Acabamos de ver que el organismo humano se halla en desequilibrio mineral particularmente por la falta de magnesio.
Ahora bien, este desequilibrio mineral produce estragos sin cuento en los seres humanos, por no encontrar apenas oposición, es decir, reacción para alcanzar el debido equilibrio.
Hombres de ciencia que se han preocupado de este grave problema y lo han estudiado a fondo han estampado frases como éstas:
«Los microbios patógenos son muy temibles en los organismos desequilibrados; pero en el mundo equilibrado, no serían quizá más que una curiosidad de laboratorio.»
Pero es el caso que estos microbios llevan tras sí la mayor atención de los médicos e impiden así - y por eso sobre todo son temibles - descubrir la verdadera causa de las enfermedades que aquejan al género humano: el desequilibrio mineral, y de poner ahí el remedio.
Mientras que la lucha contra los microbios acapara una mayor actividad de los sabios y la diligencia de los servicios sanitarios, se asegura la multiplicación de estos mismos microbios a quienes se pretende combatir, se aumenta su virulencia, ofreciendo por todas partes una excelente disposición para su desarrollo: los organismos desequilibrados del hombre, animales y plantas. Y los abonos minerales que pueden restablecer, al menos en parte, un equilibrio mineral más perfecto, se emplean frecuentemente de tal manera que son responsables de un desequilibrio mineral que no cesa de aumentar.
Y bajemos a casos concretos. El doctor Hurfez-Sacleux ha constatado cada año casos de enteritis graves en los niños, y ha establecido una relación proporcional entre los casos de esta enfermedad y la cantidad de leche de vaca que toman los niños.
H. Vilain hace notar que precisamente se dan estas enfermedades cuando el alimento de las vacas es a base de remolachas, cuya composición mineral es muy poco variada, sobre todo si en los abonos predominan las sales de potasio, como se aconseja desatinadamente a los cultivadores. En consecuencia, que el desequilibrio mineral de la leche de dichas vacas es la causa de las enfermedades graves de estos niños que se alimentan de ella. Una buena y equilibrada alimentación mineral será la base de nuestra salud y de la recuperación de excelentes cualidades en la sociedad.
Para evitar la deficiencia alimenticia de magnesio, es preciso intensificar el cultivo de las especies y variedades más aptas para fijarlo, y poner a disposición de la planta todo el magnesio que ella pueda fijar útilmente. Éste es el camino que se debiera seguir. Pero se ha elegido otro camino, con la subsiguiente perturbación del equilibrio mineral.
Se siembran trigos híbridos que se desenvuelven en terrenos pobres en magnesio, en vez de enriquecer los terrenos con abonos de magnesio. Se siembran variedades incapaces de fijar el magnesio del suelo en proporciones convenientes.
Los ingenieros agrónomos han de determinar qué variedades son las de mejor constitución para la salud. Cuando éstas estén bien determinadas, quedará el trabajo de hacerlas adoptar. Las variedades, incapaces de fijar el magnesio en las proporciones debidas, deberían ser proscritas.
Un punto muy importante para llegar a la obtención del equilibrio mineral estriba en el conocimiento de su relación con las glándulas endocrinas.
Sabido es que estas glándulas rigen, en su mayor parte, la salud y el desarrollo vital del organismo. En este punto podemos asentar como cierto este principio: a todo desequilibrio mineral prolongado corresponde un desequilibrio endocrino, que repercutirá notablemente en los individuos sometidos a él. De ahí no nos extrañará que los individuos de una región presenten especiales características respecto de los de otras regiones, que tienen un influjo mineral distinto en las glándulas endocrinas, rectoras de la vida y del desenvolvimiento del organismo.
Los nuevos planes a realizar son numerosos:
• determinar cuál es la mineralización ideal, característica del alimento perfectamente sano
• determinar cuáles son las plantas que pueden adquirir una mineralización mejor
• precisar el modo de cultivo de las distintas plantas y las fórmulas de abonos más aptas
La producción de tales alimentos se generalizaría, haciendo ver a los cultivadores que ellos pueden producir tales alimentos, que ellos deben producirlos y que esto es en su provecho propio, consiguiendo frutos no sólo de excelente calidad, sino también en mayor cantidad.
El pan, por ser primero de los alimentos, ha ocupado la atención de H. Vilain. Insiste en que se siembren las mejores variedades de trigo para la salud del consumidor.
A estos trigos se les debe dar un cultivo que mejore todavía las cualidades de su excelente composición mineral, pues ésta puede variar entre límites no pequeños. Y, por fin, hay que utilizar debidamente estos trigos. Elimínese el salvado, que no es digerible; pero, sobre todo, de ningún modo se quiten el germen y las envolturas internas, tan ricas en vitaminas y minerales útiles, a fin de obtener un pan más blanco.
La panificación directa es un excelente medio y muy poco conocido por aprovechar perfectamente el trigo de buena calidad. El trigo no se muele, sino que se pone en agua a temperatura conveniente durante cierto tiempo.
Los granos de trigo absorben agua, se hinchan, se reblandecen, el germen pasa de la vida de letargo a la vida activa, se enriquece en vitamina, segrega diastasas, que le permiten digerir las reservas nutritivas del albumen. Entonces se machaca y se transforma directamente en pasta de pan.
Se elimina el salvado, pero las sales solubles del salvado quedan en la pasta. No queda más que echarle sal, hacerlo fermentar y cocerlo. Este pan es muy fácil de digerir, por contener las diastasas del germen y las solubles del salvado. Este pan es, además, más económico.
De todo lo dicho hasta aquí ya no puede dudarse de que nuestra salud exige una alimentación más abundante en magnesio, sobre todo si se tiene en cuenta los efectos saludables y el gran número de enfermedades que previene
o remedia la ingestión de las sales magnésicas, según hemos de ver más adelante.
Parece, pues, que para evitar donde se pueda las enfermedades sin número, que son la consecuencia directa o indirecta de la carencia o desequilibrio mineral, es preciso y urgente asegurarnos una alimentación más rica en magnesio. ¿Cómo obtenerla? Los medios son dos: uno artificial, natural el otro. Sin duda, cada uno puede añadir, en forma de sales, a su alimentación los minerales deficientes. Este procedimiento tiene su eficacia, como lo demuestran los enfermos curados que lo han tomado siguiendo los consejos del doctor Delbet. Pero por dos razones este método no es plenamente satisfactorio; pues así los beneficiarios serían una minoría, y es un medio anormal, porque se tomarían como medicamentos pedidos en la farmacia, ingredientes que deberían estar en nuestra alimentación ordinaria.
El medio que mejor conviene seguir es el natural.
Dado que los desequilibrios, o al menos su aumento cada día más acusado, son consecuencia de algunos errores señalados por P. Delbet, el medio mejor es corregir estos errores, de la siguiente manera:
1. Es preciso, en primer lugar, asegurarse un pan convenientemente mineralizado. Un pan de esta clase sería suficiente para aumentar nuestra ración magnesiana en proporciones considerables.
Para llegar a esto, se deberían tomar las siguientes medidas:
A. No usar para la panificación más que trigos ricos en magnesio (2 gramos al menos por kilo) y relativamente pobres en potasio
B. Prohibir por una ley el cernido de las harinas por debajo del 80 por 100 C. Volver a los procedimientos de panificación integral de antes. Las personas robustas que deben hacer un trabajo fatigante, preferirían el pan íntegramente completo. La generalidad de la gente adoptaría el pan moreno. El pan blanco sería reservado para los dispépticos
D. Se debiera tener presente y estudiar la panificación directa, sin harinas, de que hemos hablado antes.
2. Esta modificación del pan debería hacerse posible y ser completada por una reforma de la agricultura. La agricultura debe producir buen trigo, sin el cual no se puede hacer buen pan, y procurar que las demás plantas, y consecuentemente los animales, tengan la mineralización conveniente, el equilibrio deseado.
Hemos indicado antes que los abonos químicos pueden traer perturbaciones perniciosas en la composición de los vegetales; pero también se pueden obtener con otras fórmulas de abonos minerales de una alta calidad mineral. Los señores Vilain y Kuck, curando a sus animales con simple modificación de la fórmula de sus abonos, han puesto de manifiesto la importancia de esta cuestión y lo que se puede lograr en este punto.
Parece urgente dar a este problema el lugar que se merece. Podría tener lugar la institución de un control para el análisis de los productos de la tierra. Aquellos cuya composición fuese juzgada malsanos, deberían ser apartados del consumo.
3. La vuelta a la buena sal, gruesa y gris, a pesar de su ligero inconveniente de la higroscopia, no debiera ser descuidada. Pedro Delbet ha sido el heraldo de estas ideas. Él ha tomado el trabajo de publicar libros, para dar a conocer estas verdades, semillas de resurrección.
Él no está contento con la sola administración de las sales halógenas del magnesio, en forma de comprimidos o de solución en agua. Este es un medio individual, no la solución de este problema serio y universal de la sociedad moderna, a que siempre ha aspirado.
A ésta conducirán los medios últimamente expuestos.
Otro médico francés, el Dr. Víctor Pauchet, de la Facultad de Medicina de París, se esfuerza como su connacional, el Dr. Pedro Delbet, en dar la receta para la incorporación de magnesio en el organismo: el pan integral y la sal sin refinar.
Y así en su obra «Permaneced jóvenes», escribe (págs. 56 y 57):
«El magnesio se introduce normalmente en el organismo consumiendo pan integral o salmuera, que lo contienen en abundancia. El pan blanco y la sal blanca no contienen magnesio y, por lo tanto, el individuo se halla privado de ese precioso auxiliar. Esta laguna puede colmarse absorbiendo sales de magnesio, preparadas en los laboratorios; pero, ¿para qué recurrir a este medio artificial, cuando el uso del pan integral y de la salmuera constituyen medios tan simples y naturales?»
Y para que nadie se llame a engaño acerca del verdadero pan integral, el mismo Dr. Pauchet explica claramente de qué pan integral habla, cuando dice: «Una palabra sobre el pan integral. Se le desacredita mucho; se le echa en cara que es indigesto. A esto respondo que hay pan integral de muchas maneras. El pan que se vende generalmente bajo el nombre de pan integral no tiene de éste más que la etiqueta. Lo hacen con harina blanca a la que añaden un poco de centeno y de salvado.
Esta horrible e indigesta mezcla no tiene nada de común con el pan integral, cuya fabricación es muy difícil, si el panadero no posee una instalación especial. La molienda de «Graham» necesita una manipulación especial y una serie de tamizajes para obtener una harina fina.
» Los molinos actuales - continúa diciendo el doctor Pauchet - no están montados, por lo general, para poder llevar a efecto esta molienda. Hace algunos años, bajo la influencia del Dr. Montennis, se creó en París, en la calle Las Casas, una panadería moderna, pero quebró, pues el filántropo que sostenía aquella obra se desalentó ante la indiferencia de los parisienses. Más tarde Heudebert, e] gran fabricante de productos alimenticios higiénicos, ha emprendido la fabricación de un pan integral que corresponde a la fórmula perfecta. Hace poco le preguntaba yo cuál era el resultado comercial de sus ensayos.
«Sí, sí, ya se vende el pan integral, pero..., sobre todo, a los extranjeros. Es lástima que, ante el esfuerzo de un compatriota, los franceses no se preocupen
de sostenerle y de aprovecharse de este alimento natural. El verdadero pan integral recuerda, por el gusto y el aroma, el exquisito pan moreno o campestre de otro tiempo. Todos cuantos padecen de estreñimiento han de consumir pan integral.»