las personas, para reducir la probabilidad de que aparezcan diversas enfermedades.
"La prevención es sobre todo, definida como la protección contra los riesgos, las
Instituciones de Salud, de las comunidades, y de las personas que más que integrarlas,
las instituyen" (Giofantes, 1999, p.25).
En la Primera Conferencia Internacional de Promoción de Salud, realizada en
Ottawa en 1986, con el patrocinio de la Organización Mundial de la Salud, señala que
es necesario facilitar el proceso según el cual se puede movilizar a la gente para
aumentar su control sobre la salud y mejorarla, para alcanzar un estado adecuado de
bienestar físico, mental y social, ser capaz de identificar y realizar sus aspiraciones, de
satisfacer sus necesidades y de cambiar o adaptarse al medio ambiente. Para lograr
verdaderamente este fin, es imprescindible comprender que el desarrollo de la Salud no
se puede reducir a la lucha contra la enfermedad, a las prácticas clínicas tradicionales.
Según Cedro (1999) existen tres clases de prevención que citamos a
continuación:
A. Prevención Primaria.- Se concentra en la promoción de ambientes y estímulos de vida saludables, evitando así el desarrollo de problemas con alcohol de
drogas antes que comiencen. La meta de la prevención primaria es "inmunizar" a los
individuos y al público en general y crear ambientes sociales y físicos que sean
positivos, para erradicar el problema antes que ocurra.
b. Prevención Secundaria.- Trata de identificar a los consumidores de alcohol y drogas que corren el riesgo de tener problemas de abuso y ayudarlos a minimizar o
eliminar los riesgos. La meta de la prevención secundaria es interrumpir el uso de
c. Prevención Terciaria.- Involucra dos tipos de enfoque diferentes. Uno es el tratamiento actual de personas que abusan de alcohol o drogas. El otro enfoque puede
ser calificado de rehabilitación preventiva. Esta provee servicios de apoyo a alcohólicos
o drogadictos en recuperación para prevenir que reanuden su estilo de vida disfuncional.
La educación preventiva intenta incorporar no sólo contenidos, objetivos y
estrategias para informar a la comunidad en general y educativa en particular sobre el
carácter y efecto de las drogas, sino que incluyen básicamente elementos que formen en
el individuo una estructura de personalidad íntegra, sólida y contraria al abuso de las
drogas. La educación preventiva forma e informa a través de una metodología en la que
los contenidos y estrategias de prevención se insertan en todos sus niveles y
modalidades educativas. Evidentemente es una ventaja del Sector educación, quien la
aplica, pues su población es cautiva y puede hacer que directamente forme parte de o los
propósitos generales de la actividad educativa, más aún cuando el Ministerio de
Educación presenta una estructura orgánica que obliga desde la sede central hasta la
Institución Educativa (a través de sus equipos polivalentes), a participar de acuerdo a
niveles y jerarquías y de diversas maneras en la acción preventiva.
Es necesario preguntarse, si se puede prevenir el consumo de tabaco.
Se tiende ser pesimista en cuanto a las probabilidades de conseguir que un
número importante de personas dejen de fumar o de persuadir a los jóvenes de que no
deben contraer ese hábito. Como el consumo de cigarrillos es relativamente reciente en
la mayor parte de los países y generalmente los que más lo adquieren son los jóvenes
adultos; el consumo total de tabaco ha aumentado con los años en gran medida en
fumar se ha ido extendiendo en porción cada vez menos entre las generaciones
sucesivas de adultos jóvenes. Pues estos nuevos grupos vienen a reemplazar a otros de
más edad en que los fumadores eran temerosos y solían fumar menos. En particular la
extensión acelerada del hábito de fumar cigarrillos entre las mujeres, fenómenos mucho
más recientes en la mayor parte de los países, tiende a aumentar en forma continua el
consumo de cigarrillos, a pesar de que número considerable de fumadores abandonan el
hábito. El crecimiento demográfico en el sector adulto de la población puede producir
un aumento considerable del consumo total de cigarrillo, aunque la tasa de consumo por
habitantes siga siendo la misma.
Se han publicado algunos informes sobre tentativas limitadas de persuadir a los
fumadores que abandonan su hábito o a los jóvenes y adolescentes que no empiecen a
fumar. En general estos intentos no han tenido gran éxito. Desde el punto de vista de la
educación sanitaria, estos resultados no son sorprendentes pues están basados sobretodo
en la idea de que basta informar de fuente autorizada a la población sobre la nocividad
del empleo del cigarrillo para que gran número de personas dejen de fumar y que
muchos de los jóvenes de que otra manera hubiesen contraído el hábito no lo hagan. En
esta opinión no se tienen en cuenta ni la complejidad de las personas que llevan a los
jóvenes a fumar y a los adultos a renunciar, ni los factores que intervienen en las
decisiones personales, ambos procesos están determinados por factores como la escala
de valores adoptados por la persona su percepción del peligro como representa el
consumo del tabaco y la importancia que le da las ventajas psicológicas y sociales que
Todo programa destinado a reducir el hábito de fumar tienen tres objetivos
principales:
a. Estimular a los jóvenes a que no fumen.
b. Reducir el número de fumadores.
c. Favorecer la fabricación de cigarrillos menos nocivos o de formas de consumo
de tabaco menos peligrosas y persuadir a los fumadores a que los adopten.
Esta lista no implica un orden riguroso de prioridad. Es indispensable emprender
un programa eficaz para la educación de los jóvenes, para que no se dejen influenciar
por la conducta de los adultos fumadores. La experiencia adquirida demuestra
claramente que, si se quiere alcanzar con seguridad el objetivo propuesto, es necesario
actuar de una forma más o menos simultánea en los tres objetivos que acabamos de