Acción intercultural: Pobreza, desigualdad
MIGRACIÓN INTERNA
La migración desde las zonas rurales, así como el
crecimiento vegetativo, son causa del rápido aumento de la población urbana en los últimos decenios. Los residentes urbanos pobres, tanto migrantes como no migrantes, están en situación muy desventajosa. En comparación con los demás residentes urbanos pobres, las necesidades de salud reproductiva de los migrantes tal vez estén más relacionadas con su inseguridad respecto del empleo, los medios de vida y las redes sociales, que con los propios servicios médicos o de salud18. Aun cuando en las zonas urbanas el acceso a los servi-
cios de salud reproductiva tal vez sea más fácil que en las zonas rurales, muchos migrantes en zonas urbanas no pueden sufragar esos servicios. La falta de contactos sociales de esos migrantes también perjudica su grado de acceso a la atención obstétrica de emergencia y de ginecología en los hospitales, así como su grado de aprovechamiento de dichos servicios. En Rajastán, por ejemplo, las mujeres migrantes pobres regresan a sus aldeas para dar a luz1 9
, aun cuando lo probable es que los servicios de atención obstétrica de emergencia y atención ginecológica, así como los de inmunización infantil y atención postnatal, sean allí menos accesibles que en una ciudad. ÁMBITO SOCIAL Y COMPLEJIDADES
Los estilos de vida y las expectativas están cambiando acelera- damente. A medida que aumenta la movilidad geográfica y social, también cambian las relaciones entre miembros de las familias y de las comunidades, y la cantidad de experiencias compartidas. Los cambios en las oportunidades sociales y económicas están transformando las expectativas y los deseos de las personas en relación con sus familias. Los efectos acu- mulativos del cambio social están creando las condiciones en que se efectúan las transiciones culturales.
A medida que las culturas van influyendo sobre el marco en que se aplican las políticas, también resultan transformados los diversos elementos constitutivos de la cultura. Por consiguiente, los significados, las normas y las prácticas culturales no son inmutables; atraviesan transiciones y cambian, a medida que las personas y los grupos adquieren nueva información, aumentan sus capacidades y están expuestos a diferentes ámbitos. En todos los casos, la sensibilidad cultural sigue siendo un componente clave de políticas que traten de responder a los desafíos de la migración y la urbanización, en las intersecciones de éstos con las relaciones de género y la dinámica de derechos humanos. que atraviesan las fronteras, pero también ha globalizado la
delincuencia organizada. Las mejores tecnologías de la informa- ción y los mejores transportes posibilitan que los sindicatos delictivos transnacionales operen con más facilidad. Quienes caen en las manos de tratantes están impulsados por la esperan- za de una vida mejor o se ven obligados por amigos o parientes. Tal vez estén engañados por falsas promesas, o simplemente hayan sido vendidos. En Europa y América del Norte, las políti- cas de inmigración cada vez más restrictivas están empujando hacia los tratantes a cantidades cada vez mayores de aspirantes a la migración. Las mujeres objeto de trata se ven obligadas a prostituirse, o dedicarse al turismo sexual, o contraer un matrimonio de conveniencia comercialmente, o realizar tareas domésticas sin remuneración o mal pagadas, o realizar tareas agrícolas, o trabajar en talleres insalubres17
.
Hajira, de 8 años de edad, en la puerta de un taller de reciclado de acumulado- res eléctricos en Bangladesh. Trabaja con su madre y también cuida a los niños más pequeños.
© Shehzad Noorani/Getty Images
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E S TA D O D E L A P O B L A C I Ó N M U N D I A L 2 0 0 8
Desde la finalización de la guerra fría, los conflictos armadas, en su mayoría, se han producido dentro de un mismo país y no entre distintos países. Entre 1998 y 2007 hubo 34 conflictos armados de gran magnitud—todos ellos, salvo tres, internos—y el total, incluidos los de menor magnitud, fue unas cuatro veces superior1
. En esos conflictos el número de víctimas civiles fue muchas veces mayor que el de bajas de los combatientes2
, y muchas de esas víctimas fueron mujeres y niñas.
Los conflictos armados amenazan los derechos de la mujer—incluidos los derechos reproductivos—así como su salud, y pueden exacerbar las desigualdades de género que tienen raíces culturales. Además, en tiempos de guerra, las mujeres cumplen diferentes funciones, algunas como combatientes, y muchas llenan los espacios que los hombres dejan vacíos en la vida económica y política. Los enfoques con sensibilidad cultural pueden ayudar a los profesionales del desarrollo a mitigar algunos efectos nocivos de los conflictos, minimizar el deterioro en las relaciones de género y colaborar con las comuni- dades locales y los interesados pertinentes a fin de proteger el progreso que se haya logrado hacia una mayor igualdad de género, incluidos los derechos de la mujer y los derechos reproductivos. Esos enfoques también pueden contribuir a asegurar que las mujeres se transformen en importantes participantes en los procesos de negociación y se integren en las acciones de rehabilitación y reconstrucción después de los conflictos.
Culturas, relaciones de género y conflictos armados
Gran parte de la labor sobre las relaciones entre culturas y género en situaciones de conflicto pone en tela de juicio las percepciones convencionales de los papeles de hombres y mujeres. Muchas culturas consideran a las mujeres primordialmente como “madres” y “guardianas de la cultura”, tradicionalmente pasivas y necesitadas de protección masculina. Los hombres y los jóvenes
varones, considerados como intrínsecamente agresivos, son los común- mente reclutados como combatientes, aun cuando en algunas sociedades las mujeres también participan como combatientes, ade- más de cumplir funciones civiles. En la guerra, los hombres son normalmente