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Quizás sea pretencioso imaginar que en este recorrido pudieran identificarse rasgos de ese viaje que los héroes emprenden. No hay quimeras ni pegasos, no hay serpientes ballena, ni árboles encantados, pero de seguro sí se han generado giros y aprendizajes personales, de mi parte y, atendiendo sus voces, en algunas de las personas que han transitado con nosotros en este proyecto. Nos corresponde ahora, relatar ese viaje que siendo individual fue transformándose en colectivo.

A mediados de 2012, entre rutinas, desasosiegos e inquietudes, lo que parecía un trámite ante una entidad se convertiría en una afortunada coincidencia de reencon- trar una amiga del alma; un reencuentro que llegó a significar para mí la oportunidad de retornar a la práctica de la danza. Desde entonces, la danza ha constituido una experiencia profunda en mi vida, pues a través de la sensación del movimiento se han develado preguntas, respuestas, conflictos que de alguna manera han ido entre- tejiendo un acercamiento a mí misma.

De la mano de Brenda Polo —bailarina y coreógrafa colombiana— ese reencuentro con la danza ha significado una etapa de quiebre, a la vez que, de reconstrucción personal, una experiencia, podría decirse, terapéutica. Si bien, anteriormente había disfrutado de la danza, comprendí a través de la enseñanza de mi maestra que esta va más allá del seguimiento de una coreografía, o de una presentación ante un público. En cambio, constituía una vivencia, un descubrimiento íntimo inefable que trasciende positivamente en la vida.

La propuesta artística de Brenda Polo, a través de su proyecto Manusdea Antropo- logía Escénica consiste en explorar tradiciones culturales, en particular su visión mítica y la memoria histórica de los pueblos del mundo. Exploración que, entre otras expresiones artísticas, toma forma de danza, pero que si bien parte de una mirada exterior hacia las comunidades, redunda en una mirada interior de sus par- ticipantes, bailarines o espectadores (Quiroz, 2016).

En ese entonces conocí y aprendí algunos movimientos y asanas —postu- ras— propios del Odissi, danza clásica de la India. Esta danza como la mayoría de las danzas clásicas alberga un gran carácter narrativo por lo que, la invita- ción a la que me convocaba mi maestra era transitar por la danza para relatar un texto significativo para mí. El que siempre resonó fue “Desde el alma”, un poema de Mario Beneddetti en que del alma y el cuerpo se describe la fragilidad de su existencia. Esa posibilidad creadora fundamentada en la exigencia de la danza fue —además de inspiradora— la que originaría una inquietud determinante.

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Serie Investigación IDEP

Siendo docente de Filosofía, se generaban, como se siguen generando, preguntas respecto del sentido de mi profesión, no solo frente a lo que implica impartir una asignatura a nivel académico o de las condiciones contractuales de mi trabajo, sino también del efecto que supone mi práctica pedagógica en los estudiantes. Recono- ciéndome en ese encuentro a través de la danza, me resultaba natural preguntarme: ¿podría compartir esta experiencia de la danza con los jóvenes a través de mi prác- tica como docente?, y, ¿cómo hacerlo? (Quiroz, 2016).

La semilla de este proyecto se sembró en 2013 cuando un diálogo con mi maestra acerca de cómo plantear una relación entre filosofía y danza coincidió con una convocatoria que el Ministerio de Cultura abría ese año para apoyar proyectos de investigación en danza.

En una primera aproximación indagué por la relación histórica entre filoso- fía y danza encontrando una aparente distancia entre ellas que se enmarca en la forma en que el cuerpo ha sido abordado desde la filosofía. Consulté en este sen- tido al filósofo norteamericano David Levin (1983) quien, en su ensayo titulado

Los filósofos y la danza, describe que la difícil vinculación —académica— entre

la danza y la filosofía radica primariamente en el hecho de que la danza haya sido ignorada de manera general por la filosofía e incluso despreciada por la cultura occidental patriarcal por ser un arte que se asocia especialmente con lo feme- nino (Levin). Pero aun —señala— si los filósofos se interesaran en la danza les resultaría difícil desprenderse de la perspectiva dualista mente-cuerpo donde lo que suceda al/en el cuerpo es explicado en términos idealistas o desde una pers- pectiva materialista que le terminará reduciendo a un simple objeto que obedece leyes físicas.

El asunto es que, si bien el registro histórico de Levin me explicaba parte de la distancia entre filosofía y danza, no me permitía dilucidar todavía un puente entre ellas. No obstante, en la búsqueda de ese puente se fueron engranando dos elementos: el primero, un relato de mi maestra acerca de una investigación que realizó en el Vaupés en la que tuvo la posibilidad de conocer algunas de las labores que hacen las mujeres como parte de las costumbres establecidas como las leyes de He (Yuruparí) (Polo, 2004). El segundo, la reflexión acerca de una actividad que yo ya estaba implementando en el colegio cuyo propósito era aproximarse a mitos de diferentes culturas a través de un breve análisis y una representación dramática. En tal actividad jóvenes de grado 10° se aproximaban a mitos de dife- rentes culturas y a partir de una serie de preguntas relacionadas con los ámbitos metafísico, epistemológico, ético y estético de la filosofía, analizaban el mito; se lo narraban a sus compañeros e interpretaban los tres momentos más significativos

del mito a través de cuadros dramáticos, algo así como poses fotográficas donde representaran dichas escenas, siendo el gesto —aunque estático— el factor signi- ficativo en sus interpretaciones. Dicha actividad fue gratamente recibida por los jóvenes, pues además de aproximarles a mitos que no habían tenido la oportuni- dad de conocer, les permitía conversar sobre ellos, y les exigía elegir e interpretar adecuadamente las escenas para compartir los hallazgos con sus compañeros (Quiroz, 2016).

Ambas experiencias constituyeron el insumo para formular la propuesta “Impacto del arquetipo mítico de Yuruparí en jóvenes contemporáneos. Sabidu- rías de Unidad: del cuerpo y la memoria, de la danza y la palabra” (IAMY) que resultó ganadora de la Beca de Investigación “Cuerpo y memoria de la danza” de la Convocatoria de Estímulos del Ministerio de Cultura en 2013 y cuyo objetivo principal era el de propiciar un acercamiento y reflexión filosófica de jóvenes de un contexto urbano al saber ancestral a través del relato del mito del Yuruparí y de la danza.

Así, durante el segundo semestre de 2013, veinte jóvenes —hombres y muje- res— estudiantes de grado 10° y 11° —de edades entre los quince y diecinueve años— participaron voluntariamente en la implementación de la propuesta edu- cativa a partir de una convocatoria en que se proponía una reflexión sobre la danza, el saber indígena a través del mito y la filosofía.