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Lugar materno

In document Sugerencias Guadalupanas (página 75-78)

De igual modo respecto de lo que expresamos sobre los indicios o informaciones de tiempo, en la cultura de Juan Diego las precisiones de lugares tampoco son únicamente señalamientos espaciales o geográficos, sino que simbolizan y remiten a pertenencias substanciales.

En este sentido, el sitio elegido por Nuestra Señora de Guadalupe para manifestarse primero a dicho indio y con posterioridad a todos los habitantes de la ciudad, no tiene nada de aleatorio y es un «...toque maestro de inculturación

en los valores del pueblo mexicano...»187. Destacaremos ahora con mayor extensión los sentidos maternos y religiosos prehispánicos que implicaba el

Tepeyac, y que Ella pone al servicio de su manifestación y del anuncio del

Evangelio.

Se trata del lugar en el cual los indígenas, con anterioridad a la llegada del español, habían edificado un famoso santuario dedicado a la Madre de

185

Cfr. ROJAS SÁNCHEZ, Nican mopohua, VERSÍCULOS 59 y 60.

Sobre la gran estima que tenían los indios por la mansedumbre y el escándalo que les provocaba el enojo en los religiosos y sacerdotes, cfr. MENDIETA, Historia eclesiástica, lib. IV, cap. XXI, p. 438 y 439.

186

Cfr.ROJAS SÁNCHEZ, Nican mopohua, VERSÍCULOS 51 a 62. 187

Dios188. Era entonces el cerro donde estaba el templo de aquélla que acumulaba en sí misma los significados contenidos en dicho título; estos son punto de llegada de un largo proceso de composiciones, mitos y nombres nahuas, que buscaron describir y designar los portentos, actuaciones y rasgos del eterno femenino que atrae y recibe, de la realidad humana y divina de la flor preciosa, faldellín de estrellas y de jades189. Era el lugar de la Madre, que acogía toda la realidad en su regazo y a quien venían a visitar, como hemos dicho, desde largas distancias y desde todos lados.

«Por los cuatro rumbos se rompieron dardos. En cierva estás convertida.

Sobre tierra de pedregal vienen a verte...»190

Es que los mexicas, que la personificaron en la suprema acción de dar figura al universo divino y al humano, fueron maestros en el arte de honrar a esa mujer de la que todos provenían y a la que imploraban y querían encontrar buscándola entre las flores191. Rostro femenino de Dios, que da al cosmos cuerpo de mujer, es raíz y apoyo de todo lo que es, que enlaza inicios y fines cósmicos. Señora del dador de la vida, que en el lugar de los orígenes o misterioso Tamoanchan dio a luz a los dioses, cuando aún era de noche y que, al comienzo de la era que estaban viviendo los indios, había descendido de dicho sitio. Pisos celestes o comarca del árbol florido donde sigue habitando, para dar ser a la tierra y a todo lo que contiene192.

«...Es también Tonantzin, Madrecita nuestra, que llora por las noches porque presiente las guerras y la destrucción de los soles y los mundos...»193, quien al intuir el fin y la muerte, en su gemido «...„alzaba la voz y decía: hijitos

188

Cfr. esta CHITARRONI, El modelo pedagógico, cap. I, subtítulo “Método y actividades”, p. 102 a 104.

189

Cfr. LEÓN-PORTILLA,MIGUEL, Toltecáyotl. Aspectos de la cultura náhuatl, México: Fondo de Cultura Económica, 1980(5ª. reimp. 1995), p. 411 a 413 (en adelante citado como LEÓN-PORTILLA, Toltecáyotl ).

189

Cfr. LEÓN-PORTILLA,MIGUEL, Toltecáyotl. Aspectos de la cultura náhuatl, México: Fondo de Cultura Económica, 1980(5ª. reimp. 1995), p. 411 a 413 (en adelante citado como LEÓN-PORTILLA, Toltecáyotl ).

190

SEGALA, Literatura náhuatl, p. 136. Cita Canto a la Madre de los Dioses, remite a GARIBAY KINTANA,ÁNGEL, Veinte himnos sacros de los nahuas (los recogió de los nativos fray Bernardino de Sahagún, franciscano), México, 1958.

191

Cfr. LEÓN-PORTILLA, Toltecáyotl, p. 428 y 431. 192

míos, tenemos ya que marcharnos. Y otras veces decía: hijitos míos, ¿a dónde os llevaré?‟»194

.

Tonatzin, aquélla de cuya carne nacen los hombres y a quien ellos

invocan como madre de sus rostros y corazones, atractiva por su fuerza y poder eficaz para dar subsistencia y librar del mal195;

«...ella purificaba, aliviaba, ella lavaba, bañaba,

en sus manos estaban las aguas [...] Ante ella se conocía el corazón, Ante su rostro se purificaba La movilidad de la gente...»196

La madre que devolvía la vida a los muertos y por lo cual todos querían estar en su seno197.

«...Voy ante nuestra madre y le digo: ¡Oh, tú por quien todos viven! No te muestres severa,

no seas inexorable en la tierra, vivamos nosotros a tu lado,

allá en tu mansión de Temoanchan...»198

Y el llano junto al Tepeyac pasa a ser la antigua y nueva mansión de esa mujer de la cual199, al elaborar los antiguos mexicanos su imagen femenina en general, «...por espontánea labor de catarsis habían desvanecido aquellos

rasgos y atributos que [...] provocaban horror y temor...»200; conservando los explicitados, vinculados también a los maestros nahuas, y en cuya continuidad y sobredeterminándolos, se manifiesta Nuestra Señora de Guadalupe encarnándolos de modo definitivo.

194

LEÓN-PORTILLA, Toltecáyotl, p. 430. Cita Códice Florentino, lib. XII. Cfr.ANDERSON, ARTHUR y DIBBLE, CHARLES, Florentine Codex, Santa Fe, New Mexico: Edition The School of American Research and The University of Utah, 19782, t. XII, cap. I, p. 2 y 3 (en adelante citado comoANDERSON y DIBBLE, Florentine Codex).

195

Cfr. LEÓN-PORTILLA, Toltecáyotl, p. 415 y 420. 196

LEÓN-PORTILLA, Toltecáyotl, p. 421. Cita Códice Florentino, libro I. Cfr. ANDERSON y DIBBLE, Florentine Codex, t. I, cap. XII, p. 23 y 24.

197

Cfr.LEÓN-PORTILLA, Toltecáyotl, p. 416 y 417. 198

LEÓN-PORTILLA, Toltecáyotl, p. 417 y 418. Cita Cantares Mexicanos; Ms. de la Biblioteca Nacional de México, Reproducción fotográfica publicada por Antonio Peñafiel, México, 1904, fol. 5 v..

199

Cfr. ROJAS SÁNCHEZ, Nican mopohua, VERSÍCULO 33. 200

Breves ideas para ayudar a la apropiación

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