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MÁQUINAS PENSANTES

In document Como Funciona La Mente (página 86-163)

C o m o otros m u c h o s niños nacidos en los años sesenta, tuve ocasión de familiarizarme con los problemas filosóficos que suponía viajar p o r otra di- mensión, formada no sólo p o r la vista y el sonido, sino también p o r la mente, por una tierra maravillosa cuyas fronteras coincidían con las de la imagina- ción. Me refiero a La dimensión desconocida, aquella elegante serie, obra de R o d Serling, que fue popular durante mi infancia. Los filósofos a m e n u d o intentan clarificar conceptos difíciles mediante experimentos imaginarios, es decir, situaciones hipotéticas y extravagantes que nos ayudan a explorar las consecuencias de nuestras ideas. La dimensión desconocida en realidad c o n - seguía representar estas enigmáticas situaciones ante las cámaras.

U n o de los p r i m e r o s episodios llevaba p o r título «El solitario».James C o r r y cumplía una c o n d e n a de cincuenta años de reclusión, aislado en un árido asteroide situado a nueve millones de kilómetros de la T i e r r a . Allenby, el capitán de una nave de suministros q u e abastecía al asteroide, se apiadó del confinado y le dejó una caja q u e contenía a «Alicia», un robot que, p o r su aspecto y su m o d o de actuar, guardaba semejanza c o n una mujer. E n u n p r i m e r m o m e n t o , C o r r y sintió repulsión hacia aquella máquina, a u n q u e lo cierto es q u e p r o n t o se e n a m o r ó i n t e n s a m e n t e de ella. Transcurrido un año, Allenby regresó al asteroide para c o m u n i c a r a C o r r y que le habían c o n c e d i d o el p e r d ó n y llevárselo consigo de regreso a la Tierra. P o r desgracia, C o r r y sólo podía llevar u n a carga c o n un peso m á x i m o de cuatro kilos, y Alicia lo excedía en m u c h o . C o m o C o r r y se negaba a partir sin ella, Allenby, no sin cierta reticencia, desenfundó u n a pistola y disparó a Alicia en p l e n o rostro, dejando al descubierto un a m a - sijo h u m e a n t e de cables. Luego, se volvió hacia C o r r y y le dijo: «Todo lo que dejas tras de ti no es más q u e soledad».Y Corry, deshecho, m u r m u r ó : «Lo recordaré. D e b o a c o r d a r m e de tenerlo en cuenta».

A ú n hoy recuerdo tanto el horror que me causó el climax del episodio como lo m u c h o que hablamos de ello en nuestro círculo de críticos i m b e r -

bes. A ú n recuerdo la pregunta que u n o de aquellos precoces comentaristas formuló: ¿por qué le había disparado precisamente a la cabeza? Nuestro pate- tismo tenía su origen tanto en la simpatía que sentíamos hacia C o r r y por la pérdida que acababa de experimentar, c o m o en la sensación de que Allenby había liquidado a un ser sensible. Si bien es cierto que los directores de la serie manipularon al público cuando, para interpretar el papel de Alicia, optaron p o r una hermosa actriz y no por un m o n t ó n de hojalata, no lo es menos que al suscitar nuestra simpatía de algún m o d o nos obligaban a hacernos dos preguntas incómodas. ¿Un dispositivo mecánico podía duplicar la inteligen- cia humana, y de ser así, la mejor prueba para poder juzgarlo sería saber si éste sería capaz de enamorar a un ser h u m a n o de carne y hueso? Además, en caso de que pudiera construirse una máquina humanoide, ¿ésta tendría realmente conciencia?Y, en todo caso, el acto de desmontarla ¿era un asesinato c o m o aquel del que creíamos haber sido testigos en la pequeña pantalla?

Las dos preguntas de mayor calado sobre la m e n t e son: «¿qué hace la inteligencia posible?», y «¿qué hace la conciencia posible?». C o n la llegada de la ciencia cognitiva, la inteligencia, por decirlo así, se ha vuelto inteligible. Quizá no sea ya motivo de escándalo decir que, en el nivel abstracto de análisis, el problema ha quedado resuelto. Pero la conciencia o sentiencia, es decir, la sensación bruta de tener dolor de muelas, ver el color rojo u oír un do mayor, está envuelta todavía p o r un halo de misterio que a su vez se halla dentro de un enigma. Al preguntar qué es la conciencia, no tenemos a nues- tro alcance una respuesta mejor que la dada una vez por Louis Armstrong a una periodista que le preguntó qué era el jazz: «Señora, si tiene que pregun- tármelo, nunca lo sabrá». Sin embargo, la conciencia ya no es aquel misterio tan completo que era. Se ha conseguido indagar en algunas partes del miste- rio, las cuales, a consecuencia de esta actividad investigadora, se han transfor- m a d o en problemas científicos. En el presente capítulo exploraré ante todo qué es la inteligencia, c ó m o un ser físico, ya sea un robot o un cerebro, puede alcanzarla y de qué m o d o la alcanza nuestro cerebro.

La búsqueda de vida inteligente en el universo

La búsqueda de vida inteligente en el universo es el título de la obra en un

acto de la actriz cómica LilyTomlin, en la que se lleva a cabo una explo- ración de los desatinos y debilidades h u m a n a s . El título j u e g a con dos 90

acepciones del t é r m i n o «inteligencia»: la aptitud (tal c o m o aparece en la célebre e irónica definición de la inteligencia c o m o «todo aquello que m i d e n los tests del coeficiente de inteligencia») y el p e n s a m i e n t o racional h u m a n o . En lo q u e sigue, me ceñiré a esta segunda acepción.

Si bien al definir la inteligencia p o d e m o s e x p e r i m e n t a r cierta difi- cultad, lo cierto es q u e somos capaces de reconocerla en c u a n t o la vemos. Tal vez un e x p e r i m e n t o i m a g i n a r i o nos ayude a clarificar el c o n c e p t o . S u p o n g a m o s q u e existiera un ser alienígena q u e en todos y cada u n o de sus aspectos difiriese de nosotros. ¿ Q u é nos haría pensar que se trata de un ser inteligente? Sin duda, los escritores de ciencia ficción, q u e tratan este p r o b l e m a c o m o u n a parte más de su trabajo, son la a u t o r i d a d óptima en la materia a la q u e r e c u r r i r en busca de u n a respuesta. El a u t o r David Alexander S m i t h a p o r t ó la m e j o r caracterización de la inteligencia, que hasta la fecha he t e n i d o la o p o r t u n i d a d de c o n o c e r cuando, a la p r e g u n t a

de un entrevistado!- «¿qué es lo q u e hace a un personaje un b u e n aliení-

gena?», r e s p o n d i ó :

En primer lugar, tienen que dar a las situaciones respuestas inteligentes aunque inescrutables. Quien lo contemple ha de poder observar el com- portamiento del alienígena y decir «no sé cuáles son las reglas mediante las que decide, pero lo cierto es que el alienígena actúa de forma racional siguiendo un conjunto de reglas»... El segundo requisito es que los alienígenas se interesen por algo.Tienen que querer algo y obrar para lograrlo superan- do los obstáculos.

T o m a r «racionalmente» decisiones, en c o n f o r m i d a d con cierto c o n - j u n t o de reglas, significa que las decisiones tomadas están basadas en ciertos

principios q u e se adecúan a la verdad, c o m o , p o r ejemplo, la c o r r e s p o n - dencia c o n la realidad o la inferencia sólidamente fundada. Un alienígena que no hiciese nada más q u e chocar contra los árboles o pasearse p o r el borde de los acantilados, o que, aun realizando todos los m o v i m i e n t o s necesarios para talar un árbol, en realidad se propusiera cortar u n a piedra o se limitase a hacer esos m o v i m i e n t o s y dar los golpes en el aire en pleno descampado, sin duda no parecería i n t e l i g e n t e . T a m p o c o lo sería un alie- nígena que, v i e n d o entrar a tres depredadores en una cueva y l u e g o salir a dos de ellos, entrara en ella c o m o si estuviese vacía.

Estas reglas d e b e n p o n e r s e al servicio del segundo criterio, a saber, querer e ir en busca de algo s u p e r a n d o obstáculos. Si no tuviéramos noción alguna sobre q u é quiere una criatura determinada, no nos i m p r e -

sionaría q u e hiciese algo para obtenerlo. Lo cierto es q u e , a t e n o r de lo q u e sabemos, podría ser q u e la criatura hubiese querido, p o r ejemplo, c h o - car contra un árbol o golpear u n a piedra c o n un hacha y, en este sentido,

habría c u m p l i d o con brillantez lo q u e quería. De h e c h o , c u a n d o se care^- ' ce de especificación sobre cuáles son los objetivos q u e se p r o p o n e una I criatura, la idea misma de inteligencia carece de sentido, y en este caso í nada impediría premiar la genialidad de u n a seta venenosa q u e logra, con \ una precisión m á x i m a y una habilidad infalible, la proeza de crecer exac- j t a m e n t e d o n d e crece. Así, nada t a m p o c o nos impediría ya convenir con ! el científico cognitivo Z e n o n Pylyshyn q u e las rocas son más listas que j

los gatos p o r q u e atinan a irse c u a n d o se les da un p u n t a p i é . j Por último, la criatura tiene q u e usar las reglas racionales para alean- j

zar de maneras diferentes el objetivo, según los obstáculos q u e deba s u p e - j

rar.Tal c o m o W i l l i a m James lo expuso: i

R o m e o quiere a Julieta como las laminaduras de hierro quieren al imán y, si no se interpone ningún obstáculo, él irá en pos de ella por el camino más corto. Pero si entre ambos se alza una pared, no se quedarán como 1 idiotas, con los rostros aplastados contra cada uno de los lados de la pared ¡ como lo harían las laminaduras y el imán sobre un trozo de cartulina. Romeo, í al contrario, pronto dará con el camino alternativo, ya sea escalando la pared, j o cualquier otro, necesario para poder acariciar sin impedimento alguno los ' labios de Julieta. Si en el caso de las laminaduras, la trayectoria es fija y el | hecho de alcanzar el fin depende de accidentes, en el caso del amante, en j cambio, es el fin lo que es fijo y la trayectoria a seguir modificable indefini- i

damente. j i

f

La inteligencia, p o r lo tanto, es aquella capacidad de alcanzar metas ¡ superando obstáculos m e d i a n t e decisiones q u e se basan en reglas racio- j nales (es decir, q u e o b e d e c e n a la verdad). Los científicos informáticos ! Alien N e w e l l y H e r b e r t S i m ó n desarrollaron algo más esta idea al señalar j que la inteligencia consiste en especificar una m e t a u objetivo, en evaluar ? la situación actual'para estimar en q u é m e d i d a difiere del objetivo p r o - • puesto y en aplicar un c o n j u n t o de operaciones capaces de reducir la j diferencia entre u n o y otra. Tal vez p o r esta definición, y para mayor i sosiego nuestro, los seres h u m a n o s , y no sólo los alienígenas, somos t a m - I bien inteligentes. T e n e m o s deseos y buscamos consumarlos sirviéndonos j de creencias que, si t o d o va bien, son ciertas al m e n o s de un m o d o aproxi- !

m a d o o probabilístico. ¡

U n a explicación de la inteligencia en t é r m i n o s de creencias y deseos no es en absoluto u n a conclusión c o n o c i d a de a n t e m a n o . De la vieja teoría del estímulo y la respuesta elaborada p o r la escuela conductista, según la cual las creencias y los deseos nada t i e n e n q u e ver c o n el c o m - portamiento, se podría decir, en realidad, q u e era tan acientífica c o m o lo son las hadas malas en los mitos irlandeses y escoceses o la magia negra. Los seres h u m a n o s y los animales e m i t e n una respuesta tras recibir un estímulo no sólo p o r q u e éste estaba emparejado p r e v i a m e n t e c o n un desencadenante reflexivo de esa respuesta ( c o m o , p o r ejemplo, el h e c h o de producir saliva al accionarse u n a campana p r e v i a m e n t e emparejada con la comida), sino t a m b i é n p o r q u e la respuesta era r e c o m p e n s a d a en presencia de ese estímulo ( c o m o , p o r ejemplo, presionar u n a barra q u e liberaba u n a ración de c o ñ u d a ) . Tal c o m o el célebre conductista B. F. Skinner afirmó en cierta ocasión, «la cuestión no consiste en saber si las máquinas piensan, sino si los h o m b r e s lo hacen».

Cierto es q u e las mujeres y los h o m b r e s piensan, y q u e la teoría del estímulo-respuesta acabó resultando falsa. Basta c o n h a c e r n o s esta p r e - gunta: ¿Por q u é razón Sally salió del edificio? P o r q u e creía q u e había un incendio y no quería m o r i r . Su huida, en cambio, no era u n a respuesta predecible a cierto estímulo susceptible de ser descrito en forma objetiva en términos del lenguaje de la física y la química. Sally tal vez h u y ó al ver humo, pero quizá lo hizo c o m o respuesta a una llamada telefónica q u e la avisó de q u e el edificio estaba en llamas, o al ver la llegada de los c a m i o - nes de b o m b e r o s o escuchar la alarma contra i n c e n d i o s . C o n t o d o , n i n - guno de estos estímulos p o r sí solo la habrían h e c h o h u i r necesariamente. En cambio, no habría salido de h a b e r sabido q u e el h u m o que percibía provenía de u n a rebanada de pan de m o l d e q u e se q u e m a b a en u n a tostadora, o q u e la llamada telefónica era de un a m i g o que se divertía gastando bromas pesadas p o r teléfono, o q u e alguien había accionado el interruptor de alarma p o r accidente o para gastar u n a b r o m a , o q u e s i m - plemente se trataba de una p r u e b a realizada p o r un electricista para v e r i - ficar el b u e n f u n c i o n a m i e n t o de los dispositivos de emergencia. Ni la luz, ni el sonido, ni las partículas que los físicos p u e d e n m e d i r p r e d i c e n c o n legitimidad el c o m p o r t a m i e n t o de una persona. En cambio, lo q u e sí predice el c o m p o r t a m i e n t o de Sally, y lo predice b i e n , es el h e c h o de q u e ella cree q u e se halla en peligro. Las creencias de Sally están, desde luego, relacionadas c o n los estímulos q u e la afectan a ella, pero sólo de un m o d o tortuoso e indirecto, ya q u e están mediados p o r t o d o el resto de las c r e e n - cias que tiene en un m o m e n t o dado acerca de d ó n d e se halla y c ó m o

funciona el m u n d o . A d e m á s , el c o m p o r t a m i e n t o de Sally d e p e n d e en igual m e d i d a de si quiere escapar al peligro; p o r ejemplo, si p o r un casual fuese un b o m b e r o v o l u n t a r i o o u n a suicida, o u n a integrista deseosa de i n m o l a r s e para atraer la a t e n c i ó n del m u n d o hacia su causa o si tuviese hijos en la guardería situada en el piso de arriba, p o d r í a m o s apostar, con plena garantía d e ganar, q u e n o h u b i e r a h u i d o .

El p r o p i o Skinner no se obstinó en sostener que los estímulos medibles c o m o l o n g i t u d e s de o n d a y figuras p r e d e c í a n el c o m p o r t a m i e n t o , sino q u e definió los estímulos según sus propias intuiciones. Era feliz al d e n o - m i n a r «peligro» —al igual q u e «elogio», «inglés» y «belleza»—, a un tipo de estímulo. C o n ello p r o c u r a b a para su teoría la ventaja de adecuarse a la realidad, a u n q u e esa p o s i c i ó n de s u p e r i o r i d a d se debía más a u n a pillería q u e al esfuerzo real p o r resolver el p r o b l e m a . Si b i e n c o m p r e n d e m o s qué significa para un dispositivo r e s p o n d e r a u n a luz roja o a un r u i d o fuerte —y p o d e m o s incluso construir u n o q u e responda a tales cosas—, los seres h u m a n o s s o m o s los únicos dispositivos en el universo q u e r e s p o n d e m o s al peligro, al elogio, al inglés y a la belleza. La capacidad q u e t e n e m o s para r e s p o n d e r a algo tan nebuloso, desde un p u n t o de vista físico, c o m o es el elogio, f o r m a p a r t e i n t e g r a n t e del e n i g m a q u e nos p r o p o n e m o s descifrar, p e r o en n i n g ú n caso es p a r t e de la solución al enigma. El elogio, el peli- gro, el inglés y t o d o el resto de cosas a las q u e r e s p o n d e m o s están a la vista del observador, no en m e n o r m e d i d a q u e la belleza, y es precisamente ese «estar a la vista del observador» lo q u e nos p r o p o n e m o s explicar. El abis- mo q u e se abre entre aquello q u e un físico p u e d e m e d i r y aquello que p u e d e causar el c o m p o r t a m i e n t o , es la r a z ó n p o r la q u e d e b e m o s atribuir a las personas creencias y deseos.

En nuestra vida cotidiana, todos en general predecimos y explicamos el c o m p o r t a m i e n t o de las otras personas a partir no sólo de lo q u e pensa- m o s q u e saben, sino t a m b i é n de lo q u e pensamos q u e quieren. Las creen- cias y los deseos son instrumentos explicativos de nuestra propia psicología intuitiva, lo cual hace de ella la ciencia más útil y completa que existe por ahora sobre el c o m p o r t a m i e n t o . Para predecir la inmensa mayoría de las acciones h u m a n a s , c o m o , p o r ejemplo, abrir la nevera, subir al autobús, sacar un billete de la cartera, no es preciso generar un m o d e l o matemático, ni efectuar u n a simulación p o r o r d e n a d o r de una red neuronal ni contratar a un psicólogo profesional, basta c o n preguntar a nuestros mayores.

Al decir t o d o esto, de h e c h o no sostenemos q u e , en psicología, el sentido c o m ú n tenga m a y o r a u t o r i d a d de la q u e tiene en física o astrono- mía. En c a m b i o , lo cierto es que, en c o m p a r a c i ó n c o n cualquier otra 94

alternativa considerada hasta la fecha, esta p a r t e del sentido c o m ú n tiene tanto p o d e r y precisión a la h o r a de establecer predicciones, controlar y explicar el c o m p o r t a m i e n t o cotidiano, q u e es un h e c h o m u y probable que se i n c o r p o r e de alguna forma a las mejores teorías científicas. Por ejemplo, si telefoneo a mi a m i g o q u e reside en u n a ciudad de la costa del Pacífico, p o d e m o s q u e d a r en v e r n o s en C h i c a g o a la entrada del bar, en un hotel c o n c r e t o un día en particular dos meses más tarde a eso de las 19:45 horas. P u e d o pronosticar, él p u e d e vaticinar y cualquier p e r s o n a que nos c o n o z c a p u e d e p r e d e c i r q u e ese día en c o n c r e t o a la h o r a esta- blecida nos e n c o n t r a r e m o s . Y así es, aquel día nos e n c o n t r a m o s . ¡Es algo fabuloso! ¿Hay algún o t r o á m b i t o en el q u e las personas —lo m i s m o da que sean legas o dedicadas a la ciencia— p r o n o s t i q u e n , c o n meses de a n - telación, las trayectorias de dos objetos situados a miles de kilómetros de distancia c o n u n a exactitud de milímetros y m i n u t o s , y lo hagan a partir de la i n f o r m a c i ó n transmitida a través de u n a conversación q u e dura unos p o c o s segundos? El cálculo q u e entreteje esta previsión es la p s i c o - logía intuitiva: el c o n o c i m i e n t o de q u e quiero e n c o n t r a r m e c o n mi a m i g o y él c o n m i g o , y q u e cada cual cree q u e el otro estará en un lugar d e t e r m i - nado en un m o m e n t o c o n c r e t o y conoce u n a secuencia de viajes en c o c h e , caminatas y vuelos q u e nos llevarán allí. No hay n i n g u n a ciencia de la m e n t e o del cerebro capaz de h a c e r l o mejor, si b i e n ello no significa q u e la psicología intuitiva de las creencias y los deseos sea en sí m i s m a u n a ciencia, a u n q u e sí sugiere q u e la psicología científica tendrá q u e p o d e r dar cuenta d e c ó m o u n m e r o m o n t ó n d e materia, c o m o e s u n ser h u m a - no, p u e d e t e n e r creencias y deseos, y c ó m o es q u e estas creencias y deseos funcionan tan bien.

La explicación tradicional de la inteligencia sostenía que nuestro c u e r - po estaba c o m o i n u n d a d o p o r una entidad no material, el alma, q u e , en general, era i m a g i n a d a c o m o un cierto tipo de fantasma o espíritu. Pero esta teoría se enfrentaba a un p r o b l e m a insuperable: ¿ c ó m o aquella e n t i - dad fantasma interactuaba c o n la m a t e r i a sólida ¿ D e qué m o d o u n a nada etérea podía r e s p o n d e r a destellos, p i n c h a z o s y sonidos, y h a c e r q u e los brazos y las piernas se movieran? A esta dificultad se sumaba el p r o b l e m a que suponía la arrolladora a b u n d a n c i a de p r u e b a s y datos q u e hacían de la m e n t e la actividad propia del cerebro. En la actualidad sabemos que

aquella supuesta alma inmaterial p u e d e ser viviseccionada c o n el bisturí, alterada c o n fármacos, detenida o activada m e d i a n t e la aplicación de c o - rrientes eléctricas y p u e d e extinguirse a c o n s e c u e n c i a de un fuerte golpe o p o r la simple falta de oxígeno.Visto al microscopio, el cerebro presenta una complejidad en su estructura física fascinante, y esta c o m p l e j i d a d se halla en plena c o r r e s p o n d e n c i a c o n la riqueza de la m e n t e .

O t r a explicación de la inteligencia consistía en afirmar q u e la m e n t e provenía de cierta forma e x c e p c i o n a l de m a t e r i a . Y si b i e n en el c u e n t o de C o l l o d i , G e p p e t t o daba vida a P i n o c h o a partir de un t r o n c o de m a - dera mágica q u e hablaba, reía y se m o v í a p o r sí m i s m o , desgraciadamente nadie ha descubierto n u n c a u n a sustancia mágica c o m o aquélla. En el siglo x i x , D a r w i n escribió q u e el cerebro «segrega» la m e n t e , y en las postrimerías del siglo x x , el filósofo J o h n Searle sostenía q u e las p r o p i e - dades fisicoquímicas del tejido cerebral p r o d u c í a n , de algún m o d o , la m e n t e de la m i s m a forma q u e el tejido de los senos de una m u j e r p r o d u - ce leche o el tejido de las plantas p r o d u c e azúcar. C o n t o d o , d e b e tenerse en c u e n t a q u e esos m i s m o s tipos de m e m b r a n a s , poros y p r o d u c t o s q u í - micos se hallan presentes en el tejido cerebral distribuido p o r t o d o el r e i n o animal, p o r no hablar de los t u m o r e s cerebrales y los cultivos en placas.Todos estos g r u m o s de tejido neural t i e n e n las mismas p r o p i e d a - des fisicoquímicas, a u n q u e no t o d o s llegan a c o n s u m a r u n a inteligencia c o m o la h u m a n a . Sin duda hay algo en el tejido del cerebro h u m a n o q u e es imprescindible para la aparición de nuestra inteligencia, pero, al igual q u e para explicar la arquitectura no basta c o n las propiedades físicas de los ladrillos, t a m p o c o para explicar la música nos basta sólo c o n c o n o c e r las p r o p i e d a d e s de las partículas de m e t a l q u e dan forma a los i n s t r u m e n - tos. H a y algo en la configuración del tejido neural q u e es esencial.

La inteligencia a m e n u d o ha sido atribuida a cierto tipo de flujo de energía o c a m p o de fuerza. Glóbulos, e m a n a c i o n e s lumínicas, auras, v i - braciones, c a m p o s magnéticos y líneas de fuerza o c u p a n un lugar desta- cado en el esplritualismo, en la p s e u d o c i e n c í a o en la ciencia ficción del p e o r gusto. La escuela de la psicología gestaltiana i n t e n t ó explicar las ilusiones visuales en términos de c a m p o s de fuerza electromagnéticos situados en la superficie del cerebro, pero estos c a m p o s en realidad n u n c a llegaron a descubrirse. A veces la superficie del cerebro se ha descrito c o m o un m e d i o vibrante c o n t i n u o q u e sirve de sostén a h o l o g r a m a s u otros m o d e l o s de interferencia p o r ondas, pero esa idea t a m p o c o d e s e m - b o c ó en un resultado satisfactorio. El m o d e l o hidráulico, c o n su presión psíquica acumulativa y descarga de energía, sus explosiones o su desvia-

ción p o r canales alternativos, se halla en el c e n t r o de la teoría freudiana y aparece en docenas de metáforas de nuestro lenguaje c o t i d i a n o : h i n c h a r - se de ira, desfogarse, estallar de presión, depresión, t e n e r la cabeza h i r - viendo, desahogarse, c o n t e n e r la rabia. Pero incluso Jas e m o c i o n e s más apasionadas n o t i e n e n u n a c o r r e s p o n d e n c i a literal c o n u n a a c u m u l a c i ó n y una descarga de energía (en el sentido en q u e los físicos hablan de ellas) que deberían p r o d u c i r s e en algún p u n t o del cerebro. En el capítulo 6 intentaré c o n v e n c e r al lector de q u e , en realidad, el cerebro no opera por

presiones internas, sino q u e más b i e n las trama c o m o u n a táctica de n e g o -

ciación, c o m o si fuera un terrorista q u e lleva los explosivos atados c o n correas a su c u e r p o .

U n o de los p r o b l e m a s q u e plantean todas estas ideas es q u e , a u n en el caso de q u e se descubriera algún aglutinante, v ó r t e x , v i b r a c i ó n o esfera globular capaz de hablar y t r a m a r diabluras, c o m o en la ficción h a c e el tronco q u e m o d e l a G e p p e t t o o, en t é r m i n o s más generales, de t o m a r decisiones basadas en reglas racionales y p e r s e g u i r u n a m e t a s u p e r a n d o obstáculos, a ú n t e n d r í a m o s q u e enfrentarnos al e n i g m a q u e s u p o n e saber

cómo llevaría a cabo todas esas proezas.

N o , la inteligencia no p r o v i e n e de un tipo especial de espíritu, m a t e - ria o energía, sino de un p r o d u c t o diferente, la información. La i n f o r m a - ción es u n a c o r r e l a c i ó n entre dos cosas y se p r o d u c e p o r un p r o c e s o conforme a leyes (es decir la antítesis de un m e r o p r o d u c t o o b t e n i d o p o r nn c o m p l e t o azar). D e c i m o s q u e los anillos de un t o c ó n t i e n e n i n f o r m a - ción acerca de la edad del árbol p o r q u e su n ú m e r o es correlativo a la edad del árbol (cuanto más viejo es el árbol, más anillos tiene), y la c o r r e - lación no es u n a c o i n c i d e n c i a sino q u e está causada p o r el m o d o de crecer q u e t i e n e n los árboles. El c o n c e p t o de c o r r e l a c i ó n es m a t e m á t i c o y lógico, y no se define en t é r m i n o s de la m a t e r i a constitutiva de las entidades correlacionadas.

La i n f o r m a c i ó n , en sí misma, no es nada especial y se halla p r e s e n t e siempre q u e las causas dejan efectos. Lo q u e sí es especial es el procesa-

miento de la i n f o r m a c i ó n . P o d e m o s considerar un fragmento de m a t e r i a

que transporta i n f o r m a c i ó n acerca de cierto estado de cosas a m o d o de símbolo, el cual p u e d e «representar» ese estado de cosas. C o n t o d o , en su calidad de fragmento de materia, p u e d e h a c e r así m i s m o otras cosas, cosas

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