• No se han encontrado resultados

EN QUÉ MEDIDA ES LIBRE NUESTRO PROYECTO?

Hemos visto que el psicoanálisis existencialista es una disci­ plina que apunta al descubrimiento de la elección original del hombre, a su proyecto fundamental. Tenemos ahora que preguntarnos hasta qué punto este proyecto es libre. Sartre admite a este respecto límites muy estrechos a nuestra liber­ tad, designándolos con las palabras “situación" y “factici- dad”. Elegimos el mundo —aunque no en su contextura, sino solamente en su significación— al elegirnos. Nos elegimos sólo en nuestra manera de ser y no en nuestro ser mismo, y por lo tanto sólo somos responsables de nuestra manera de ser.

Mi “situación” fáctica, por ejemplo, se caracteriza por mi posición dentro del mundo, por todos los obstáculos y apoyos que encuentro en el mundo, todas las resistencias que debo superar a fin de alcanzar mi meta. Esta situación, empero, sólo existe en correlación con mi proyecto, mi tentativa de trascender a lo dado fáctico en mi marcha hacia un objetivo. Porque lo dado se me revela como resistencia o como ayuda solamente a la luz de mi proyecto libre. Esa gran montaña, por ejemplo, ofrece una tremenda resistencia si mi proyecto libre es construir un ferrocarril, por cuanto tengo que per­ forar un túnel a través de ella. Ofrece, en cambio, una gran ayuda si mi proyecto libre es ver el paisaje circundante. Sólo a la luz de mi proyecto libre la montaña es un obstáculo o un apoyo; en sí misma es neutral.

Una vez más hemos de dudar aquí de la originalidad de Sartre, pues veintitrés años antes que él escribía John De- wey: “Conditions and eventa. .. are eilher obstaclea to our

m .

^ C

7

“T

i x

5

ends or else means for their accomplishment'>. 1 (“Las con­

diciones y los sucesos... son, o bien obstáculos para nuestros fines o medios para su realización.”) Y ocho años antes que Sartre escribía también Ortega: “El hombre no encuentra cosas. Lo que encuentra son puras dificultades y puras faci­ lidades para existir.” 2

Sartre concluye que el hombre sólo encuentra obstáculos en el campo de su libertad, y que no hay libertad sino “en situa­ ción”. Así, la facticidad o situación se torna en una condición de la libertad y no, como lo pretende el determinismo, en un obstáculo para aquélla. Nadie puede escapar de una cárcel donde no ha sido encerrado. El hombre encuentra por todas partes obstáculos y resistencias que no lia creado. Este en- cuenti'o es lo, que llama Sartre “facticidad” o "situación”. Con todo, estos obstáculos y resistencias sólo se convierten en obstáculos y resistencias en virtud de nuestro proyecto libre, y sólo a través de él.

Somos libres únicamente con respecto a una cierta situa­ ción dada, y a ■pesar de e l l a ... "¡Sin obstáculo no hay liber­ tad!”, dice Sartre, y la libertad se torna para él equivalente a escapar del ser-en-sí. Nuestra acción libre supone una anni- hilación de lo dado. Tomando en cuenta la situación, lo dado, y la facticidad, Sartre concluye que nuestra libertad es liber­ tad de elección y no libertad de obtención.

Actuar libremente no significa para Sartre actuar sin mo­ tivo. El motivo, empero, no determina la acción, y sólo apa­ rece en virtud de un proyecto elegido y dentro de él. Y el proyecto es libre. Sólo en virtud de su proyecto libre de con­ vertirse en el jefe de toda la Galia, y dentro de él, se le apa­ reció a Clodoveo el poder de la iglesia de Occidente como un motivo para convertirse. El motivo debe su completo sentido al proyecto que la persona adopta, y ese proyecto es libre.

También mi elección de mí mismo encuentra una amplia oposición por parte de la facticidad. “¿ruedo elegir ser alto, si soy bajo?”, pregunta Sartre, quien se halla lejos de ser gigante. Y contesta que, en sentido comparativo, él sólo elige su cuerpo como débil si su proyecto es llegar a ser un boxea-

1 J. Devey, Reconstrvction in Philosophy, cap. V, pp. 102- 103.

2 J. Ortega y Gasset, Obras completas, VI, p. 32. 750

dor o un campeón de baseball. Empero, si permanece en la ciudad —lo que para Sartre significa: en el café—, y no elige sino discusiones y obra literaria, su cuerpo no será débil. Sólo es débil a la luz de un cierto proyecto libre —que él no ha elegido— : el de llegar a ser un deportista. Así, la libertad crea sus propios obstáculos, y sólo está limitada por ella misma.

He aquí un ejemplo de la habilidad un tanto sofística con la cual Sartre transforma la compulsión en libertad y la li­ bertad en compulsión, la necesidad en elección y la elección en necesidad; y podemos comprender una cáustica acotación que, sobre el existencialismo, apareció en la revista satírica parisiense, Le Canard enchatné: “Digo: mi libertad, como digo: mi mujer; eso no me impide ser cornudo.”

El único verdadero límite de nuestra libertad, admitido por Sartre, es el que surge de la existencia de alguna otra persona. “Soy judío, ario, hermoso o fe o ... etcétera. Soy todo eso para otra persona... sin esperanza alguna de modifi­ carlo. . . Soy algo que yo no he elegido ser.” 1

Teóricamente, Sartre no se aflige mucho por esta situa­ ción. Pues ya que este límite de su libertad es la libertad de otra persona, puede mantener su tesis de que la libertad no tiene otro límite que la libertad. Prácticamente, empero, el hecho de que una libertad es mía y la otra no, hace una grandísima diferencia. Sartre no lo niega. Somos “arrojados” al mundo, fi-ente a frente con el otro, y así nuestra existen­ cia es un límite libre a su libertad, y su libertad un límite a la nuestra. Sartre ve en esto el origen del concepto de cul­ pa y pecado en un mundo donde no hay Dios. El hombre es culpable vis-à-vis de la otra persona. Y en su impresionante pieza Huís Clos (Puerta cerrada), Sartre mostró que la “mi­ rada” del otro, impidiendo nuestra fuga a comportamientos de mala fe, es el verdadero significado de la idea de infierno.

A través de la mirada del otro yo soy, por ejemplo, un judío. El me determina como tal, lo soy para-el-otro, sin ha­ berlo elegido. ¿Qué actitud debo tomar para recobrar mi li­ bertad en esta situación? He aquí la respuesta de Sartine:

1 L ’Eire el le Néant, pp. 60G-607.

“Un judío no es primeramente un judío, y luego está aver­ gonzado u orgulloso, sino que su orgullo de ser judío, su vergüenza o indiferencia, le revelarán su ser-judío; y este ser-judío no es nada fuera de la libre manera de asumir­ lo. .. En el furor, el odio, el orgullo, la asqueada repulsa o la reivindicación jubilosa, es preciso que yo elija aquello que soy.” 1

¡Es notable que Sartre publicara esta afirmación en 1943 y en París, bajo la ocupación nazi!

Si su teoría de que la libertad crea sus propios obstáculos en el mundo inanimado nos recuerda las teorías de Fichte, su tesis de la libre aceptación de lo que somos nos recuerda la ética de los estoicos. Con todo, la teoría de Sartre tiene su nota personal. Piensa que la raza, la fealdad, etcétera, sólo pueden aparecer dentro de los límites de nuestra propia elec­ ción de inferioridad o de orgullo; vale decir que esos rasgos sólo pueden aparecer con la significación que mi libertad les adscribe. Yo no elijo ser para la otra persona lo que soy para ella, pero si soy para mí lo que soy para ella, es sólo porque me elijo tal como le apai*ezco a ella. Mas libre soy de no elegirme tal como le aparezco al otro. Sólo mi propio reconocimiento de la libertad de los antisemitas, vale decir, sólo mi aceptación de mi ser-un-judío-para-ellos, puede cons­ tituir un verdadero límite a mi libertad. “Si me place, em­ pero, considerarlos como meros objetos, mi ser-un-judío des­ aparece inmediatamente, y cede a la simple conciencia de ser una ti'ascendencia libre e incalificable”, pues el ser-para-sí no puede ser nada. Ya Paul Valéry había dicho: “El espí­ ritu es la negativa indefinida de ser alguna cosa. Lo que no es fijo no es nada, lo que es fijo está muerto.” 2 En tanto que vivimos, devenimos, y estaremos haciéndonos aun cuando hayamos alcanzado los ochenta años.

Esta aptitud de la libertad y de su arma más poderosa, la mirada, para cambiar a otro sujeto en un objeto, ha sido ejemplificada en la más emocionante de las tragedias de Sar­ tre, Morís saris Sepultare. Lucie, una joven incorporada a la resistencia francesa, ha sido torturada y violada por los fascistas, que querían forzarla a traicionar a sus camaradas.

1 Ib-id., p. 612.

2 Tel Quel (París, 1943), II, p. 193.

Sufrió de ellos todas las humillaciones, sin hablar. Pero mi­ raba a sus torturadores, y su mirada los cambió en objetos. Podían violar su cuerpo, pero no su libertad.

“No me han tocado —dice—. Nadie me ha tocado. Yo era de piedra, y no sentí sus manos. Los miraba y pensaba: nada sucede. Nada ha sucedido.” 1

Nos inclinamos a llamar “estoico” este comportamiento. Es también existencialista. En ambas doctrinas, la última liber­ tad que nos queda en un mundo que no podemos cambiar, es nuestra libertad de pronunciar nuestro “sí” o nuesti’o "no” ; aceptar o rehusar.

»

C a p i t u l o X I X

SEXO Y AMOR EN EL PSICOANÁLISIS