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Las ‘metalogías’ en la tradición hispana y el Nuevo Mundo.

Observación, empirismo y conocimiento minero en América.

El conocimiento minero-metalúrgico en la América española tuvo un desarrollo significativo gracias al papel que adquirió la explotación de metales preciosos en la economía trasatlántica del Imperio. Por un lado, la riqueza mineralógica del Nuevo Mundo era un atractivo enorme para muchos peninsulares que anhelaban hacer grandes fortunas. Por otro, durante el siglo XVI, la sociedad europea demandaba mayor cantidad de metales, en especial preciosos, con fines suntuarios y de prestigio social, pero también para la acumulación de capitales necesarios para el creciente comercio.181 Y precisamente gracias al interés de la Corona, el desarrollo de la minería en América estuvo enmarcado en las necesidades del creciente imperio, donde la observación empírica y los métodos artesanales adquirieron un papel predominante a la hora de entender la naturaleza mineralógica americana y administrar sus recursos. Pronto la Corona Española y los mercaderes establecieron mecanismos para controlar económica y políticamente los yacimientos recién descubiertos y promover su explotación. De este modo, el Nuevo Mundo se convirtió en un espacio de posibilidad para el desarrollo del conocimiento minero y técnicas de beneficio, pero de forma general para el despliegue de habilidades empíricas y la producción de conocimiento nuevo de diversa índole: historia natural, medicina, cartografía, minería, etc.182

Así, la explotación de yacimientos americanos generó una serie de conocimientos muy destacados en el ámbito minero, empezando por el método de patio creado en 1555

181Vid. Peter Bakewell, Minería y sociedad en el México colonial, Zacatecas 1546-1700 (México: Fondo de Cultura Económica, 1976), 11.

182 Juan Pimentel, “The Iberian Vision: Science and Empire in the Framework of the Universal Monarchy. 1500-1800”en Osiris. 2:15. Nature and Empire: Science and the Colonial Enterprise (2000):17-30.

102 por Bartolomé de Medina en Real del Monte, Pachuca.183 Dicho método, como lo expuso

Modesto Bargalló, uno de los principales historiadores de la minería en México, consistía en triturar las piedras con metal o menas hasta obtener una especie de harina, luego se colocaba en montones en el interior de patios al aire libre o techados donde se les agregaba agua, sal, magistral (mezcla de sulfatos de cobre y óxidos de hierro) y cal. Más tarde se añadía el azogue y se formaban ‘tortas’ que se revolvían de tanto en tanto, dependiendo de las características de las menas y que recibían el nombre de ‘repasos’. Finalmente, cuando el proceso de amalgamación estaba concluido se lavaban las ‘tortas’ y se separaban las amalgamas de plata-azogue para ser fundidas y separados los metales.184

Por obvias razones, y dada la diversidad de yacimientos plateros en el territorio, se generó una producción literaria sobre el beneficio de plata mediante azogue prácticamente desde la colonización española en el continente. Desde los primeros años de colonización en la Nueva España hubo diversas obras que tocaron el tema minero, aunque más que representar libros específicos de minería formaban parte de historias naturales, documentos administrativos, relaciones, etc. que se desplegaron por el interés de explicar la exuberante naturaleza americana. En el caso novohispano, el Dr. Juan de Cárdenas escribió algo sobre el proceso de amalgamación en su Primera parte de los problemas, y secretos maravillosos de las Indias;185 el Padre Acosta hizo lo propio en su Historia Natural y moral de las Indias (capítulo XII, libro IV);186 el obispo Alonso de la Mota y Escobar después de observar la actividad minera en Zacatecas expuso en 1602 algunos aspectos del beneficio, y así, otros más se interesaron por dejar registro de lo que se llevaba a cabo en la minas novohispanas.187 Por ejemplo, Fernández de Oviedo dejó registros de la minería en su

Historia Natural y General de las Indias (1535) y en el Virreinato del Perú, Jorge de

183 Vid. Bartolomé de Medina, “Códice Bartolomé de Medina” en Modesto Bargalló, La minería y la

metalurgia en la América española durante la época colonial (México: Fondo de Cultura Económica, 1955): 117-118.

184 Modesto Bargalló, La minería y la metalurgia en la América española durante la época colonial (México: Fondo de Cultura Económica, 1955), 130-135.

185Vid. Juan de Cárdenas, Primera parte de los problemas, y secretos maravillosos de las Indias escritas por

el Dr. Juan de Cárdenas, médico (México: Pedro Ocharte, 1591).

186Vid. Joseph de Acosta, Historia natural y moral de las Indias en que se tratan las cosas notables del cielo,

y elementos, metales, plantas y animales dellas; y ritos, y ceremonias, leyes y gobierno, y guerras de los Indios (Madrid: Casa de Alfonso Martín, 1608), Capítulo XII. Libro V.

103 Fonseca escribió la Relación sumaria de las minas de azogue que ay en estas provincias del Perú (1622).188 Tales referencias tempranas revelan el dinamismo que pronto tomó la

actividad minera en el continente aunque fue hasta el siglo XVII cuando apareció el primer tratado de metales escrito en América. En la región de Potosí, Virreinato del Perú, donde se dio la mayor explotación minera española durante el siglo XVI, un clérigo de nombre Álvaro Alonso Barba redactó un extenso tratado que fue punto de referencia para los mineros americanos de épocas posteriores.

Todos estos textos mostraban, al igual que los tratados artesanales europeos, la importancia de la experiencia en la adquisición de conocimiento sobre la naturaleza además de otras características particulares que veremos más adelante. Empero, nos gustaría insistir en el papel que tuvo toda la producción impresa vinculada a la generación y difusión de conocimiento nuevo. Recordemos que para Occidente el Nuevo Mundo representaba una gran novedad, en todo sentido, motivo por el cual la generación de conocimiento era permanente y los libros impresos contribuían a su registro, difusión y resguardo para públicos y fines diversos. En general, los libros establecieron una red permanente de intercambio de conocimientos en ambos lados del Atlántico, pero además contribuyeron a utilizar los textos como estabilizadores de conocimiento y medios de difusión en lugares y públicos poco accesibles en siglos pasados.189 Gracias a la multiplicación de los textos, los libros dejaron de ser un objeto precioso que debía consultarse en recintos específicos como bibliotecas. Ahora los lectores podían llevarlos consigo y de transportarlos fácilmente, a fin de consultarlos o leerlos donde fuera y a cualquier hora.190 Esta movilidad de los textos

también agilizó la circulación de conocimientos y para el caso de América suscitaron un fenómeno muy importante de retroalimentación entre el conocimiento proveniente de Europa ya fuera libresco o artesanal y los conocimientos ancestrales de los pueblos originarios del continente que convergieron en muchos textos como podremos observar en las propias metalogías americanas.

188 Ibid., 78.

189 Adrian, Johns. The Nature of the Book. Print and Knowledge in the Making. (London: the University of Chicago Press, 1998), 11.

190 Lucien Febvre y Henri-Jean Martin, La aparición del libro (México: Unión Tipográfica Editorial Hispano Americana, 1962),89.

104 Entonces ¿qué significó el descubrimiento de los yacimientos americanos en el emergente discurso de la nueva filosofía natural y por qué desembocó en una tradición de conocimiento tan importante? Como señaló Antonio Barrera-Osorio en su libro Experiencing Nature: The Spanish American Empire and the Early Scientific Revolution, el Nuevo Mundo fue un elemento clave para el desarrollo de la ciencia moderna, sobre todo en lo que confiere a la observación empírica y su relación con los intereses prácticos. La necesidad de conocer el emergente imperio estuvo ligada a su compleja administración y buen gobierno, y así quedó demostrado con la creación de la Casa de Contratación de Sevilla en 1503 como órgano gubernamental y administrativo que tuvo como propósito regular las prácticas llevadas a cabo para y por la Corona en el Nuevo Mundo.191

La observación intensiva de la naturaleza que se llevó a cabo en todo el territorio americano fue un factor significativo en la transformación metodológica y teórica que habían iniciado los intelectuales agremiados renacentistas, como advertimos en apartados anteriores. De hecho, como Barrera-Osorio sugiere, la observación empírica en América contribuyó considerablemente a la ruptura de la interpretación clásica del conocimiento y generó una serie de prácticas de observación y experimentación sobre la naturaleza muy significativas que desembocaron en la institucionalización de ciertos campos de estudio ligados a industrias específicas como la minería.192 Los emergentes grupos sociales de las colonias americanas como artesanos, burócratas, clérigos, militares, etc. generaban conocimiento muy diverso sobre la naturaleza, algunas veces con fines lucrativos, otras con fines administrativos y otras con fines intelectuales, pero muchos tenían en común el reforzamiento de la perspectiva experimentalista.193

Ahora bien, también hubo hombres de letras que generaron conocimiento a partir de la combinación de su conocimiento libresco y práctica local, como ocurrió con el propio Alonso Barba mencionado arriba. Y es que no era sencillo trasladar todo el conocimiento

191 Antonio Barrera Osorio, Experiencing Nature. The Spanish American Empire and the Early Scientific

Revolution (Austin: University of Texas Press, 2006), 14-15. 192Ibid., 5.

193Vid. Mauricio Nieto Olarte, Remedios para el Imperio: historia natural y la apropiación del nuevo mundo (Bogotá: Instituto Colombiano de Antropología e Historia, 2000). Y del mismo autor el capítulo “La comprensión del Nuevo Mundo: Geografía e Historia Natural en el siglo XV” en Diana Bonnett y Felipe Castañeda, eds., El nuevo mundo: Problemas y Debates (Bogotá: Universidad de los Andes, 2004): 1-21.

105 generado cotidianamente en la mina al papel, sobre todo después de la colonización de América y el descubrimiento de yacimientos importantes en el norte de la Nueva España y en la región andina que generaron variedad de técnicas para explotar adecuadamente los minerales de cada territorio. Así pues, en este capítulo nos interesa mostrar dos procesos paralelos, pero estrechamente relacionados. En primer lugar, exponer rupturas y continuidades entre los textos mineros americanos y la tradición de libros de secretos y metalogías europeas. En segundo lugar, enfatizar el papel que tuvieron los tratados del nuevo mundo en la consolidación de un género metalógico local. Para ello, señalaremos algunos aspectos de los contextos de aparición de las obras, dado que la presencia de la política imperial y la propia constitución socio-cultural de las colonias españolas sumaron rasgos particulares a los textos. Entonces intentaremos responder ¿en qué círculos intelectuales y políticos fueron escritos estos textos? ¿Qué relación se estableció entre el conocimiento libresco occidental y la experiencia local? ¿Se desarrolló algún estilo específico en las metalogías americanas?

Álvaro Alonso Barba y su Arte de los metales (1637).

Aunque sabemos poco de la vida de Álvaro Alonso Barba, en especial antes de su llegada a América, se esboza un perfil interesante como hombre letrado inmerso en la estructura minera virreinal. Barba fue un hombre de mucha experiencia en el beneficio de los metales de la región andina, de donde se inspiró para escribir su obra mientras fungía como párroco de Potosí entre 1635 y 1637. Barba nació en uno de los primeros días de noviembre de 1569 en la Villa de Lepe (Huelva, España). De acuerdo con José María Barnadas, Alonso Barba estuvo “matriculado en un primer curso de Artes en el Colegio Mayor de Santa María de Jesús en Sevilla, para el curso 1585-1586. De los documentos de su Memorial de 1662, se deduce que viajó a las Indias en 1606, y además sabemos que era Licenciado (en Teología) como aparece en la portada de su Arte de los Metales.194 Murió en Triana, Sevilla

194 Álvaro Alonso Barba, Arte de los Metales en el que se enseña el verdadero beneficio de los de oro y plata

por Azogue: el modo de fundirlos todos, y como se han de refinar y apartar unos de otros (Madrid: Imprenta del Reino, 1640). Los estudiosos de Alonso Barba señalan que su Arte fue redactacto entre 1635-1637, aunque la primera edición data de 1540 en Madrid.

106 el 25 de octubre de 1662.195 Como es sabido, su obra ha sido ampliamente reconocida en la

historiografía de las ciencias por la descripción de la técnica de purificación que desarrolló en las minas potosinas conocida como el ‘método de cazo y cocimiento’ que, de igual manera que el método de patio empleaba azogue, pero en aquel se añadía calor para acelerar el proceso de amalgamación. Asimismo, el tratado de Barba tiene un lugar preponderante en la literatura minera virreinal por la cantidad de información técnica que ofrece sobre el laboreo de minas y beneficio de aquella región. Sin embargo, pocos estudios han destacado otros aspectos interesantes del Arte de los Metales que sugieren lecturas distintas, como su contenido teórico y alquímico que mucho se ha señalado pero pocas se ha analizado a profundidad.196

Como lo afirma Manuel Castillo Martos, historiador de las técnicas y la cultura minera en el Imperio Español, muchas ciudades españolas como Sevilla, donde Barba estudió, constituían puntos de enclave y de tránsito de personas, mercancías y conocimientos entre los dos mundos, siendo terreno fértil para el intercambio de ideas y la generación de conocimiento productivo.197 Además, las universidades ibéricas vivían un momento próspero, donde el humanismo tenía un papel importante en la formación de los estudiantes. Todo este bagaje tuvo reflejo en el pensamiento de Barba, como se muestra en muchos pasajes de su Arte de los metales. La reflexión que el autor llevó a cabo sobre el origen de los metales y su tratamiento técnico estaba anclado en la tradición del conocimiento de los artesanos letrados renacentistas, pero está robustamente enriquecida con la experiencia minera americana que le dieron un matiz muy peculiar a su trabajo.

Aunque desconocemos los motivos por los que Barba se interesó en la minería, es factible pensar que, una vez hecho el viaje a la zona minera más productiva del mundo en ese momento, siguiera su formación humanista e investigara las características de los yacimientos y metales, estudiara sus métodos de beneficio y finalmente los pusiera en

195 Josep M. Barnadas, “Álvaro Alonso Barba (1559-1662): Investigaciones sobre su vida y obra”. Isis, 79:4 (Diciembre, 1988): 730-731.

196 A este respecto vale la pena destacar el trabajo de Carmen Salazar-Soler sobre las ideas de Barba y Monsalve respecto a la metalogénesis donde se muestra un desarrollo profundo de conceptos alquímicos. Vid.

Carmen Salazar-Soler, “La Alquimia y los sacerdotes mineros en el virreinato del Perú en el siglo XVII” en el

Boletín de Instituto Francés de Estudios Andinos, 30:3 (2001): 475-499.

197 Manuel Castillo Martos, Bartolomé de Medina y el siglo XVI: un sevillano lleva la revolución tecnológica

107 práctica pues, en última instancia, era el propósito principal del conocimiento minero. Sabemos que Barba era gran observador y estaba interesado por las actividades laborales de las comunidades que asistía, además de ser lector de obras alquímicas, de textos medievales que tuvieran alguna información sobre metales así como de trabajos de otros metalúrgicos americanos como Bartolomé de Medina y Acosta. Finalmente, su obra Arte de los Metales se escribió por iniciativa y en cumplimiento de los deseos de Juan de Lizarazu, presidente de la Audiencia de La Plata, que tenía a Barba en gran estima aunque el libro se publicó por primera vez en Madrid.198 En la dedicatoria del libro a Juan de Lizarazu, fechada el 15 de febrero de 1637 Barba expresa:

…no dudo que serán de provecho las advertencias que en él publico, y por lo menos siendo el primero que escribo en materias tan importantes, demás del ejemplo que doy para que se animen otros que alcancen más, pongo cimientos que levanten más aventajados discursos. Aunque propuse al principio tratar solamente del beneficio del [con] azogue juzgué después por necesario el no dejar lo que toca a la fundición, y por conveniente el zanjar los fundamentos del Arte de los Metales, con dar alguna noticia de las cosas minerales que con ellos se crían, para que de todo lo tenga Su Señoría, y los que por su mano participaran el fruto de este trabajo. [1ª ed.]199

Hay varios aspectos que debemos señalar de la cita anterior que reflejan en buena medida los propósitos planteados por el autor del Arte de los Metales. En primer lugar, Barba consideró su obra una base para la escritura de futuros libros sobre materia metálica, que serían de gran ayuda para los agremiados americanos e interesados en el tema. En segundo lugar, Barba reveló el alcance de su obra, que fue de la escritura sobre el beneficio de plata por azogue como objetivo primero, hacia la descripción de otros métodos de purificación y la metalogénesis, que consideró importante ‘dar noticia’ de estos conocimientos. Ambos propósitos estaban estrechamente relacionados con la importancia que estaba adquiriendo la creciente tradición impresa en la difusión del conocimiento

198 Modesto Bargalló. Op cit., 30.

199 Citado por Modesto Bargalló. La amalgamación de los minerales de Plata en Hispanoamérica Colonial (México: Compañía Fundidora de Fierro y Acero de Monterrey, 1969), 302.

108 experimental, gremial.200 Si bien Barba no habla de su obra como un fundamento para el

campo minero, sí reconoce la importancia del registro de su experiencia para trabajos venideros y la posibilidad de difundir su conocimiento mediante la escritura de libros. Esta visualización, que ya aparece desde la obra de Agrícola, fue muy significativa en la construcción de una visión diferente del conocimiento minero que basaba parte de su legitimidad en la propia escritura de textos.

Pero veamos con mayor detalle la composición del Arte de los Metales para advertir algunas características que asumieron las metalogías americanas. La obra consta de cinco libros. En el primero Barba expone sus ideas teóricas sobre los minerales, sus cualidades y origen; además, señala la preparación de algunos productos y contiene amplias referencias de los yacimientos minerales bolivianos, así como indicaciones prácticas para su explotación. Del mismo modo, dedica algunos capítulos a dar consejos sobre la búsqueda, disposición y características de las vetas. El libro II, trata del “Modo común de beneficiar los [metales] de plata por azogue, con nuevas advertencias para ello” donde destaca la importancia del conocimiento sobre los minerales en el ejercicio del ensayista, dejando vislumbrar la disputa creciente entre mineros practicantes y mineros letrados que contendían por determinar su supremacía en este campo del saber.

El libro III “Se trata del beneficio de los (metales) de oro, plata y cobre por cocimiento” y está compuesto por dieciséis capítulos donde Barba describe el ‘método de cazo y cocimiento’ creado por él mismo y que le ha dado un lugar relevante dentro de la historiografía minera iberoamericana, retomado por muchos mineros e intelectuales posteriores de esta región como el Barón de Born y Humboldt más de un siglo después en sus pesquisas sobre la producción argentífera de la colonia. El libro IV versa sobre el “Beneficio de todos (los metales) por fundición”. Consta de veintidós capítulos que tratan de los diferentes tipos de hornos y de los materiales para su construcción. Describe hornos de harinas y de piedras, hornos donde se fundía con leña o con carbón y hornos elaborados para apartar y refinar metales. Además, Barba refiere los utensilios del fundidor y la preparación de los minerales. Más adelante, señala las pruebas de purificación en muestras

200Vid. William Eamon, Science and the Secrets of Nature. Books of Secrets in Medieval and Early Modern

109 minerales (ensayes) por fuego y diferentes tipos de fundición, como en hornos de reverbero; fundición de ‘soroches’ (galena); fundición de mineral de hierro y beneficio del cinabrio. Al describir los hornos, Barba incluyó referencias sobre su práctica en las fundiciones donde residió.

El libro V consta de catorce capítulos dedicados a la refinación de los metales y su

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