2. Diagnóstico socioeconómico y territorial
2.8. El medio ambiente y los recursos naturales y culturales
Respecto de las variables naturales, el Sudoeste Europeo muestra una enorme diversidad justificada por la amplitud de los valores de latitud y altitud entre los que se sitúa su geografía.
Uno de los factores de diferenciación más acusada es sin duda alguna el agua. Su disponibilidad queda condicionada en primer término por una pluviometría que presenta una enorme dispersión territorial: zonas subdesérticas del Sudeste y Noroeste español, donde son frecuentes los años en los que no se alcanzan los 350 mm y zonas atlánticas del Suroeste donde se superan los 2.000 mm. La distribución de los sistemas de asentamiento poblacional en el territorio y de las actividades en relación con la capacidad de las cuencas hidrográficas determina finalmente la caracterización del balance entre oferta y demanda.
Al respecto se aprecian desequilibrios destacables ante la existencia de cuencas netamente deficitarias como son las del Sudeste español. El principal consumo de agua, más de las tres cuartas partes, se concentra en la agricultura que, en gran parte del territorio SUDOE, fundamenta su existencia y supervivencia en el regadío. En relación con la disponibilidad, las actuaciones sobre la demanda encaminadas al ahorro de agua (mejora de la eficiencia de los consumos) se anteponen a las
tradicionales actuaciones sobre la oferta (regulación). Pero el problema del agua no sólo es de disponibilidad, lo es también de calidad siendo éste el aspecto sobre el que incide de forma muy especial la Directiva Marco del Agua, cuya definitiva y rigurosa aplicación constituye uno de los retos ambientales de mayor alcance y dificultad a los que hacer frente durante los próximos años.
En el apartado de la biodiversidad, es conocido el importante patrimonio del SUDOE tanto en lo relativo a espacios como a especies. Dicho patrimonio se enfrenta a una progresiva pérdida de su diversidad derivada fundamentalmente de la actividad humana que incide de forma muy particular en el retroceso de los ecosistemas naturales. Para frenar dicha pérdida existe una tendencia clara hacia al aumento de los espacios protegidos en todas las regiones del SUDOE, fruto tanto de la preocupación a nivel político, como sobretodo a la presión social que se deriva de la creciente sensibilización y preocupación por el medio ambiente. La consolidación de la Red Natura 2000, su gestión y valorización, dando respuesta a los múltiples retos que en relación con los usos agrarios y los agrosistemas se plantean, constituye uno de los elementos centrales sobre los que trabajar.
Por lo que se refiere a la calidad del aire y la atmósfera, no cabe duda que el problema se centra en la necesidad de hacer frente a los compromisos de Kyoto relativos a la reducción de las emisiones de gases con efecto invernadero. Las emisiones de CO2, y entre ellas las derivadas de la actividad de las centrales termoeléctricas alimentadas con carbón, pueden situarse en un primer plano de relevancia. El desarrollo de fuentes alternativas de energía renovable y/o de balance favorable en relación con el ciclo del carbono tales como los biocombustibles, el fomento de los sumideros de carbono, el ahorro y la mejora de la eficiencia energética, etc. son ámbitos de especial interés para la innovación y el desarrollo tecnológico. También ha de prestarse atención al resto de gases con efecto invernadero y a sus fuentes de emisión así como a los gases nocivos para la salud, en particular los asociados a las aglomeraciones urbanas.
Los residuos urbanos e industriales constituyen otro punto de atención dado el volumen y problemas que representan para el espacio SUDOE. Persisten los retos y necesidades en relación con su adecuada recogida, almacenamiento y tratamiento, con el reciclado, con la regeneración de los suelos contaminados y de los espacios degradados y otros numerosos ámbitos abiertos a la innovación y al desarrollo tecnológico.
El ruido, particularmente el asociado al entorno urbano y a los sistemas de transporte, ha llegado a constituirse en el SUDOE en un problema ambiental relevante que debe ser tratado con atención y en respuesta a la correspondiente Directiva europea.
Finalmente, conviene destacar el capítulo relativo a riesgos, tanto naturales como tecnológicos. Entre los primeros, por la significación territorial que el dominio mediterráneo tiene en el SUDOE, resultan significativos los incendios forestales, las inundaciones y la sequía; la presencia de riesgos sísmicos y de desertización también son una característica del espacio del Sudoeste europeo.
Respecto a la aparente contradicción de los riesgos simultáneos de inundaciones y sequías, hay que aclarar que está justificado por el régimen acusadamente torrencial de las cuencas hidrográficas mediterráneas. El intento de regular el ciclo hidrológico se traduce en problemas de elevada complejidad, no sólo técnica, sino también social que hacen del agua un elemento especialmente crítico para el espacio SUDOE y que plantea las cuestiones adicionales recogidas al principio de este mismo apartado. Por lo que se refiere a los riesgos tecnológicos, cabe destacar los relacionados con la energía, particularmente la de origen nuclear, y también con los asociados a las infraestructuras de regulación hidráulica (grandes presas) u otras actividades industriales sujetas a la elaboración de Planes de Evacuación en virtud de los riesgos que derivan para la población.
El espacio SUDOE también concentra un importantísimo patrimonio cultural que sigue aportando numerosos y complejos retos tanto en el ámbito de la conservación como en el de la valorización. La herencia de distintas culturas provenientes del pasado, por la implantación, en este territorio, del imperio romano, el árabe o del cristianismo, hace que en el mismo se encuentren diversos elementos de gran valor histórico, como ruinas arqueológicas, castillos y fortalezas, mezquitas o iglesias. Las actividades tradicionales, estrechamente relacionadas con el uso de los recursos naturales y de enorme diversidad, se contemplan como elementos significativos del patrimonio que resultan, a su vez, de especial relevancia para la mayor parte de los objetivos de conservación; pero es preciso tener en cuenta que muchas de estas actividades tradicionales, sobre todo las ubicadas en las zonas más desfavorecidas, presentan una continuidad gravemente amenazada, lo que deriva, a su vez, nuevos retos, no sólo de conservación, sino, sobre todo, de valorización.
El paisaje es el resultado de la integración de todos los elementos patrimoniales y es la componente que de forma más visible muestra la diversidad natural y cultural, sin
duda la característica más significativa del espacio SUDOE. Sobre los dos ámbitos mediterráneo y atlántico dominantes desde el punto de vista ecológico y sobre la dualidad rural-urbana se sucede una rica variedad de entornos.