• No se han encontrado resultados

Aprovechaba los asados familiares para mostrar mi talento, todos se sorprendían por mi destreza en el baile, pero una enfermedad transitoria durante cinco años me impidió el movimiento y mi sueño inició a desvanecerse. Sueño que había tenido cuando practicaba con Carmen en la terraza de mi casa, cuando veía a mis compañeros bailar en las izadas del colegio, cuando postrada frente al televisor observaba Flashdance. Tristemente los médicos decidieron que no podía danzar, correr, saltar, debía quedarme quieta.

Cuando cumplí trece años me escapaba de casa para ir a las Coca-colas baila- bles, eran las famosas chiquitecas, fiestas que compañeros de grado 11° organizaban para ganar plata, cada viernes asistíamos sin falta con el fin de divertirnos y bailar, a mí solo me sacaban los chicos poco populares, pero bailaba hasta cansarme. Pobre mi amiga Adriana, tenía mucha paciencia en estas salidas, yo la obligaba para que me acompañara.

Esas salidas a bailar junto con el deseo de conseguir novio era lo más impor- tante para mí, en clase siempre pensaba en ese chico y esperaba con anhelo el descanso para ver a “mi príncipe azul”. Generalmente sufría porque siempre los chicos que me gustaban no me daban ni la hora. Bueno, yo tampoco hacía nada para llamar su atención, porque era muy tímida a diferencia de otras compañe- ras que sí lo hacían, se subían la falda, se maquillaban los labios de rojo intenso, se peinaban distinto, caminaban con elegancia y hasta bailaban espectacular. Traté de imitarlas, pero me sentía extraña, así que opté por ser parte del común con algunas extravagancias como subirme la falda un poquito, sacarme capul de ALF y peinarme casi parecido a ellas. Eso me funcionó porque atrajo chicos, pero igualmente de un perfil normal, chicos que estas chicas ni se atrevían a mirar.

Para una izada de bandera las chicas y chicos populares se unieron para hacer el baile de La Macarena. Soñaba estar allí bailando con ellas, pero como no per- tenecía al grupo no fui seleccionada, ensayaban al descanso, en tal momento

me quedaba en el salón observando y anhelando estar ahí, su presentación fue espectacular. Me pregunto por qué no fui capaz de ser como ellas o tal vez no era como ellas. Entre todas estas desilusiones, desamores, anhelos y acciones perdí 7° grado, para mí fue desastroso cuando me entregaron el boletín con esta noticia, me sentí morir, me sentí perdedora, sin ganas de seguir viviendo, hice un escán- dalo de novela, pero ahí estuvo mi madre que me consoló como siempre, muy tierna, pero no pasó mucho tiempo para que ella me regañara siendo enfática en que debía dejar la pataleta y asumiera de una vez todos mis errores.

De ese modo, mi madre me castigó dejándome en el mismo colegio, tuve que pasar la vergüenza de que me vieran como una chica poco inteligente, algu- nos compañeros me hicieron comentarios desagradables, luego todo pasó y me adapté. En ese colegio de campus inmenso estuve hasta 8°. Mi madre al ver que inicié a relacionarme con chicas que le producían desconfianza y con toda la razón porque eran bastante coquetas, yo me les unía para jugar pico de botella y fuimos poco responsables con las tareas.

Mi madre me cambió con el fin de cuidarme y mantenerme más ocupada, ella trabajaba de 6 de la mañana a 4 de la tarde. Efectivamente yo permanecía ocho horas en la institución estudiando, leyendo, rezando, aprendiendo nuevas cosas y conociendo nuevas formas y estilos de vida. Luego llegaba a casa solo a hacer tareas. Al principio mis compañeras me miraban como bicho raro puesto que llegué con otro estilo, para ellas un tanto ñero, dos chicas me acogieron en su grupo y una de ellas me hizo sugerencias sobre el peinado y la forma como me ponía el uniforme, de esa manera me adapté al grupo, tanto que fui elegida para ser Miss Simpatía del salón, no gané porque no me gustaba leer y me hicie- ron preguntas sobre un libro de Gabriel García Márquez.

Este colegio era pequeño, no tenía zonas verdes, la jornada de estudio era extensa y me dejaban bastantes tareas, tristemente olvidé bailar. Tan solo en grado 11° inicié a salir con compañeras rebeldes a bares clandestinos que permitían el ingreso de menores de edad tan solo los martes, como solo íbamos mujeres bailábamos sobre las mesas y nos divertíamos mucho, de vez en cuando dos de ellas realizaban fiestas en casa hasta el amanecer, escuchábamos y bailábamos salsa, al final saltábamos al ritmo de música electrónica y rock alternativo con Aterciopelados.

Esta institución educativa procuraba que nosotras fuéramos discretas en todo sentido; en la forma de movernos, en usar el uniforme por debajo de las rodillas,

102

Serie Investigación IDEP

imposibilitaba otros cultos, valores y religiones del mundo moderno, era una vergüenza para esta institución que una de sus jóvenes quedara embarazada, por supuesto la aislaban y le enviaban trabajos para desarrollar en casa. Nunca enseñaban temas de sexualidad. Entre sus énfasis tan solo enseñaban costura, secretariado y belleza, actividades exclusivamente femeninas. Sus normas y reglas eran muy estrictas, de este modo, permanecí ocho horas en esta institución, estu- diando y rezando, luego a casa y continuaba haciendo tareas.

Mi madre es una mujer con tesón, he aprendido a ser como ella, a enfrentar los problemas, a levantarse y continuar pese a las adversidades. Vivíamos las dos solas cuando mi madre perdió su empleo, una de las damnificadas del cierre defi- nitivo del Hospital Infantil Lorencita Villegas de Santos, yo acababa de ingresar a la Universidad Pedagógica Nacional por tanto ella decidió trabajar en un restau- rante como cocinera para solventar nuestras necesidades económicas, su escasa paga alcanzaba para el arriendo, en las noches para una agua de panela y pan y el resto para mis transportes diarios de la universidad, para ella era una cuota sagrada, de ese dinero ahorré para comprarme una bicicleta así que posterior- mente ese mínimo sobrante nos permitía asumir otros gastos.

De mi padre tengo pocos recuerdos lindos, él me enseñó a multiplicar con amor, me enseñó a identificar posiciones de los jugadores de fútbol, me brindó mucho cariño los primeros años de vida, creo que de él aprendí a ser exagerada- mente servicial con los demás, muy espontánea y amable, pero lastimosamente después de un tiempo, a él se le olvidó que debía serlo con nosotros, su fami- lia. Ahora son más los recuerdos dolorosos, cicatrices que dejó en mi existir: su agresividad con mi madre, las constantes noches de terror cuando llegaba ebrio a golpearla o a maltratar a mi hermano, son imágenes que evoco rara vez, pero hacen parte de mí. Aún cuando escucho o presencio por casualidad maltratos de tal magnitud en otras personas me da mucho miedo, no puedo ver videos o noti- cias dolorosas, me afectan extraordinariamente, es aterradora la forma en la que me sensibilizo ante estas situaciones, sin embargo, a veces con mi pareja asumo una actitud de defensa y suelo ser agresiva para decir las cosas.

Nosotras tuvimos que irnos de la casa en busca de nuestra tranquilidad, aban- donando a mi hermano por falta de recursos, pasamos de casa en casa durante algunos años, asumiéndonos como una familia las dos solas, posteriormente fuimos cuatro porque recibimos a mis dos sobrinos pequeños, Alejandro y Geral- dine, la madre de ellos y mi hermano se separaron y no quisieron asumir su responsabilidad.

Nunca vi a mi madre quejarse, nunca se desquitó conmigo, nunca me maltrató, al contrario, siempre fue muy amorosa, me consentía demasiado, me protegía mucho, dormí con ella hasta los veintiuno, la vi llorar pocas veces, aunque ahora sé que sí lo hizo muchas veces y sufrió en silencio para no afectarme. Cuánto admiro a mi madre y ruego para que permanezca viva mucho más tiempo para que sigamos disfrutando de nuestros logros. Ella siempre me ha acompañado en todos mis logros, me ha sostenido económicamente y ha evitado a toda costa que yo pase necesidades.

Soñaba con ser bailarina, pero nunca me preocupé por solicitarlo a mis padres. Ingresar a una academia de ballet era mi más ferviente deseo, la vibración del cuerpo, pero por problemas familiares (como la separación de los padres y la educación especial) decido no ser artista. Nunca vi la danza como un ámbito de realización profesional, de distracción o económico, y al percibir situaciones discriminatorias frente a la persona que estudiaba danza, preferí estudiar “algo que valiera la pena” según comentarios familiares.

Mi realidad compleja con fuertes problemas familiares de agresividad intrafa- miliar y posteriormente la disolución de mi familia que se conjugó con una crisis económica me llevó a tomar la decisión de estudiar Licenciatura en Educación Especial y a la vez en medio de mi rebeldía juvenil me sorprendo haciendo un desnudo en un lugar de “poca reputación”, una idea desenfrenada por bailar como Demi Moore en aquella película Striptease, pero la realidad fue otra, por supuesto no tuve éxito, no ensayé, no me volvieron a llamar pero tampoco era mi inten- ción, me causó el deseo indomable de expresar que soy cuerpo y posiblemente si hubiese optado por esta profesión hubiese sido una vergüenza para mi familia.

Elegí ser pedagoga y apartarme del sueño de ser bailarina, a mi más grande anhelo le di sepultura. Mi prioridad fue buscar empleo, ayudar a mi madre, a mis sobrinos abandonados por sus progenitores y concluir la universidad que era lo más importante para mí en esos momentos.

Fuego para luchar, entre cenizas resurgir,