2. TRANSFORMACIONES DE LOS JÓVENES AL PARTICIPAR EN UN PROCESO
2.2 Las historias de vida como interpretación de la realidad:
2.2.2 De lo micro a lo macro; de historias personales a historias de ciudad
Los relatos iniciaron con descripciones personales de los procesos de vida, pero, según iban avanzando las lecturas, se fueron dando situaciones de vida coincidentes; es decir, las situaciones estructurales de ciudad habían afectado directa y/o indirectamente a todos. Fue así como no solo se construyó una narración personal, sino que el relato se convirtió en una narración colectiva, que aportó para comprender el barrio y la ciudad desde la percepción propia y la del otro.
Esas situaciones coincidentes estuvieron direccionadas principalmente en los temas de conflicto, violencia, familia, amigos, amor, desamor y consumo; estos temas, a su vez, iban haciendo conexiones entre ellos y las situaciones de ciudad. Sin embargo, se
identificaron tres que lograban articular el resto de los temas: territorio, violencia y familia. Uno de los hallazgos más recurrentes fue cómo el tema de violencia se conectaba todo el tiempo con el de familia, puesto que algunos participantes relataban sucesos de cómo habían perdido familiares en la época del conflicto armado en Nuevo Occidente, y cómo estas situaciones los habían marcado y aún hacían parte de su presente; asimismo, cómo estas situaciones se iban hilando con las situaciones de ciudad.
Fue una generalidad, no fue una sola, yo pienso que, en todas, en cualquier momento, uno miraba el aspecto familiar, miraba el caso de la violencia, cómo hemos perdido familiares, hemos perdido amigos (Entrevista #9, joven, 02 de marzo de 2019).
Las situaciones de violencia tienen un significado fuerte en los relatos, donde el lenguaje es lo que posibilita a los participantes expresar situaciones personales que, desde las coincidencias y los puntos en común, trascienden a situaciones colectivas. Cuando un participante relata situaciones específicas de su vida, el que escucha va haciendo
conexiones en cuanto a tiempos y espacios y en esa reflexión-relación es cuando el relato se vuelve una construcción colectiva. Sin embargo, este tipo de técnicas no siempre son
efectivas, ya que es necesario que los participantes se encuentren cómodos con el espacio y tengan confianza en las personas que lo escuchan; de lo contrario, es complicado
implementar este tipo de técnica en un proceso investigativo.
Es un espacio donde sentí confianza de desahogarme y mucho más cuando empecé a escuchar las historias de vida de los otros compañeros, porque sentí que ellos también
fueron muy sinceros y tuvieron la confianza de socializar a personas que tal vez apenas estaban conociendo, historias tristes, historias muy alegres, pero de igual manera teníamos muchas cosas en común, al analizar todo lo que habíamos contado al final vimos que teníamos muchas cosas en común (Entrevista #7, joven, 16 de octubre de 2018).
Estas situaciones coincidentes en las historias de vida reflejan una ciudad con situaciones estructurales que inciden de la misma manera en la vida de todos. Suele pasar que los participantes piensan que su historia de vida es muy personal y en ella hay un solo protagonista con personas alrededor de él, pero, cuando escuchan otra historia y ven reflejada su misma experiencia en los relatos de sus compañeros, se dan cuenta de que no son experiencias aisladas, sino que, desde una mirada más amplia, es decir, saliendo del plano personal y hacia una mirada de ciudad, las situaciones tienen relación con puntos de coherencia para todos.
Ella hilaba cosas y traía muchas cosas de la historia mundial, de la historia nacional a su historia de vida, entonces uno como que también se lee en un contexto más grande, no solamente lo personal y lo íntimo, sino también lo social, lo político y lo económico que toca al país, que toca a Antioquia, que toca a todo eso, y yo me acuerdo que ella hizo ese tema de la historia de vida (Entrevista #4, profesional, 19 de julio de 2018).
La posibilidad que hay desde el lenguaje de transitar desde lo micro a lo macro, y de traer al presente situaciones pasadas, hace que el lenguaje sea un elemento esencial en el proceso de interacción. Para Berger y Luckmann (1968), el lenguaje es capaz de
transformarse en depósito objetivo de vastas acumulaciones de significado y experiencia que puede preservar a través del tiempo y transmitir a las generaciones futuras.
En esa medida, los jóvenes no solo comprenden los procesos subjetivos de los otros, sino que también esa realidad se vuelve parte de él; donde las situaciones escuchadas, a su vez, son situaciones de ciudad que los otros también han vivido y con las cuales se
identifican. Un ejemplo de esto es cómo las situaciones de violencia transversalizaron la historia de vida de todos.
Lamentablemente, también casi todos llamaban o vinculaban el proceso de la guerra que todos hemos vivido, el conflicto en los barrios como ciudad, como ruralidad, muchos chicos desplazados, entonces digamos que hemos estado con ese dolor con el conflicto (Entrevista #6, joven, 05 de septiembre de 2018).
Estas identificaciones hacen posible que se establezcan unos nexos, además de la comprensión de que no solo vivimos en el mundo, sino que todo el tiempo estamos participando de los procesos de vida del otro.
Podemos decir que el hito de historias de vida fue el más relevante en todo el proceso y que, aunque transcurrieron varios meses, el tema y las reflexiones eran aludidas constantemente hasta el final de la investigación. Para terminar el momento de las historias de vida no se definió una fecha establecida; antes bien, el proceso fue llevando a las
historias hasta el final, en donde, para el cierre, se programó un encuentro buscando que tuviera la misma coherencia desde lo simbólico y los significados. Por eso la actividad final se hizo por fuera de la ciudad y la metodología se realizó desde lo simbólico, en donde se trabajaron todas las etapas de vida personal a partir de la representación de un objeto que para este caso fue una vasija de barro como representación de la vida. La actividad consistía en quebrar la vasija como símbolo de la vida y en su reconstrucción, a partir de un ejercicio reflexivo, se iban tejiendo las conexiones del propio proceso de vida y de los demás.