I.3 El Análisis Crítico del Discurso
I.3.8. La sintaxis, las figuras retóricas y la argumentación
I.3.8.1. Metáforas
72 Las metáforas afirma Prieto Castillo (1990) son una de las formas más empleadas en el lenguaje, debido a que así se pueden expresar elementos que mediante el lenguaje directo no tienen mayor sentido. Así se dice por ejemplo, “el silbido del viento”, “el rugir de la tormenta”, en general la metáfora sirve para embellecer la expresión, sin embargo, hay que distinguir entre la metáfora poética y la retórica. Mientras la primera adquiere un mayor grado de sofisticación y exige del lector un mayor esfuerzo para su comprensión la retórica tiene la función de manejar los procesos de comprensión del receptor e indirectamente de las estructuras de sus modelos mentales (Van Dijk, 1999, p. 340).
Spang por ejemplo dice que: “la metáfora no es un mero elemento decorativo, sino un
modelo de observación e interpretación de la realidad, no reproducen analogías con la realidad sino que las fundan.” (Escribano, 2001, p. 263). El uso de las metáforas es común
por ejemplo en algunos titulares: “Nueva oleada de atentados contra…”, o “Avalancha de críticas contra….”, o “Lo cruceño descalificado…..”, o “Rebelión en Santa Cruz”. Entonces, como afirma Mayoral citado por Escribano: “es fácil percibir en muchos de los
títulos de prensa “usos enaltecedores o degradantes de este tropo que reflejan la valoración implícita del periodista”. (2001, p. 264)
I.3.8.2. Generalización
Se refiere a la representación genérica de los actores, tiene la función de esconder (ocultar), relativizar o incluir a los actores específicos. En el primer caso, por ejemplo, cuando un titular dice: “Las tropas avanzan hacia la capital de Iraq”, ¿qué tropas?, ¿de dónde son?, estas generalizaciones son muy comunes en las noticias sobre los conflictos bélicos. O cuando se refiere a todo un conjunto de actores: “Los cruceños por la autonomía”, asumiendo que todos los que viven en Santa Cruz están a favor de la autonomía, así la acción atribuida a un colectivo de personas tiene más peso para el lector. O podría ser que el lector sea persuadido a formar parte de la acción.
I.3.8.3. Nominalizaciones
La nominalización es un procedimiento léxico-gramatical común en todo tipo de textos, consiste en trasformar verbos o adjetivos en sustantivos. Por ejemplo: “El maíz brota en
primavera”, se transforma en, “La brotación del maíz”. Los titulares de las noticias también
73 concentra en un verbo sin explicitar quién va patrullando, el papel de la policía queda así des-enfatizado.
Además, la nominalización permite condensar una gran cantidad de información en una sola cláusula nominal, lo cual muchas veces impide una buena comprensión de lo que se quiere decir, por ejemplo, en un texto académico donde aparece la expresión “visión darwiniana” se simplifica una buena dosis de explicación, requisito esencial para su mejor entendimiento y asimilación. Así los enunciados con una gran carga de contenidos implícitos puede ocultar ambigüedades (Halliday, 2001, p. 266).
Por último, existe una variedad amplia de figuras retóricas que se podrían explicar, pero, nos ceñimos a las más comunes en el género periodístico que estudiamos.
1.3.8.4. Argumentación
Todos los elementos anteriores se mezclan en las estructuras argumentativas. Al definir los editoriales en el punto 1.2.4., se decía que éstos contienen el núcleo ideológico del medio, y que sus argumentos sirven para legitimar su posición con relación a algún tema en particular. Y como interesa conocer qué tipo de argumentos se encuentran en los editoriales, entonces, ahora señalamos algunos de sus principios y características.
Una definición muy general contempla que la argumentación es una variedad discursiva con la cual se pretende defender una opinión y persuadir de ella a un receptor mediante pruebas y razonamientos. Además se relaciona con la lógica (leyes del razonamiento humano), la dialéctica (procedimientos que se ponen en juego para probar o refutar algo) y la retórica (uso de recursos lingüísticos con el fin de persuadir movilizando resortes no racionales, como son los afectos, las emociones, las sugestiones) (Enciclopedia, 1968). Desde la pragmática un texto argumentativo pretende influir en el lector para que modifique su pensamiento o actúe de un modo determinado, y apela subjetivamente desde su propia estructura. Así un texto argumentativo tiene dos elementos fundamentales: la tesis y el cuerpo de argumentos.
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“Según su capacidad de persuasión, la pertinencia, la validez, la fuerza argumentativa.
Según su función, argumentos de apoyo, concesiones, refutaciones, y contraargumentos.
Según su contenido, los diferentes valores en que se basa un argumento para establecer su fuerza argumentativa son muy variados.
Según su finalidad, racionales, lógicos (el silogismo, el ejemplo, el argumento de autoridad), analógicos (la comparación y la metáfora), afectivos” (Jakobson, 1984).
1.3.9. El ACD Ideológico
Finalmente como corolario de este capítulo nos referiremos al análisis crítico del discurso ideológico, para ello primero hay que definir ¿Qué es “ideológico” en el texto y en el habla?, y ¿en qué contexto se manifiesta?. Las primeras condiciones son contextuales: los usuarios del lenguaje deben hablar o escribir como miembros de grupos. Por ejemplo: “¡No
me gusta esta manzana!”, será en general menos ideológica que una que expresa opiniones
grupales, tal como “Estamos en contra de más legislación de derechos civiles”. Esto ocurre en general para todas las expresiones que utilizan pronombres que representan grupos sociales, típicamente, para los pronombres polarizados nosotros y ellos. De manera similar, las estructuras del discurso que exhiben o realizan metas e intereses grupales son más ideológicas que aquellas que se encuentran en metas o intereses puramente personales. “Deberíamos oponernos a toda forma de censura” es más ideológico que “Quiero ir a La Paz mañana”. (Van Dijk, 2000, p. 60)
Más aún, teniendo en cuenta la polarización ideológica que se expresa en los discursos que distinguen claramente las posiciones “nosotros y ellos”, podemos ver las expresiones discursivas de identidad, actividades, valores, posición y recursos grupales. Por lo que son cruciales, en este caso, las representaciones de la posición social, de los grupos internos y los grupos externos, y su asociación con lo que se define como bueno y malo. De esta forma, a través de las estructuras discursivas en todos los niveles, podemos esperar encontrar el énfasis en nuestras buenas cosas y en sus malas cosas, y recíprocamente, la negación o atenuación de nuestras malas cosas y de sus buenas cosas, este es el principio del “cuadrado ideológico”, descrito ya en el punto 1.3.4.2 cuando hablamos de las proposiciones. Entonces, en el cuadrado ideológico se expresa por un lado, una
75 autopresentación positiva y por el otro, una presentación negativa del otro. Los elementos que ayudan a encontrar las expresiones del cuadrado ideológico descritos por Van Dijk, son:
1. Selección del tema (¿qué hacen los unos? y ¿qué hacen los otros?) 2. Organización esquemática, el argumento general a favor y en contra.
3. Significados locales, coherencia, implicaciones, implicaturas y presuposiciones. 4. Lexicalización, que sugiere nuestras propiedades positivas y sus propiedades
negativas. 5. Estilo.
6. Mecanismos retóricos, tales como contrastes, metáforas, hipérbolas y eufemismos. 7. Extensión, podemos esperar que la información sea detallada, específica y destacada
cuando nos sirve a nosotros y muy general, imprecisa o de bajo nivel cuando no lo hace.
8. Orden, de las palabras u otros medios que hacen que la información sea más o menos prominente, y, por lo tanto, más o menos perceptible y memorable.
9. Argumentación, pueden ser específicos, pero presuponen premisas generales implícitas que se derivan de actitudes grupales.
En síntesis, si la meta implícita del texto o del habla es expresar y transmitir de un modo persuasivo las impresiones del grupo, podemos suponer en general que estas son ideológicas. (Van Dijk, 2000, p. 62)
Con estas premisas iniciamos entonces lo que será nuestra tarea al analizar los editoriales del diario El Deber sobre el tema de las autonomías en el 2006 y 2007 respectivamente, no sin antes pasar por la descripción del conflicto en el siguiente capítulo.
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