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Sus apellidos están vinculados a quien fuera uno de los grandes nombres de la cultura española contemporánea, ya que era hija de don Ramón Menéndez Pidal. No en vano y pese a su modestia (apenas dejó escritos y concedía escasa importancia al reconocimiento de su obra) fue una de las figuras más importantes de la pedagogía del siglo XX en España.

Jimena Menéndez Goyri nació en Madrid en 1901. Educada en la Institución Libre de Enseñanza (1) y en el Instituto Internacional de Boston, su formación sería crucial para el desarrollo de su pensamiento pedagógico. Una vez terminada esta etapa, ya en la universidad, estudió Filosofía.

La influencia familiar fue decisiva en su formación. Su padre, que se distinguió por “la honradez y el rigor intelectual, el espíritu abierto, el sentido estético o el gusto por la naturaleza” (2), fue un brillante investigador de nuestras letras y catedrático de

Universidad. Su madre, María Goyri, había luchado por los derechos de las mujeres que les permitieran vivir dignamente; era licenciada en Letras y trabajó en común con su marido (3). No es de extrañar que esta herencia influyese en el pensamiento educativo de Jimena junto a los principios renovadores que guiaban a la Institución Libre de Enseñanza. Más que un aprendizaje memorístico o instrucción, defendía, desde la coeducación, el método intuitivo basado en la observación directa y la educación de la persona en todas sus facultades.

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(1) La Institución Libre de Enseñanza (también conocida como ILE) supuso un cambio de dirección en la renovación pedagógica de nuestro país, que se vio truncada por la guerra civil.

(2) ONTAÑÓN, Elvira, “Jimena Menéndez Pidal: La aventura de rescatar la ILE en tiempos de oscuridad”, en Cuadernos de Pedagogía-Monográfico: 25 Retratos de Maestras, Nº. 337, Barcelona,

Julio-Agosto, Ed. Cisspraxis, S.A., 2004

La formación de Jimena, aunque austera, no estuvo exenta de afecto. Vivió su niñez entre los cuidados de sus padres y de su abuela materna. Fue educada en el rigor y en la responsabilidad, pero también desde la alegría que proporcionan los estímulos como la vida al aire libre, el ejercicio físico, los viajes o las lecturas.

Los primeros años de experiencia pedagógica tuvieron lugar en el Instituto-Escuela, entidad creada en 1918 por la Junta para Ampliación de Estudios. Se trataba de un centro muy especial: además de seguir los principios de la ILE, se preocupaba por la formación del profesorado de primera y segunda enseñanza. Centrada en las edades más tempranas (de 4 a 7 años), Jimena se inició en el mundo de la educación con unos criterios pedagógicos muy claros: el orden, la seriedad, la imaginación y la creatividad presidían sus realizaciones. Materializó estos principios desde la participación directa en representaciones colectivas: aparte de organizar actividades relacionadas con la Educación Física, preparó y dirigió diversos montajes teatrales, entre los cuales destaca

La pájara pinta, de Rafael Alberti (1). En todos ellos latía un profundo espíritu

pedagógico e innovador en materia educativa. En el Instituto-Escuela conoció a Miguel Catalán, investigador y profesor de Física y Química, con el que contraería matrimonio. Esta atmósfera educativa, tan positiva para nuestro país, iba a ser cortada casi de raíz. El inicio de la guerra civil en 1936 parecía que iba a poner fin a toda la labor educativa desarrollada durante la Segunda República. Jimena pasó los años de guerra en Segovia con su esposo y su hijo Diego; allí continuó su labor con un pequeño grupo de niños, aunque con no pocas dificultades. Nunca perdió la esperanza de volver a aquella escuela, centro de formación y de acogida en sus primeros pasos como pedagoga. El caso es que volvió, si no físicamente, al menos en lo que suponía su esencia.

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(1) Precisamente será el teatro una de sus herramientas más significativas en la labor desarrollada años más tarde en el Colegio Estudio.

Al final de la guerra, España era un páramo en muchos aspectos; no era mejor la situación en materia de educación. En este sentido, es digno de valorar el esfuerzo que realizó Jimena Menéndez Pidal junto a un grupo de profesores del Instituto-Escuela para resucitar, si no aquel centro, al menos la aventura desarrollada entre sus muros. Para ello retomaron los principios educativos en los que creían.

La inquietud pedagógica de este colectivo se tradujo en la fundación de un colegio que continuase la labor del Instituto-Escuela, inspirado a su vez en el espíritu de la Institución Libre de Enseñanza. De esta manera nació en 1940 el llamado Colegio Estudio. Junto a Ángeles Gasset y Carmen García del Diestro, Jimena Menéndez Pidal tomó las riendas de un innovador proyecto educativo.

Tras haber superado las dificultades iniciales, Jimena y su equipo diseñaron los principios metodológicos y educativos que definirían la línea a seguir. Destacamos la concepción del lenguaje como un tesoro del cual parten todas las experiencias humanas; por otra parte, la consideración de la música y de los trabajos manuales como asignaturas fundamentales para la formación del alumno. Todas ellas se integran en la actividad teatral, la dramatización, a la que Jimena dedicó su atención como un valioso instrumento pedagógico. En este sentido, una actividad muy especial fue la representación anual del Auto de Navidad (1), tradición que se ha venido manteniendo

hasta nuestros días como una seña de identidad del colegio; en ella participan tanto miembros del colectivo docente como alumnos y alumnas del centro. El Auto es una

antología literaria que conjuga, junto a músicas y bailes, textos clásicos – de autores como Juan del Encina, San Juan de la Cruz y Lope de Vega, entre otros – y populares. _____________

(1) El Auto de Navidad fue publicado en 1960 por la editorial Aguilar y reeditado en 2008 por ADANAE

(Asociación de Antiguos Alumnos del Colegio Estudio). Como podemos imaginar, en él se integran diferentes materias (Literatura, Música, Plástica, Danza), lo que justifica por sí misma la intención pedagógica de la obra.

Otras líneas de actuación fueron, siempre desde la coeducación, las siguientes: el debate sobre temas diversos, la proyección de películas, las charlas sobre diversos temas, el fomento de los deportes y de la lectura, la división de la clase en dos grupos para el aprendizaje de algunas materias (idiomas, dibujo, trabajos manuales y música), la organización del trabajo de los alumnos en cuadernos ordenados cronológicamente, las clases de apoyo en Primaria, el trabajo en equipo para la renovación y formación de los maestros y maestras y las excursiones como parte del programa escolar.

Prueba de la vocación pedagógica de Jimena Menéndez Pidal es la renovación del método de aprendizaje del Colegio Estudio que realizó cuando ya había cumplido los ochenta años. Su espíritu de trabajo no se apagaba; fue capaz de motivar a un grupo de maestras para pensar nuevos métodos y elaborar nuevos recursos y actividades educativas. Todo un ejemplo a seguir. En palabras de Elvira Ontañón: “Es una de las personas que permiten mantener la confianza en el género humano.” (1)

En 1994, cuatro años después de su muerte, sus compañeras Ángeles Gasset y Carmen García del Diestro donaron la propiedad del Colegio a la llamada Fundación “Estudio”. Es esta entidad la que viene impulsando desde entonces el proyecto pedagógico iniciado en 1940 junto a Jimena Menéndez Pidal.