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5.5 ¿La carrera o la barrera magisterial?

5.6 Las mafias de incondicionales

Las escuelas secundarias pueden ser definidas como ámbitos al interior de los cuales se tejen una infinidad de relaciones sociales entre maestros, alumnos, directivos, personal administrativo, personal de mantenimiento y servicios generales. Esas relaciones sociales se concretan en una infinidad de formas: en algunas ocasiones son de indiferencia hacia los jóvenes maestros que ingresan a laborar; otras son de oposición ideológica porque se tienen diferentes concepciones en torno a temas sindicalistas o magisteriales (oficialistas vs. disidentes); otras son de compadrazgo entre amigos y conocidos que trasladan sus relaciones de amistad al espacio laboral; otras son de hostigamiento y competencia hacia los compañeros que piensan y actúan diferente; entre muchos otros tipos de relaciones. Todas éstas pasan por procesos de crisis, estabilización y cambio. Esto es, se van transformando a lo largo de la trayectoria laboral de los docentes.

Algunas de estas relaciones perviven y se hacen fuertes, creando al interior de la escuela secundaria, prácticas sociales que terminan por establecer un clima laboral viciado. Es decir, se conforman pequeños grupos, que crean una serie de códigos informales para así defender los intereses de sus integrantes. Los miembros de estos subgrupos, son en su mayoría percibidos como maestros abúlicos, es decir, que manifiestan una apatía creciente por su actividad docente en la escuela secundaria y por la profesión que desempeñan; con una marcada indiferencia hacia las metas y logros de la escuela; que realizan su trabajo sin un compromiso firme, y están motivados desde lo instrumental.

A su vez, (as) se caracterizan por pasar por alto las normas y sanciones estipuladas para desempeñar su trabajo. Por lo que, se convierten en constantes transgresores de estas normas, no solamente ante sí mismos, sino a los ojos de toda una comunidad escolar, incluidos los alumnos y padres de familia. Ellos (as) son identificados por los “otros”, es decir, los colegas que no están de acuerdo con estas prácticas, como los que más se ausentan de su jornada de trabajo; los que llegan

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siempre tarde; los que faltan de manera reiterativa; los que tratan en forma inadecuada a los alumnos(as); los que establecen prácticas corruptas en la interacción cotidiana, etcétera.

Sin embargo, lo más preocupante de esta situación es que estos subgrupos de maestros abúlicos, en algunas ocasiones, gozan del apoyo informal de los directivos de la escuela. Esto es, se crea una relación de amiguismo o de intercambio entre maestros y directivos, donde estos últimos pasan por alto el incumplimiento de estas normas o ignoran estas prácticas irregulares. Se conforma lo que Norberto denomina como las mafias de incondicionales. Así lo expresa en su discurso:

R1:“de tal manera que cuando llego a esta escuela pública, sí me percato, y lo digo porque es una realidad que nos lacera a muchos, con algunos compañeros que no están asumiendo sus responsabilidades como corresponde, o sea, muy abúlicos, llegando tarde, o ausentándose mucho, encuentro situaciones de apapacho por parte de los directivos también, se forman, digo yo, mafias de incondicionales, en donde se les otorga todas las canonjías o más de los derechos que se tienen, entonces yo tengo que estar valorando todo esto, y trato de cumplir lo más que puedo en mi trabajo, y aprender de los compañeros que tienen más tiempo que yo”.

Los maestros de mayor edad y más larga trayectoria laboral, atribuyen el ausentismo de los colegas más jóvenes a dos situaciones: en primer lugar, obtener su plaza de base les implicó muy poco sacrificio, ya que al heredar o contar con relaciones en el sindicato o el IEBEM, no tuvieron que luchar por ingresar al sistema por sus propios medios; y en segundo lugar, el encubrimiento de parte de los directivos, quienes no aplican las normas, y actúan de forma sobreprotectora. Por lo que, estos docentes perciben un trato poco equitativo de los directivos hacia el personal. Esta falta de rectitud y de transparencia en la aplicación de las sanciones genera malestar en los docentes que están comprometidos; una incomodidad creciente en su lugar de trabajo, que los lleva a establecer constantemente comparaciones y diferencias generacionales. Así lo expresa Néstor un maestro de la escuela secundaria de Altavista:

“Somos colegas, exacto, sí. Entonces la situación del ausentismo se debe a la falta de compromiso, de cumplimiento, más que nada. Y como no les costó nada, lo obtuvieron fácilmente por papi y mami, por eso, y aquí los directivos pues desafortunadamente los cubren, los protegen, en que si llegan a faltar, pues espérate a ver qué justificante nos trae o algo, pero no fuera uno de nosotros que no estamos cumpliendo al día=”

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Aunque para algunos maestros jóvenes cuando ingresan a laborar, esta situación de alguna manera los impacta. Es decir, empiezan a percibir toda una serie de prácticas que van creando un clima de impunidad al interior de la escuela secundaria. En este escenario, ellos al igual que los maestros de mayor edad, expresan este malestar, no solamente a través de la comparación de las condiciones entre unos y otros, sino en relación a las razones por las cuales estos maestros se ausentan de su trabajo. Desde allí, ellos evalúan el comportamiento corrupto y poco transparente de los “otros”; se posicionan como jueces que se sienten profundamente indignados por esta situación. Por lo que, este malestar se empieza a convertir en un resentimiento interior; en la carencia de un reconocimiento más equitativo a su labor y compromiso. Así lo percibe Jerónimo un maestro que realiza labores de apoyo en el área de prefectura en la escuela secundaria de Altavista:

“R1:entonces aquí para evaluar todo lo que es fuera de la escuela, si los directivos se pusieran de acuerdo, y se pusieran de acuerdo con los profesores, sería otra cosa, pero si lo solapan también de que el director les da chance, ah, llegué tarde, no vine, el subdirector me justifica, el secretario general me justifica, no vienen porque no quieren, ni siquiera no vino porque se accidentó, no vino porque se le murió la mamá, no vino por algo realmente; no, no llegó porque un día antes estaba bien tomado o le dio flojera, o porque no quiso venir, y ¿entonces? E1: ¿Ustedes se dan cuenta de todo por lo del libro de firmas y todo eso? R1: Por todo eso te das cuenta, y porque estás allá, los mismos alumnos te lo dicen, ah que el maestro ese venía muy borracho, es que el maestro venía muy no sé qué, es que fulanito de tal vende cigarros, es que nos pide dinero para pasar=”

Se establece entonces un círculo vicioso, donde los alumnos se socializan en un ambiente académico en el que estos maestros abúlicos son sus modelos. En este sentido, la escuela se convierte en el germen de estos ciudadanos que posteriormente percibirán a las instituciones desde una perspectiva poco transparente y, que de alguna manera, se convertirán en los replicadores de este tipo de conductas. De ahí que, se asume una perspectiva estructuralista, en la medida en que esas normas, se imponen por encima de la voluntad de estos adolescentes. Por lo cual, es necesario advertir que esas estructuras también son posibilitadoras, porque los actores pueden reflexionar sobre estas prácticas y a partir de allí darle otro sentido a su experiencia social. Jerónimo expresa de forma sintética cómo percibe la socialización de los alumnos en la escuela secundaria de Altavista:

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“R1: Entonces en prefectura está muy complicado, no se les toma las sanciones que les debería de dar, el reglamento= E1: ¿A los maestros? R1: A los alumnos y a los maestros. Si un compañero de aquí llegan tarde, fuman dentro de la escuela, no se visten adecuadamente, se llevan de mentadas de madre con los alumnos, entonces pues todo eso van a decir los chamacos, si ellos lo hacen, ¿por qué nosotros no?”.

De igual manera, estas prácticas también están siendo solapadas por instituciones como el sindicato o el IEBEM. Desde estos ámbitos estos docentes aprenden que las normas se hicieron para no acatarlas, y en algunos casos, debido a relaciones cercanas con funcionarios, terminan por ser protegidos. De este modo, las actitudes y conductas de estos docentes abúlicos se instalan en la escuela secundaria con la complicidad sórdida de estas instituciones. Esto puede ocasionar además, de las situaciones anteriormente comentadas, que baje significativamente el nivel académico de la escuela secundaria. Alberto menciona este cambio entre las condiciones pasadas y actuales de la escuela de Xochitepec, en relación a la calidad educativa:

“E1: ¡Ah! Qué bueno. Sí porque esta escuela me parece muy bonita, de las que he visitado de acá de la zona, me parece muy bonita, está muy limpia, muy (alborizada 21.48), muy agradable acá. R1: Todavía hace cinco años estaba muchísimo mejor. E1: ¿Y qué pasó maestro ahorita? R1. Los nuevos que nos han mandado como que (x).E1: ¿Los directivos? R1: No, no los directivos, los nuevos maestros como que no tienen disposición de enseñaro de hacer bien su trabajo o faltan; tienen buenas relaciones tanto en el sindicato como en el instituto y pus no les pasa nada y bueno, no pasa nada, entonces eso ha decaído o ha declinado la calidad educativa”:

En síntesis, estos maestros perciben de manera complementaria estas mafias de incondicionales en el clima laboral de las escuelas secundarias. Para los de mayor eda, este ausentismo de los más jóvenes se debe a la falta de compromiso. Una percepción mediada por una comparación constante entre los que heredaron la plaza o tienen relaciones y, que por lo tanto, no valoran su trabajo; y los que entraron por sus propios medios y, que por ende, son más responsables, porque les costó ingresar al sistema. Algunos maestros jóvenes se sienten impresionados con este tipo de prácticas, y valoran el comportamiento de los “otros”, a partir de las razones que los impulsan a actuar de esa forma. Asimismo, perciben desde una perspectiva más amplia cómo se va estructurando este círculo vicioso, donde los alumnos se socializan a lo largo de su recorrido académico teniendo como

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referentes a estos maestros abúlicos; un círculo que parece perpetuar estas prácticas del sistema al actor, y así, sucesivamente. Esta falta de transparencia en la aplicación de las normas y sanciones por parte de los directivos, ocasiona un malestar en estos docentes, que se traduce en un resentimiento interior, al no ser valorados de una manera más equitativa en relación a su responsabilidad con el trabajo.