CAPITULO 5: LOS NODOS Y LA ESTRUCTURA ARGUMENTATIVA
5.2. Las significaciones imaginarias sociales sobre el paramilitarismo
5.2.6. Los silencios De los “paras” pocos hablan
De los entrevistados pocos tocaron el tema de los paramilitares abiertamente, aunque en sus conversaciones salía el tema de los actores armados, se enunciaba con relativa tranquilidad a los guerrilleros de las FARC que en esos
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momentos acababan de firmar un acuerdo de paz, y era el tema de los noticieros, prensa y demás. Por lo tanto se podía abordar con cierta soltura y ver las percepciones polarizadas que se tenían sobre el tema, sin tocar al proceso que se hizo con los paramilitares, también a partir de una negociación pública.
Los pocos entrevistados que hablaron de paramilitarismo son los aquí expuestos, sin embargo, nos encontramos en el trabajo de campo con el mismo problema que enuncia Koessl (2015) al referir sus dificultades en el trabajo de campo en un país que tiene un marcado habitus violento. El autor trabaja el paramilitarismo desde la teoría del campo de Pierre Bourdieu. Kossel hace un análisis de las relaciones de los distintos actores en un campo social determinado. Considera allí a la población en general a la que investiga mediante entrevistas y observaciones.
Es muy difícil obtener una opinión de la población a la pregunta “¿para
qué sirven los paramilitares?”. La respuesta en general es variada y depende de su relación y las experiencias personales con ellos, como también de la concepción política de partida. Por el peligro que implica, es muy difícil obtener información entre la población, excepto la
directamente involucrada –y conocida públicamente- como víctima o
apoyo, acerca de la percepción y opinión que posee sobre el paramilitarismo (OiS). Este es un problema usual al momento de
consultar a los colombianos –formal o informalmente- acerca de
opiniones políticas sociales. La extrema infiltración del paramilitarismo en oficinas públicas e instituciones privadas (Kurtenbach 2008) pone a la defensiva a la gente entrevistada y observada. A ello se agrega la costumbre de utilizar cualquier medio para conocer la opinión política y social de la gente para después “castigarla” por decir cosas “inconvenientes”. (Koessl: 2015; 189)
No obstante, lo silenciado es también un elemento a analizar, el hecho de que no se pueda abordar el tema y se evite enunciarlo hace parte del miedo que nos
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produce el paramilitar por los grados de infiltración que tuvo socialmente como lo señala Koessl, lo cual ha generado un profundo sentimiento de desconfianza con el otro, adicionalmente de lo confuso que llega a ser su figura y de que no es un tema que se mantenga en disputa aunque en las producciones televisivas se sobresature su imagen (ver capitulo cuatro).
En muchas regiones en Colombia donde la presencia era evidente se dio lo que denominaron “la ley del silencio” y que lo evidencia muy bien Evelio Rosero en la novela analizada Los Ejércitos (2007) en el capítulo cuatro. A lo largo del texto podemos encontrar la referencia al silencio, al sigilo por la situación que los campesinos están sufriendo por el ataque a su pueblo.
“Hacíamos silencio común, tardes enteras” (158); “Un silencio muy largo siguió a sus palabras” (159); “Nadie arroja un grito, una exclamación, todos en silencio, como si pretendieran no hacer ruido mientras corren” (181); “sigo quieto” (184); “ya nada se escucha, solamente lo más íntimo del clamor, un suspiro casi inaudible” (185); “seguí quieto” (187); los pueblerinos “huyen en punta de pies, para no hacer ruido, con un sigilo voluntario, desmesurado” (194); “me quedo quieto, oyéndolos correr”; “Llegó una quietud inesperada, sin sosiego: el silencio alrededor” (200).
En Bogotá según Luz Marina una profesora de la localidad de Kennedy y una de nuestras entrevistadas, nos decía “lo mejor es evitar el tema político”, “no hablar de eso”, “quedarnos callados”
Uno termina tratando de ver cómo evitar el tema político, es mas de las cosas que se decían cuando uno iba a votar por el plebiscito es que uno era guerrillero dependiendo de la posición que se tenía. Le preguntaban a usted ¿por qué iba a votar, por el Sí al proceso de paz o por el No?. Y de ahí determinaban. Si decía que sí, era guerrillero, si decía que No
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era de derecha. Entonces ya no se hablaba de eso porque ¿para qué?, iba a generar un conflicto y cada quien tenía su opinión.
[…]Es un tema que pese a la importancia que se tenía se evitaba en la comunidad, por lo que le comento, pues terminaba en una discusión que no va a parar en ninguna cosa. En ese caso, yo pienso que la culpa la tienen los políticos que nos han polarizado de esa manera y los medios de comunicación también, porque los medios de comunicación siempre presentan si uno está en una orilla y el otro en la otra orilla. (Depende del noticiero que usted vea también). Y como no somos aparentemente víctimas directas nosotros podemos opinar cualquier cosa, porque según eso, no nos afecta. ¡Claro! pero opinar fuera de Bogotá, por qué a ver si usted puede opinar. Ya no se puede opinar, entonces aquí decimos “no pues no estoy de acuerdo”, porque nos queda muy fácil, sin mayor argumentación. Lo del plebiscito por la paz fue muy aburridor, estábamos todos a favor o en contra, pero de una mala manera, muy agresivos y muy violentos. Y es que habían gritos uno sentía que iba a pasar por mal momento de golpes o agresiones físicas. Se supone que somos amigos, que estamos en una comunidad, entonces ¿Por qué nos peleamos?