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CAPÍTULO I: Marco Teórico

1.4 Memoria de trabajo y Planificación de acciones en la adolescencia

Los estudios del desarrollo durante la niñez y la adolescencia han mostrado que las habilidades cognitivas maduran y se vuelven más eficientes durante este período. La etapa comprendida entre el segundo mes y el sexto año de vida, denominada primera infancia, se caracteriza por una mayor elaboración de las conductas sensoriales y motoras, con un importante incremento en la capacidad de respuesta del niño a los estímulos del medio ambiente. La segunda infancia (entre los 6 y los 12 años) y la adolescencia (período comprendido entre los 12 y los 18 años) se caracterizan por el desarrollo de funciones cognitivas cada vez más complejas (Gómez-Pérez et al., 2003).

Existen diferencias entre el desarrollo de la corteza prefrontal y de otras regiones corticales, entre ellas, una disminución gradual de las sinapsis que se inicia hacia la pubertad, un aumento tardío de las arborizaciones dendríticas y un proceso prolongado de mielinización, que continúa, por lo menos, hasta los 20 años de edad, o incluso hasta la quinta década de la vida (Gómez-Pérez et al., 2003).

Evidencia fisiológica demuestra que existe un proceso de mielinización de las fibras nerviosas, y de maduración de las estructuras frontales durante la niñez y la adolescencia. Asociado a este proceso de maduración, los niños y adolescentes pueden ir adquiriendo gradualmente la capacidad para realizar procesamientos de manera más eficiente, debido a que la transmisión de la información nerviosa se vuelve más rápida con el aumento de mielina en los axones (Fuster, 2002 citado en Injoque-Ricle, & Burin, 2011).

En el caso de la memoria de trabajo, en epígrafes anteriores se hace alusión al modelo de memoria desarrollado por Baddeley y Hitch, el cual tiene sus bases en un circuito neural que involucra primordialmente a la corteza prefrontal dorsolateral en asociación con otras regiones como la corteza parietal posterior, la corteza temporal, el cíngulo anterior, el hipocampo y los ganglios basales. Por tanto, la vinculación de la MT al córtex prefrontal hace que su desarrollo esté vinculado al neurodesarrollo de esta región cerebral.

Scherf, Sweeney y Luna (2006, citado en Hernández, Díaz, Jiménez, Martín, Rodríguez, & García, 2012) informaron de cambios cualitativos (localización de la activación) y cuantitativos (aumento de la activación) en la respuesta neural subyacente a la MT visoespacial desde la infancia hasta la adultez. Durante la infancia la activación ocurre en regiones premotoras diferentes, en el cerebelo lateral, y regiones ventromediales incluyendo el tálamo y los ganglios basales, las cuales estaban ausentes en etapas posteriores del desarrollo. En la adolescencia se observó un incremento de actividad hacia las regiones frontales incluyendo la corteza prefrontal dorsolateral derecha. Finalmente desde la adolescencia hasta la adultez la actividad se tornó más localizada y lateralizada con un incremento de la actividad de la corteza prefrontal dorsolateral izquierda, unido a un descenso de la actividad en la región derecha.

El resultado final de estos cambios (cuantitativos y cualitativos, progresivos y regresivos) desde la infancia hasta la adultez es la génesis de una red neural especializada funcionalmente para la MT visoespacial (Best y Miller, 2010 citado en Hernández et al., 2012).

La memoria de trabajo representa una función central en el desarrollo cognitivo complejo y modula el rendimiento académico, por lo que las alteraciones en la misma están en la base de muchos trastornos del neurodesarrollo y del aprendizaje. Como función psicológica

compleja, está sometida a un proceso evolutivo que depende de la adecuación anatómica y funcional del sistema nervioso central y de las oportunidades de aprendizaje (S. Hernández et al., 2012).

Aunque la corteza prefrontal es una de las últimas áreas cerebrales en alcanzar su total madurez, se ha descrito que en el período de los 11 a los 13 años de edad aparecen cambios significativos en el desarrollo de materia gris cortical en el lóbulo frontal (De Luca & Leventer, 2008 citado en Guevara, Hernández, Hevia, Rizo, Linné, & Sepúlveda, 2014). Mientras tanto, la materia blanca continúa su desarrollo y mielinización de manera sostenida hasta alcanzar la maduración cortical hasta los 20 y 30 años de edad (Guevara et al., 2014).

Para la evaluación de la memoria de trabajo de tipo visoespacial se han empleado diferentes tests o tareas neuropsicológicas, y una de las más utilizadas es la tarea Cubos de Corsi. En un estudio realizado por Guevara y colaboradores (2014), en la Universidad de Guadalajara, se explora la eficiencia de la memoria de trabajo en relación con algunos períodos de maduración de la corteza prefrontal a través de la ejecución de los Cubos de Corsi en secuencia inversa, con una muestra de varones desde 11 hasta 30 años de edad. Los resultados de este trabajo muestran que la ejecución en la tarea de Cubos de Corsi se estabiliza al inicio de la adultez (18-20 años) en cuanto a la calidad en la ejecución (número máximo de elementos retenidos en la memoria y número de ensayos correctos); mientras que es hasta la edad de 26 a 30 años cuando se alcanza la mayor velocidad en la ejecución de la tarea. Estos datos aportan nueva evidencia de que la eficiencia en la memoria de trabajo visoespacial se alcanza hasta el final de la tercera década de la vida en hombres jóvenes. Sin embargo, es probable que esta mayor velocidad en el procesamiento de los adultos jóvenes pudiera explicarse por la mayor mielinización de los axones corticales (Guevara et al., 2014).

Con respecto a la planificación de acciones, durante los primeros años de vida, el niño va siendo capaz de representar estímulos del pasado, planear el futuro, y representar un problema desde distintas perspectivas permitiéndole escoger soluciones apropiadas. Esta capacidad para planear y solucionar problemas constituye probablemente el inicio de las funciones ejecutivas.

Desde la edad de tres años, el niño comprende la naturaleza preparatoria de un plan y es capaz de formular propósitos verbales simples relacionados con eventos familiares. De igual manera, puede solucionar problemas y desarrollar estrategias para prevenir problemas futuros (Hudson, Shapiro & Sosa, 1995 citado en Rosselli, Jurado, & Matute, 2008). Este tipo de planeación es, sin embargo, simple y menos eficiente a la habilidad para programar que se encuentra en niños de 7 y 11 años, quienes mantienen un plan de acción mucho más organizado y eficaz. Romine y Reynolds (2005, citado en Rosselli, Jurado, & Matute, 2008) usaron el meta-análisis para demostrar que el período de mayor desarrollo en las habilidades para planear, medidas con las pruebas de las Torres de Londres y de Hanoi, ocurría entre los 5 y los 8 años de edad.

Por otra parte, la etapa de desarrollo comprendida entre los 5 y los 8 años se caracteriza por una mejoría en la solución de problemas que se desacelera entre los 9 y los 10 años, en cuanto a la velocidad en el progreso de esta actividad, y continúa disminuyendo hasta la edad de 16 años. Estas características podrían ser un indicador del cambio de estrategias cognoscitivas que el niño sufre antes de entrar en la adolescencia, el cual coincide con el uso de estrategias más conservadoras y menos arriesgadas (Rosselli, Jurado, & Matute, 2008).

Gradualmente, desde el nacimiento hasta la adolescencia, se observa un mejor desempeño en tareas de solución de problemas, progreso que se desacelera pero se mantiene durante la adolescencia. En la mayoría de los casos el desempeño en esta etapa del desarrollo es ya equivalente al del adulto. De Luca y colaboradores (2006, citado en Rosselli, Jurado, & Matute, 2008) refieren que la cúspide en las habilidades para solucionar problemas se logra, sin embargo, después de la adolescencia, entre los 20 y los 29 años.

Las pruebas que evalúan la planificación suelen requerir tareas en las que hay que llegar a una meta a partir de reglas que limitan los movimientos o pasos, sin un camino predeterminado, y que deben realizarse en un tiempo específico, como los laberintos y tests de torres (Torre de Hanoi o de Londres) (Injoque-Ricle & Burin, 2011). Específicamente, en la prueba de Torre de Londres (TOL), se encontró que la eficiencia en el desempeño aumenta con la edad, desde los 3 años de edad hasta los 12 ó 14 años, donde se asemeja al desempeño adulto.

Se ha propuesto que el desarrollo de la planificación estaría ligado al de la memoria de trabajo pues la misma es importante en la formulación, retención e implementación de los planes. En la Torre de Londres, es plausible que el armado, la mantención y la ejecución de un plan que implica múltiples etapas, involucre una alta demanda de recursos de la memoria de trabajo. Sin embargo, si bien el formato de presentación y de respuesta de TOL es viso-espacial, no es claro si el proceso de planificación implica cargas en los recursos de memoria de trabajo verbal y/o viso-espacial (Phillips, Wynn, Gilhooly, Della-Sala, & Logie, 1999).

Si bien el desempeño en pruebas de FE aumenta con la edad, las habilidades y procesos que se incluyen en este constructo tienen tiempos evolutivos diferentes. Esto explica la variabilidad en el desempeño de los individuos de una misma edad que existe entre las distintas pruebas que evalúan las FE (Bull et al., 2004; Soprano, 2003 citado en Injoque- Ricle, & Burin, 2008). A su vez, pone de manifiesto la necesidad de contar con pruebas específicas para cada FE, y adecuadas para cada período del desarrollo.

Es posible concluir entonces que el desarrollo de las funciones ejecutivas está estrechamente relacionado con la maduración del lóbulo frontal, en especial de la región prefrontal, la cual debido a su complejidad, tiene un desarrollo más lento y prolongado que otras áreas cerebrales. De esta forma, las funciones ejecutivas comienzan a desarrollarse durante la lactancia y continúan su maduración hasta finales de la segunda década de la vida, en la juventud, por lo que la adolescencia constituye una etapa realmente crítica en este proceso.

Si bien el proceso de evaluación de las funciones ejecutivas en general es muy complejo, actualmente, gracias a recientes estudios realizados en este campo, se dispone de instrumentos neuropsicológicos valiosos en este ámbito.

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