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MALDITOS FILÓSOFOS

In document Renovación nº 29 Enero 2016 (página 49-51)

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lismo ya no gozan de la aceptación social de un pasado no tan lejano, pero la “dictadura del proletariado” disfruta de un apoyo mucho más amplio, gracias a un conoci- miento deficiente de la política y la historia. Arendt afirmó que el nazismo y el estali- nismo eran “variaciones del mismo modelo”, un concepto de la política inspirado por el anhelo de dominación total sobre una socie- dad de masas, donde no hay espacio para la disidencia o la realización personal. Se tiende a olvidar que Stalin es el creador del marxismo-leninismo, una teoría que justifica la represión y el exterminio del adversario como un medio necesario para crear un Es- tado poderoso y centralizado. El estalinismo no es la perversión del marxismo, sino su ex- tensión y realización histórica. El archipié- lago Gulag ya se esboza en las páginas de Marx. Se podría decir lo mismo de Nietzsche en relación a las políticas de exterminio nazis. Si alguien lo duda, le recuerdo una de las primeras frases de El Anticristo: “Los dé- biles y los malogrados deben perecer: prin- cipio primero de nuestro amor por los hombres”.

El nazismo parece una ideología en retro- ceso, pero no se ha extinguido. Simple- mente, se ha disfrazado, enarbolando otras banderas. A veces se presenta como lucha por la liberación de los pueblos, pero aun- que pretenda disimular su carácter exclu- yente con una paradójica vocación internacionalista, sigue apelando a los inte- reses superiores de una patria supuesta- mente oprimida para transformar al individuo en masa. Según Hannah Arendt, la “admiración por el crimen” es uno de los ras- gos esenciales del totalitarismo. El mar- xismo-leninismo y el nazismo convergen en el desprecio por la retórica burguesa de los derechos humanos. Pienso que no hay “vio-

el zulo de Ortega Lara hay tanta miseria y crueldad como en los barracones de Aus- chwitz. En Sobre la paz perpetua (1795), Kant afirmó que la posibilidad de un mundo en paz no era “una fantasía vana”, sino una exigencia de la razón. El filósofo alemán abo- gaba por un “derecho de ciudadanía mun- dial” que reconociera la dignidad y el valor de cada vida humana. Su reivindicación se anticipa a su tiempo y continúa ofreciéndo- nos una meta hacia la que orientar el porve- nir. Me atrevo a aventurar que los más jóvenes podrían sortear la seducción de las ideologías totalitarias, conociendo la historia de la filosofía, con sus momentos de gran- deza y sus indudables errores. Las dictaduras se elaboran con odio, gregarismo, manipu- lación y estupidez. En cambio, las sociedades libres y plurales nacen de la generosidad, la voluntad de diálogo, la tolerancia y la inteli- gencia. Creo que esas cualidades se adquie- ren mediante el análisis y la argumentación, que siempre ponen entre paréntesis cual- quier conclusión o teoría.

No me cuesta trabajo imaginar a Hitler y Sta- lin mascullando en sus madrigueras: “¡Mal- ditos filósofos!”. De hecho, persiguieron implacablemente a pensadores, poetas y ar- tistas, quemando sus obras y prohibiendo que se hablara de ellos en las aulas. Por favor, no les imitemos, ni siquiera indirecta- mente, permitiendo que un estudiante fina- lice el bachillerato sin leer y estudiar a los grandes clásicos de la Filosofía. “Buscad la justicia y la paz perpetua se os dará por aña- didura”, escribió Kant. Una frase puede ser el punto de apoyo que transforme el mundo. No dejemos a los jóvenes sin esas palancas mágicas que han inspirado los mejores sue- ños.R

H

ace unos días, mi amiga y yo, cumplimos la pro- mesa de hacer una excursión a pie, una quimera que teníamos pendiente desde hacía años. Comen- zamos la ruta por el Gran Jardín Botánico y aunque era un día precioso con sol radiante, brumas matinales insistían en planear sobre nuestras cabezas. En vez de las de sol, ese día llevaba en mi mochila las gafas equivocadas. Es po- sible que con las prisas hubiese guardado un modelo es- pecial, un prototipo que todavía se hallaba en estudio y que mi marido estaba investigando, o quizá fue él quien las cambió por las que uso diariamente y sorprenderme así, una vez más, con sus inventos. Incluían unas lentes es- peciales que se caracterizaban por distinguir más allá de lo que la visión normal alcanza. Por

eso pude observar cómo el alma de mi amiga traía enganchada tres ara- ñas espirituales con el espeluznante propósito de ir rodeándola con sus hilos y destruirla poco a poco. Las tres se disputaban su frescura, su inocencia, su buen hacer, su genero- sidad, toda cualidad buena que ella tiene (puedo afirmar que son mu- chas) y, lo más importante, sus creen- cias. Todo eso pude notar con claridad. He oído muchas veces

como actúan estos bichos paralizando a sus víctimas hasta poseerlas. Para no asustarla sofoqué el grito que quiso salir de mi garganta. Continué a su lado para ver si, con sigilo, podía quitárselas de encima. Sé que las arañas son tran- quilas, muy pacientes, pero también listas. Con el primer intento disimulado no conseguí lograr mi objetivo. Enton- ces me atreví a hablar.

—Hace rato que vengo advirtiendo como tres arañas espi- rituales te están envolviendo el alma. Se detuvo y me miró fijamente.

—¿Y tú qué sabes? Siempre estás de broma. Jajajajajaja —respondió.

Su esencia se hallaba cada vez más y más arropada por

aquella tela pegajosa que se trenzaba a su alrededor y ella seguía ajena. Mientras tanto, yo sufría. Después, cuando empezó a darse cuenta de su estado, de que tenía parali- zados los recovecos del alma y ya no podía recuperar su dominio, clamó pidiendo ayuda. Me acerqué con una pinza que suelo llevar en mi cartera para otros fines, pero mi falta de templanza hizo que cayera al agua al precipitarse por el angosto puente que cruzábamos. Como antes anun- cié, las arañas espirituales son hábiles, te atan el ánima, la apartan hacia terrenos asequibles para ellas y cuando ven la hora oportuna, la devoran; la devoran aún estando viva. Eso es lo que hacen. A continuación, en su lugar dejan un hueco helado donde depositan sus diminutos huevos. Mi amiga ya no era dueña de sí. Yo tem- blaba toda. Las personas que han perdido el dominio de su ser se las detecta enseguida. No hay más que apreciar el frío vaho que sale de sus bocas aunque sea verano. Su mirada perdida. Su cobardía. Su falta de vo- luntad. Su baja decisión al dar res- puestas. Lo aprecié antes de conseguir quitárselas de encima a base de concienciación, estímulo y refuerzos de autoestima. Pero su cu- ración no sobrevino de manera es- pontánea, no. Necesitó su tiempo. No obstante, sentí que en todo momento la fuerza que recibimos de lo alto me ayudaba. Quedó limpia al fin. Ahora que he vuelto a mi ru- tina, las arañas espirituales me persiguen. Rivalizan entre ellas con el fin de vengarse. Me salen al encuentro por sor- presa en plena calle. Intentan mi letargo. Asaltan mis sue- ños. Me acosan. Me muestran sus hilos amenazantes y no sé dónde esconderme. En cuanto detengo la puesta en marcha de mis dones, ansían enredarme con sus hilos pe- gajosos, cubrirme con su tela, apartarme, hacerme su presa para consumirme cuando y como bien les convenga. Pero no lo van a conseguir. No. No estoy dispuesta a ren- dirme a sus antojos. El miedo no me va a impedir ser tenaz en mis empeños. Después de lo ocurrido cuento ya con ex- periencia. Conocer de antemano las maldades en el pro-

ceder del enemigo me hace fuerte.R

Historia y Literatura

Isabel Pavón*

*Escritora y parte de la Junta de ADECE (Alianza de Escritores y Comunicadores Evangélicos). PROTESTANTE DIGITAL

In document Renovación nº 29 Enero 2016 (página 49-51)