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Con mis manos aprendo: Balance de las metodologías de las experiencias

6. ANTECEDENTES

6.1. Experiencias

6.1.3. Con mis manos aprendo: Balance de las metodologías de las experiencias

En cuanto a las metodologías de las experiencias seleccionadas, identificamos que para lograr los propósitos anteriormente descritos, se realizaron siete tipos de trabajos con los niños, niñas y otros miembros de las comunidades indígenas; estos son: producciones audiovisuales, talleres, proyectos de aula, proyectos productivos, actividades de narración y oralidad, actividades de expresión corporal y musical, y la creación o adaptación de espacios de diálogo y conocimiento en torno a intereses de la comunidad.

En referencia a las producciones audiovisuales se encontraron tres experiencias (Ministerio de Cultura, 2010, 2014, 2017) que emplean esta metodología para compartir las costumbres y los valores que hacen parte de la identidad cultural de las comunidades; por medio de documentales producidos por los miembros de las comunidades indígenas (apoyados por el Ministerio de Cultura y miembros de universidades de la región) no solo abren la posibilidad de la apropiación cultural por parte del pueblo indígena sino que permite que otros sujetos entiendan su realidad, sus formas de vida, sus creencias, etc.; de esta manera posibilitan que se reconozca, valore y respete la diversidad cultural existente en el territorio.

Desde los talleres, se identificaron otras cuatro experiencias que utilizan este medio para comprender las prácticas culturales y rescatar las tradiciones de las comunidades, apropiarse de su cosmovisión y desarrollar un sentido de pertenencia en los niños y niñas. Por un lado, se realizan talleres de manualidades enfocados a las artesanías tradicionales de la comunidad como cestas, sombreros, elementos en madera, etc. (Mapuche Urbano de Maldonado, 2010; González y García, 2019; MEN, 2002). Y, por otro lado, se dan talleres teórico-prácticos que buscan educar a los sujetos en temas relacionados a elementos que hacen parte de su cotidianidad; por ejemplo, conocer la fauna y la flora de su territorio (Yagán de Maldonado, 2010).

Con base en los proyectos de aula se presentan dos experiencias (MEN, 2002; Benavides, 2013) que, partiendo de un eje temático central, como la historia de la comunidad, buscan articular diferentes asignaturas o áreas con el fin de que se dé un proceso lo más integrado posible, involucrando no solo a los niños y niñas sino también a sus familias y comunidades en general. Para esto, se realizan actividades como visitas, juegos de roles,

exploración del entorno, lecturas, muestras de objetos típicos, entre otras que permiten vincular los objetivos de formación de cada proceso educativo con las realidades y elementos cotidianos de los individuos.

Se rescata una experiencia que trabaja a partir de proyectos productivos, es decir, aquellos que buscan aprovechar los recursos existentes en el entorno por medio de proyectos emprendedores que vinculan y benefician a toda la comunidad, a la par que se involucran las dinámicas escolares y los ejes temáticos propuestos. La actividad que más sobresale en esta modalidad de trabajo es la huerta escolar, que no solo busca un acercamiento a la naturaleza por medio de la siembra, también se interesa porque la comunidad tenga una fuente de ingreso y alimentación permanente (Benavides, 2013).

En cuanto a las actividades de narración y oralidad se identificaron tres experiencias que a través de la narración y transmisión oral de cuentos, leyendas, mitos e historias de vida buscan que los conocimientos de los ancestros pasen de una generación a otra, con el fin de que no se pierdan los valores culturales, las tradiciones y costumbres de cada pueblo indígena. Así mismo, posibilitan que los vínculos entre los mayores y los menores de la comunidad se fortalezcan por medio de prácticas de lenguaje que no solo benefician la convivencia sino también la formación de cada uno (Maldonado, 2010; Lara, 2013; Maguared, 2018).

Sobre las actividades de expresión corporal y musical se encontraron tres experiencias (Maguared, 2018, 2019; Maldonado, 2010) que emplean el cuerpo y la música como medios para apropiarse de la cultura de cada comunidad para representar las tradiciones y costumbres que hacen parte de la cosmovisión de cada pueblo. A través del baile y el canto los niños y niñas comprenden el significado que tiene la música, los instrumentos y los trajes en cada cultura; reconocen que son una muestra de la identidad cultural que los hacen únicos y particulares.

Por último, están las experiencias que crean espacios de diálogo y construcción de conocimiento en torno a intereses y necesidades de la comunidad. Por un lado, se realizan conversatorios donde participan niños, maestros e invitados especiales; en estos se privilegia el intercambio de saberes y experiencias, además del análisis y reflexión sobre problemáticas del contexto y sus posibles soluciones (MEN, 2002). Por otro lado, se crean espacios físicos

42 (biblioteca) que permiten agrupar los conocimientos generacionales, la lectura y las

producciones orales en un lugar que busca fortalecer las prácticas de lenguaje y enriquecer su cultura como forma de resistencia al olvido y desaparición de la misma (Ministerio de Cultura, 2014).

En conclusión, se implementaron diferentes metodologías teniendo en cuenta el objetivo de la experiencia, la población, el contexto y los intereses y necesidades particulares de cada uno. De esta manera, se encontró que la modalidad de trabajo que más se utilizó fue el taller, reflejando que permite abordar la teoría y la práctica desde la experiencia de los sujetos, así mismo, su flexibilidad, practicidad y eficacia son factores que podrían incidir en la selección de esta metodología en las experiencias. Por el contrario, la modalidad que menos presencia tuvo fue el proyecto productivo; como hipótesis se plantea que una causa relacionada a esto es que los contextos suelen estar limitados por los recursos, espacios o personas que tengan conocimiento en este tipo de procesos, además de que suelen ser a largo plazo y generalmente lo que se busca son resultados en tiempos determinados. Sin embargo, consideramos que todas las modalidades permiten nutrir de manera particular cada

experiencia; los diferentes tipos responden a la diversidad de culturas y necesidades educativas presentes en el territorio, para lo cual es importante que al decidir la metodología o ruta de trabajo se tengan en cuenta elementos como el contexto, los recursos del entorno, los estilos de aprendizaje, los intereses y las características de la población con las que se desea trabajar.

6.1.4. ¿Qué se logró? Balance de los resultados de las experiencias

Dentro de las experiencias trabajadas encontramos que los resultados obtenidos se dieron en forma de reflexiones y de aprendizajes esperados, los cuales buscan responder a los propósitos de cada intervención, y tienen en cuenta la metodología con la que se trabajó. Considerando lo anterior, clasificamos los resultados en dos categorías: Etnoeducación como medio para recuperar, reconocer y visibilizar los valores y rasgos característicos de la cultura, y la necesidad de implementar y mejorar los procesos etnoeducativos en la comunidad.

La primera categoría, Etnoeducación como medio para recuperar, reconocer y visibilizar los valores y rasgos característicos de la cultura, se encuentra en cada una de las quince experiencias trabajadas y responde a tres de los cuatro focos de interés que se trabajaron desde los propósitos identificados. El fortalecimiento de la identidad se dio

mediante diferentes expresiones artísticas (Maguared, 2018; Mapuche Urbano de

Maldonado, 2010) y la principal tradición oral de cada territorio (Ministerio de Cultura, 2014; Maldonado, 2010; González y García, 2019; Lara, 2013; MEN, 2002), que llevó a que desde las prácticas del lenguaje se buscara rescatar el idioma junto con todo el conocimiento y tradición que este trae consigo (Aymara Jardín infantil Brumita, Alto Hospicio. Maldonado, 2010), realizando incluso en Ashampa Awá, Entretejiendo realidades del Ministerio de Cultura (2014) una producción audiovisual al respecto. En cuanto a la recuperación de la memoria, saberes, prácticas y costumbres, se centró en los componentes que ayudan a los niños a re-identificarse, acercarse al conocimiento ancestral (Maguared. 2019; Yagan. Maldonado, 2010) y demás tradiciones culturales propias de su comunidad como se ven en las producciones audiovisuales patrocinadas por el Ministerio de cultura (2010, 2017) y producidas por los pueblos.

La segunda categoría, La necesidad de implementar y mejorar los procesos etnoeducativos en la comunidad responde al foco de fortalecimiento de la educación intercultural y las reflexiones que surgieron a partir de la intervención de cuatro de las experiencias, las cuales evidenciaron la necesidad de analizar, realizar y mejorar los procesos etnoeducativos dentro de la comunidad (Proyecto casita de niños. MEN, 2002), por su parte Benavides (2013) propone la creación de un proyecto de aula que fomente las prácticas y conocimientos propios de cada pueblo, similar al que se muestra en Cuerpo Sonoro: una experiencia con el pueblo Wounaan. de Maguared, (2019) en el que mediante la enseñanza de bailes y música tradicional se les mostró a los niños cuentos, mitos e historias de su territorio, de manera similar La experiencia de CIFIWUAN, entre la innovación pedagógica y la lucha política de Lara (2013) resalta la importancia de que para lograr mejorar dicho proceso etnoeducativo es necesario capacitar a las personas o docentes que se encargan de transmitir el conocimiento ancestral a los niños, con el fin de asegurar que la educación propia ayude a los niños a recuperar su identidad y a sentirse parte de la comunidad en la que vive.

Al hacer la revisión de los resultados de las experiencias pudimos darnos cuenta de que la categoría de Etnoeducación como medio para recuperar, reconocer y visibilizar los valores y rasgos característicos de la cultura es la que más prevalece al estar en cada una de las quince experiencias trabajadas, demostrando que el objetivo principal (que los niños reconozcan y recuperen la identidad de su comunidad) y los propósitos de las intervenciones se lograron cumplir a pesar de contar con diferentes formas de trabajo y

44 grupos distintos en cada una de las comunidades. De igual forma, la posterior reflexión permitió que salieran a la luz algunas falencias y necesidades que aún tienen los procesos de etnoeducación, viéndose en la categoría de La necesidad de implementar y mejorar los procesos etnoeducativos en la comunidad en menor cantidad al solo tener cuatro experiencias relacionadas, demostrando que, aunque el proceso es bueno, aun le hace falta hacer algunas mejoras y ajustes para poder aplicarlo de la mejor manera posible.