

Parangonando a L. Boff nos animamos a decir: Observando los escenarios sociales a nivel de mundo y de nuestro país nos llenamos de abatimiento. Es doloroso ver la falta de sentido humanitario de los países ricos frente a los pobres y de los grupos pudientes frente a los carenciados.

Es grande el abatimiento por el hambre de millones de personas, debido a la desorganización introducida por el agro negocio mundial y a la especulación de los mercados de materias primas.

• Día a día nos alertan acerca del caos ecológico que se está instalando en la Tierra, que amenaza la biodiversidad, y a la propia especie humana. • Sigue la desenfrenada voracidad y acopio productivista, deforestando, con-

taminando aguas y envenenando suelos.

• No se sabe hacia dónde estamos yendo. Lo cierto es que la prolongación del viaje de la Tierra, limitada en recursos y averiada en muchos puntos, puede provocar un desastre colectivo.

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• Esta situación, como bien lo demostraron Michael Löwy (franco-brasileño) y Robert Sayre, lleva a lo que es el título del libro de ambos: Revolta e melancolia (Vozes, 1995). A la revuelta contra el exceso de materialismo, contra el espíritu utilitarista en la relación con la naturaleza, contra la infla- ción del esprit de géométrie pascaliano y contra la dominación burocrática y el desencanto del mundo.

• Lleva a la melancolía frente a la anemia espiritual dominante en la cultura, la ausencia de la razón sensible y cordial que funda el respeto a la alteridad, la ética del cuidado y la responsabilidad universal.

• Hubo en el pasado, y continúa en el presente, un movimiento cultural que se opuso a lo que convencionalmente se llamó «espíritu del capitalismo», estudiado en detalle por los dos autores citados: el Romanticismo. Necesitamos superar el sentido convencional de romanticismo que lo identifica con una escuela literaria o artística.

• El espíritu y la cultura humanista es algo más complejo y profundo. Se trata de una cosmovisión, de una forma de habitar el mundo, no solo prosaicamen- te con artefactos, máquinas, ordenaciones sociales y jurídicas, sino de habitar poéticamente el mundo al articular la máquina con la poesía, el trabajo ruti- nario con la creatividad, el interés con la gratuidad, la objetividad en los conocimientos con la subjetividad emocional, el pan trabajosamente ganado con la belleza fascinante de las relaciones calurosas. Esto hay que rescatarlo. • La sociedad de la tecnociencia y del conocimiento nos mandó al exilio, nos

robó el sentimiento de un hogar y de una patria, y, principalmente nuestra capacidad de conmovernos, de llorar, de reír con gusto y de apasionarnos por la naturaleza y por la vida.

• Estamos viviendo bajo el «sol negro de la melancolía», pero no solo los humanistas son afectados por esta melancolía, sino también los adeptos a la cultura imperante. Un devastador vacío existencial marca a millares de personas que tratan de llenarlo mediante el consumo desenfrenado. • Esta condición humana suscita de nuevo la utopía. Nace de la convicción

de que el mundo no está fatalmente condenado a la melancolía sino a la esperanza y a la ilusión.

• Hay en cada uno de nosotros y en la sociedad virtualidades y potencialida- des aún no ensayadas que, puestas en práctica, pueden re encantar y re orientar la vida.

• Es, pues, una utopía necesaria, que debe traducirse en proyectos involu- crantes y participantes de desarrollo y de participación social y ciudadana. Recapitulando: si no desarrollamos los sentimientos sociales y orientativos perdemos el sentido de la sociedad como un lugar de acogida, un lugar que vale la pena vivir; nos retrotraemos a sentimientos de tristeza y melancolía, de falta de horizontes. Hemos perdido las ganas de vivir el disfrute por la vida y esto es

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lo que percibimos en tantos grupos sociales, (ver grupos de indignados en sus diversas expresiones).

Sin sentimientos orientativos hemos perdido el sentido de pertenencia gozoso a esta raza humana, de ahí la necesidad de recuperarla con prontitud.

Hoy es más fácil rescatar la pertenencia local que la nacional.

Glosario del Mundo Emocional

Agruparemos estas emociones y sentimientos, vistas en esta primera parte, por proximidad intencional o de contenido, para ver gradualidades y asociacio- nes que pueden ocurrir.

Estos vínculos nos señalan que el mundo emocional está profundamente imbricado y conectado con el mundo de los juicios y valores. Nosotros los dis- tinguimos y los separamos para un análisis más detallado y un estudio didáctico. Pero la vida emocional es una unidad compleja. Veamos:

Ira: furia, ultraje, resentimiento, cólera, exasperación, indignación, aflic-

ción, acritud, animosidad, antipatía, fastidio, irritabilidad, hostilidad y, en el extremo, violencia, odio patológico.

Tristeza: congoja, pesar, melancolía, pesimismo, pena, autocompasión,

soledad, abatimiento, desesperación y, en casos patológicos, depresión grave. • Temor: ansiedad, aprensión, nerviosismo, preocupación, consternación,

inquietud, cautela, incertidumbre, pavor, miedo, terror; en un nivel psico- patológico, fobia y pánico.

Felicidad: gozo, alegría, alivio, contento, dicha, deleite, diversión, placer, estremecimiento, embeleso, gratificación, satisfacción, euforia, extravagan- cia, éxtasis y, en el extremo, manía.

Amor: aceptación, simpatía, confianza, amabilidad, afinidad, devoción,

adoración, infatuación, ágape (amor espiritual).

Sorpresa: admiración, conmoción, asombro, desconcierto.

Disgusto: desdén, desprecio, menosprecio, aborrecimiento, aversión,

repulsión.

Vergüenza: culpabilidad, molestia, disgusto, remordimiento, humillación,

arrepentimiento, mortificación, contrición.

No cabe duda de que esta lista no resuelve todas las preguntas que se plantean acerca de cómo categorizar la emoción. Por ejemplo, ¿qué podemos decir de com- binaciones tales como los celos, una variante de la ira que también se mezcla con la tristeza y el temor, con la inseguridad y falta de identidad? ¿Qué podemos decir de las virtudes, como la esperanza y la fe, el coraje y la indulgencia, la certeza y la ecuanimidad? ¿O de algunos de los vicios clásicos, sentimientos como la duda, la complacencia, la indolencia y la apatía o el aburrimiento? No existen respuestas claras. El debate científico acerca de cómo clasificar las emociones continúa.

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Para sentir, pensar y reflexionar

Después de haber visto la riqueza y complejidad de los sentimientos y las emociones, nos preguntamos: ¿qué significan en nuestra existencia? ¿Cómo se pueden desarrollar? En definitiva ¿son educables y modificables o permanecen estáticos? Nosotros pensamos que van evolucionando, cambiando y desarrollán- dose de acuerdo al trabajo personal y fundamentalmente a las experiencias viven- ciales y vinculares.

Este proceso implica varios pasos; una introvisión o conocimiento interno, una expresión y verbalización, y una escucha, un cuidado que nos hacemos a nivel personal y fundamentalmente comunitario. De hecho una psicoterapia vincular profunda es una experiencia emocional correctiva que se da entre las per- sonas que se vinculan.

En este capítulo vimos los afectos, emociones y sentimientos de un modo simple pero comprehensivo.

Después de esta lectura nos podemos hacer muchas preguntas. Se nos ocu- rren, entre otras, las siguientes:

Reflexiones personales

• ¿Tenía conciencia de la complejidad del mundo de los afectos?

• En mi vida personal, ¿cuál es la emoción o sentimiento que más aparece y que más cuido o cultivo?

• ¿Cuál es la emoción que me presenta más dificultades?

• Si aparece una emoción incoherente con nuestro yo (agresión, envidias, celos…): ¿Cómo lo trabajo para el autodominio?

• ¿Qué pasiones siento? ¿Cómo experimento y trabajo las emociones descon- troladas? ¿Pasiones como estar apasionado por algo o pasiones descontroladas? • ¿Cuáles son los sentimientos de cercanía que más he trabajado en mi exis-

tencia? Amor

Compañerismo Amistad

• ¿Cómo trabajo mis sentimientos de trascendencia? Amor patrio

Amor a la humanidad Solidaridad

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Reflexiones de pareja y familia

• ¿Cuál es la emoción (positiva o negativa) más frecuente en nuestros víncu- los de pareja y de familia?

• ¿Qué pasiones dominan nuestros vínculos? ¿Hay alguna ambición exagera- da? ¿Cuál es el sentimiento íntimo más trabajado?

• ¿Cómo se ha desarrollado el sentido de pertenencia familiar?

• ¿Se han instalado vinculaciones negativas que destruyen esa pertenencia?

Reflexiones en la comunidad educativa y/o próxima

• ¿Cuál es la emoción (positiva o negativa) más frecuente en nuestros víncu- los escolares o laborales?

• ¿Cuál el sentimiento más trabajado?

• ¿Cómo se está desarrollando el sentido de pertenencia y de inclusión en la escuela o en el trabajo?

• En nuestros vínculos laborales, ¿cuál es la emoción más desarrollada: la solidaridad o la competencia?

Reflexiones ciudadanas y sociopolíticas

• ¿Cuál es la emoción (positiva o negativa) más frecuente en nuestros víncu- los ciudadanos y sociales? ¿A qué se debe? ¿Cómo las podrían trabajar en las distintas comunidades u organizaciones?

• ¿Cómo se está desarrollando el sentido de pertenencia y de inclusión social, ciudadano y patrio?

• ¿Cuáles son los dichos más frecuentes que expresan y revelan nuestro sentido de pertenencia o de aislamiento y auto marginación o de exclusión social?

Segunda parte

LOS CAMINOS DE BÚSQUEDA: LOS DESEOS.

LOS SUEÑOS E ILUSIONES. LAS UTOPÍAS.

En el mundo de los afectos observamos el mundo del sentir y reflexio- namos acerca del modo en que aparecen las emociones y sentimientos. Es el área de la expresión más básica y primaria.

Aquí, el área de los deseos, sueños e ilusiones, nos devela un paso más: nuestro ser no solo expresa, también apetece, busca adquirir e incorporar un objeto o un vínculo o una situación o estado que satisfaga una necesidad o una aspiración.

Es el mundo de la búsqueda que comienza por una inquietud como bien lo decia el gran psicólogo de la antigüedad, San Agustín: “inquietum es cor meum…”

Ocurre algo fantástico: el afuera atrae y nos mueve desde adentro, nos moviliza. Produce en nosotros eso que llamamos deseos, ilusiones, esperan- zas, utopías. A veces como un susurro, otras con gran intensidad.

Entremos en estas nuevas dimensiones.

y

5. DESEOS

Deseo poco y lo poco que deseo lo deseo poco San Francisco de Asís ¡Ay de mí si no tengo y desarrollo deseos!

Descripción y características

Desear…

• Tiene muchas acepciones: apetecer, representarse algo como satisfactorio o como medio de satisfacción; sentir que una cosa o condición satisfará o aliviará una necesidad.

• Tiene varios sinónimos: anhelar, ansiar, querer (ver más adelante).

Desear es apetecer, es pretender algo con cierto ímpetu y fogosidad, con un enorme interés que nos lleva a su conocimiento, deleite, pertenencia o admira- ción (Rojas, Lenguajes, passim). El deseo es fuerza vital, anhelo, inmediatez en la gran mayoría de los casos. Es impulso. Sin deseos, ¿viviríamos?

“Pero el deseo no es sencillamente un impulso ciego sino una tendencia que lleva consigo significaciones, tiene sentido… no es mera necesidad ni es mera economía…. Porque tienen sentido tienen cierta selectividad… Se trata de un proceso de formación del futuro, de modelación del futuro por obra de un procedimiento simbólico que comprende la imaginación y la fantasía de lo que esperamos que sea el futuro. El deseo es el comienzo de nuestra orienta- ción hacia el futuro, es admitir que queremos que el futuro sea de este modo o de otro…No hay voluntad sin un deseo previo... es progresivo… tiene poder motivador... ‘desear es el acto más humano’ ” (Rollo May, Amor

y Voluntad).

El deseo está en la psicología de cada persona, constituye el vector decisivo (o uno de ellos) de su existencia. La biografía de una persona puede sintetizarse por el deseo o la ilusión que la atrapó y por la cual vivió.

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Cinco notas a tener en cuenta en el deseo

1. Es anhelo, pretensión profunda que es vivida con fuerza aunque sea inconscien- te. Es atracción, es la “esencia del hombre”, al decir de Espinosa. Estructura y organiza una vida.

2. También es conocimiento: lo deseado busca ser escudriñado, preguntado, conocido (y amado o destruido como en la etapa infantil y en los amores posesivos).

3. Es deleite, es placer, goce y disfrute. Lleva a la felicidad. Y si no se lo ordena puede llevar al emborrachamiento y a la posesión sin limites

4. Es posesión, es saber que me pertenece. Que es de mi propiedad, que es mío o mía. Si el deseo no es regulado y educado puede llevar a la dominación y cosificación del objeto o de la persona amada).

5. Es admiración o contemplación: es el amor respetuoso y servicial al amigo/a, a la persona amada; es la contemplación espiritual de Dios.

Estas notas están presentadas en una progresión didáctica pero en la realidad podemos ir y volver, destruir lo que admirábamos, cosificar a Dios como un objeto, endiosar a una persona o un objeto como si fuera un Dios a quien adorar...

El deseo es fundamental en nuestra existencia. No se podría vivir sin deseos, sin satisfacer necesidades vitales y sin búsqueda de gozos y placeres, reales o fantaseados. El deseo es fuerza, potencia, impulso, movimiento apasionado que impele y lanza a uno en busca de su objeto, presa o persona. En el mismo se acoplan necesidad e impulso, que giran alrededor del estímulo, considerado satis- factor de esa apetencia o necesidad.

Somos animales de deseos subjetivos y subjetivados. Por eso cada uno experimenta satisfacciones y frustraciones tan personales. Algunos se reducen a las necesidades básicas imprescindibles (comer, beber, respirar, descansar y elimi- nar los deshechos), otros a necesidades de la especie, de la cultura o de la espiri- tualidad...Y cada uno organiza esas necesidades y vivencias de acuerdo a una constelación de experiencias y valoraciones que hacen a la trayectoria de su vida

Por eso es muy atinado lo que expresa Rollo May en la obra ya citada: “Lo que nos mueve no es la voluntad sino los deseos.”

Según Julián Marías:

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Funcionalidad de los deseos

Los deseos son universales: no se concibe una vida sin deseos. Vivir es desear, pero esto no quiere decir que sean siempre iguales.

Cada uno en cada etapa de su vida, edad, situación o estado, expresa sus deseos de un modo particular:

El infante es pura curiosidad y exploración bucal, visual, manual, etc. Necesita comerse las cosas, su cuerpo y las personas. Esto se observa al comienzo de la vida: primero busca el pezón, cualquier pezón, pero después busca el pecho, no cualquier pecho. Es el pecho que da cari- ño, cuidado, calor. En sus exploraciones auto eróticas, en la curiosi- dad de sus compañeros, en el entrar en la cama de los padres (para ver la escena primaria) hay algo más que un mero impulso, hay una búsqueda de los sentidos y significaciones de la vida humana. El niño, satisfechas las necesidades iniciales, amplía sus curiosidades en el nivel grupal incluyendo la fantasía y el lenguaje en los juegos sexuales y en la experimentación.

El púber vuelve a nacer. Necesita re-descubrirse corporal y emocio- nalmente, su mundo se amplía extraordinariamente por los estímulos y por el acceso a internet y a los medios de comunicación social y a sus propios grupos. De ahí su precocidad.

El adolescente, sueña con sus propios paraísos (y puede quedar atra- pado en un profundo narcisismo, la vagancia ambulatoria y su red virtual); puede soñar con sus deseos de cambiar el mundo (y pode- mos encontrarnos con soñadores o hermosos chicos y chicas muy comprometidos/as)

El joven y el adulto anhelan concretar proyectos personales, profesiona- les, económicos, sociales. Es el momento de las toma de decisiones y de los compromisos, de la autonomía y de la inserción en el mundo real. Las parejas buscan realizar sus sueños y aspiraciones y empezaran el camino de su construcción (ver nuestra obra Construir la pareja con- yugal, Sb, 2015.)

Las familias, con sus gozos y sus logros, tendrán que afrontar un sinnúmero de dificultades, en una cultura que la pondera y declama pero que muy pocas veces la acompaña y la apoya eficazmente Un país, como organismo viviente y solidario, necesita explicitar sus deseos y desarrollar un modelo o proyecto consensuado y participati- vo (de lo contrario somos individuos yuxtapuestos y pasivos, habitan- tes de un territorio sin llegar a ser ciudadanos comprometidos y res- ponsables).

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Cada comunidad educativa, religiosa, social o cultural necesita expre- sar sus deseos so pena de aparecer como instituciones sin vida, como organismos muertos.

Esto nos habla del dinamismo del deseo y de su inagotabilidad.

• ¿Por qué ocurre esto? Muy simple: somos seres carentes y, además, frágiles. Esto es lo que permite y posibilita el seguir creciendo, aprendiendo y desa- rrollándonos.

• Los deseos nos ayudan a sobrevivir y, sobretodo, a proyectarnos desde nuestra propia biología. El deseo es intrínseco a nuestra existencia, surge desde nuestras entrañas. Nos estimula en la subsistencia personal y en las tres fases básicas de la sexualidad (atracción, acople y reproducción), pero tam- bién en la realización personal, en los vínculos y en los afectos.

Constituyen las bases neuro-biológicas de nuestras motivaciones de la defi- ciencia y nos lanzan proyectivamente a las motivaciones de la actualización y del desarrollo (Maslow) como veremos más adelante.

De aquí tres caracteres importantes de los deseos:

Los deseos son un verdadero proceso de expansión creciente. Esta es la base del crecimiento y del desarrollo (growth) fundamental para la organización de la currícula educativa.

• Se expresan de muchos modos (multi modalmente): como curiosidad, deleite, conocimiento, posesión, admiración, contemplación.

• Se canalizan a través de todas las dimensiones de la persona humana, de manera separada pero habitualmente de modo muy imbricado. Las dimen- siones se pueden describir de lo más simple a lo más complejo y profundo: