2.3 Violencia en las relaciones de pareja
2.3.1 Tipos de violencia
Más allá de la modalidad y dirección de los ataques, existe el consenso de que la violencia al interior de la relación de pareja puede ser ejercida en tres formas, dependiendo del daño causado en la víctima: física, psicológica y sexual. A continuación se mencionan cada una de ellas y sus principales características.
a) Violencia física
Se entiende por violencia física a toda conducta no accidental que mediante el uso de la fuerza genera una lesión física o dolor, sin importar el hecho de si lo ha logrado o no (Hernández, 2012). Esta forma de violencia suele manifestarse de modo escalonado, siendo cada vez más evidente, al dejar marcas visibles y lesiones cada vez más graves. Esta, aparece generalmente como el último recurso que utiliza el agresor, pues previamente ya ha intentado controlar a la pareja mediante el uso de otras estrategias como el chantaje emocional, insultos verbales y marginación (Muñoz, 2006).
Este tipo de violencia, al dejar rastros visibles, es a la que sobre todo se hace referencia cuando se habla de violencia en las parejas y la que más es señalada al momento de hacer una denuncia, pues legalmente, acorde a los daños causados, puede implicar una mayor o menor pena para el agresor. Una manera de clasificar a la violencia física, mencionada por Cuervo y Martínez (2013), es a lo largo de 5 rubros correspondientes al tiempo que tardan en sanar las lesiones: levísima, en la que se contempla a los empujones y pellizcos; leve, que comprende a las fracturas y golpes con objetos; moderada, que implica lesiones que dejan cicatrices permanentes y ocasionan incapacidad temporal; grave, que deja lesiones permanentes y muchas veces daña órganos internos; y extrema, que ocasiona la muerte.
30 b) Violencia psicológica
Se refiere a toda conducta o ataque realizado de manera continua y sistemática, que atenta contra la integridad y dignidad emocional de la víctima con el fin de producir sentimientos de indefensión, culpa, desvalorización y sufrimiento, esta se basa en diferencias y relaciones de poder que legitiman la desigualdad entre los miembros de la pareja (Blázquez, Moreno, García-Baamonde, 2010). La violencia psicológica se caracteriza por restringir cualquier acto de la vida cotidiana de la víctima y producir un desgaste en la autoestima de esta, el cual paulatinamente le incapacita para defenderse (Converti, 2012).
La violencia psicológica es la más difícil de evaluar e identificar, pues en muchas de las ocasiones ni siquiera hay registro de la misma por parte de la persona abusada, quién la interpreta como una manifestación de amor de su pareja (Blázquez y Moreno, 2008). Algunos ejemplos de este tipo de violencia son el hostigamiento, privación de recursos económicos, amenazas de abandono o maltrato a seres queridos, aislamiento de familiares y amigos, ataque verbal, destrucción de bienes materiales y negligencia.
Taverniers (2001, citada por Pozueco y Moreno, 2013) clasifica a este tipo de violencia según el grado de evidencia de los ataques a lo largo de 7 categorías:
1. Desvalorización (ridiculización, descalificaciones, trivializaciones, oposiciones, desprecio).
2. Hostilidad (reproches, insultos y amenazas).
3. Indiferencia (falta de empatía y apoyo, monopolización).
4. Intimidación (juzgar, criticar, corregir, posturas y gestos amenazantes, conductas destructivas).
5. Imposición de conductas (bloqueo social, ordenes, desviaciones, insistencia abusiva, invasiones de privacidad, sabotajes).
6. Culpabilización (acusaciones, negaciones, luz de gas). 7. Bondad aparente (manipulación de la realidad).
31 Los síntomas de ser expuesto continuamente a estos episodios de violencia son el aislamiento progresivo de las amistades y familiares, ansiedad, depresión, insomnio, ensimismamiento, tendencias obsesivas, crisis de nervios, arrebatos emocionales, inhibición de la agresividad hacia el victimario y dependencia creciente hacia el acosador (Calvete, 2013). Cabe destacar que las personas expuestas a continuos ataques de violencia psicológica, sufren años después, de un desgaste similar o peor a aquel que sufren las personas expuestas a maltratos físicos (Blázquez, Moreno, García-Baamonde, 2009).
c) Violencia sexual
Se entiende por violencia sexual a toda conducta u omisión, ocasional o reiterada, que amenaza o vulnera el derecho de la persona a ejercer su sexualidad de manera libre, acorde a sus decisiones y voluntad, este tipo de violencia comprende no sólo al acto sexual, sino a cualquier forma de contacto sexual, genital o no genital (Martínez y Lucia, 2003), que no sea deseada por la víctima o le genere dolor, su expresión más evidente es la violación (Instituto Nacional de las Mujeres, 2008).
La violencia sexual, al igual que la violencia psicológica y física, se produce al interior de la pareja como resultado del establecimiento de relaciones de poder asimétricas, esta además, es velada por la aceptación exagerada de roles sexuales tradicionales y la prevalencia de mitos en torno a la violación que intentan justificarla. Dos de los principales mitos entorno a la violación, es el asumir que esta, al perpetrarse al interior de un pareja, automáticamente adquiere un carácter de consenso o que se trata simplemente de una muestra de la fuerte pasión amorosa que se vive al interior de la relación (Instituto Nacional de las Mujeres, 2006).
La consumación de episodios violentos de índole sexual se caracteriza por el sometimiento de las personas, a través de la utilización de su cuerpo, reduciéndole a un objeto sexual, carente de libertad, al cual se le puede forzar a participar en un acto sexual en contra de su voluntad o amenazar constantemente con la realización de tales actos (INEGI, 2011). Algunas de sus manifestaciones de este tipo de violencia son: obligar a tener relaciones sexuales mediante el uso de la fuerza, tener prácticas
32 no deseadas como tríos, sexo en grupo, prácticas BDSM (Bondage; Dominación, Disciplina; Sumisión y Sadismo; Masoquismo), prostitución forzada, mutilación genital, tocamientos indeseados y estar obligado a ver material pornográfico, entre otras (OMS, 2002; Acon, 2004).
Se ha comprobado que este tipo de violencia puede originar en la víctima fuertes lesiones e incluso la muerte, así como falta de la regulación de la fecundidad, abortos, contagio de enfermedades de transmisión sexual (ETS), adicciones al alcohol o estupefacientes, contagio del VIH/SIDA, trastornos mentales como la depresión, síndrome de estrés postraumático, ansiedad, trastornos del sueño y de conducta alimentaria (OMS, 2011).