• No se han encontrado resultados

Marco de referencia externo

2.5 Constructos del enfoque centrado en las personas con relación a la violencia en las parejas del mismo sexo

2.5.7 Marco de referencia externo

Una persona que percibe al otro desde un marco de referencia externo, tiende a dar respuestas de carácter intelectual y a realizar abstracciones de lo que el otro le ha dicho a partir de sus propios valores, sentimientos y necesidades, tomando como base lo que supone un criterio realista, objetivo y racional. Percibir de esta manera al otro implica hacerlo de una manera puramente subjetiva, sin preocuparse del marco de referencia de quien es observado (Rogers y Kinget, 1965).

71 Todo aquello o aquel que es percibido desde un marco de referencia externo, se convierte para el observador en un objeto, al cual no es necesario comprender de manera empática o aceptante (Rogers, 1985). Se establece una relación cosificante, en la que el otro es visto bajo un interés o como un medio para satisfacer una necesidad. La capacidad para entrar en contacto genuino con el otro se desvanece, pues la relación es posible únicamente en el encuentro simultaneo entre dos personas, en la existencia común entre dos Yo y dos Tú (Buber, 1984).

Suponer a la persona como un objeto implica asumirle como carente de experiencias, sentimientos o intereses propios, en estas relaciones se suelen establecer patrones de interacción en los que la distribución del poder es diferenciada, los cuales a su vez favorecen la aparición de comportamientos abusivos o violentos entre los integrantes de una pareja (Rodríguez y Córdova, 2009).

Contrario a percibir al otro desde un marco de referencia externo, es el reconocer y validar las experiencias, necesidades y sentimientos del otro. Lo cual según Rogers puede facilitarse mediante un esfuerzo de acercamiento al marco de referencia del otro, o la búsqueda de un estado de empatía, caracterizado por la búsqueda de “percibir correctamente el marco de referencia interno de otro con los significados y componentes emocionales que contiene, como si fuera uno la otra persona, pero sin perder nunca esa condición de `como si´” (Rogers, 1985, p.45).

Los procesos comunicativos de la relación de pareja homosexual, al igual que la heterosexual, se ven afectados notablemente por la falta de comprensión por parte de receptor, quien desde un marco de referencia externo interpreta lo que la otra persona ha dicho o sentido. Unas de las trampas más comunes que enfrentan las parejas en este sentido son suponer que el amor obliga a los otros a saber lo que se quiere, necesita o siente, o el asumir que una palabra o expresión, que se ha utilizado previamente en otro contexto y sentido poseerá el mismo significado de antes acorde a la experiencia pasada y no la actual (Satir, 1991).

Relacionarse de esta manera tiende a generar conflictos en la pareja, pues cada miembro se acerca al otro desde lo que cree, sabe o asume como correcto, filtra todo

72 bajo su propia perspectiva de conocimiento y pierde paulatinamente la claridad para ver al otro en su individualidad y riqueza. De esa forma, cada miembro de la pareja no ve al otro, sino a otro yo, es decir ve a su compañero como si fuera él mismo (Freidberg, 2010).

Cada miembro de la pareja se esfuerza continuamente a llevar al otro a un estado de adaptación con lo que considera adecuado o mejor para él o ambos, asiduamente busca dirigir las elecciones del otro, para que tome el curso que personalmente considere más adecuado, esto, sin tomar en cuenta las necesidades o gustos de la persona que está siendo asumida como objeto (Rizzo, 1973). Al fin y al cabo, las apreciaciones, actitudes y sentimientos vistos desde un marco de referencia externo pueden versar sobre todo aquello que distinga a la persona como un ser individual, abarcando aspectos como las conductas, sentimientos o inclusive la propia experiencia homosexual de la pareja.

2.4.8 Valoración condicional

Valorar condicionalmente a una persona implica considerarle valiosa únicamente en ciertos aspectos y en otros no, es decir, aceptarle exclusivamente bajo ciertas condiciones (Rogers, 1985). A la relación en la que se valora condicionalmente al otro, subyacen mensajes como “te acepto solamente si eres esto” o “te aprecio únicamente si haces aquello”, los cuales a su vez son condicionados por premisas como que si la persona no obedece a dichas expectativas, correrá el riesgo de dejar de ser considerado por el otro como digno de aprecio o respeto.

La actitud condicional con la cual la persona se relaciona con los otros se caracteriza por ser evaluativa y selectiva (Rogers, 1957) y su comportamiento se matiza por los juicios de valor sobre lo malo o bueno que considera las conductas, sentimientos y experiencias de los otros. Así, por ejemplo, la expresión de sentimientos “malos”, dolorosos o defensivos, serían motivo suficiente para rechazar a la persona en su totalidad.

En la relación de pareja cuando alguno o ambos miembros se valoran condicionalmente, suelen evidenciarse exigencias y conductas de autorrenuncia para

73 satisfacer las necesidades de la otra persona, un concepto de amor que implica el sacrificarse a sí mismos, un elevado sentimiento de protección y cuidado del otro que le lleva a descuidarse, el deseo de conservar el vínculo de la pareja por encima de cualquier otro, culpa por no cumplir las expectativas y resentimiento porque el otro no ha cumplido lo que se esperaba de él (Bosch et al., 2007).

En dados casos, se constituyen estrategias de control o violencia que atentan contra la autonomía y libertad de los miembros de la pareja, estas, muchas veces son tan sutiles, que pasan inadvertidas por quienes las padecen y paulatinamente la persona toma la misma actitud selectiva o condicional respecto de sí misma. La persona empieza a valorar con el paso del tiempo sus propias experiencias en función de los criterios que los demás han instaurado como satisfactorios, y brinda un significado positivo o negativo a su experiencia basándose en la escala de valoración de otro (Rogers y Kinget, 1965).

La valoración condicional, representa por ello un caso importante de simbolización incorrecta, en la que la persona considera a su experiencia como si fuera acorde a sus propias necesidades, objetivos o valores, cuando en realidad la experiencia actual dista de ello (Rogers, 1985). Esto a su vez impide a la persona funcionar libremente y con un máximo de eficacia acorde a sus necesidades y potencialidades.

Caso contrario a la valoración condicional es la actitud a la cual Rogers (1962) nombró como aceptación positiva incondicional, la cual hace alusión al experienciar una aceptación cálida de cada aspecto de una persona, sin que existan condicionantes para aceptarle o no, juzgarle o evaluarle de acuerdo a lo que se considere adecuado o inadecuado, refiriéndose con ello a un interés genuino por esta, de una forma que no resulte posesiva o interesada, con el fin de satisfacer las necesidades propias. Es decir, apreciar a la persona como una totalidad y digna de amor y comprensión, sin hacer caso del comportamiento en particular que en ese momento esté presentando, sin que ello a su vez implique experienciar un sentimiento paternalista o superficialmente social aceptable hacia la persona (Rogers, 1962).

74