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La economía actual aparece como un gran sistema interconectado en el que todo recurso que se libera, queda a disposición de otra área económica que le encuentra valor. Si lo circunscri- bimos a la faz macroeconómica, la nueva economía se vincula a situaciones y períodos de la economía global caracterizados, entre otros, por incrementos continuados de la productividad de los países desarrollados. Por ende, nos encontramos ante un conjunto difuso de elementos que tratan de recoger las características del nuevo entorno en el que se desenvuelven los pro- cesos económicos generadores de valor agregado a lo largo del tiempo.

Sin embargo, tanto el tiempo como el espacio no representan ya condicionantes para la interacción social o la circulación de los diferentes factores de la producción. Se comienza a tener un arraigo y pertenencia a una comunidad virtual de grupos de personas con intereses

que pueden ser similares pero que se encuentran dispersos geográficamente6. Castells (1996),

introduce el concepto de “sociedad-red”7, refiriéndose a una estructura social hegemónica

que se deriva de una interacción de factores: la crisis del Estado benefactor del capitalismo, la interacción de la revolución de la tecnología de la información y la comunicación y final- mente el surgimiento de nuevos movimientos sociales.

La nueva sociedad informacional no es una simple sociedad del conocimiento, sino una sociedad que descansa en la acción del conocimiento sobre sí mismo como principal fuente de productividad (Castells, 1996: 43).

Según señalan Castells y Himanen (2002) existen tres grandes modelos de desarrollo de sociedad de la información: el modelo de Silicon Valley caracterizado por una sociedad in- formacional abierta con un rol preponderante del mercado; el modelo de Singapur, una so- ciedad informacional autoritaria, y el modelo de Finlandia con una sociedad informacional abierta y caracterizada por un fuerte componente de bienestar social.

Los tres modelos mencionados conducen en términos internacionales a una sociedad económicamente competitiva, pero con logros disímiles en los aspectos del bienestar indivi- dual de sus ciudadanos. Los autores consideran que el modelo de sociedad de la información desarrollado por una sociedad está determinado básicamente por la escala de valores que pro-

pugne y lleven adelante su gobierno, las empresas y los ciudadanos. De este modo, según los valores que se arraiguen e impulsen desde estos ámbitos se conseguirá uno u otro modelo.

Para Castells (1996), los modos de desarrollo8son los dispositivos tecnológicos mediante

los cuales el trabajo actúa sobre la materia para generar el producto, determinando en defi- nitiva la cantidad y calidad del excedente. En el modo de desarrollo agrario, la fuente del au- mento del excedente es el resultado del aumento cuantitativo de mano de obra y recursos naturales en el proceso de producción, así también como de la dotación natural de esos re- cursos. En el modo de producción industrial, la fuente primordial de productividad es la in- corporación de nuevas fuentes de energía y la capacidad de descentralizar su uso durante la producción y los procesos asociados de circulación. Finalmente, en el desarrollo informacio- nal, la fuente de la productividad se halla en la tecnología de la generación del conocimiento, el procesamiento de la información y la comunicación de símbolos.

Queda claro entonces, que el conocimiento y la información aparecen como decisivos en todos los modos de desarrollo, ya que el proceso de producción siempre se asienta sobre cierto grado de conocimiento y en el procesamiento de la información en sí.

En este contexto, como lo expresa Calderón (2010) siguiendo a Castells (1988, 1989, 1995), el proceso de la transición histórica hacia la economía informacional estaría determi- nado por la presencia de una economía global y redes de información a escala mundial, y, por otro lado, de sociedades civiles nacionalistas, de culturas comunitaristas y de Estados cada vez más prescindibles. Sin embargo, lo que es específico del modo de desarrollo infor- macional, lo constituye la acción del conocimiento sobre sí mismo como fuente de produc- tividad. Cada modo de desarrollo posee un principio de actuación estructuralmente determinado, el informacionalismo se orienta al desarrollo tecnológico, hacia la acumulación de conocimiento y grados crecientes de complejidad en el procesamiento de la información. Calderón (2010), cita que el desarrollo informacional propició los procesos de globali- zación y estos, a su vez, lo impulsan. El desarrollo informacional se basa en la producción e interconexión de empresas, personas y organizaciones en redes que tienen la particularidad de poder actuar en tiempo real desde cualquier lugar conectado del mundo. Se basa en el uso de las tecnologías de información y comunicación sin las cuales no resultaría posible el desa-

rrollo moderno. No se trata del reemplazo del modelo de desarrollo industrial, sino de la in- corporación progresiva a su lógica.

Los resultados sugieren que mayor será la productividad total de los factores de un país en desarrollo cuanto mayor sea la masa de capital de I+D de sus contrapartes comerciales –que se utiliza como sustituto de la masa de conocimientos incorporada en la composición del co- mercio del país, cuanto más abierto esté el comercio extranjero con países industriales y cuanto más capacitada esté su fuerza de trabajo (FMI, 1995: 55).

Se puede postular, como lo señala López (2002), que el proceso de instauración de la nueva economía trae aparejado un aumento simultáneo de las posibilidades de crecimiento económico.

Por lo tanto, aquellos países o regiones en los que haya germinado la iniciativa privada para la obtención de producciones relacionadas con la nueva economía, en los que el entra- mado empresarial haya adaptado sus procesos productivos a las nuevas tecnologías de la in- formación y comunicación, en los que las administraciones públicas propicien la digitalización de sus servicios, y en los que sus ciudadanos puedan usufructuar los beneficios derramados por la nueva economía, gozarán de crecimientos económicos complementarios.

En sintonía con esta línea argumental, aquellos países o regiones en los que el proceso de implementación de las tecnologías relacionadas con la nueva economía no se produzca (aunque la propia dinámica económica los lleven a poseer cierto nivel de crecimiento), serán plausibles de un cierto crecimiento económico incremental en relación con las otras zonas más aventajadas citadas antes. De este modo, la existencia de tasa de crecimiento sostenido conduce a un diferencial acumulado en el transcurso del tiempo. Es de esperar, entonces, que esta situación de no corregirse, tienda a agravarse y profundizarse, dado que justamente en las regiones o países más desarrollados es donde se materializa el proceso de aparición y consolidación de la economía informacional por todo el entramado; mientras que regiones o países menos desarrollados, con lentitud para la incorporación de estos patrones en sus di- ferentes ámbitos, se ven relegados y privados en forma total o parcial de los beneficios aso- ciados9.

Castells y Himanen sostienen que

La competitividad de los territorios y firmas pasó a depender fuertemente de su habilidad para seguir las reglas de la economía informacional: creación de valor transformando información en conocimiento, y luego aplicación del conocimiento a todas las tareas a ser ejecutadas sobre la base de la capacidad tecnológica y humana incorporada en el sistema (2011: 29).

Se daría una suerte de sinergia entre informacionalismo y productividad entre países, re- giones y firmas, bajo dos condiciones: cambio organizacional bajo la forma de redes y mejora de la calidad del trabajo humano sobre la base de la educación y la calidad de vida.

La competitividad a la que se hará referencia, es la que Fajnzylber (1983) denominó “competitividad auténtica”. Según el autor, para lograrla sería fundamental reforzar la capa- cidad interna de creación industrial asociada con una participación en aumento de los agentes de la producción y del conocimiento, se trataría en definitiva de propiciar la creación de un

núcleo endógeno de crecimiento y desarrollo tecnológico10.