3.2. Los colonos campesinos del Caguán
3.2.2. Las luchas por la tierra y la construcción de región
Pese a que algunos autores (Molano, 1987) destacaban la relativa equidad en la distribución de la tierra en la región a inicios de la segunda etapa del proceso colonizador, en el Caguán se han configurado varios problemas y conflictos alrededor de la tenencia y uso de la tierra.
El primero de ellos, y que ha tenido lugar desde finales de la década de los 70‟, es la bifurcación de los patrones de tenencia de la tierra dado el avance de la economía ganadera35. Este modelo fue impulsado por el Estado, a través del
Incora y la Caja Agraria, y dejó como principales afectados a los campesinos colonos que no pudieron acceder a los créditos o que no alcanzaron a pagarlos, y que como forma de pago fueron dejando sus fincas, abriendo paso a nuevos frentes de colonización, no sin antes haber tumbado selva y arreglado las tierras mediante su potrerización (Ferro & Uribe, 2004: 122). Con el paso del tiempo, la ganadería fue convirtiéndose en el renglón más importante de la economía de la
35 Para 1980 se daba un contraste entre fincas campesinas de 10 a 15 hectáreas de extensión frente a hatos ganaderos con más de 2000 hectáreas (Jaramillo, 1989). Esto quiere decir que paralelo al modelo latifundista de los potreros y hatos ganaderos, se ha ha dado una fragmentación de la estructura de los fundios hasta su mínima expresión.
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región (después de los cultivos ilícitos), y aun en la actualidad presenta una problemática de concentración de tierras para su uso tradicional, según un estudio adelantado por el Instituto Amazónico de Investigaciones Científicas (2007).
En relación con lo anterior, los pobladores de la región han afrontado un conflicto por el acceso a las mejores tierras. Esto se ha dado en diferentes etapas, a saber: primero, con el avance del modelo ganadero presentado anteriormente; luego, con la llegada de nuevos colonos y actores sociales interesados por la economía cocalera (Jaramillo, 1989: 120); y por último, con la compra o apropiación violenta por parte de narcotraficantes y señores de la guerra (grupos paramilitares y guerrilleros). Los primeros se hicieron con las mejores tierras y las más cercanas a los centros urbanos, mientras que los segundos, se apropiaron de grandes territorios con intereses político militares (Instituto Amazónico de Investigaciones Científicas, 2007: 37)36.
Sumado a esto, los colonos campesinos de la región del Caguán han enfrentado un grave problema por la escasa titulación de los predios, de tal forma que ha predominado la ocupación de hecho,“basada en los títulos que confiere la primacía en la ocupación del territorio, sin existir resolución jurídica del problema” (Jaramillo, 1989: 121). Tal situación se mantiene en la actualidad, según un estudio realizado por Alejandro Reyes (2009: 289), como expresión del atraso en la legalización de los predios para el departamento del Caquetá en su totalidad, de ahí que se haga urgente la intervención del Estado para que adelante un proceso de aclaración de dominio sobre la propiedad de la tierra en la región37.
Finalmente, la colonización como un proceso constante, no acabado y como respuesta continua a los conflictos agrarios y los enfrentamientos entre Estado y grupos subversivos y narcotraficantes, es una forma de mantener vigente estos mismos problemas. El ciclo conflicto-colonización-conflicto que se presenta
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De esto no se escapan los grupos insurgentes. De manera reciente se dio a conocer a los medios de comunicación la forma como las FARC compraban predios a través de veredas y corregimientos para
mantener el control sobre corredores de movilidad estratégicos (“Masiva compra de tierras hizo la columna „Teofilo Forero‟ de las FARC en Caquetá”, 2008). Es claro que esta estrategia responde a un escenario de escalamiento del conflicto y presión de la Fuerza Pública en la región del Caguán.
37 Este último problema se convirtió en una de las banderas de lucha, junto al acceso a créditos, del movimiento campesino de los años 70‟ presente en la región.
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en la región del Caguán y el resto del departamento, ha generado un daño ecológico irreparable sobre la Amazonía, y un distanciamiento improductivo de los nuevos núcleos de colonización a los centros económicos y administrativos del país, empeorando la calidad de vida de los pobladores que se empeñan en esta empresa y reproduciendo la estructura de tenencia de la tierra presente en el interior (Ferro & Uribe, 2004: 125).
En otro orden de temas, hay un conflicto en torno a dos modelos distintos de territorio propuestos por los actores sociales que tienen presencia en el Caguán. Por un lado, una parte del sector organizado de los colonos campesinos (cada vez menos numeroso) se ha esforzado por construir región y lograr su articulación al ordenamiento institucional colombiano, así como a los centros económicos del departamento y del país. De esta forma, estos sectores buscan que mediante la construcción de un territorio regional, reconocido oficialmente por el Estado y por el resto de la sociedad mayor, los habitantes del Caguán logren acceder a la ciudadanía y al pleno reconocimiento de sus derechos38.
Por otro lado, los grupos armados (legales e ilegales) han convertido la región en un campo de medición de fuerzas político militares, que ha obstaculizado el logro de los objetivos planteados por el sector organizado de la región. Respecto a esto último, es claro que los grupos inmersos en el conflicto, particularmente las FARC y el Estado, han subordinado las demandas de la población del Caguán a sus intereses estratégicos en el marco de la disputa territorial que adelantan, frustrando los objetivos planteados por la organización social. Como muestra, las FARC han convertido el territorio en su retaguardia estratégica y han combinado el trabajo político que adelantan con la población con sus intereses militares, de modo que no han permitido que se diferencien los procesos organizativos legales de la comunidad del control e influencia de los frentes militares, restándole legitimidad a los primeros. Por su parte, el Estado no ha dado un verdadero reconocimiento a la región del Caguán, y al contrario, la ha
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Para Ferro y Uribe (2004) este proyecto fue representado por un sector minoritario de los participantes en las Marchas Campesinas de 1996, los colonos campesinos organizados que habían hecho parte de la segunda etapa de la colonización. Los autores denominan a este proyecto ciudadanía (127).
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dejado en una situación de marginalización que explica parte del declive del proceso organizativo (Jaramillo, 1989: 112; Ferro & Uribe, 2004: 127)39. Por el
contrario, sus esfuerzos se han concentrado en buscar alternativas de paz o en adelantar acciones de guerra que den solución al problema de la insurgencia.