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20 Luisa Paré (1977:15-16) establece que el análisis de los mecanismos de penetración del capital en la agricultura y de los procesos de descomposición del campesinado, son la premisa metodológica para entender la formación del proletariado agrícola. Para ella, el análisis comparativo de diversos casos en otros países reporta cierta utilidad en el establecimiento de algunos límites teóricos sobre la cuestión. En correspondencia con este principio metodológico, considera que la separación de la industria familiar doméstica a causa del desarrollo de la manufactura urbana con su superior división del trabajo, el aumento de la demanda de bienes agrícolas y el desarrollo del comercio, generaron las condiciones básicas históricas para la transformación de la economía campesina en una economía mercantil, ávida de dinero para cumplir con las exigencias de las clases dominantes del capitalismo emergente. En este contexto, el campesino autosuficiente se va convirtiendo en un obstáculo para la expansión del mercado y la liberación de una de las premisas básicas que hacen posible el proceso de acumulación capitalista: la fuerza de trabajo asalariada. Según su apreciación, la experiencia de países latinoamericanos, especialmente de regiones con una amplia población indígena, permiten confirmar la idea de que la descomposición del campesino y su eventual proletarización no está mediada únicamente por las formas violentas de desalojo características de la acumulación originaria que Marx describe para el caso de Europa, sino que la descampesinización puede ocurrir sobre la base de transformaciones económicas que más lenta o rápidamente van erosionando las bases de sustentación económica y social de un campesinado que, por otro lado, pudo haberse conformado también por vías distintas.

Paré (1977:28) refiere que, en el caso de México, el proceso de proletarización está muy influido por el grado de desarrollo del capitalismo y que éste, puede reservar diferencias notables en distintas regiones del país atendiendo a diversas circunstancias, ya que la composición del proletariado agrícola guarda relación con la diferenciación de ocupaciones introducida en el proceso de trabajo concreto y por las formas de organización del trabajo agrícola, las que varían también con el tipo de cultivo, la opción tecnológica aplicada y la escala de la producción7.

Por otro lado, Bartra (1974:92) hacía notar las dificultades analíticas y lo inadecuado de considerar como campesinos a productores minifundistas cuya descomposición económica y productiva llegaba a tal punto que el disponer de un pedazo de tierra no garantizaba en lo absoluto

7 Paré (1977:125-148) da cuenta de un continuo de condiciones de trabajo, niveles de cualificación y niveles salariales

definidos en lo fundamental por estos tres factores. En base a estudios de caso en el valle del Mezquital y Atencingo extrae algunas cuestiones analíticas importantes que tienen la virtud de destacar, en lo concreto, la diversidad de las formas de trabajo asalariado en la agricultura en relación a las condiciones técnicas y organizativas que caracterizan el avance de una agricultura comercial de diverso tipo pero de perfil capitalista.

21 su subsistencia familiar. Sugiere entonces categorías analíticas intermedias para caracterizar a los sujetos agrarios en estas condiciones. Propone denominar campesino pauperizado al que, teniendo acceso a una parcela, desarrolla actividades por su cuenta para poder garantizar la subsistencia familiar, como el pequeño comercio, las artesanías, etc.; esto es, campesinos no proletarizados. En el segundo de los casos, propone denominar como semiproletarios a los que, en condiciones similares, buscan trabajo asalariado en actividades diversas como la construcción, los servicios domésticos y el jornal en las propias actividades agropecuarias.

Sobre lo que Bartra desea llamar la atención con esta distinción es que, una vez que se rebasa el límite de la autosuficiencia y se cae en una situación de déficits permanentes, no hay otras salidas que diversificar las fuentes de ingreso. Eventualmente, la especialización en un conjunto de actividades supletorias para garantizar esos ingresos plantea la posibilidad de diferenciar el tipo de respuesta frente a esta situación.

En función de esto, es que llama semiproletarios a todos aquellos que se sostienen de su trabajo como jornaleros u obreros pero mantienen su parcela en la que trabajan sólo de manera complementaria. En el caso de los campesinos pauperizados, lo destacable es que no se proletarizan trabajando para otros, sino que obtienen sus ingresos en actividades diversas pero manteniendo la actividad agrícola como secundaria en relación a la que se convierte en su actividad principal. El denominador común, tanto en la respuesta no proletaria (trabajo por cuenta propia) como semiproletaria, es la conservación del acceso a la tierra y la condición pauperizada de la unidad doméstica que lleva a esta población a buscar la subsistencia fuera de la parcela.

Esta categoría bien puede aplicarse al caso de los jornaleros indígenas migrantes con tierra que acuden a la región hortícola de los municipios de Fresnillo y Villa de Cos, pues para el 56% de ellos, el trabajo asalariado (durante una temporada o durante la mayor parte del año) representa la actividad principal; mientras que la tierra les ofrece sólo unos magros dividendos que en el mejor de los casos sólo les proporciona una alimentación incompleta durante algunos meses del año. En este caso estamos hablando de semiproletarios pero en una situación muy precaria.

Frente a éstos, para el restante 44%, el trabajo asalariado representa la única actividad y, en tal sentido, pueden ser considerados como proletarios en sentido estricto y cuya sobrevivencia sólo es posible a condición de vender su fuerza de trabajo de forma permanente. No obstante, en términos de su precariedad de vida, la situación de estos últimos no es distinta de los primeros.

22 También en Bartra se advierte la clara necesidad, para fines analíticos, de categorizar el cúmulo de respuestas que el campesino pauperizado encuentra frente a su precaria situación. Sin embargo, pueden también notarse los riesgos de considerar rígidamente estas categorías, ante la posibilidad de dejar fuera o no caracterizar consistentemente una cantidad importante de situaciones combinadas que ya en la actualidad se ve, involucran a muchos de los que él denomina

semiproletarios, tanto a los que son en esencia trabajadores asalariados aquellos que también realizan otras actividades. Esto es muy visible en el caso de un grupo minoritario de jornaleros migrantes temporales en Zacatecas que, trabajando la parcela por algunos meses en el año, realizan también diversas actividades por cuenta propia distintas de las agrícolas, esto es, despliegan la llamada pluriactividad a la que se refiere De Grammont (2008).

Es entendible que para el grueso de la población agraria en el campo, la acumulación de experiencia en la búsqueda de alternativas de sobrevivencia puede ser decisiva ante las cambiantes condiciones económicas y del marco social de vida, pues también han emergido opciones que se encuentran al margen de las que son definidas como lícitas. Precisamente, una de las lecciones que deja la lectura de Bartra es que las categorizaciones modifican su alcance o son relativizadas en la medida en que los acontecimientos van hilvanándose en direcciones no previstas. Sorprende por ejemplo en la actualidad, la cantidad de tierras y el número de familias campesinas pobres enganchadas por necesidad y coacción al cultivo y tráfico de estupefacientes8. Estas familias, prescindiendo del tipo de actividad, igual podrían ser consideradas semiproletarias en la medida en que ya tienen un perfil definido por su situación y el tipo de actividad no modifica la sustancia del término que se les aplica, pues sería una más de las actividades por cuenta propia o asalariadas de las tantas que puede haber, pero las implicaciones económicas y sociales puedan dar lugar a un tipo de análisis distinto. ¿Cómo categorizar estas actividades que envuelven a muchos campesinos pobres y trabajadores del campo?, ¿cómo categorizar y qué implicaciones tiene para el análisis ese cúmulo de actividades que hoy tienen una importancia que ayer no tenían?, ¿refleja esto las

8 La ampliación de estos cultivos y el uso de mano de obra jornalera en ellos es palpable en muchas regiones serranas

de algunos estados en donde se desarrolla el cultivo de estupefacientes. La prensa nacional viene dando cuenta de este fenómeno que quizás no es nuevo, pero que tiende por las circunstancias a ser más visibilizado. La miseria de mucha gente del campo es especialmente aprovechada por los grupos dedicados a estas actividades. Variadas han sido las ocasiones en que diversos grupos armados se han llevado por la fuerza a decenas de jornaleros enganchados para la cosecha de tomate en Sinaloa, o el modo en que jóvenes de localidades rurales serranas en las que “la mayor parte de la gente está jodida” y los campos de cultivo son “sólo piedras”, se enganchan para cultivar o pasar drogas en calidad de migrantes, o bien, campesinos indígenas pobres enganchados al cultivo y rayado de amapola en la región de la montaña de Guerrero (La jornada; 23/05/09).

23 direcciones previstas por la teoría?, ¿está teniendo este fenómeno el suficiente interés del mundo académico?.

De modo análogo, en la perspectiva de Bartra, el concepto de campesino sólo es aplicable a aquellos que mediante la explotación de la tierra y de las actividades asociadas a ésta pueden garantizar la reproducción de su unidad económica de forma simple o ampliada; mientras que en el otro extremo, encontraríamos a los descampesinizados; esto es, aquellos que han perdido el acceso a la tierra o ésta ha dejado de ser parte de sus medios de vida. Por su condición, esta población puede desplegarse en una multitud de actividades urbanas y rurales que les son próximas, sea como asalariados (en cuyo caso son proletarizados), trabajadores por cuenta propia (informales) o bien subempleados en actividades múltiples y distintas de las agrícolas. En todos estos casos, ya no hablamos de campesinos.

Bartra (1974:90-91) plantea por otra parte, que para los estratos más pauperizados del campesinado, la agricultura no es sino “una actividad secundaria y complementaria”. Incluso, suele ocurrir que la actividad agrícola que realizan es subsidiada por un cúmulo de distintas actividades remunerativas que absorben sus pérdidas y que merced a esto, les permite permanecer como unidad de economía familiar obligada a la diversificación forzosa como vía para garantizar la supervivencia. La usura y el desahorro son el complemento normal en este escenario de pauperización rural.

En este tenor, la razón por la que estos grupos de campesinos pauperizados mantienen la producción de granos y algunas hortalizas en el contexto de su economía familiar de tipo campesino, puede explicarse por el aparente abaratamiento en el precio de alimentos que obtiene en su propia parcela y que de otro modo tendría que comprar en el mercado. Esta economía familiar operaría bajo el cálculo “engañoso” de que con recursos monetarios mínimos es posible obtener una determinada cantidad de alimentos que en precio es superior a las pérdidas de producirlos, sólo que no se imputa el valor del propio trabajo familiar implicado en la producción de esos alimentos. A este semicampesino esto le parece lógico, pero revela su extrema precariedad una vez que los imponderables derrumban esta capacidad productiva cuando aparecen gastos catastróficos que la afectan irremediablemente, clarificando el dilema de estos productores parcelarios de alimentos “auto rebajados”.

En esta perspectiva, existe entonces una vinculación muy estrecha entre el proceso de pauperización del campesinado y el de proletarización. Incluso se podría afirmar que la

24 pauperización constituye el paso previo de la proletarización, o bien, que son dos fenómenos que se acompañan como un único proceso de múltiples aristas.

En perspectiva del tiempo, esto puede estar ocurriendo en un periodo largo de tiempo y estar sujeto a diversos factores que pueden ralentizarlo o acelerarlo. Los datos que Bartra (1974:88-89) y Astorga (1985:79) aportan para 1960, permiten visualizar lo avanzado del proceso para esta época pues, de los dos millones de campesinos que consignan, el estrato que comprendía a los más pauperizados (de infrasubsistencia y subfamiliares) en base a un estudio de la CEPAL, constituía el 83% del total y participaba con un 21% del valor total de la producción. Por el contrario, si se consideraba sólo a los campesinos de infra subsistencia, éstos constituían el 50% y aportaban sólo el 4% del valor de la producción. En este subgrupo, el autoconsumo excedía el 50% del total producido. La mercantilización del resto de la producción era tan insignificante, que contribuía con muy poco a la producción agrícola nacional y no representaba un componente importante del mercado interno, pues el uso de insumos era bajísimo y los ingresos originados igual. Era evidente, que la subsistencia de este grupo no se explicaba sino por con la obtención de ingresos suplementarios externos a la unidad económica, la cual no absorbía sino una cantidad mínima del trabajo familiar. La consideración de Bartra es que, precisamente de estos estratos de la población campesina fluyen los semiproletarios y proletarios agrarios al sistema capitalista.

Para Calva (1988:429), el proceso de proletarización es un fenómeno complejo que requiere analizarse desde diversas perspectivas. Si bien es posible a través del análisis de casos particulares apuntar algunos rasgos y tendencias, en general, el proceso involucra un continuo de situaciones para las que es difícil utilizar categorías rígidas que a menudo más que esclarecer, dificultan la comprensión. Sostiene que la ruina del campesino puede no ser suficiente para que éste se convierta en asalariado de modo completo; esto es, exclusivamente en asalariado debido a su privación de cualquier medio de producción. Por ello, para él no es sorprendente que en algunos casos la proletarización se produzca incluso en medio de un aumento de las pequeñas explotaciones, conduciendo en no pocas ocasiones a confusiones en el tema. Afirma él que, vista en perspectiva histórica, la proletarización del campesinado frecuentemente reviste “la forma de un largo proceso de deterioro, degradación y semiproletarización, que el campesino arruinado resiste enormemente antes de perder su independencia como productor y que, generalmente, va cayendo escalón por escalón, grado por grado, describiendo una curva extraordinariamente continua”.

25 Esta tesis convertida en postura metodológica resulta de una investigación que mediante una minuciosa corroboración teórico-histórica, contrasta la observación empírica de un gran número de casos cuyo análisis le permiten delinear algunos rasgos generales de la proletarización. Su consideración inicial es que, si la emergencia de la economía de mercado y la consolidación del capitalismo que proletarizaron a una gran parte de la población en el caso de las economías desarrolladas fueron procesos que ocurrieron en un par de siglos o más, otro tanto es posible y previsible que ocurra en la experiencia de los países subdesarrollados, sobre todo si se tiene en cuenta su incapacidad estructural para proletarizar a un ritmo acelerado al grueso de la masa de sobrepoblación absoluta que el capitalismo genera tendencialmente y gran parte de la cual está en el campo.

Calva (1988:417) señala que, históricamente, las formas de proletarización han descansado en sus causas esenciales en factores económicos, pero que también ha sido impulsada por factores de despojo y violencia (formas extraeconómicas) constatables en la experiencia de muchos países, no sólo en el caso inglés. Por otra parte, los procesos de desalojo violento no son una condición

sine quanon de la desposesión y proletarización de amplias masas de productores directos. Refiere que Marx mismo da cuenta de cómo en el caso de Rusia, capitalistas y terratenientes deseaban aniquilar la comuna para crear proletarios de los campesinos pobres puesto que ello significaba la creación de trabajo barato, por tanto, advertía que para crear proletarios no era necesario echar a los campesinos de sus tierras, como en el caso inglés, o aniquilar la forma de propiedad comunal, como en el caso de Rusia. Tan sólo era suficiente con expropiar a los campesinos del producto de su trabajo más allá de cierta medida (la de su subsistencia) tal como ya lo hacían los terratenientes, los usureros, los comerciantes y el fisco.

Resalta que es debido a la competencia con la gran explotación agrícola, que el trabajo campesino resulta cada vez menos retribuido, de modo que, mientras mayor es la demanda de trabajo en la industria, los servicios y las zonas agrícolas de alto desarrollo, las oportunidades de actividades alternativas y/o de salarios superiores en otras regiones y países, más repulsivo se convierte el terruño para el hombre de campo. También el aumento del número de integrantes de la familia campesina significa mayores presiones para su economía mercantil. Por un lado, presión sobre el predio familiar cuando éste no se puede extender o se divide por esa causa y, por otro, más necesidad de dinero. Calva señala cómo la experiencia muestra que las respuestas regulares a esta presión han sido la reducción del número de integrantes de la familia, o bien, el alejamiento

26 del núcleo de los brazos sobrantes que pasan a conformarse como obreros industriales en las ciudades, sirvientes, jornaleros migratorios, migrantes indocumentados en otros países, etc. (Calva; 1988:369).

Históricamente pues, las condiciones y fuerzas que impulsaron en cada caso la proletarización de masas de campesinos son muy variadas. Entre las fuerzas que Calva (417-423) considera juegan un papel central están: el desarrollo de la economía mercantil9 y, consecuentemente, de la economía de mercado, la desintegración de la alianza entre la producción agrícola e industria doméstica por el propio desarrollo de la economía mercantil, el despojo y la desposesión por vías diversas de las tierras campesinas, los impuestos, el crecimiento demográfico, el desarrollo del capital comercial y usurario, etc. Y no obstante, todos estos factores siendo en algunos casos condiciones necesarias pudieron, bajo ciertas circunstancias, no ser suficientes para la transformación de grandes masas de campesinos en obreros asalariados del campo o la ciudad. Así, la presencia de algunos o de todos estos factores actuando en conjunto no producían de forma mecánica, ni al proletario asalariado ni el aburguesamiento de los agricultores en alguna de sus formas; esto es, no siempre la diferenciación económica y social del campesinado es fuente de proletarización y aburguesamiento, o bien, ésta puede no tener sólo los resultados que la teoría puede prever.

En este sentido, la denominación de semiproletario se transforma para la mayor parte de asalariados desahuciados de la parcela en un mero eufemismo cuando éste obtiene no la “mitad” que supone el significado del prefijo “semi”, sino el 80 o 90 por ciento del ingreso como asalariado temporero en las parcelas de otros o como subempleado en actividades urbanas. Este

proletario de la precariedad o proletario con tierra es, por efecto de la desnaturalización de las categorías económicas, resultado de una realidad. En palabras de Calva (1988:433), un proletario impuro.

Por otra parte, con agudeza crítica, Calva considera que no obstante las evidencias, muchos analistas de la cuestión agraria se aferran más a la parcela que este proletario con tierra y lo siguen llamando “campesino”, supeditando la rigurosidad en la aplicación del concepto, basándose no en la terca realidad, sino en “las sutilezas románticas de la supuesta fortaleza de la lógica de

9 Realmente, la economía mercantil se fortalece con la pequeña producción que incluye a la producción campesina,

pero la economía mercantil se opone a la economía capitalista. En tal sentido, el crecimiento o ampliación de la