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LA MENTE NOS PUEDE ENFERMAR O SANAR Tenemos un cuerpo que podemos ver, tocar, oler y pesar, el cual es controlado por los

pensamientos, algo que nadie ha podido ver ni sentir, pero que ninguno ha negado su existencia. Desde que el hombre tuvo uso de razón, se dio cuenta que los pensamientos actúan sobre el cuerpo. El filósofo francés Renato Descartes dijo Pienso, luego existo. El poeta romano Juvenal escribió Mente sana en cuerpo sano, a principios del siglo II. Actúan de tal modo los pensamientos en el cuerpo de una persona, que le pueden cambiar hasta su rostro. Con solo verlo nos formamos la idea de que la persona es de mal carácter, un posible bandido o un ser benévolo.

La mente, considerada como el conjunto de pensamiento, inteligencia y memoria, es la parte operativa del órgano cerebral. Analiza las señales de los sentidos, controla los movimientos del cuerpo y regula las funciones del organismo. Puede combinar la capacidad de pensar, imaginar y recordar para crear películas y creer que fueron ciertas, y hasta nos puede hacer sentir síntomas de enfermedades inexistentes.

Si nuestros pensamientos están en equilibrio, el cuerpo hará lo mismo. Hay personas que cuidan mucho su alimentación, y aun así sufren un cáncer o alguna enfermedad degenerativa. ¿Qué les ha ocurrido? Pues que el miedo a enfermar (pensamiento de enfermedad), un rencor (pensamiento de no perdón) o pensamientos de escasez, con el tiempo se somatizan en el cuerpo produciendo esas enfermedades. Una vez que se sanan esos pensamientos, las nuevas células que el cuerpo genera diariamente pueden ocupar el orden orgánico que les corresponde y la enfermedad puede llegar a desaparecer del cuerpo.

Anita Moorjani, autora del libro Morir para ser yo, quien padeció durante 4 años de

cáncer linfático -uno de los más graves-, con tumores del tamaño de limones, fallo multi orgánico, pérdida de músculos y pulmones encharcados, narra cómo sanó al cambiar de modo de pensar.

Cómo nos pueden afectar los recuerdos

No son los recuerdos propiamente los que nos afectan. Lo que nos hace sentir bien o mal son las emociones que hemos vinculado a esos recuerdos. Los sentidos envían al cerebro a manera de impulsos eléctricos y señales bioquímicas la información que estamos recibiendo cuando vemos, tocamos y olemos. El cerebro genera una imagen del hecho

real que está aconteciendo y produce una respuesta específica para cada estímulo físico o psicológico que recibimos, aumentando el ritmo cardíaco, estimulando los

músculos de las piernas para que corramos, produciendo sudor o temblor. Si vemos, por ejemplo, que un familiar cercano fallece en un accidente, nos acongoja la tristeza, lloramos y hasta podemos desmayar.

Suponiendo que han pasado muchos años, y olemos o escuchamos algo que también nos marcó el día del accidente, el cerebro puede hacer una asociación inconsciente, trae de la memoria la imagen virtual y produce la misma respuesta, sin importar que haya pasado el tiempo: aumenta el ritmo cardíaco, estimula los músculos de las piernas, produce sudor o temblor. Los recuerdos hacen que el cerebro active el hipotálamo y la hipófisis para reproducir estados emocionales de alegría o tristeza. Cuando perdonamos algo no se borra del recuerdo, sino que se libera éste de la emoción que le hemos asociado, y de este modo nos deja de afectar.

Por simple sugestión hipnótica, la mente puede hacer que experimentemos la sensación de frío o calor, producir marcas, rasguños o ampollas en la piel sin haber tocado un objeto caliente o punzante, aliviar asmas, impotencia, dolores, fobias, neurosis, ansiedad, depresión, anorexia (negarse a comer por cuestiones psicológicas), insensibilizar partes del cuerpo para permitir operaciones quirúrgicas sin anestesia, y hasta controlar el sistema nervioso simpático para cerrar vasos sanguíneos y detener la salida de sangre por una herida.

Otros poderes de la mente

Algunos afirman que sólo utilizamos un X porcentaje de la mente, y ponen una cifra. Eso es falso, pues al no conocer la totalidad del potencial no podemos hablar de cuánto estamos usando. Lo que sí se ha visto, es que la mente también tiene otros poderes, como la

telepatía o transmisión del pensamiento a distancias inmensurables, lo que ha dado origen

a expresiones como ¡Qué casualidad!, estábamos hablando de ti... Hablando del Rey de Roma, y él que asoma, la psicoquinesia o capacidad para mover objetos sin tocarlos, la clarividencia o el don de percibir hechos que acontecieron o van a suceder, la levitación o

capacidad para suspender el cuerpo o un objeto cualquiera en el aire, por medio de lo que suponemos es una energía psíquica. Por ejemplo, el 30 de Marzo de 1997 vimos por la Radiotelevisión Española TVE a un niño de unos once años que, estando de pie y cerrando sus ojos, pudo elevar su cuerpo hasta un metro de altura, cosa que, según leyendas, Santa Teresa de Jesús también hacía cuando estaba en oración.

Además de flotar en el aire, la energía psíquica también permite caminar sobre el agua, como lo hizo Jesús hace dos mil años. La Cadena de Televisión CNN mostró en 1996 a un japonés caminando en el mar de un islote a otro, a unos cien metros de distancia. Se veía

que sus pies se hundían ligeramente en el agua, como si ésta fuese gelatina. En el caso de magos profesionales, esto lo hacen con truco, caminando sobre placas de plástico transparente que no son visibles a la cámara.

También hay quienes creen en los viajes astrales (ir en espíritu a otro lugar mientras el cuerpo duerme), y ha sido un hecho probado que ciertos sujetos en trance hipnótico pueden activar una especie de visión interior para «ver» los órganos del cuerpo y hasta diagnosticar enfermedades en otras personas. En este caso fue muy famoso el norteamericano Edgar

Cayce. Se puede buscar en Google, http://es.wikipedia.org/wiki/Edgar_Cayce.

Desde el punto de vista de la psicología tradicional, son inexplicables los casos de memoria extra cerebral, en los que el hipnotizado puede recordar supuestas vidas pasadas y hasta hablar un idioma que desconoce, fenómeno al que se llama xenoglosia. ¿Por qué sucede esto? Probablemente porque en estado de hipnosis nuestra mente actúa bajo parámetros diferentes de los que comúnmente entendemos como espacio/tiempo.

El cambio de rol con otra persona ausente (pensar, responder y actuar como el otro) es

sorprendente en hipnosis. Hemos recibido testimonios de algunos casos en los que se hizo terapia de perdón por este medio, y como resultado del supuesto diálogo entre el paciente y la persona ausente, hubo modificación positiva de conductas en los sujetos relacionados.

Así como un médico puede recetar placebos —píldoras sin valor terapéutico alguno—

para que un enfermo sane por sugestión, el hipnoterapeuta puede canalizar la ensoñación del paciente en la hipnosis para ayudarle a crear una fantasía acorde con lo que desea sanar, tal como liberar sentimientos de culpa o rencor y elaborar duelos por la pérdida de una relación o la muerte de un ser querido. En el caso de experiencias místicas, por ejemplo, como encuentros espirituales con parientes que han fallecido, sean reales o no, el paciente experimenta intensamente el gran poder que poseen, y su vida puede cambiar notoriamente.

Para comprobar el poder de la sugestión, los pensamientos y la imaginación, pide a un voluntario que cierre sus ojos y una con fuerza

los dedos índice y pulgar de una mano, de modo que formen un anillo como el de la figura. A continuación haz el intento de separárselos y observa cuánta fuerza necesitas para ello.

Ahora le sugieres al paciente que piense en algo positivo de su vida, en alguna ocasión en que se haya sentido muy bien, y repites el procedimiento anterior. Notarás que sus dedos se cierran ahora con más fuerza.

A continuación le pides que visualice algo traumático, que lo haya angustiado, e intenta separar los dedos. Se podrá apreciar un efecto contrario: se puede hacer más fácil que antes,

lo cual indica que los pensamientos negativos afectan de alguna manera el sistema nervioso motor, y pueden, incluso, afectar las defensas del organismo y hacerlo vulnerable a enfermedades psíquicas, físicas o psicosomáticas.

El experimento anterior también se puede hacer para apreciar cómo el campo energético del cuerpo percibe extrasensorialmente las sustancias nocivas y las sustancias benéficas para la salud. Si al mismo paciente del caso anterior se le hace

sentar en una silla, se le pide que cierre los ojos y trate de mantener su mente en blanco, y le arrimas algo nocivo a no más de unos diez centímetros de su cuerpo, tal como poner junto a sus pies una cajetilla con cigarrillos, notarás que se hace fácil abrir el anillo formado por los dedos. El caso contrario se produce con miel de abejas, por ejemplo. Ensaya con cosas y medicamentos diversos.