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CRECIMIENTO DE LA MOVILIDAD MIGRATORIA LABORAL Y DE LA MIGRACIÓN DE JORNALEROS INDÍGENAS

3.2 El marco de la migración laboral interna acelerada por la reestructuración

La migración laboral interna es la vertiente de la movilidad laboral de nuestro interés que se ha intensificado en las dos últimas décadas y que ha dado lugar a procesos migratorios que son cada vez más importantes, entre los cuales ubicamos a la migración de jornaleros indígenas. Efectivamente, a partir de los años noventa la migración interna comenzó a revelar su creciente magnitud. Los estrechos vínculos entre la reestructuración de la economía mexicana y sus implicaciones sobre la movilidad migratoria interna ya habían venido siendo señalados por una serie de investigadores y organizaciones. En algunos de estos estudios, se mostró que la lógica y los mecanismos propulsores son preponderantemente laborales y derivan de los impactos de la reestructuración, pues alteraron (cuantitativa y cualitativamente) los patrones de migración laboral característicos de la fase industrializadora, acelerando su transición desde un perfil rural-urbano hacia uno de múltiple direccionalidad (González; 2009). Así, no obstante que persiste la migración rural-urbana, su importancia relativa es ahora menor con respecto a los flujos inter-urbanos e inter- rurales que envuelven a todas las regiones del país.

Los nuevos contornos de la migración interna saltan a la vista una vez que se comparan sus actuales características con las que le eran propias en la etapa de industrialización. En este sentido, ya Arizpe (1985:12-13) señalaba la necesidad de trastocar una tesis muy difundida según la cual, eran la crisis y el mal funcionamiento de la economía rural las principales fuerzas impulsoras de las migraciones masivas desde el campo a las ciudades. En su opinión, a la inversa, era el avance del sector capitalista en la agricultura y el intercambio económico desigual entre el capitalismo urbano con el sector campesino, los factores que condujeron al rompimiento del equilibrio básico en la distribución de la población rural y al deterioro de las condiciones de vida de la población en el campo. En virtud de este rompimiento, determinado a su vez por el quiebre del modelo

131 industrializador, es que comenzaron a fluir de modo incontrolado oleadas de migrantes internos en dirección a las ciudades (Osorio; 2008)59.

En esta lógica, la acelerada movilidad de la población modificó el perfil rural-urbano que era preponderante en las migraciones internas, dando lugar a movimientos migratorios en todas direcciones de modo tal, que las grandes ciudades que antes atraían migrantes, comienzan a expulsarlos hacia ciudades medias o al exterior. En el caso de la migración rural, es debido al declive de la economía campesina que ésta adquiere el carácter de éxodo rural, el que por las dimensiones que alcanza en algunas comunidades y regiones, ha determinado procesos graduales pero inexorables de despoblamiento, como muy claramente lo muestran los casos de estados como Zacatecas, Durango, Michoacán, etc.

Es de tal importancia de la movilidad migratoria interna en la actualidad, que un estudio de la CONAPO (2001) señalaba ya, que la convergencia de los niveles de crecimiento natural de la población en la mayoría de los estados del país, había venido a convertir a la migración interna en el principal determinante de los cambios en la distribución geográfica de la población; por un lado, acelerando su concentración en algunas regiones y ciudades con oportunidades, y por otro, intensificando los proceso de despoblamiento en las regiones empobrecidas.

Partida-Bush (1998) ya había señalado desde hace tiempo, una hipótesis que los datos recientes parecen apoyar. Ésta, sostenía que no obstante que los cambios en la dinámica demográfica suelen responder a modificaciones estructurales de largo plazo, los hechos coyunturales o de corto plazo (especialmente los derivados de las crisis económicas de las últimas décadas) han demostrado también, ser capaces de alterar los flujos migratorios internos, tanto cuantitativa como cualitativamente y también en su direccionalidad.

Sin embargo, la paradoja, es que el escenario de movilidad resultante por los impactos reestructuradores, no modifica en lo sustancial la situación social de la mayoría de los que se movilizan. Por el contrario, también en este aspecto puede ponerse en cuestionamiento la tesis de que la migración contribuye al desarrollo o, en todo caso, dar lugar a cuestionar de qué tipo de desarrollo se trata. En el caso de los jornaleros migrantes en general, y especialmente de los que

59 La perspectiva de Osorio (2008) sobre la movilidad migratoria interna es interesante, pues la considera un factor

trascendental en la conformación y transformación de las sociedades, ya que su importancia va más allá de la movilidad física de personas y grupos. En su sentido general, estas migraciones implican, sobre todo, “una creación y re-creación de relaciones sociales que generan cambios permanentes en las múltiples dimensiones de la vida [pues], a modo de puentes y con diversos ritmos, la movilidad interna de la población mezcla, superpone y rompe historias, costumbres y cosmovisiones, y va generando nuevos procesos de conflicto, cooperación y competencia entre los grupos sociales”.

132 son indígenas y que representan al estrato de migrantes internos en peores condiciones, su situación social y económica no se ha modificado sustancialmente de forma positiva con la migración. Por el contrario, en la medida en que su movilidad se ha incrementado, ésta empeora debido a los costos sociales presentes y futuros (intergeneracionales) implicados en el hecho de migrar, los que se intensifican para esta población mientras más se movilizan. En tal sentido, el migrante interno con una movilidad intensa no logra, por lo regular, generar ahorros o acumular excedentes significativos que le permitan modificar su situación a largo plazo.

No obstante, y a pesar de ello, la capacidad de muchos de estos trabajadores para movilizarse ampliamente sobre el territorio en mercados laborales en extremo flexibles, desregulados y precarizados, se transforma en la condición básica para su incorporación productiva y sobrevivencia. En el caso de los jornaleros migrantes, la situación de pobreza extrema de la mayoría, los obliga a movilizarse en las condiciones más difíciles, a menudo con toda la familia, y sólo para lograr un ingreso exiguo que no modifica en nada su situación social.

En términos geográficos, los impactos localizacionales de la reestructuración sobre el territorio, han propiciado la multiplicación de polos de atracción alternativos para la movilidad laboral de la población trabajadora, de modo que a la vez que se ha acentuado la migración internacional, también ha crecido la movilidad migratoria interna hacia las ciudades medias y pequeñas60 (Sobrino; 2007), y a las regiones de desarrollo agrícola (Osorio; 2008 y CEPAL; 2007).

Una parte creciente de esta migración se ha establecido en el lugar de destino y puede confirmarse con los datos del cambio en el lugar de residencia (primer componente de la movilidad migratoria), mientras que otra parte (segundo componente) configura circuitos de movilidad migratoria como los que son característicos de los jornaleros migrantes que van de las zonas pobres del país hacia las zonas de desarrollo agrícola.

Las estimaciones de los componentes principales de la movilidad migratoria son abundantes en el caso de México. La mayoría de las cifras y de los análisis sobre éstas, confirman la tendencia creciente de la migración interna. Según la Consejo Nacional de Población (CONAPO), la población que cambió su lugar de residencia de una entidad federativa a otra

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Durante los años 80’s, los principales estados industriales de la región central de México experimentaron una crisis severa que dio lugar a una reestructuración industrial, un aumento importante de la emigración y, como consecuencia, la aparición sistemática de saldos netos migratorios negativos en muchos municipios. En la actualidad, la ciudad de México presenta flujos de emigración hacia otros estados del país y hacia E.U., transfiriendo parte de su papel como polo de atracción de población al Estado de México y otras ciudades del área metropolitana del valle de México (Chávez y Guadarrama; 2000).

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(migración interestatal) entre 1995 y 2000 fue de 3.6 millones. De éstos, alrededor de 3 millones de personas (84%) se encontraban en edades productivas (12 años y más) (Anzalde et al.; 2008:130).

Los motivos que esta población adujo para migrar internamente y que son recogidos por el Censo de Población del 2000 son: por trabajo 42% (de los que 28 de cada 100 lo hicieron para buscar empleo y 14 por cambio de lugar de trabajo); por motivos familiares 31% (de los que 22 de cada 100 lo hizo por motivos de reunificación de familia y 9 por casamiento o unión) y, finalmente, 28% que migraron por otras causas (por estudio 5%, salud 3%, violencia o inseguridad 2%, y otros motivos 17%).

Para obtener el panorama global de la migración interna, considerando también la migración intermunicipal en el periodo, debemos agregar a la proporción anterior de migrantes interestatales equivalente al 0.85% de la población total en promedio anual, el 0.56% que trasladaron su residencia de un municipio a otro dentro del mismo estado. Con estas cifras se obtiene, que 14 de cada mil mexicanos cambiaron anualmente su residencia cruzando los límites municipales61. Así, el acumulado de población que en este período habría cambiado internamente su lugar de residencia ascendió a cerca de 6.8 millones de personas. Esta cifra incluye además, según el tamaño de la localidad, la migración interurbana (2.2 millones de personas) de municipios próximos en varias zonas metropolitanas del país (CONAPO; 2001).

Cuadro 3

Migración intermunicipal por rangos de tamaño de la localidad, 1995-2000

Tamaño de la localidad de destino (2000)

Tamaño de la localidad de origen (1995)

Localidades rurales Centros de población Ciudades medias Ciudades medias Ciudades grandes Inmigrantes Total 1 199 779 516 321 541 374 1 419 945 3 184 883 6 862 302

Localidades rurales (1 a 2 499 hab.) 225 491 84 895 82 846 181 571 209 051 783 854 Centros de población (2 500 a 14 999 hab.) 106 967 47 907 45 051 102 850 110 370 413 145 Ciudades pequeñas (15 000 a 99 999 hab.) 126 531 55 834 58 214 129 933 116 816 487 328 Ciudades medias (100 000 a 999 999 hab.) 399 202 172 804 203 369 417 897 420 732 1 614 004 Ciudades grandes (1 000 000 y más hab.) 338 569 153 765 147 388 412 541 285 867 1 338 130 Emigrantes 1 196 760 515 205 536 868 1 244 792 1 142 836 4 636 461

Interurbanos* 3 019 1 116 4 506 175 153 2 042 047 2 225 841

Nota: Se excluye a las personas que vivían en otro país en 1995. La diagonal principal se refiere a migraciones entre localidades del mismo rango. Las poblaciones están ubicadas a mediados de 2000.

* Cambios de residencia entre los municipios pertenecientes a alguna de las 42 zonas metropolitanas o de las 26 conurbaciones adicionales que se asientan en dos o más municipios.

Fuente: Estimaciones de CONAPO con base en el XII Censo General de Población y Vivienda, 2000 y corrección de las cifras censales por subenumeración.

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La mayoría de los municipios (1,327 de 2, 443) presentaba bajas tasas medias anuales —positivas o negativas— de migración neta (de –0.5 a 0.5% anual), es decir, se encontraban en equilibrio migratorio; una séptima parte (368) exhibía ganancias netas superiores a 0.5 por ciento y la tercera parte restante (748) presentaba tasas negativas mayores a 0.5 por ciento (CONAPO; 2001).

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Para el período 2000-2005, los datos del II Conteo de Población mostraron una reducción sensible (casi un millón) en el flujo acumulado de migrantes interestatales que fue de 2.65 millones. Sin embargo, no se observaron cambios sustantivos en el patrón de distribución territorial con respecto al quinquenio anterior. Los estados con mayor atracción poblacional continuaron siendo el Estado de México (22.6%), Baja California (16.1%), Quintana Roo (10.6%) y Tamaulipas (8.3%), que en conjunto concentraron el 57.5% de los migrantes internos. Cuatro estados concentraron el 81.2% del rechazo poblacional interestatal: es el caso del Distrito Federal (50.1%) y de los estados de Veracruz (14.7%), Chiapas (9.7%) y Guerrero (6.8%).62

Los resultados del censo de 2010 permitirán entrever los rasgos tendenciales de este fenómeno en el último quinquenio, pues al igual que el segundo de los años noventa, el segundo de esta década ha sido afectado por una crisis económica severa a la que se suma, en el último caso, la agudización de la migración debido a la inseguridad por la violencia y la exacerbación de la criminalidad en casi todo el país y especialmente en las ciudades de la franja fronteriza. Al respecto, Thelma Gómez (El Universal; 12/Jul/2010) refiere, por ejemplo, que tan sólo en el caso más grave que es Chihuahua (particularmente en el Valle de Juárez y Ciudad Juárez), se estima que en los dos últimos años se han desplazado interna e internacionalmente cerca de 100 mil personas debido a la violencia e inseguridad. Estadísticas del Condado de El Paso, Texas, refieren que en este mismo período más de 35 mil personas han cruzado la frontera por esas mismas razones. El mosaico social que se desplaza debido a esto es diverso, las más de las personas son de clase media, pero sobre todo gente pudiente que no tiene dificultades para vivir del otro lado de la frontera, pues los pobres tienen menos opciones en este escenario. Este fenómeno se ha extendido, aunque con distinta intensidad, a otras ciudades de la franja fronteriza como Tijuana, Mier, Camargo, Ciudad Miguel Alemán, Reynosa, Matamoros, Nuevo Laredo e incluso también a Monterrey (El Universal; 14/Jul/2010).

Vista en el largo plazo, la migración interestatal de la población que ha cambiado su lugar de residencia ha aumentado constantemente. En 1990, el acumulado de migrantes internos era de

62 Son seis los estados con tasas de migración neta interestatal superiores a 0.5 por ciento anual: Baja California Sur (1.61%),

Quintana Roo (1.24%), Colima (0.65%), Baja California (0.64%), Querétaro (0.60%) y Nayarit (0.53%). En tanto, cinco entidades registraron los niveles de mayor rechazo con tasas menores a -0.2 por ciento anual: Distrito Federal (-0.75%), Tabasco (-0.41%), Chiapas (-0.40%), Sinaloa (-0.37%) y Guerrero (-0.21%), situándose como las entidades de mayor expulsión de población al interior de la república en el quinquenio 2000-2005 (CONAPO; 2008).

135 13.97 millones de personas, de los cuales el 52% eran mujeres. El censo del 2000 registró 17.22 millones y el conteo del 2005 una cifra de alrededor de 20 millones de personas.

Así pues, en relación al total de población, la importancia de la migración interna no debe desdeñarse como evidencia de la mayor movilidad laboral de la población, pues debe recordarse que alrededor del 42% de los que han cambiado su lugar de residencia, lo han hecho por esa motivación y otro tanto por motivaciones derivadas. En estos términos, la migración interna acumulada representó más del 20% del total de la población en 2005, frente a poco más del 10% que significó la migración hacia Estados Unidos ese mismo año, como se muestra en los dos siguientes gráficos tomados de Corona (2008), en los que se aprecia que tanto la migración internacional (12 millones en 2007) como la interna (20 millones en 2005) han venido creciendo en términos relativos y que este crecimiento es más notable a partir de los años ochenta.

Gráfico 11 Gráfico 12

Fuente: (Corona; 2008).

Desafortunadamente, como lo advertíamos anteriormente, los instrumentos con los que se recoge esta información no han sido diseñados para conocer en detalle los sectores de actividad u ocupación en que se mueven los que migran internamente por motivos laborales a modo de conocer qué parte de la población se moviliza migrando internamente pero sólo de modo temporal sin modificar su lugar de residencia (el segundo componente), o bien, para conocer el volumen de población que movilizándose, migra más de una vez de forma temporal en el quinquenio de referencia sin que igualmente modifique su residencia.

En este sentido, con los datos derivados de los censos, no es posible conocer por ejemplo, las cifras de la dimensión real, absoluta y relativa, de la migración jornalera que sí ha quedado

136 registrada por el cambio de residencia. Menos aún, es posible conocer la magnitud de los que se movilizan internamente de forma temporal.