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El “ecologismo radical”

M ULTICULTURALISMO NEOLIBERAL

En efecto, como respuesta a la fortaleza demostrada por las organizaciones indígenas a principios de la década de los noventa, el

establishment neoliberal puso en funcionamiento una estrategia que transcurría en una triple dirección: 1) asumir, potenciar e incluso incluir en la legislación vigente demandas de carácter cultural (reconocimiento a la alteridad y reconocimiento de la diferencia), proceso al que Oscar Calavia (2007) llama “postmodernidad indígena”; 2) potenciar su estrategia privatizadora del desarrollo, por la vía proyectista y asistencialista; y 3) obviar e intentar desactivar aquellos planteamientos que pudieran poner en entredicho la lógica del modelo de acumulación (Bretón, 2009: 99-100).

Esta triple estrategia constitutiva del multiculturalismo neoliberal29 y tiene la virtud de amortiguar aparentemente el costo social de las políticas neoliberales y encauzar las demandas indígenas hacia un espacio asumible por el sistema: reconocimiento identitario y negociación de proyectos. Así, paradójicamente, se reconoce la alteridad cultural mientras al mismo tiempo se niega toda vía que no encaje dentro del proyecto neoliberal, conformando así lo que Charles Hale (2004) califica como la era del “indio permitido”:

29 Para una mayor profundidad sobre el proyecto cultural neoliberal en lo que a las cuestiones identitarias en América Latina se refiere, consúltese, entre otros: Carmen Martínez Novo (2006, 2009), Charles Hale (2002, 2004), Héctor Díaz-Polanco (2006), Víctor Bretón (2009) y Willem Assies (2000).

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“Con la presencia del ´indio permitido´, surge invariablemente la construcción de su ´otro´ que se define como un sujeto disfuncional, ´descartable´, sin méritos. Dicha dualidad llega a representar dos formas distintas de ser indígena. El ´indio permitido´ según esta ideología logra negociar la modernidad, sustituir ´protesta´ con ´propuesta´, actuar con autenticidad y a la vez manejar el lenguaje dominante. Su otro, el desautorizado, es rebelde, vengativo y conflictivo. Las características de este último le causan gran preocupación a la elite política que se ha comprometido con la igualdad cultural pero que teme las repercusiones que se podrían generar si los ´desautorizados´ subiesen al poder. Esta nueva forma de gobernar le otorga recompensas al ´indio permitido´ mientras que simultáneamente condena su ´otro´ a la pobreza y exclusión social. Justifica dicha exclusión ya no tanto con la doctrina de inferioridad biológica, sino por características culturales, superables pero profundamente persistentes. Los que ocupan la categoría de ´indio permitido´ tienen que demostrar constantemente que están por encima de estas características culturales ´racializadas´ de los ´otros´ y al insistir de esta manera, apoyan y refuerzan la división” (Hale, 2004: 4).

Por tanto, el “indio permitido” está en posición de negociar su reconocimiento en los términos y el espacio que el sistema neoliberal le deja, mientras que el “otro” aparece como una población disfuncional prescindible, a la que se le niega el reconocimiento y la capacidad de negociación, catalogándolos como violentos, irracionales y conflictivos. Se establece así un sutil y complejo sistema de administración de poblaciones30 basado tanto en la coerción como en la cooptación:

“Los que promueven el multiculturalismo neoliberal están dispuestos a aceptar el derecho de reconocimiento del que se derivan otros derechos como las reformas educativas, descentralización, medidas para terminar con la exclusión política de los indígenas, y otros aspectos. Estas concesiones son realizadas por el Estado, que es también árbitro para decidir

30 Concepto acuñado por Andrés Guerrero (2010) quien lo plantea estrechamente vinculado a la noción de “gubernamentalidad” de Foucault. Se puede definir como la administración o gobierno, por parte de los grupos sociales dominantes y mediante el uso de diferentes modalidades de ejercicio del poder (tanto puramente coercitivo como hegemónico), de ciertos grupos demográficos subalternos. En este proceso se les clasifica como “diferentes” y, habitualmente, como inferiores, por criterios arbitrarios de clase, de género, culturales, étnicos, etc.; de tal manera que esta inferioridad se naturaliza y acaba justificando y reproduciendo la subordinación.

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cuáles derechos son legítimos y cuáles no. A través de esta discriminación entre sujetos permitidos y peligrosos se impone una regulación moral que da forma a estos sujetos. Aquellos que denuncian las desigualdades del capitalismo neoliberal son etiquetados como extremistas y no reciben el apoyo económico de las instituciones internacionales, las organizaciones no gubernamentales y el Estado” (Martínez Novo, 2009: 22)

Es precisamente este complejo sistema basado en los incentivos económicos, vía proyectismo, para los que quisieran y fueran capaces de negociar su reconocimiento en los términos impuestos por el sistema, el que permitió encauzar, vía domesticación y cooptación, las expectativas de las dirigencias étnicas y sus bases. Esto es lo que Víctor Bretón (2001) ha llamado modelos de neoindigenismo etnófago:

“Lo de neo-indigenistas viene porque se nos antojan similares a los del indigenismo clásico en su afán de situar la etnicidad en un plano "políticamente correcto", aunque adecuando el horizonte final —la domesticación del movimiento indígena y la neutralización de su potencial revulsivo— al signo de los tiempos de la era de la globalización: la asunción de la pluriculturalidad, del plurilingüismo y, en el mejor de los casos, de la plurinacionalidad de los estados latinoamericanos no tiene por qué atentar contra la lógica de la acumulación capitalista neoliberal. […] La etnofagia, por su parte, alude a la peculiaridad más perversa y también más sutil del nuevo indigenismo: al hecho de que los programas sean con frecuencia gestionados y ejecutados parcialmente por indígenas.” (Bretón, 2001: 6-7)