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La metodología de la moral social en el Concilio Vaticano II

Teniendo en cuenta que el Concilio aportó a todas las dimensiones de la Iglesia y del mundo, se reconoce también un gran aporte de este acontecimiento eclesial a la teología moral social, “además del texto Optatam Totius n.16 el concilio repercute en la Teología Moral y en la Teología Moral Social a través del clima global que generó en la Iglesia y en la Teología”87. En general se valora que todos los documentos posconciliares inciden de

una forma u otra en la ética teológica social, principalmente la constitución pastoral

Gaudium et Spes que se considera programática para la teología moral social.

El punto de partida para reconocer el aporte de la Gaudium et Spes al desarrollo de la moral social está en reconocer su carácter pastoral y enfatizar el modo de la relación entre la Iglesia y el mundo, que es importante para la ética teológico-social, ya que su finalidad e impacto estarán en lo que puedan orientar en las realidades terrestres, y mientras más cualificada esté esa relación entre la Iglesia y el mundo ayudará de una manera más pertinente al crecimiento de esta disciplina. De esa manera, encontramos que el punto de partida de la relación entre la comunidad eclesial y el entorno, tiene como elemento subyacente la superación de la visión de dos planos de la existencia y se abre paso a

39 reconocer una única realidad y una única historia, considerada historia de salvación del mundo llamada y acogida en Cristo Salvador88.

Existe una visión de Iglesia que busca insertarse en los procesos vitales de la comunidad planetaria, porque hace parte de esta. El Concilio muestra una comunidad eclesial que se solidariza con respeto y amor con la familia humana, la cual se hace disponible al diálogo y aportando al mismo la luz del Evangelio. Desde ese respeto, amor y diálogo se estructura la relación de la Iglesia con el mundo que comparte sus gozos y esperanzas, tristezas y angustias89.

Desde la perspectiva de la solidaridad, la constitución Gaudium et Spes aporta principios doctrinales que son pertinentes tanto para la teología moral, como para la moral social. Estos aspectos son la vocación trascendente del ser humano, la acción humana y su actividad en el mundo, y la misión de la Iglesia en la sociedad. La visión antropológica tiene como pilares la dignidad y la sociabilidad de la persona, los cuales tienen como principio rector la afirmación bíblico doctrinal del sujeto como imagen de Dios. Además aduce a argumentos de la razón que fundamentan esos aspectos de la dignidad y la sociabilidad de la persona, como lo son la naturaleza de lo humano, la conciencia, la razón, la creatividad y la libertad. Por tanto, los fundamentos centrados en la visión creatural del ser humano como los de la razón, buscan reconocer que la dignidad de la persona solo puede ser entendida desde la práctica de la caridad para con los otros90.

Como fruto de los principios de la dignidad y la solidaridad, se llega a considerar la acción humana como trabajo, cuyas funciones están en la perspectiva del crecimiento personal y social. Una primera, que se refiere a una dimensión personal porque es medio para el sustento, desarrollo y perfección. Una segunda, como instrumento de servicio-caridad para el prójimo con miras al bien común. Una tercera, donde el trabajo se define como medio para la colaboración en la obra divina, y de esa manera tiene una dimensión salvífica. En

88 Cf. QUE‘EJA)U,

Teología ,

89 Cf. Co ilio Vati a o II, Co stitu ió pasto al

Gaudium et Spes n. 3 90 Cf. Co ilio Vati a o II, Co stitu ió pasto al

40 cuanto a una visión del mundo éste se entiende como un quehacer que impulsado por la perspectiva escatológica, anima a la perfección de lo terreno.

Con respecto a la misión de la Iglesia en el mundo, desde su identidad y esencia, busca ubicarse desde la perspectiva del diálogo solidario, ya que la comunidad eclesial solo se puede comprender como sacramento y salvación desde su inserción y pertinencia en la coyuntura actual. Dentro de los aspectos que posee un papel importante en el horizonte de la moral social, está la responsabilidad que tiene la persona en la sociedad, porque ésta descubre la profundidad de sí misma y de su vocación en el mundo, y es a la vez sujeto y objeto de su normatividad. El ser humano comprende que no está solo en el mundo, ni puede vivir solo. Se va formando por los que conviven con él, pues necesita del colectivo para actuar de forma apropiada en el mundo. A pesar de la gran estima que tiene la persona del entorno en que vive, en ocasiones el ser humano siente el peso obsesivo del grupo que le reduce su voluntad. Este yugo en ocasiones lo conforma a la imagen de otros modelos exteriores, y por tanto así reconozca que está llamado a convivir con otros, mujeres y hombres se ven sujetos a algunas tentaciones como manipular, ignorar y suplantar a sus semejantes, en cuanto a sus actividades frente al grupo91.

Uno de los caminos que puede tomar el ser humano es la indiferencia y el desapego. Esto se origina porque en ocasiones, debido a que el sujeto por su interés convierte el individualismo como un valor, implica que busque la realización sin tener en cuenta a su familia, a su grupo humano, a su comunidad, a su pueblo y a su mundo. Es decir, la persona comienza en nombre de una falsa autonomía a desentenderse de lo que lo rodea, y por esta situación el concilio manifiesta: “La profunda y rápida transformación de la vida exige con suma urgencia que no haya nadie que por despreocupación frente a la realidad o inercia, se conforme con una ética meramente individualista”92. Cabe recordar que la humanidad se

pierde así misma cuando aísla a sus miembros, por eso el mismo Concilio recuerda la llamada divina al ser humano para formar sociedad93.

91

Cf. FLECHA, Moral social, 24

92 Co ilio Vati a o II, Co stitu ió pasto al

Gaudium et Spes n.30

93 Cf. Co ilio Vati a o II, Co stitu ió pasto al

41 Dentro de las tentaciones que tiene el ser humano está la sumisión servil al grupo, haciendo que la relación entre persona y sociedad se maneje de forma impositiva, en ocasiones por miedo a la censura y a la coerción, y en otras existe un sometimiento incondicional a lo que dice el grupo. Frente a ese posible proceso de despersonalización, el Vaticano II recuerda la tarea de las instituciones sociales de estar al servicio de la dignidad del ser humano, ya que por la igualdad fundamental que todas las personas tienen no debe existir ninguna clase de discriminación94. Además exhorta a que por ningún motivo se le atribuya de forma excesiva el poder a la autoridad política95.

Las valoraciones que se le pueden hacer a la relación entre la ética teológica social y el Concilio Vaticano II, se ubican dentro del saber teológico, donde la moral de la sociedad se separa de la filosofía cristiana y utiliza las coordenadas de interpretación evangélica de la existencia y con las que la Gaudium et Spes establece su visión del mundo y la relación entre la comunidad planetaria y la Iglesia como son, la creación, el pecado, la encarnación, la redención y la escatología. Estas coordenadas son las mismas con las que la constitución

Gaudium et Spes propone una visión de la realidad y una inserción de la Iglesia.

De igual modo, encontramos que la finalidad de la Gaudium et Spes es establecer el modo de relación entre la Iglesia y el mundo, lo cual para la ética teológica social es de suma importancia, debido a que la misión de la moral social es valorar y orientar la realidad holística del mundo. Como resultado en esta disciplina se generó un proceso de desmonte en cuanto a que se superan categorías como “natural-sobrenatural”, “historia profana o del mundo-historia sagrada o de salvación”. Gracias a la superación de estas divisiones se logró una visión unitaria de la realidad desde el acontecimiento Cristo96.

94 “Las instituciones humanas, privadas o públicas, esfuércense por ponerse al servicio de la dignidad y del fin del hombre. Luchen con energía contra cualquier esclavitud social o política y respeten, bajo cualquier régimen político, los derechos fundamentales del hombre. Más aún, estas instituciones deben ir respondiendo cada vez más a las realidades espirituales, que son las más profundas de todas, aunque es necesario todavía largo plazo de tiempo para llegar al final deseado. Co ilio Vati a o II, Co stitu ió pastoralGaudium et Spes n. 29.

95 Cf. Co ilio Vati a o II, Co stitu ió pasto al

Gaudium et Spes n. 75

96 “i e a go, el esfue zo del Vati a o II e supe a la di oto ía atu al-sobrenatural tuvo sus propios

42 El método de la moral social se constituye y se construye desde las fuentes cristianas del saber teológico como lo son la Sagrada Escritura, la tradición y el magisterio, y se desarrollará armonizando estos elementos metodológicos con los elementos propios de la ciencia moral. De ahí que la ética teológica sobre la sociedad se forma también “a la luz del evangelio y de la experiencia” (Gaudium et Spes 46). Las fuentes cristianas y los recursos técnicos y científicos, lo que buscan es esclarecer los fenómenos sociales y conocer la realidad social, y por tanto son fuente de conocimiento moral. “El Vaticano II confirma el énfasis de la tradición católica en la razón humana y la creación como fuentes de la sabiduría y del conocimiento moral, y también integra estas realidades dentro de un horizonte más amplio, el cual reconoce la presencia del pecado y de la gracia”97.

1.6. Aporte de la teología contemporánea al método de la teología moral