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En esta sección se describen las actividades que se desarrollaron para la recolección de la muestra a investigar, las técnicas de obtención de datos y las técnicas de análisis de los mismos.

Procedencia de la muestra y actividades realizadas en el campo

Se trabajó, por un lado con material que ya había sido recolectado en anteriores excavaciones realizadas en diferentes sitios de valle desde los años 70 (Martínez 1, Martínez 2, Martínez 4 y Piedras Blancas) -figura 4.1-; por otro lado se realizaron nuevas excavaciones durante la ejecución de la investigación. Específicamente fueron realizadas tres campañas arqueológicas -2004, 2005 y 2008- donde se amplió la excavación de tres recintos pertenecientes al sitio Piedras Blancas, con el objetivo de obtener información contextual más precisa que la que se había obtenido en las anteriores excavaciones (ver anexo I).

Los sitios seleccionados respondieron a dos criterios distintos: por una lado, a un criterio de representatividad temporal de los materiales a analizar, es decir, que las dataciones de los sitios cubra todo el rango temporal aquí abarcado. Por otro lado, a un criterio de representatividad de la variabilidad que presentan los sitios en el valle en relación a tamaño, complejidad y jerarquía. Es decir, los sitos seleccionados cubren todo el rango en términos de esas dos variables, lo que nos brinda variedad de situaciones y contextos para producir comparaciones. Además de los objetos procedentes de las excavaciones, incorporamos al análisis objetos cerámicos provenientes de tres colecciones: de la colección Rosso, del Museo Ambato de la Falda, de la colección del Museo Adán Quiroga de la Municipalidad de San Fernando del Valle de Catamarca y de la colección de la Dirección de Antropología de la Provincia de Catamarca. La incorporación de este material al análisis respondió a la posibilidad de acceder a piezas enteras o con alto grado de completitud.

Figura 4.1: Mapa de los sitios de donde proviene la muestra analizada. La carta fue realizada mediante fotografías aéreas sin restitución ortogonal (Escala 1:27500)

Técnicas de obtención de los datos

Se utilizaron variables tanto cualitativas como cuantitativas que nos permitieron obtener el corpus de datos necesario para caracterizar, con la mayor cantidad de información posible, a los materiales analizados.

Caracterización de las vasijas para la reconstrucción de trayectorias biográficas

En función de obtener la mayor cantidad de datos necesarios para establecer las diferentes trayectorias biográficas se diseñaron dos fichas de registros, que luego fueron incorporadas a una base de datos relacional en Microsoft Access 2003. El enfoque que se utilizó para el establecimiento de las variables de análisis del material considera a la vasija como unidad de análisis y al fragmento como unidad de observación. En nuestro caso es fundamental centrarnos en la vasija como unidad de análisis, puesto que es ésta y no los fragmentos los que se categorizan significativamente durante su vida, y es justamente esta biografía la que nos interesa indagar. No obstante, esto no significa que los fragmentos no pueden constituirse en algún momento en un objeto significativo, por ejemplo al incorporarse como antiplástico a la arcilla, o al reciclarse y usarse como otro objeto -fichas, torteros o recipientes entre otros-. Por eso, veremos que las variables definidas también permiten acercarnos a estas otras trayectorias y categorías de objetos. Centrarnos en la vasija como unidad de análisis, requiere, por un lado, poseer algunas formas conocidas, pero además, poder reconstruirlas a partir de los fragmentos que potencialmente llegaran a formar parte de la misma. Esto se fundamenta en la simetría rotacional que guardan las vasijas a partir del eje vertical central, lo que les permite ser tratadas como sólidos de revolución, aún sin estar fabricadas a torno (Granizo 2001; Orton et al 1993). En este enfoque los fragmentos se consideran equivalentes de vasijas estimados –eve- (Orton et al 1993: 35 y 196). Este concepto parte de la idea de que todo fragmento es una determinada proporción de una vasija entera, es decir, es una fracción del total de la misma; por lo que es posible reconstruir la forma y tamaño original de la misma por medio de la combinación de varios fragmentos, pertenecientes a las distintas partes de la vasija, y de los cuales se tiene registrado el radio y porcentaje de arco. Para ello, una condición es que los fragmentos deben poder orientarse según la posición original que ocupaban dentro de la vasija. Pero, además, cada clase cerámica particular puede poseer distintas formas y tamaños; teniendo en cuenta estos aspectos teóricos-metodológicos expliquemos el diseño específico de la base de datos:

La base de datos se ha orientado a (anexo II):

a-Reconstruir los contextos depositacionales donde se encuentran incluidos los fragmentos analizados. Por tanto, a todos los fragmentos se les tomaron variables de identificación (código de siglado) y de georeferenciación (coordenadas X, Y, Z). Con esto pudimos relacionar a los distintos fragmentos entre sí y con otros objetos. Es decir, estas variables permitieron contextualizar a los fragmentos analizados y, a través de la reconstrucción de dichos contexto, acercarnos a las prácticas sociales en las que estuvieron involucrados.

b-Realizar un catálogo de tamaños y formas de las vasijas representadas. Para la selección de los fragmentos analizados se tuvieron en cuenta los siguientes criterios que responden, principalmente, a la necesidad de caracterizar nuestra unidad de análisis, la vasija: en primer término, se determinó como condición que el fragmento pudiera ser orientado según su posición original en la vasija, que pudiera ser asociado a alguna forma ya conocida para el valle (Bedano et al 1993; Fabra 2008; Pazzarelli 2006; Zaburlín 1999), o que, por presentar determinados rasgos formales, pudiera reconstruirse su forma y en última instancia obtenerse al menos el radio y el porcentaje de arco. Este criterio selectivo no actuó sobre una muestra a priori; por el contrario, fue aplicado a la totalidad del material presente de los distintos sitios mencionados, con lo que aseguramos una máxima representatividad.

Para el establecimiento de los tamaños de las vasijas, se midió –en milímetros- el largo y ancho del fragmento cuando se orientaba según la posición original que ocupaba en la pieza; además, se midió el radio y el porcentaje de circunferencia, lo cual nos permitió acercarnos a los tamaños reales de las vasijas con las que contamos. Para el caso de las vasijas enteras o con alto grado de completitud se siguieron los lineamientos de la Primera Convención Nacional de Antropología (1966).

Para el establecimiento del catálogo de formas se utilizó una combinación de estudios descriptivos de las formas cerámicas (Bedano et al 1993; Primera Convención Nacional de Antropología 1966; Fernández y Martínez 1998) que centraron la caracterización en los aspectos formales de las vasijas. En cuanto a la forma, se definieron los siguientes criterios de discriminación y caracterización: en el caso de las vasijas enteras y en aquellas que poseían un alto porcentaje de completitud, se las clasificó según los tipos formales definidos para la cerámica del Valle de Ambato (Bedano et al 1993): Forma de Vasija . En los casos en que la vasija no se pudo asociar a ninguna forma ya definida, se la

caracterizó siguiendo los planteos de Fernández y Martínez (1998) para describir la forma global de la vasija. Por otro lado, para las partes constituyentes de la vasija –borde, cuello, asa, cuerpo y base - se utilizó los criterios definidos por la Primera Convención Nacional de Antropología (1966). A los fragmentos cerámicos se los caracterizó formalmente identificando la parte de la vasija a la que pertenecen: Borde, Cuello, Asa, Cuerpo, Base, y se caracterizó a cada una siguiendo como en el caso de las vasijas enteras o con alto grado de completitud la Primera Convención Nacional de Antropología (1966).

c- Identificar los fragmentos con las clases cerámicas que ya fueron definidas tecnológicamente en el valle de Ambato para el período considerado (Fabra 2008) –anexo III-. Fabra logró establecer las clases cerámicas a través de variables tales como: composición de la pasta (tamaño u tipo de antiplástico utilizado, análisis de las cavidades, tipo de arcilla), tratamiento de las superficies internas y externas, temperaturas de cocción, tipo de cocción, técnicas de confección, etc. –ver anexo III-. Las clases que se definieron pueden poseer diferentes formas y tamaños. Se creó un campo, clase cerámica, que nos permitió una primera discriminación de los datos ingresados. Para aquellos casos que no pudieron ser asociados, en tanto podrían conformar otra clase cerámica, se los analizó siguiendo la propuesta de esta autora. La identificación de los fragmentos con la clase nos proporcionó información no solo referente a las formas de confección de las vasijas analizadas, materias primas utilizadas, etc. sino que nos proporcionaron datos que pudimos utilizar posteriormente para el análisis de la función de estos objetos.

d-Reconstrucción de los usos concretos en los que estuvieron involucradas: los análisis de los modos de uso de los implementos cerámicos se han focalizado en dos grandes planos: por un lado, los estudios que se concentran en determinar las característica de performance que posee una vasija cerámica para realizar una o varias clases de actividades y, por otro lado, aquellos que se dedican a inferir los usos concretos a los que fueron sometidos dichos objetos (Rice 1987, Skibo 1992). Nos concentramos en el primer plano y en los análisis de alteraciones por uso –atrittions- del segundo plano mencionado. A pesar de no concentrarnos en los análisis químicos de residuos orgánicos, hicimos referencia a algunos resultados de un conjunto de análisis realizados a estos objetos (Pazzarelli 2006) –anexo IV-. Las propiedades de performance no determinan las prácticas concretas donde estas vasijas participarán en un futuro (Skibo 1992; Sillar 1996), sino que nos permitieron conjuntamente y fundamentalmente con los análisis posteriores de huellas de uso y contextos de uso, acercarnos a las prácticas específicas donde estos objetos estuvieron

involucrados en el Valle de Ambato en el momento considerado. La significatividad o no de estas propiedades dependerá de la historia posterior de la vasija y no de la propiedad en sí. Es decir la/s prácticas concretas serán las que podrán activar, desactivar o ignorar estas propiedades. Esto se acerca a una comprensión más relacional, cercana a la propuesta de Laguens (2007), Laguens y Pazzarelli (2007) y Laguens et al (2007) en donde los objetos se conciben como efectos de redes de relaciones, donde las propiedades efectivas o potenciales que, a partir del diseño y de la creación le otorga un artesan@ (y que perduran hasta que el objeto se rompe) adquieren significación según las conexiones de distinto alcance que realiza a lo largo de su biografía con otros objetos, sujetos –humanos y no humanos-, usos y espacios. La utilización de los objetos en una actividad particular depende en gran medida, además de las propiedades de performance, de los contextos sociales en los que están inmersos esos objetos, las personas que los usan y la actividad concreta que se está desarrollando con ellos (Sillar 1996, 2000; Sillar y Tite 2000)i.

e-Observación de la reactivación y comportamientos de reciclaje y descarte de las vasijas. Unavez reconstruidos los modos de uso, se observó si las vasijas enteras y fragmentos de vasijas poseían reparaciones, identificando los agujeros de reparación (Anexo II) o “costura”; además, se observó si, luego de su rotura, pasaban a conformar otros objetos, tales como torteros, fichas o platos, prácticas de reciclaje muy frecuente en el sitio Piedras Blancas (Zaburlin 2001). Por otro lado, se observó si las fracturas se hallaban o no erosionadas, lo que puede indicarnos procesos posdepositacionales a los que estuvieron sometidos esos fragmentos, lo que nos acerca tanto a observar la integridad de los contextos de hallazgos, como las prácticas de reclamación de objetos de otros contextos donde sufrieron procesos erosivos. También se observó si poseían pintura postcocción, el color de la misma y la extensión -ver anexo II-.

Tratamiento de los cuerpos

En el caso del material óseo humano, se utilizaron datos ya recolectados de los mismos (Baffi y Torres 1996, Cruz 2005, 2007, Gordillo 2009; Gordillo y Solari 2009); particularmente analizamos las diferentes formas en que se presentan estos restos en el registro arqueológico del valle, observando los tratamientos que recibieron. Para esto, se tuvo en cuenta, por un lado, datos contextuales, es decir asociaciones significativas con otros objetos y particularmente con las vasijas analizadas aquí. En ese sentido tratamos de establecer contextos de asociaciones significativas, evaluando en qué momentos de la

biografía de dichos objetos se producen esos encuentros (al inicio, al final, etc.). A su vez, se analizaron los patrones funerarios utilizados en los casos en que pudieron ser identificados –si fueron enterrados enteros, o fosas excavadas directamente en el piso, o en otros lugares más preparados; en el caso de los fragmentados, si estuvieron arrojados en el piso de una habitación, de un patio, en los montículos, o si pudieron estar colgados de los postes de los techos de las habitaciones o galerías, etc.-. Por otro lado, se contemplaron aquellos datos bioantropológicos que indicaran las conductas asumidas hacia los cuerpos vivos y muertos de las personas (causa de muerte, fragmentación intencional de los restos, evidencias de violencia como descarnado, golpes y desarticulación, etc.). También se observó si con dichos restos se confeccionaron instrumentos o no, y si así fue, qué clases de instrumentos. Además, se tuvieron en cuenta otras variables como son el sexo biológico y la edad de los individuos, que relacionadas con las anteriores nos permitieron discernir diferencias significativas en el tratamiento según estos últimos dos parámetros. También, se buscó establecer relaciones entre las conductas seguidas por los humanos con las recibidas por otros animales, como los camélidos, que por lo que se conoce de la arqueología del Valle en algunas situaciones poseen tratamiento similar (Cruz 2007, Laguens y Gastaldi 2008).

Técnicas de análisis de los datos

Los datos recolectados fueron ingresados en bases de datos relacionales (Access 2000) y analizados en planilla de cálculo (Excel 2000). Luego, cada uno de los objetos analizados -en aquellos casos en que existía información espacial precisa: coordenadas, plantas, perfiles estratigráficos, etc.- fueron ingresado a otra base de datos relacional a nivel geográfico (Arcview 9 - Sistema de Información Geográfico), que nos posibilitó, a través de técnicas estadístico-matemáticas y análisis cualitativos de los datos espaciales, identificar los espacios significativos de asociación contextual en los cuales se entrecruzan las trayectorias biográficas de la totalidad de los objetos y sujetos analizados aquí. En aquellos casos en que no poseíamos información espacial precisa -como es el de los sitios Martínez 1, Martínez 2, Martínez 4- reconstruimos los espacios analizando los datos presentes en las libretas de campo, informes y publicaciones que han llegado hasta nuestros días. Por último, relacionamos la información cronológica de cada uno de los sitios para observar los cambios y las continuidades de las cartografías de intersección en el largo término.

Notas

i

Es interesante la categoría utilizada por Sillar (1996, 2000) “embedded” para referirse a la situación en la que está cualquier tecnología. Esta categoría trata de enfatizar que toda técnica esta inserta y se produce en un amplio contexto de artefactos, estructuras ideológicas y contextos económico-sociales. En este sentido, se acerca a los planteos de Dobres (2000), Dobres y Hofman (1994, 1999), Lemonier (1992) entre otros, respecto de la concepción de la tecnología. Sillar, en sus trabajos entnoarqueológicos en los Andes bolivianos sobre la utilización de combustible para la fabricación de objetos de cerámica y para el uso de estos en otras actividades, muestra claramente cómo las estructuras sociales e ideológicas se encuentran mediando estas actividades.

CAPÍTULO 5