n azaReth y p RomotoRas j uRídicas
2. Marco teórico concePtual
2.3 e l vínculo entRe patRiaRcado y capitalismo
2.4.3 M últipleS jornadaS y MúltipleS opreSioneS
A pesar de la participación de las mujeres en otras actividades como trabajadoras asa- lariadas, por cuenta propia u otras, ellas no dejan de desempeñar el trabajo en espacio doméstico, permanecen a cargo del mismo y así suman actividades, horas de trabajo, responsabilidades. En ocasiones también suman militancias o su participación en ac- tividades comunitarias, de la iglesia, de su organización u otros espacios. En el caso de quienes tienen dos jornadas de trabajo, se enfrentan en una misma unidad de tiem- po –el día–, a dos formas diferentes de organización, de relaciones, normas y valores diferentes que requieren de ellas diversas habilidades, conocimientos, e implica un sobre-trabajo y una doble explotación.
Por otra parte, la autora referida destaca la existencia de una ideología que juzga a las mujeres que trabajan, fraccionándolas al no ser concebidas integral- mente. De ahí que afirme que las mujeres son juzgadas sin considerar la jornada y las responsabilidades domésticas, así como las madres son criticadas por salir a trabajar. Así se considera como “mala trabajadora” a quien solicita permisos para llevar a los hi- jos al médico o asistir a las reuniones del colegio o la escuela, y “mala madre” a quien 350 Lagarde y de los Ríos, Marcela, op. cit., págs. 140-141.
Wendy M. Santa Cruz S.
ante la necesidad de obtener ingresos para la sobrevivencia familiar se ve obligada a dejar a los hijos y la casa temporalmente.352
Agrega que “las mismas mujeres se autovaloran con incomprensión y dureza con el mismo esquema ideológico (…) desde luego, resultan culpables por in- capaces, ineficientes, descuidadas, desobligadas. En general, los problemas que se ori- ginan por la no asimilación del trabajo son vividos por las mujeres de manera personal como problemas emocionales, con incapacidad, como disgusto para hacer las cosas, con culpa”. En ese marco, Lagarde reflexiona que al no reconocerse dicha realidad y problemas por las mismas mujeres y la sociedad, se realizan reclamos y exigencias a ellas como si fuesen culpables, se hace comparaciones entre ellas, sin considerar que escapan de su voluntad y sin asumir que la problemática es colectiva. Es decir que se evalúa como incapacidad de las mujeres y no como consecuencia de una organización desigual de la sociedad.353
Derivado de ello, no se consideran estos hechos como parte de la explota- ción y opresión de las clases en conjunto. Elson y Pearson (1982), citados por Lagarde, consideran que el trabajo de las mujeres del denominado “tercer mundo”, reúne carac- terísticas importantes para el desarrollo del proceso de acumulación del capital, como su muy bajo costo que se traduce en bajos salarios, jornadas prolongadas y menores prestaciones; y la mayor productividad que se basa en la intensidad del trabajo.354
Por otra parte, Pérez Orozco y del Río señalan que cuando prevalece la ló- gica de acumulación, la sostenibilidad social no constituye prioridad, por lo que dicha responsabilidad es delegada a los hogares, quedando las mujeres como responsables del mantenimiento último de la vida, ante las relaciones de poder existentes en estos y en la sociedad. De ahí que afirmen que “son las mujeres, organizadas en torno a redes, en los hogares más o menos extensos, las que responden y las que, finalmente, actúan como elemento de reajuste del sistema económico. Ellas son el colchón (…) frente a todos los cambios en el sector público o privado (…), ellas reajustan los trabajos no remunerados para seguir garantizando (¡en la medida de lo posible!) la satisfacción de necesidades, la vida.”355
Las mujeres, entonces, por un lado continúan dando sostenibilidad a la vida y a cada vez más a menudo participan de manera simultánea en el mercado la- boral. En ese marco, dichas autoras destacan que esa realidad de múltiples jornadas, además de ser terriblemente injusta con las mujeres, es insuficiente para resolver las necesidades sociales que se presentan al respecto. Agregan que “esta situación se des- pliega en un mundo globalizado por unas políticas laborales que generan precariedad laboral, incrementan la presión sobre el trabajo de cuidados y propagan la mercantili- 352 Lagarde y de los Ríos, Marcela, op. cit., pág. 145.
353 Ibíd., págs. 145 y 146. 354 Ibíd., pág. 147.
Reflexiones de las mujeres y trabajadoras acerca del poder. Estudios de caso: Colectivo Nazareth y Promotoras Jurídicas
150
zación de todos aquellos aspectos de la vida que puedan ser transformados en dinero, difundiendo un individualismo cada vez más feroz”, que se traduce en la creación de “mercados de servicios para mujeres que pueden pagarlos y mercados de empleo pre- cario para las mujeres más desfavorecidas”.
Para Lagarde, la diversidad de experiencias que las mujeres tienen al res- pecto, son infinitas “porque no existen relaciones mecánicas entre el trabajo, la eman- cipación, el cautiverio356 y la opresión”.357 Es decir, que se precisa considerar las situa-
ción y condición particular de mujeres concretas que permitan comprender y conocer más las distintas experiencias, relaciones y consecuencias de las mismas y dar cuenta de esa complejidad, de los puntos de encuentro y divergencias entre las experiencias, para contar con elementos que permitan conocer mejor la manera en que se dan las relaciones de poder e identificar otros que contribuyan con su transformación. En ese marco es fundamental visibilizar las experiencias de mujeres y trabajadoras que se han organizado y que buscan a través de sus prácticas modificar su realidad y la sociedad.