5. LA UTOPÍA DEL REGRESO: LA FICCIONALIZACIÓN HISTÓRICA COMO SUPERACIÓN DEL EXILIO HEREDADO.
5.2. El viaje de regreso: La pasión de los nómades
5.2.3. Lucio V Mansilla: un exiliado de la Historia
Podrán parecer inveterados pesimistas, pero no es sino el fervoroso amor a la tierra, a los gozos, los sueños y las pasiones de esta vida lo que hace ambular hacia el futuro y también hacia el pasado.
La pasión de los nómades, María Rosa Lojo.
Lucio Mansilla es un transhistórico convencido, pero, aunque su proyección sea hacia el futuro (de finales del siglo XIX hacia finales del siglo XX), su verdadero deseo es el retorno al pasado. Es por ello que a lo largo de la novela hay un permanente cotejo entre esos dos tiempos: el pasado, asociado a los grandes personajes históricos y del mundo feérico; el presente, aniquilador de significados permanentes, el tiempo de la degradación posmoderna: “Paseo de pie, vestido o disfrazado a la moda sencilla –harto sencilla- de esta época...”207. Del positivismo de la generación del ’80 y del encanto del mundo mágico y la saga artúrica, a la destrucción de las guerras nucleares y la contaminación...
Mansilla no logra integrarse con la estética posmoderna, aunque su condición de fantasma lo acerque teóricamente a la virtualidad finisecular. Se viste a la moda actual, en principio, para no crear un efecto de extrañamiento (en los demás, porque en él logra el efecto contrario), pero también para conseguir el perfil teatral que ha perseguido
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siempre y que lo ha caracterizado (bello gesto de Rosaura ha sido devolverle la corporeidad propia del tiempo de la excursión, es decir, su momento de plena maduración antes de abandonar del todo la juventud, es decir, el tiempo justo en que puede desplegar su “narcisismo” y su esplendor). Su afición por el cuerpo y la apariencia, sin duda, son rasgos de su carácter y, en este ingreso a la eternidad, un signo claro de ligazón con el tiempo perdido.
De todas formas, en lo que respecta a su condición fantasmagórica, está más cerca de las artes mágicas y el universo feérico que de la virtualidad posmoderna. Si no fuera así, no tendría sentido su incursión a Tierra Adentro. Si realmente hubiera alguna afinidad con esta época, se hubiera quedado en la ciudad, máximo exponente de la Posmodernidad. Por otra parte, el desierto es el único lugar donde puede sumergirse en la inmensidad atemporal, el único cronotopo posible para el exiliado.
Regresando al cotejo mencionado al comienzo, el pasado es agredido permanentemente por el presente: Papá Noel es reemplazado por el gremio de los fabricantes de juguetes; la elegancia de la levita por la vulgaridad de los jeans y la camiseta de algodón...
Pero, paradójicamente, es el presente el que concede las respuestas y el que, de alguna manera, se erige como fuente de identificación más allá del paso del tiempo y propone la idea de que el cambio es ilusorio o superficial:
Quizá por eso un aire de juventud recuperada me trae la memoria de la felicidad cuando salgo a las calles –ya libre, ¿ya invulnerable?- mirando a los hombres correr en pos de lo que han corrido siempre. [p. 50]
Además, este presente está rodeado de espectros del pasado que se niegan a dejar de existir: las imágenes que proyecta la televisión de muertos que son también fantasmas como Mansilla, pero que perviven como él: “Yo seguía siendo yo... ¡¡¡Seguía siendo!!!”208
El presente es el tiempo del exilio: un tiempo intersticial entre el pasado añorado y el futuro utópico, ambiguo: aniquilador, pero constructor de significados.
Prontamente, el dislocamiento del personaje se irá volviendo más notorio. La ambigüedad de lo que lo rodea (personajes televisivos irreales que se proyectan en el mundo de los vivos; el Viejo Mundo convertido en el Primer Mundo, trucadas así sus expectativas de progreso para el joven país que ahora se ubica a la “cola del mundo”; el cambio rotundo de la fisonomía de Buenos Aires, la transformación de su casa y de los lugares que sentía como propios, etc.) le hará perder su inscripción en el suelo y volverá patente su condición de exiliado:
... por más que pudiese palparme de pies a cabeza, escuchar el latido de mi corazón, chocar contra las paredes y aquilatar el hogareño espesor de la materia, por primera vez, desde el prodigioso momento de mi nueva encarnación, me sentí, total y cabalmente, un fantasma.” [p. 66]
Ya no se siente dueño de su vida, por lo que deberá abandonar antiguas tendencias:
Pero los años algo enseñan y sobre todo la demorada ultratumba, ya que esta vez he decidido atesorar los papeles verdes en vez de gastarlos o jugarlos de inmediato, como era antes mi grata costumbre. [p. 64]
208
Así como no es dueño de su cuerpo: Siente un intenso temor por la sexualidad, ya que su condición etérea se la limita. Un signo más de su dependencia del pasado, pues no es capaz de abstraer lo corpóreo, que para Mansilla es especialmente importante, e instalarse en su nueva condición209. De igual manera, el cuerpo también emite mensajes sociales: su carencia anula la posibilidad de oponer lo propio a lo ajeno, el cuerpo de uno frente al del otro y, por ende, destierra la idea de alteridad del aborigen. No hay choque:
... Sin ninguna elegancia pero con el furioso denuedo de una riña callejera, me lancé directamente sobre el cuello de Mariano con la intención de estrangularlo, para darme ipso facto de narices contra el suelo. Había olvidado que mi pesada carnadura mortal traspasaría –sin dañarlo- el tejido inconsútil de sus almas ranqueles... [p. 184]
Mansilla se constituye en un sujeto cultural anacrónico (bastante coherente con la estética de la Nueva Novela Histórica), que se ve inmerso en problemáticas y afronta discursos relativamente ajenos: los mass-media, los avances tecnológicos, las preocupaciones ecológicas, etc., aunque ya en el personaje decimonónico había una suerte de anacronismo latente con la realidad de su tiempo:
209
En su artículo titulado: “La pasión de los nómades, de María Rosa Lojo: Entre la teatralidad y la virtualidad”) Sonia Jostic afirma: “El temor a la sexualidad bien puede traducirse como una invitación al tacto y al contacto a distancia, en todo conforme con la paranoia que define la experiencia sexual posmoderna angustiada por las enfermedades”.En principio, si se lee el texto a partir de las claves de la posmodernidad, cabría la posibilidad de una solidaridad entre la idea del temor sexual de Mansilla y la del temor posmoderno a las enfermedades sexuales y a la tendencia bastante próspera a recurrir a medios tecnológicos para la consecución virtual del acto amoroso. Pero la existencia de los personajes feéricos y de la mitología ranquel hacen sospechar de esta correspondencia. Es cierto que hay un evidente rechazo de Mansilla por esta nueva estética, aunque a la vez se sirve de ella. El punto aquí es que lo fantasmagórico –como se ha comentado antes- no depende de la virtualidad posmoderna, sino de fuerzas naturales mucho más antiguas. Es más, su corporeidad sólo se logra por intermedio de las artes feéricas y de magia ranquel, no por logros tecnológicos. Op. Cit. En Bibliografía sobre María Rosa Lojo.
¿No había dicho yo en uno de mis últimos y escandalosos discursos que los Estados Unidos del Norte eran el mayor peligro potencial para la Europa y la América del Sur? [p. 51]
En este sentido, Mansilla reproduce, asimismo, el proceso de valoración de la alteridad que había efectuado a fines del siglo XIX sobre la cultura “bárbara”, en este final de siglo XX, sobre la cultura posmoderna. Pero esta nueva valoración está signada, como la época, por la desesperanza:
Pensar que te escribía hace más de un siglo, como si ya se hubiera tocado un límite: “Te asombrarías si volvieses a estas tierras lejanas y vieras lo que hemos adelantado. Buscarías inútilmente el molino de viento; el pino de la quinta de Guido se ha escapado por milagro. La civilización y la libertad han arrasado con todo”
¿Qué te diría yo ahora, Santiago amigo? [p. 57]
Es necesario acotar, sin embargo, que este final de siglo no puede constituirse como una réplica del anterior, sino como un paralelo aparente, ya que los códigos y la percepción de lo esencial son diferentes en cada estética (moderna-posmoderna).
Pero no sólo Mansilla pierde su pasado, sino también Rosaura y Merlín: “El invierno traía la nostalgia de hogares perdidos [...] los sueños de gozo perdidos por el tiempo”210. Sin embargo, la diferencia entre estos personajes dará la clave de la problemática que el Jefe de fronteras debe superar:
Mansilla (cosa absurda y muy poco sabia, porque nada en este mundo o en el otro vuelve a ser exactamente lo que fue) quería reiterar su famosa excursión a los indios ranqueles. Que Lucio buscara algo irremediablemente perdido no era cosa de extrañar. Los seres humanos se pasan la vida extraviándolo todo y corriendo tras ello cuando se dan cuenta de que se les ha escapado. [p. 98]
210
Mansilla busca algo más que su pasado perdido: desea saldar su deuda con los ranqueles, su falta de compromiso real con el destino que les deparaba la política porteña y del que él era ciertamente consciente. En un principio, abordó su misión restándole trascendencia (una excursión suena como un paseo turístico), pero poco a poco la envergadura de la situación que se encuentra en la Frontera vuelve necesaria una actitud de revisión de la clásica dicotomía y una reflexión filosófico-política sobre la condición del hombre, como la misma Lojo lo afirma en uno de sus trabajos críticos sobre la obra de Mansilla:
...Más allá del “turismo” [...] este desafío va adquiriendo matices de una profundidad acaso insospechada en un principio. Se convierte en meditativa indagatoria de la condición humana, y asume una defensa decidida de la “planta hombre” –única en todas las latitudes bajo sus diferentes formas- que no reconoce las razas “superiores” e “inferiores” en que gustaban clasificarla las corrientes positivistas (teorías –insiste Mansilla- sólo adecuadas para justificar el despotismo)211.
Por ello, reiniciará el viaje. Si la transformación de Buenos Aires lo había desanimado, el cambio del Interior será mucho más duro de afrontar para él, puesto que lo aleja cada vez más de su objetivo: ¿Cómo encontrar a sus jueces históricos –los caciques ranqueles- si ni siquiera el suelo es reconocible?:
... todo ha cambiado mucho desde 1870. Las viejas rastrilladas, es decir, los caminos seculares de la Tierra Adentro, trazados por la huella de los animales y de los hombres, sólo se distinguen ya desde el aire por el color oscuro del pasto y de la tierra. Por lo demás, los campos que antes cruzaban esos caminos son privados y están
211
Lojo, María Rosa, “El indio como ‘prójimo’, la mujer como el ‘otro’ en Una excursión a los indios ranqueles de Lucio V. Mansilla”. Alba de América. Nº 26 y 27, Vol. 14 (1996), pp. 131-137
prolijamente circunscriptos con vallas de alambre... [p. 120]
El olvido lo invade todo, o lo seca... Porque las lagunas ya no existen: “... y laguna, así como usted dice, no la recuerdo ni he oído mentarla”212. Esa sequía parece ser una suerte de metáfora tanto del olvido como de la muerte, si bien el primero siempre es una forma de la segunda. Esta realidad sólo podrá ser superada por Mansilla al final, “en el centro del agua que corre” (título del capítulo final, a la vez que nueva metáfora de su nueva condición: el jefe de fronteras va olvidando progresivamente los recuerdos del pasado y acepta su nueva situación, lo cual le permite escapar de esa tendencia humana a buscar lo perdido, que es pura utopía)
La mayor evidencia de su exilio, sin embargo, no son las desapariciones o las sequías de aguas emblemáticas, sino la diferencia de percepción de aquello que ha sobrevivido al tiempo:
Pero, ¿qué significa hoy el Cuero? Un espejito de agua para que beban las vacas y mucho monte que molesta al ganado, tanto, que lo queman si pueden de cuando en cuando como no se abrase solo en época de seca. Antes, el que dominaba el Cuero gobernaba los caminos del desierto, tenía el secreto de todas las aguadas y las dimensiones del espacio y del tiempo. ¡Y véanlo ahora! [p. 150]
Como para todo exiliado, lo más doloroso para Mansilla no es dejar de ver lo que sintió como propio, sino verlo ajeno, sin las significaciones que le había atribuido, puesto que al haber ingresado en otra dimensión, los lugares de su “vida anterior” son signos de exclusión, ya que pertenecen al mundo accidental. La única
212
manera de recuperar su espacio propio es buscarlo en el mundo esencial y, para ello, deberá volver a los orígenes.