EL RETO DE ENSEÑAR EMPATÍA
5) Manejo de emociones:
Como señalábamos en capítulos anteriores, M. Hojat, en sus investigaciones sobre la empatía en el contexto de la atención al paciente, insiste en diferenciar el concepto deempatíadel desimpatía, desechando este último de sus investigaciones por entender que las características predominantemente emocionales que atribuye a este constructo de simpatía (a diferencia de lo “cognitivo” de laempatía) resultan indeseables para el médico en el desempeño de su profesión (Hojat, 2007, Hojatet al.,2011).
Sin embargo, muchos autores discrepan o incluso critican esta negación de la importancia de la emoción, y de hecho consideran que de alguna manera, se infravalora el papel que juega en los encuentros médico-paciente. Moreto et al. (2018) se preguntan ¿Cómo se puede pretender que el médico comprenda el sufrimiento del paciente si no consigue trabajar sus propias emociones?Para estos autores, la enseñanza de la empatía resultaría muy difícil si no se tuviese en cuenta las emociones del estudiante. Así, consideran que es responsabilidad del formador proporcionar un ambiente donde se puedan exponer las angustias, los miedos y las fragilidades, un espacio donde se puedan compartir y trabajar las emociones con “esmero docente”, para de este modo promocionar la madurez afectiva y el consecuente desarrollo de la empatía (Moreto et al., 2018). Una idea similar intentaban transmitir Mooreet al(2012), como señalábamos con anterioridad, cuando estos autores insistían en la importancia de establecer contextos que asegurasen un clima de confianza para los estudiantes, aunque fuese en el contexto de la práctica y enseñanza de habilidades de comunicación.
La realidad es que la enseñanza y manejo de las emociones de los estudiantes supone un verdadero reto para los docentes, debido principalmente a su dificultad para ser evaluadas y controladas, siendo de hecho este último objetivo considerado por muchos autores imposible de alcanzar en la actualidad. Sin embargo, caer en la tentación de ignorar las emociones, advierten Moretoet al.(2018 y 2014), acaba privando al futuro médico de un instrumento necesario para mejorar su desempeño profesional. En este sentido, múltiples autores han señalado el carácter fundamental de las emociones para el médico. Díez- Goñi & Rodríguez-Díez (2017) establecen en las emociones una fuente importante de información y un punto de partida para la autorreflexión, factores necesarios para identificar aspectos importantes en la consulta. Loayssa Laraet al.(2009) también destacan la importancia de desarrollar en los (futuros) médicos la capacidad de introspección y autoconocimiento, no sólo como una forma de protegerse del desgaste profesional, sino también como un método eficaz para d e s a r r o l l a r e l p a p e l d e a g e n t e t e r a p é u t i c o , reconociendo sus reacciones personales en la relación médico-paciente e identificando los signos tempranos de malestar. Se trata por tanto de intentar desarrollar
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en el alumno un especie de “yo observador” que le ayude a entender qué es lo que está pasando en la relación terapéutica en la consulta y adquirir una distancia suficiente pero que le permita estar al mismo tiempo “presente” (Loayssa Laraet al., 2009).
Así, para poder trabajar las emociones en un proceso educativo, lo primero sería reconocer que las emociones existen aunque todavía no se sepa cómo poder controlarlas. Del mismo modo, trabajar las emociones para educarlas implica disponer de un espacio seguro donde poder identificarlas, sin juzgarlas, y sobre todo poder hacerlas explícitas (Moretoet al.,2018; Moretoet al., 2014). Borrell Carrió (2007) señala la importancia de poder distinguir, ante todo, la diferencia existente entre lasemocionesy los sentimientos (tabla 2), siendo estos últimos entendidos como una elaboración (e interpretación) cognitiva de una emoción primaria, que a su vez se caracteriza por ser algo inmediato, de corta duración e incontrolable. Este autor señala que muchas veces no somos conscientes de nuestras emociones, y nos quedamos con el sentimiento que hemos elaborado a posteriori. Un ejemplo sería el sentir “rencor”, que siempre será un sentimiento elaborado, posiblemente (y a modo de ejemplo), fruto de un orgullo mancillado o del dolor de una separación, emociones que en ocasiones son difíciles de identificar, haciendo así que nos quedemos únicamente con la laboriosa elaboración que dio lugar al rencor.
TABLA 2 Diferencia entre emoción y sentimiento EMOCIONES
Surgen de manera inmediata a una situación
Constantemente experimentamos emociones y microemociones
Muchas veces no nos damos cuenta de las emociones que experimentamos hasta que no lo conversamos con alguien. En tal caso se elaboran en la conversación como sentimientos
Dan sentido a lo que ocurre. Nos alertan y nos predisponen a actuar SENTIMIENTOS
Es una elaboración reflexiva de una emoción primaria
Es más duradera en el tiempo. Los sentimientos solemos memorizarlos, las emociones con menos frecuencia
Dan sentido biográfico
TABLA 3 Incompetencias emocionales más importantes Incapacidad para identificar nuestras emociones
Incapacidad para escoger el sentimiento apropiado para una determinada situación Incapacidad para detectar y contrarrestar sentimientos enquistados
Incapacidad para frenar emociones negativas, y neutralizarlas o revertirlas Los pacientes (y las personas en general) se clasifican en simpáticos y antipáticos
Elaboración propia a partir de los datos de: Borrell Carrió, F. (2007). Competencia emocional del médico. Formación Médica Continuada en Atención Primaria
Elaboración propia a partir de los datos de: Borrell Carrió, F. (2007). Competencia emocional del médico. Formación Médica Continuada en Atención Primaria
De este modo, como consecuencia de no haber atendido a los aspectos emocionales de los futuros médicos durante el proceso de su formación, y por tanto no habiendo estimulado un trabajo previo de autorreflexión y autoconocimiento, muchos médicos pueden mostrar múltiples déficits a nivel emocional (tabla 3), como por ejemplo, en su capacidad para reconocer e identificar sus propias emociones y sentimientos, que parece evidente van a afectar no sólo a la calidad de su rendimiento clínico en la relación médico-paciente, sino que pueden estar en el origen de los síndromes de agotamiento profesional oburnout. En este sentido, Borrell Carrió (2007) diferencia dos tipos de estilos emocionales en el médico que caracterizan su manera de actuar durante la relación médico-paciente. En el estilo reactivo, el médico se mostraría simpático (en su sentido coloquial) con los pacientes que le caen bien y le resultan simpáticos. Sin embargo, con los pacientes antipáticos o que se muestran de mal humor ese día, el médico también se mostraría a su vez antipático. De alguna manera, en lugar de intentar superar “la tensión del momento”, el médico se dejaría llevar por la emoción intentando mostrar que él es la parte fuerte en la asimetría que caracteriza a la relación médico-paciente.
Por otro lado, el profesional con estilo emocional proactivosería capaz de mostrarse neutral o incluso positivo con pacientes que le cayesen mal. Según este autor, un profesional con estilo proactivo cada vez le “caerían mal” menos pacientes, ya que siguiendo este
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estilo proactivo (y por tanto menos reactivo) el médico tendería a juzgar menos a los pacientes, a aceptarlos más como son, sin caer en etiquetas simplistas (Borrell Carrió, 2007). De alguna manera, el profesional que ha podido ejercitar este “yo observador” sería más consciente de sus propias emociones y sentimientos, podría reflexionar sobre su propia actuación médica, entendiendo desde “otro lugar” qué está pasando en la consulta, y así facilitar una comprensión empática del paciente, de sí mismo y de la relación médico-paciente.