• No se han encontrado resultados

M ONILIASIS – MANCHA CENIZA

In document Cacao REYES (página 148-153)

Agente causal: Moniliophthora roreri (Cif y Par) Evans et, al. Clase: Basidiomicetos. Nuevo género.

Origen y distribución

A partir de 1914 la moniliasis adquirió caracteres epifitóticos en el área ca- caotera de Quevedo, Ecuador donde fue ampliamente estudiada por Rorer (1918) quien la clasificó en el género Monilia. Posteriormente Ciferri y Parodi (1933) la reclasificaron como Monilia roreri (Cif y Par). La enfermedad se presenta con mayor severidad en Ecuador, Colombia, occidente de Venezuela, sur de Perú y sur de Panamá. Enríquez y Suárez (1978) reseñan su dramática aparición en Costa

Rica. Actualmente está en expansión en Nicaragua, Honduras y Venezuela. La mo- niliasis fue reportada en Venezuela por Muller (1941) en la zona del río Catatum- bo, estado Zulia, donde debió existir desde mucho antes, contribuyendo induda- blemente a la desaparición de áreas cultivadas y de descensos de producción de esa región. Allí se mantuvo confinada por muchos años, con gran agresividad en las plantaciones ribereñas de los ríos Catatumbo y Escalante y en áreas de Mérida y Táchira, constituyendo el único foco de infección en el país.

En 1993, la moniliasis aparece en las plantaciones colindantes de Arauquita, Colombia. Reyes y Capriles de Reyes (1993) realizan una inspección sanitaria en La Victoria de Apure, y aunque las plantaciones venezolanas se mantenían libres de la enfermedad, presentaban altos riesgos de contaminación por la cercanía, por el comercio bilateral entre países y por las condiciones ambientales favorables a la enfermedad. De inmediato se informó a las autoridades de Sanidad Vegetal (SASA), al Fondo Nacional del Cacao, a las asociaciones de productores y proce- sadores de cacao y se implementó una campaña de divulgación y de concientiza- ción dirigida a los productores, a través de charlas, audiovisuales, afiches y pan- cartas. Motivado por la lejanía y la carencia de recursos técnicos y crediticios, para sostener la campaña, la enfermedad llegó a la zona de La Victoria de Apure donde Vivas (1994) la señala en los poblados cacaoteros de El Ripial y La Capilla, en el estado Apure y en El Nula, El Milagro y Novilleros, estado Táchira. Luego Capri- les de Reyes, et al. (1997), la observa en Pedraza, estado Barinas. Esas áreas men- cionadas conforman gran parte de los llanos occidentales del país, de gran poten- cialidad para el cultivo cacao. Vale mencionar que los agricultores barineses, están asentados en pequeñas unidades de producción, manejan bien y tienen buena vo- cación para el cultivo, y que el régimen pluviométrico que allí se sucede es muy irregular, con inundaciones periódicas y largos períodos de sequía muy acentua- dos, y aunque el hongo M. roreri soporta un amplio rango de condiciones climá- ticas es posible que la conjunción de esos factores permita el manejo exitoso de la situación. De todas formas se requieren apoyos legales y financieros del SASA y de organismos involucrados en el cultivo cacao, para que la moniliasis no invada los valles de Yaracuy, Carabobo y Aragua, y siga su ruta hacia las mayores regiones productoras del país, como son Barlovento y el oriente del país.

En otros países productores de América como Brasil, Trinidad y República Dominicana, así como en Africa y en Asia no ha sido reportada la enfermedad.

Hospederos

Sólo varias especies de Theobroma y de Herrania han sido señaladas como hospederas, entre ellas T. cacao, T. bicolor, T. gileri y H. balaensis.

Importancia económica

El patógeno, en condiciones de campo, afecta severamente los frutos, inci- diendo directamente en la producción. En todos los países donde ha hecho su apa- rición ha ocasionado grandes desequilibrios económicos, al afectar más del 90% de los frutos.

de plantaciones cacaoteras afectadas y el cambio hacia otros rubros agrícolas. Cuando los precios se elevan a nivel de fronteras o se implantan algunas acciones oficiales de ayuda crediticia o fitosanitaria, de nuevo se recupera el cultivo cacao.

El hongo

Evans, et al. (1978), realizó la revisión taxonómica de Monilia roreri y conclu- yen que la especie no es congenérica con Monilia frutigena. El hongo posee un mi- celio vegetativo con hifas hialinas, septadas sin conexiones con doliporos y produ- cen cadenas de conidias globosas o elipsoidales en conidioforos ramificados, poco diferenciados cuya maduración es basipétala. Estas características son propias de los basidiomicetos, y por ello proponen clasificarlo en esa clase con un nuevo gé- nero, denominándolo como Moniliophthora roreri (Cif y Par) Evans et.al.

El hongo produce conidias que son capaces de penetrar directamente el epi- carpio de los frutos de cualquier edad (SUÁREZ, 1970) y al germinar forma un micelio

que invade intercelularmente los tejidos, luego las celulas son colonizadas por el micelio intracelular y se manifiestan los síntomas de deformaciones de frutos, pa- ralización del crecimiento y licuefacción de las almendras. Sobre los frutos emer- ge el micelio formando un estoma recubierto de una capa espesa de conidias pro- venientes de simples conidioforos que originan las conidias de color crema que al envejecer se oscurecen, son resistentes a la radiación y a la desecación, germinan en presencia de una película de agua y luego de dos horas inician la colonización de los tejidos. Las conidias son transportadas por el viento, el agua, el hombre y los insectos. En Venezuela, la chinche negra Antiteuchus tripterus está muy asocia- da a la enfermedad, observándose en colonias muy numerosas sobre los frutos afectados, por lo que se considera que transporta al hongo.

M. roreri actúa en bandas muy amplias de humedad y de temperatura, sien-

do favorecido por altas, frecuentes e intensas precipitaciones, temperaturas entre 25 y 27ºC y humedad relativa de 80 a 90%. La mayor incidencia de la enferme- dad se sucede de dos a cuatro meses después que las altas temperaturas coinciden con épocas de altas precipitaciones. Meza (1973) señala que la luminosidad favo- rece a la enfermedad, motivado quizás a temperaturas más altas o a una mayor fre- cuencia de la chinche negra (A. tripterus).

Es de hacer notar que en el sur del Lago de Maracaibo las condiciones de hume- dad relativa y de precipitaciones son muy similares durante el año apenas con déficit hí- drico durante el primer trimestre por lo que se suceden continuas floraciones y fructifi- caciones que permiten el mantenimiento constante y continuo del inóculo infectivo.

El hongo tiene muchos sitios de reservorio, como son frutos enfermos, restos de cosecha, frutos colgantes, musgos, etc. No se conoce la fase sexual de Moni-

liophthora roreri. Síntomas

En condiciones de campo sólo los frutos son afectados, aunque Evans (1977) reporta infecciones en plántulas inoculadas artificialmente. La severidad de los sín- tomas depende de la variedad y de la edad en que se enferman los frutos, siendo más sensibles aquellos menores de tres meses.

FO T O 4 6 . FR U T O E S P O R U L A D O

-Frutos pequeños: se presentan dos tipos de síntomas iniciales: madurez pre-

matura que conduce al marchitamiento y muerte de chireles donde se pueden o no formar conidias; y otros casos donde los chireles se hinchan y deforman, presentan manchas pardas que se recubren de estromas y conidias, síntomas que aparecen al mes de la infección.

-Frutos de mediano desarrollo: no presentan marchitez ni deformaciones, sino

puntos de color verde oscuro, los cuales son visibles al mes de la infección, evolucio- nan a manchas de color pardo de bordes irregulares, que en menos de ocho días se re- cubren de estromas y conidias. Generalmente todas las almendras son desintegradas e inaprovechables, por presentar una pudrición pegajosa que dificulta su extracción.

- Frutos cercanos a su madurez: presentan puntos aceitosos aproximadamen-

te al mes de la infección. Si la cosecha se realiza oportunamente no aparecen las manchas pardas y muchas almendras son sanas y pueden aprovecharse.

En el sur del Lago de Maracaibo es frecuente observar las manchas de moni- liasis con agrietamientos sobre frutos de cacao Porcelana. Los aislamientos realiza- dos dan como asociado al hongo Colletotrichum gloeosporioides, al cual los Porcela- na son extremadamente susceptibles.

El mal manejo de la plantación –en lo que se refiere a sombríos desequilibra- dos, aguas retenidas, presencia de malezas, falta de podas, carencias nutricionales y, sobre todo, cosechas tardías y abandono sanitario con persistencia de frutos en- fermos colgantes y restos de cosechas en el suelo– es el causante de la alta inciden- cia y severidad de la enfermedad.

FI G U R A 4 4 . CI C L O D E V I D A D E M . R O R E R I

( EVA N S) CA U S A P U D R I C I Ó N D E F R U T O S

Ciclo de la enfermedad

Se inicia a partir de las conidias desprendidas de frutos enfermos esporulados o momificados, las cuales son diseminadas por el viento, el agua, los insectos o el hombre, pudiendo penetrar directamente el epicarpio, o a través de los estomas en frutos de cualquier edad, si las condiciones de humedad son apropiadas.

El hongo invade los tejidos de los frutos y provocan hinchazones y deforma- ciones, síntomas que son visibles en un período aproximado de cuatro semanas. Posteriormente se sucede la invasión de los tejidos, los cuales se hinchan y necro- san y aparecen las manchas de color pardo entre seis y ocho semanas, donde unos siete días después emerge el estoma cargado de una espesa capa de conidias de color crema-ceniza. Frutos enfermos, momificados y colgantes son reservorios de conidias infectivas por largos períodos de tiempo. El ciclo completo se cumple en unos tres meses y medio (Foto 46 y Figura 44).

Controles

Para una enfermedad tan contaminante como la moniliasis, la aplicación de los componentes del control integrado se hace indispensable: control de altura, drena- jes funcionales, sombrío racional, combate de malezas, protección química de los frutos durante los tres primeros meses de su desarrollo, remoción semanal de los frutos enfermos y cosecha frecuente de frutos sanos. La regulación de la altura de las plantas a 3 o 4 m, el manejo del sombrío, de las distancias y la aplicación de podas, es muy necesaria para mantener la fitosanidad del cultivo.

El destino de los frutos enfermos colectados dependerá entre otros factores del tamaño de la finca, del grado de infección y de la capacidad de trabajo del pro- ductor. Si se inicia un foco de contaminación en una finca pequeña, los frutos deben ser removidos directamente a bolsas de polietileno y quemados. Si las plan- taciones son más grandes y la labor resulta muy onerosa, los frutos pueden dejar- se en el suelo donde quedan sometidos a su desintegración natural. Sin embargo, Evans (1977) y Asha Ram (1988) advierten sobre la gran fuente de contaminación que representan los frutos esporulantes en el suelo.

En cuanto a resistencia genética, desde Ecuador mencionan los clones EET 196, 381, 382, 387 y 406, con baja infección de frutos y a EET 233 y SCA-12, IMC-11, IMC-67 y SPA-9 como tolerantes a la enfermedad.

En Venezuela no se han realizado evaluaciones sobre el comportamiento de cultivares al patógeno. González (1965) hace la observación de que los frutos rojos de Porcelana son más afectados que los frutos verdes. Es interesante men- cionar que frutos tipo Ocumare cultivados en el área son menos afectados por el hongo y por la chinche negra que los cacaos Porcelana, y que los Amelonados colombianos, de calidad muy inferior, que vienen invadiendo el área cacaotera del sur del Lago, son muy susceptibles, lo que invalida aún más su introducción y distribución.

En cuanto a control químico, en los países muy afectados por moniliasis, como Ecuador, Colombia, Costa Rica y Venezuela, se han realizado numerosas evaluaciones de fungicidas con saldos económicos no muy favorables a su acepta-

ción por los productores. Analizando la situación, encontramos que en esos paí- ses se presenta un complejo de patógenos: Crinipellis, Moniliophthora, Phytophtho-

ra, que permanentemente causan infecciones confusas. Con los nuevos fungicidas

erradicantes y los de acción sistémica se puede arribar a un esquema de control exitoso que combine las labores agronómicas y culturales tales como: control de la altura de las plantas y remoción semanal de frutos enfermos, y protección química de frutos menores de 3 meses. Capriles de Reyes y Marín (1981) encon- traron que los productos Baycor (bilozaxol), Bayletón (triadimefon) y Bravo-500 (clorothalonil), en dosis de 0,5 cc/l, actúan como antiesporulantes. En plantacio- nes comerciales, Bravo-500 (clorothalonil), en dosis de 500 cc/ha o Calixin (tria- demorph) en igual dosis, aplicados al inicio de las dos épocas de mayor fructifi- cación alternados con Cuprosan (óxido cuproso), en dosis de 2 kg/ha da excelen- te protección en los frutos afectados por varios patógenos.

Frutos enfermos o aquellos provenientes de plantas enfermas no deben ser destinados a material de siembra, por dar origen a plantas débiles posiblemente susceptibles.

Dada la nueva expansión que está alcanzando la moniliasis hacia los estados Apure, Táchira y Barinas, deben promulgarse controles legales que regulen el tras- lado del material de cacao de regiones enfermas a sanas, impidiendo su disemina- ción al centro y al oriente del país.

Labores clave

• Realizar cosechas semanales.

• Aumentar la fitosanidad en las plantaciones cacaoteras, mediante la remoción semanal de frutos enfermos antes que se suceda la esporulación de M. roreri.

In document Cacao REYES (página 148-153)