Xavier Alexo de Orrio: Entre la tradición y la renovación imperial.
Xavier Alejo de Orrio nació el 23 de abril de 1715, en Pamplona, España,34 precisamente al inicio del periodo de transición ideológica que vivirían España y sus colonias. Tan sólo habían transcurrido quince años del cambio de dinastía que pasó de la casa de los Habsburgo a una de ascendencia francesa que sería reconocida en el futuro por su impulso renovador: la casa Borbón. Sin duda, un periodo de coyuntura intelectual y política promovido en buena medida por las filosofías ilustrada y liberal que fueron plataforma de cambios profundos para las colonias iberoamericanas y que explica, por lo menos en parte, la creación de un libro del talante de la Metalogía. Así lo descubriremos a través de las siguientes páginas que versarán sobre el contexto inmediato de aparición de este complejo texto.
¿Cuál fue la primera tarea que se puso el primer Rey Borbón, Felipe V quien reinó de 1700 a 1746 y dio identidad a la política imperial del siglo XVIII? La centralización del Estado, tal y como lo había hecho su abuelo Luis XIV en Francia, fue quizás su principal meta, aunque no llegó a cumplirla totalmente. El intento por centralizar y unificar la administración, así como consolidar el Estado español, aún con las dificultades que suponían los distintos reinos y virreinatos, creó condiciones diferentes para gobernar y conducir el imperio; más aún, se generó una idea diferente de la propia constitución del imperio, su propósito y herramientas para llegar a modernizarlo inspirados directamente en la filosofía ilustrada. No fue casual que Felipe V se propusiera la reorganización de tres importantes ámbitos imperiales, la Hacienda, el Ejército y la Armada con el propósito de conseguir una explotación racional de las Indias y afrontar de manera eficaz las rivalidades coloniales y marítimas que tenía con otros países como Inglaterra. La transformación social
34 José Gutiérrez Casillas y Francisco Zambrano. Diccionario Bio-bibliográfico de la Compañía de Jesús en
31 y económica que se dio a raíz del paulatino avance de la nueva administración terminó en un cambio profundo de la estructura tradicional de las colonias: división política, comercio interior y exterior, creación de nuevas instituciones, etc., y cuya culminación quizás fue el proceso de independencia en los albores del XIX.35
Sin duda, otro ámbito que también experimentó cambios importantes de renovación y cuyo caso es el que aquí nos ocupa fue el de la enseñanza, primero visible en la península y luego en las colonias con un impacto profundo en la nueva generación de intelectuales a la que perteneció Alexo de Orrio. La proliferación de colegios, seminarios y sociedades reales tuvo como propósito preparar a las elites gobernantes, al mismo tiempo que producían conocimiento necesario para la administración del enorme imperio. La anhelada centralización que se planteó la dinastía borbónica precisaba de una burocracia competente, además de un cuerpo de sabios e intelectuales que contribuyeran a la explotación racional de las Indias.36 A este momento pertenece la formación y el trabajo de Alexo de Orrio, un momento en el que la generación de conocimiento alcanzó un lugar central en el proceso de modernización del imperio, sobre todo en aquellas áreas que trajeran beneficios directos a la Corona, como la cartografía, la ingeniería o la minería.
El pensamiento ilustrado, a través del ejercicio de la crítica, del ordenamiento y de la difusión del conocimiento, empezó a propagarse dentro y fuera de los colegios, y de los claustros.37 Al interior de los colegios, se expandió una actitud de cuestionamiento sobre el
conocimiento establecido y se le dio mayor importancia al conocimiento basado en la experiencia constatada, lo que dio paso a nuevos temas de estudio que proliferaron hasta el final de la centuria. La búsqueda de conocimiento práctico y la generación de nuevos esquemas explicativos de la realidad natural y humana se vieron expresadas en la cantidad de proyectos científicos que se impulsaron durante ese periodo, así como en el crecimiento de una literatura científica con contenidos muy diversos.
35 Vid. José Francisco Román Gutiérrez. Las reformas borbónicas y en nuevo orden colonial (México: Instituto Nacional de Antropología e Historia, 1998) 112 p. y Clara García Ayluardo, Coordinadora, Las reformas borbónicas, 1750- 1808 (México: Fondo de Cultura Económica, 2010), 360 p.
36 Antonio Lafuente, “Institucionalización metropolitana de la ciencia española en el siglo XVIII” en Antonio Lafuente y José Sala Catalá, editores, Ciencia colonial en América (Madrid: Alianza Editorial, 1992), 92-93. 37 Alberto Sarmiento y María Pardo, “Introducción” en Elías Trabulse, Historia de la Ciencia en México.
Estudios y Textos. Siglo XVII, Volumen III (México: Fondo de Cultura Económica-Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología, 1985), 11.
32 Los jesuitas, orden a la que perteneció Alexo de Orrio, generaron un circuito extendido de cartas, viajes y rotación de funciones que favorecía la investigación internacional, el intercambio de información y resultados y el trabajo en equipo. Esto dio origen desde antes del XVIII a un intercambio constante de datos y objetos que vinculaban los laboratorios de investigación con las pesquisas más avanzadas.38 Todos estos cambios paulatinos que se dieron en los ámbitos administrativo y educativo dentro de los dominios españoles tuvieron objetivos muy precisos: reconstruir el imperio en todos los sentidos posibles de la palabra. La tarea no era sencilla y el tránsito implicó más de una vez la confrontación entre viejos y nuevos estilos de pensamiento y estudio, aunque la emergente retórica racionalista y científica terminó por imponerse en sectores estratégicos de la sociedad hispana y trasatlántica. Fue en este momento de transformación imperial y educativa que Xavier Alexo de Orrio se afilió al noviciado jesuita en 1735.39
Xavier Alexo de Orrio y su educación jesuita.
A la edad de veinte años, y en medio del intenso cambio que experimentaba el imperio español, particularmente en el campo de la enseñanza, Alexo de Orrio ingresó al Colegio de la Compañía de Jesús, una de las órdenes religiosas tan importante como polémica en la historia del mundo católico durante la modernidad temprana y cuyas características vale la pena esbozar. La Compañía de Jesús tuvo dos fundamentos desde su creación: fidelidad al papado y vocación enseñante.40 San Ignacio de Loyola (1491-1556), su fundador, inició el
proyecto sin la intención específica de crear una orden, más bien estaba interesado en
38 Alfonso Alfaro, “La retórica de la experiencia” en Artes de México. Los jesuitas y la ciencia. Los límites de
la razón, No. 82. (2005): 59.
39 José Gutiérrez Casillas y Francisco y Zambrano. Op cit., 234.
40 “Los profesos son todos sacerdotes, que hacen, aparte de los tres votos solemnes de religión habituales, un cuarto, de especial obediencia al papa en asuntos de misiones, comprometiéndose a ir dondequiera que sean enviados, sin solicitar siquiera dinero para el viaje. También hacen ciertos votos adicionales, pero no esenciales, en cuestión de pobreza, y rechazo de honores externos. Los profesos de los cuatro votos constituyen el núcleo de la Compañía; los demás grados se consideran preparatorios, o subsidiarios de éste. Los cargos principales sólo pueden ser ocupados por los profesos; y aunque puedan ser expulsados, deben ser recibidos de vuelta, si quieren cumplir las condiciones que se les puedan prescribir. Por lo demás no disfrutan privilegios, y muchos puestos de importancia tales como el gobierno de colegios, pueden ser ocupados por miembros de los demás grados. Por razones especiales algunos son ocasionalmente profesos de tres votos y tienen ciertos, pero no todos los privilegios de los demás profesos.” Vid. Enciclopedia Católica: http://ec.aciprensa.com/c/companiajesus.htm (acceso, septiembre 5, 2012).
33 reformular la vida monástica, fortaleciendo la disciplina y la vocación de servicio mediante los Ejercicios espirituales que constituían un método casi ascético de reflexión y autoconocimiento y que la orden tomó como principio rector. En realidad, la actitud de Ignacio de Loyola formó parte de la reforma de las órdenes religiosas que buscaban regresar a la visión que tuvieron en su origen: una vida de austeridad y espiritualidad. Tras ver frustrado su objetivo de llegar a Jerusalén, Loyola se dirigió a Roma, junto con Pedro Fabro y Francisco Javier, también fundadores de la orden, donde el Papa Pablo III los recibió y los reconoció como una nueva orden (1529). Este hecho hizo que la Compañía estuviera vinculada a la figura del Papa con un voto especial de fidelidad, de ‘amor y servicio’. Así pues, todas las misiones emprendidas por esta orden tuvieron como propósito llevar la fe católica y el adoctrinamiento, fundando misiones y cumpliendo estrictamente los designios del pontífice, aspecto que más de una vez les trajo problemas.41
La segunda característica de la Compañía emanó directamente de sus constituciones. De acuerdo con el documento fundacional de la Orden (1540) surgió con el propósito de “la salvación y perfección de los prójimos”, es decir, que todos sus integrantes estarían consagrados a la perfección evangélica.42 Este ideal tuvo diversas interpretaciones, pero todas se relacionaron con la vocación educativa, que ha caracterizado a la Orden desde su fundación. La “perfección de los prójimos” está encaminada al cultivo espiritual del alma mediante el conocimiento cuyo origen se encuentra en la tradición humanista del Renacimiento a la que pertenecieron sus fundadores. Éste último, desde la perspectiva de los jesuitas, era todo aquello que permitía el acercamiento con Dios al perfeccionar el espíritu y por eso, era además, un método de salvación, también conocido como un ‘deber de inteligencia’. Impuesta dicha tarea como principio rector, la Compañía de Jesús desarrolló un profundo interés por la cultura erudita y una orientación hacia el estudio del mundo físico a través del cultivo de las ciencias ‘mixtas’ o artes útiles que desembocó en un nuevo modelo de física matemática y de ciencia experimental.43 Por otra parte, la orden
41 Luce Giard, “La actividad científica en la primera Compañía” en Artes de México. Los jesuitas y la ciencia.
Los límites de la razón, No. 82. (2005): 14.
42 Muchos religiosos se distinguieron como educadores antes de los Jesuitas; pero la Compañía fue la primera orden que impuso por sus propias Constituciones devoción a la causa de la educación. Fue, en este sentido, la primera “orden enseñante”. Vid.Enciclopedia Católica, Op cit.
34 se convirtió en un instrumento poderoso para evitar la expansión del protestantismo tanto en Europa como en América estableciendo misiones y colegios, así como un escudo defensor del credo católico a nivel teológico. Gracias a ello, la orden pronto adquirió una posición de vanguardia en las redes de conocimiento europeas y americanas.
Tanto la fidelidad al papado como su vocación educativa dieron a la Compañía de Jesús una posición destacada en cada territorio donde se asentaron. En América, la labor pedagógica de sus colegios fue siempre reconocida, descollando precisamente en lo que respecta al conocimiento sobre la naturaleza y las artes útiles. En la época de los Habsburgo, el vínculo que mantuvieron la Corona y la Iglesia a través de su singular política de Estado católico, favoreció el establecimiento de numerosas misiones y colegios jesuitas que llegaron a tener trascendencia imperial. Las concesiones que los Reyes Católicos hicieron a la Iglesia tuvieron un papel estratégico en la constitución del imperio, en la dominación de los territorios y su gente, de ahí su preeminencia en muchos ámbitos de la vida virreinal. Sin embargo, con los Borbones la relación fue claramente distinta, marcada por constantes fluctuaciones, a veces como aliados, a veces como contrarios, que terminó por abrir un distanciamiento entre la Corona y la Compañía que culminó con la expulsión de la orden de los territorios hispánicos en 1767.
Pero además, la relación entre los jesuitas y los Borbones no era fácil cuando se trataba de generar conocimiento, pues si bien era un aspecto que tenían en común, el conocimiento en manos de los religiosos minaba el poder imperial que los reyes pretendían fortalecer a toda costa; a más de que los fines podían o no ser los mismos. A pesar de ello, la Corona dispuso de muchos de sus servicios a través de proyectos cartográficos, censos, montaje e instalación de observatorios, investigaciones herbolarias, elaboración de instrumentos, entre otros, porque era parte de los principios de la orden y disponían de amplios recursos para llevarlos a cabo. De este modo, es factible decir que la política Real hacia la Compañía en el siglo XVIII y antes de la expulsión fue en muchos aspectos contradictoria, o por lo menos así los muestra la historiografía contemporánea que expone los intentos por limitar el crecimiento de la orden al mismo tiempo que su contribución económica y cultural exhibía un extraordinario despunte. Por un lado, prácticamente desde el arribo de los Borbones a España se mostraron medidas para disminuir su indudable
35 poder. Por ejemplo, en 1717, se prohibió la instauración de nuevos conventos en determinadas áreas de América; en 1734, se indicó no admitir más novicios a la orden durante un periodo de diez años en determinadas regiones; en 1754 se les impidió la participación de la redacción de testamentos similares y; finalmente, en el 67, la expulsión de la Compañía de los dominios españoles.44 No obstante, y a pesar de esto, la Corona recurría constantemente a la orden para promover los proyectos científicos más ambiciosos que demandaban los territorios trasatlánticos.
En 1735, cuando el joven Orrio ingresó al noviciado de la Compañía de Jesús, se vivía un buen momento dentro de la orden. En el aspecto académico, el estudio de las teorías en Filosofía y Filosofía Natural modernas comenzaba a ganar terreno aunque sólo fuera con el objetivo de criticarlas y, en el aspecto económico, pese a la nueva actitud de la Corona los jesuitas seguían incrementando sus bienes materiales en el interior del imperio. La formación elemental del padre Orrio como miembro de la Compañía duró un par de años, como lo establecía el reglamento de la orden45 y pronto llegó a la Nueva España, en 1736, tan solo un año después de haber ingresado a la Compañía, en la misión que trajeron los Padres Juan Guendulain y Andrés Javier García, en un acto frecuente de traer novicios para que terminaran sus estudios en tierras americanas46. Ahora bien, ¿qué características tenía la formación jesuita en la época? ¿Cómo eran los estudios que debían concluir? ¿En qué consistían? Durante este periodo de dos años, los estudiantes recibían una formación básica en la vida eclesiástica y conocimientos sobre el evangelio. Asimismo, los novicios eran adiestrados con base en la rigurosa lectura de los Ejercicios Espirituales que hemos mencionado y la Ratio Studiorum (1590) que era el documento base de toda la educación jesuita y que sujetaba a los estudiantes a los principios de la orden y a sus Constituciones,
44 Emilia Recéndez Guerrero, Zacatecas: la expulsión de la Compañía de Jesús (y sus consecuencias) (México: Universidad Autónoma de Zacatecas- Instituto Zacatecano de Cultura, 2000), 52.
45 “Al finalizar dos años, los novicios hacen votos simples, y, si son aspirantes al sacerdocio, se convierten en
escolásticos formados; permanecen en este grado por regla general de dos a quince años, en cuyo tiempo habrán de completar todos sus estudios, pasar (generalmente) un cierto periodo enseñando, recibir el sacerdocio, pasar por un tercer año de noviciado o prueba (tercera probación). Según el grado de disciplina y virtud, y los talentos que desplieguen (estos últimos normalmente probados por el examen para el grado de Doctor en Teología) pueden entonces convertirse en coadjutores formados o miembros profesos de la orden.”
Vid.Enciclopedia Católica, Op cit.
36 como lo señala Emilia Recendez Guerrero quien por varios años ha historiado el desarrollo de la Compañía, particularmente en Zacatecas.47
Aparte de la formación intelectual que incluía estudios de teología y filosofía, los estudiantes debían cumplir dos o tres años de docencia en algún Colegio, o bien, en algún otro ámbito acorde con el espíritu de la Orden, como el trabajo parroquial, a fin de continuar con su preparación espiritual y académica. Estas actividades constituían una especie de prácticas apostólicas también conocidas como magisterio. En el caso de Alexo de Orrio inició su magisterio en el Colegio Máximo de México como teólogo de 2º año, hacia 1744, a los veintinueve años de edad.48
Este colegio en específico constituía una especie de universidad donde se formaban tanto los propios miembros de la Compañía de Jesús como los jóvenes pertenecientes a las clases pudientes de la Nueva España. Se trataba de un espacio donde estaban mezclados los intereses de la oligarquía dominante y el conocimiento erudito de la época. Desde el punto de vista administrativo, su importancia llegó a ser tal, que desempeñó el papel de casa matriz de todos los demás colegios que fundaron los jesuitas en Nueva España, también conocido como Colegio de México; algunos centros de estudio que estaban bajo su supervisión fueron la Residencia de Tepotzotlán, los Seminarios Mayor y Menor de San Ildefonso en México, y los Seminarios de Puebla, Guadalajara, Zacatecas, Guatemala y Mérida.49 Sin duda, como institución educativa, la orden tuvo gran éxito y un papel notable
en el ámbito intelectual de la época, propiciado también por el auge económico de la
47 Recéndez Guerrero, Op cit., 26.
48 José Gutiérrez Casillas y Francisco y Zambrano. Op cit., 234.
49 “El 18 de octubre de 1574, ante la presencia del virrey, la Audiencia y los Cabildos, se inauguraron las cátedras de gramática latina y retórica, iniciándose con ellos los primeros estudios de lo que más tarde sería el Colegio Máximo de San Pedro y San Pablo, que no debe confundirse, con el Colegio de San Pedro y San Pablo […]El Colegio de San Pedro y San Pablo, sin el apelativo de ‘Máximo’ […] sólo fue un colegio de convictores como lo fueron San Bernardo y San Miguel, o el mismo San Ildefonso, donde se proporcionaba a los colegiales, alojamiento, alimentación y un ambiente propicio para que se dedicaran de lleno a los estudios que recibían en el mismo establecimiento, así como los que salían a cursar en las Aulas de la universidad o en el propio Colegio Máximo.” Vid. Ivonne Mijares, La administración del Colegio de San Pedro y San Pablo (1583-1584) (México: Universidad Nacional Autónoma de México-Centro de Estudios sobre la Universidad) Citado en Rafael R. Fierro Gossman, Templo del Colegio Máximo de San Pedro y San Pablo. Museo de la Luz. 400 años de historia (México: Universidad Nacional Autónoma de México-Dirección General de Divulgación de la Ciencia, 2003).
37 Compañía de Jesús.50 Para muchos, los conocimientos que ahí se enseñaban eran la
vanguardia novohispana.
Para el 18 de septiembre de 1745 Alexo de Orrio fue ordenado Sacerdote51 y tiempo después se hallaba en el seminario de San Ignacio de Puebla, como maestro de convictores.52 Para ese momento el seminario disfrutaba de una excelente reputación, siendo generador de grandes representantes de la Compañía como el padre Francisco Javier Alegre. La formación intelectual que se les daba a los estudiantes del seminario se basaba en conocimiento sobre la cultura clásica, teología, matemáticas, filosofía medieval y moderna. Desconocemos a ciencia cierta las actividades que el padre Orrio realizó en este espacio académico fuera de lo que declara el catálogo de la Compañía, sin embargo, el interés por avanzar en los escaños de la jerarquía jesuítica fue más que obvio, y se expresó mejor en sus actividades realizadas en la ciudad de Zacatecas, cuando tuvo la oportunidad de mostrar todas sus habilidades.