5. MIGUEL ANTONIO CARO, JURISTA SU FORMACIÓN Y APORTE JURÍDICO AL DERECHO CONSTITUCIONAL
5.9 MIGUEL ANTONIO CARO, HOMBRE DE ESTADO PRESIDENTE DE COLOMBIA
5.9.1 Antecedentes. A comienzos de 1891, comenzaron a discutirse las nuevas candidaturas para el período presidencial de 1892 a 1898. Nadie tenía duda sobre el candidato presidencial, pues todos apoyaban a Rafael Núñez y nadie habría podido enfrentársele. Lo importante era quién iba a ser el candidato a la Vicepresidencia. En febrero, un comité de Cartagena, que se suponía contaba con el apoyo de Núñez, propuso la lista Núñez- Marcelino Vélez532, que permitiría atraer a los vacilantes antioqueños. Marcelino Vélez, sin embargo, era un candidato sin mucho peso nacional. Había sido gobernador de Antioquia durante la mayor parte del gobierno de Carlos Holguín, y se había resistido a ir al Congreso, donde tenía un puesto de Senador, a pesar de la reiterada solicitud de los antioqueños.
Una amplia correspondencia, sin embargo, lo había mantenido en contacto con otros regeneradores descontentos, como el gobernador del Cauca, Juan de Dios Ulloa. Sin embargo, sus desacuerdos con Holguín y con el núcleo de su gobierno habían sido demasiado obvios. Tan pronto se lanzó su candidatura, se inició un esfuerzo por encontrar otro candidato que pudiera desplazarlo, y don Jorge Holguín533 hermano del presidente,
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(1832 - 1933). Político más que general. Disputó la vicepresidencia a Caro en 1891 y luego aspiró a la presidencia en la fragorosa lid electoral de los años 1897–1898. Antes, en 1875, llegó a la gobernación de Antioquia y realizó allí una de las administraciones más notables por las obras de progreso y de bienestar que impulsó. Fue también la figura más respetada del conservatismo histórico.
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(Cali, 1848 - 1928). Político colombiano, de orientación conservadora, ocupó provisionalmente la presidencia de la república tras la caída de Reyes (1909) y volvió a desempeñar el cargo entre 1888-1892.
lanzó la candidatura de don Miguel Antonio Caro. Para ellos, la candidatura Vélez era un claro desafío, un peligro para la Regeneración.
Como dijo entonces don Carlos Holguín: “Lo que es vencidos no nos declararemos sino cuando lo seamos real y materialmente”534; abrir el compás a los liberales por pura generosidad, por puro idealismo, era una torpeza que no debía cometerse. “Sería labor desgraciada –dijo solemnemente don Marco Fidel Suárez, hombre de confianza de Caro y Holguín– el anteponer ideales generosos pero irrealizables al imperioso deber de la conservación”535. Núñez anunció una neutralidad inicial y la candidatura de Vélez obtuvo algún apoyo en el centro del país. Caracterizados conservadores, como Rafael Reyes, José Manuel Marroquín y Carlos Martínez Silva se sumaron a ella.
Sin duda, Caro era la figura más representativa de la Regeneración y estaba mucho más cerca de quienes tenían el poder. Su candidatura, además, tenía obvia aroma oficial, reforzada por su parentesco con el presidente en ejercicio: Carlos Holguín estaba casado con una de sus hermanas. Vélez trató de obtener el apoyo de Núñez, pero lo hizo subrayando sus diferencias con Holguín y sus críticas a los actos de la administración, a los exilios, la división territorial y el manejo del tesoro, en conclusión Núñez decidió dar su pleno respaldo a Caro, porque consideró que la candidatura de Vélez era subversiva, teniendo en cuenta las críticas hechas al gobierno.
Cuando Miguel Antonio Caro anunció que aceptaba la candidatura, aires frescos renovaron la atmósfera política, la nación vibró en sus más hondas fibras, su nombre y dignidad constituían la mejor garantía para los independientes, aunque sus vínculos familiares con el señor Carlos Holguín cargaron la lucha electoral con explosivos poderosos. Había concurrido a su proclamación la inteligente gestión de los independientes y la del propio hermano del designado, Jorge Holguín quien fundó el periódico La Prensa, órgano de la candidatura de Caro.
El apoyo de Núñez a Caro, para la Vicepresidencia originó que muchos de los partidarios de Vélez, entre ellos Reyes y Martínez Silva, pasaran su apoyo a Caro. En las elecciones barrieron los miembros del partido nacional en todo el país, con excepción de Antioquia, donde los velistas que empezaban a referirse a su movimiento como el “partido conservador histórico” o el partido conservador “republicano”, obtuvieron una amplia mayoría.
La marcha de Caro hacia el poder contó con el respaldo entusiasmado de la juventud, pero la profunda escisión del partido nacional lo situó en el campo adverso al de varios intelectuales del conservatismo tradicional y de amigos a quienes el encono político retorcía el corazón. Antonio Rubio y Lluch escribió respecto de esa situación lo siguiente:
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CÍRCULO DE LECTORES. Manual de historia de Colombia, Tomo 2, p. 59.
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El presidente que a la sazón gobernaba la República, quien no era otro que el mismo doctor Núñez, tenía puesta en nuestro escritor la más absoluta confianza. He aquí lo que me escribía acerca de él y de su candidatura en la víspera misma de las elecciones (25 de noviembre de 1891): ‘Estamos saliendo ya ilesos del embrollo electoral, y me parece fuera de duda la elección del señor Caro por enorme mayoría de sufragios. Él será el jefe del gobierno desde el 7 de agosto de 1892 hasta el 7 de agosto de 1898, pues mi resolución de vida privada es absolutamente irrevocable, para dar un ejemplo necesario. El señor Caro será un presidente incomparable, y bajará del solio dejando huella luminosa e indeleble. Es persona que he estudiado mucho, y que cuanto más conozco más admiro’. Decía que Caro –continúa Rubio y Lluch- aceptó con repugnancia la dirección del gobierno de su patria, y hasta sin entusiasmo alguno, sólo en aras del cumplimiento de un sagrado deber de ciudadanía, de un supremo sacrificio que Dios le ordenaba.
Y, como yo prefiero hablar aquí más que por mi cuenta, por impresiones vivas y directas, me resuelvo también a transcribir un fragmento de una carta del interesado (28 de agosto de 1891), en el que aquellas afirmaciones mías tienen una confirmación completa: ‘Yo he tenido desgracias domésticas una tras otra y ahora me tiene usted de candidato para el gobierno, en lucha electoral muy viva. Muchos amigos me hacen guerra, y en mi favor se ha levantado una legión de amigos desconocidos. Yo remití la aceptación de la candidatura hasta la última hora, pero las circunstancias me vencieron, mejor dicho: El hombre se agita y Dios le conduce. Todo ello quita la tranquilidad y sólo hombres de letras como usted pueden comprender este sacrificio’. Pertenecían, los más de estos enemigos a que Caro se refiere, al linaje de ciertos intransigentes, de los cuales me decía con una de aquellas y sentenciosas frases suyas, tan luminosas, que querían el bien por determinado camino, y mediante ciertas condiciones que le imponen a la providencia536.
Además de La Prensa defendía el nombre de Caro El Colombiano, periódico dirigido por el joven y futuro presidente Miguel Abadía Méndez537, quien escribía en defensa de la candidatura Núñez-Caro: “La bandera que lleva inscritos los de Núñez y Caro, los dos más ilustres caudillos de la Regeneración es una bandera que honra a los que por convicción la siguen y defienden, y que alcanzaría a dignificar a una derrota sufrida por ella... Al aclamar la candidatura del señor Caro, obedecemos a muy elevados móviles. Ante todo, como jóvenes, nos impulsa la gratitud. ¿Quién ha enseñado a la actual generación el verdadero credo de la política cristina? El señor Caro. (...). Él tiene –añadía El Colombiano– por la Constitución de 1886, el amor que profesa el artífice a su obra, conoce su letra y está empapado de su espíritu”538.
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RUBIO Y LLUCH, Op. cit., p. 9.
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(Vega de los Padres, Tolima, 1867 – Bogotá, 1947). Político y escritor colombiano. Presidente de Colombia 1926–1930, como miembro del partido conservador, siguió una política de orden y equilibrio que facilitó las inversiones de capital extranjero, especialmente en el sector petrolífero. Auto de compendio de historia moderna y de geografía de Colombia.
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Lo anterior significa que Caro resistió la tentación del poder hasta el último momento. El 22 de abril, en homenaje que se le tributó, dijo a sus partidarios: “...bien hubiera deseado que se prescindiera de mi nombre. Mis esfuerzos fueron inútiles y las circunstancias exigieron otra cosa”539. ¿Cuáles eran esas circunstancias? Miguel Antonio Caro fue elegido vicepresidente de la República. Pocas horas después se encargaría del primer puesto de la nación. Su fuerza estaba en la grandeza de sus virtudes, en la confianza de sus amigos, en el valor con que libró la campaña, olvidando los peligros que la gloria política atrae para quienes la disfrutan y de la ilusión que sus favores procura. Contaba con su habitual sencillez, a su querido amigo Rufino José Cuervo las circunstancias que lo colocaron en la balanza del poder:
Me tiene usted de vicepresidente, y dentro de pocos días de encargado del poder ejecutivo, la cosa más contraria a mi carácter y a mis hábitos. Se efectúan en política fenómenos raros, que desde lejos deben de parecer incomprensibles. Yo rehusé tenazmente la candidatura, que me había propuesto antes el doctor Núñez, hasta que tuve que aceptarla para evitar un desastre. Recomendó luego el doctor Núñez, sin comprender el peligro, la del general Vélez, que ha soñado con ser nuevo reformador y amenazaba con volverlo todo al revés. Mi nombre era el único que podía hacer retroceder al doctor Núñez, y he aquí la necesidad del sacrificio540.
Aunque Caro deseaba continuar con sus tareas literarias, le esperaba una agitadísima labor administrativa y política; colocado en el potro de los tormentos, sin ninguna iniciativa suya, hubiera sucumbido si realmente una fuerza sobrenatural no lo hubiera sostenido; su mandato no fue camino fácil, senda de espinas sin descanso alguno era lo que le esperaba en los siguientes seis años, iniciando con alborotos e intentos de sedición, seguido de escándalo financiero y guerra fratricida, terminado con inmensos peligros por la incomprensión de los propios y la amenaza de los incorregibles adversarios. Su gobierno debió llevar la cruz de la división. El origen formal de esa división fue provocado por la respuesta del general Vélez al presidente Núñez, quien se creyó con derecho a protestar contra la farsa en que decía haberse convertido la Regeneración.
5.9.2 Caro Vicepresidente y Presidente. Propuesta la reelección del presidente Rafael Núñez y aceptado Caro como su fórmula para la vicepresidencia, elecciones en las que no participó el liberalismo, ganaron las elecciones por una amplia mayoría. No obstante como Núñez se encontraba en Cartagena debido a sus quebrantos de salud, su posesión como presidente se efectuó en dicha ciudad, aunque su posesión fue sólo simbólica541. Rafael Núñez fiel a su deseo de alejarse definitivamente del poder, se abstuvo de ejercer el cargo para el que había sido reelegido.
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DÍAZ GUEVARA,Op. cit., p. 216.
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CARO, Epistolario de Miguel Antonio Caro y otros colombianos con Joaquín Rubio y Ors y Antonio Rubio y Lluch, Bogotá: Imprenta Patriótica del Instituto Caro y Cuervo, 1982, p. 168.
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A las 11:00 de la mañana del 7 de agosto de 1892 el señor Miguel Antonio Caro, prestó juramento ante la corte suprema de Justicia como Vicepresidente de la República para el período 1892 a 1898, hacia la una de la tarde sube las gradas del Capitolio donde es aclamado por la multitud, resuena en sus oídos la profética estrofa paterna: “Serás de tu nación la gloria”. Siguen las aclamaciones. ¡Si su padre hubiere visto ese momento542! Pero Caro comprendía que la meta del triunfo no era sino principio de un nuevo y doloroso vía crucis; después de tantas luchas, sostenidas con tesón, no hubo descanso. Así retumbaron sus palabras en el Congreso: “Hemos reformado las leyes; nos cumple ahora atender a la reforma de los hombres, de nosotros mismos, por la educación en el respeto de las cosas serias, por la práctica de mayores virtudes.
La prudencia nos cierra el campo de las mudanzas políticas, y nos convida a las grandes conquistas del progreso moral; fuera de que la vigorosa opinión, que me ha llamado a más activo servicio, se caracterizó por la instintiva resistencia, innovaciones imprudentes que, por más que se hincasen con buena intención, habrían de acarrear nuevas y grandes desgracias; y no sería yo fiel a mis deberes si no respondiese al sentimiento público que exige la estabilidad de los existentes”543. Aún con las responsabilidades que llevaba sobre sus hombros, conservó Caro el equilibrio psicológico; “La ambición de mando es notoriamente contraria a mi naturaleza”, exclamaba en la misma oración; y a su amigo Rufino José Cuervo decía: “Sepa que no por entrar al gobierno he de perder mi personalidad”544.
Su carácter entero, inflexible y justo, no fue tocado por los politiqueros tropicales y malignos aduladores, como si la Providencia lo hubiese reservado para ser un auténtico conductor de su pueblo. Pocos días después de posesionado, se restablecía la confianza en la paz, dignificada por elocuentes mensajes al congreso sobre temas jurídicos y económicos. Desde un principio fue evidente que gobernaría dentro de la línea regeneradora más exclusiva.
La fracción antioqueña con cinco representantes en el Congreso por Antioquia comenzó a acentuar su distanciamiento de Caro y no vaciló en apoyar a Luis A Robles, cuando propuso en la Cámara la derogatoria de la ley 61 de 1888545 denominada “Ley de los Caballos”546, derogatoria que fue negada con sólo seis votos a favor. El carácter de Caro
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EVOCACIÓN de Caro cuando aceptó su candidatura: “En 1850, cuando mi padre emigró escribía de Maracaibo: “No podré nunca agradecer bastante los servicios y atenciones que me han prodigado el señor Leonardo Canal y el señor García Herreros”. Entonces yo era un niño. Hoy el general Canal, cargado de tantos merecimientos como el que más, adquiridos en su gloriosa carrera pública; él, nuevo Entelo, más joven que los que cuentan pocos años, por su privilegiado organismo, viene a impulsar este movimiento y a presidir la fiesta dedicada al hijo del proscrito”. La Época, núm. 249.
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MENSAJE del vicepresidente de la República al Congreso Nacional, 1892.
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CARO, Epistolario de Miguel Antonio Caro y otros colombianos con Joaquín Rubio y Ors y Antonio Rubio y Lluch, Bogotá: Imprenta Patriótica del Instituto Caro y Cuervo, 1982, p. 169.
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CÍRCULO DE LECTORES, Gran enciclopedia de Colombia, Tomo II, Op. cit., p. 431.
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Esta se refería en su artículo 2 “que el presidente de la república ejercerá el derecho de inspección y vigilancia sobre las asociaciones científicas e institutos docentes y queda autorizado para suspender por el
se manifestó desde temprano en su administración. Seguro de sí mismo, de una indudable coherencia lógica, y de una formación filosófica maciza, su pensamiento político y su catolicismo contrariaban el pensamiento liberal. En 1893 la tensión entre el liberalismo y el gobierno aumentó con motivo de una larga polémica entre el ex presidente Carlos Holguín y el caudillo liberal Santiago Pérez547, al igual que se fraccionaron los conservadores lo que llevó al alejamiento de Carlos Martínez Silva de Núñez y Caro548.
Durante su administración se inauguró El Teatro de Colón, llegó a Cajicá el ferrocarril del norte, se dio al servicio el ferrocarril de Cartagena, se inició el del Tequendama y recibió gran impulso el de Antioquia; trajo al país una misión de oficiales franceses con el fin de reorganizar el ejército; el cuarto centenario del descubrimiento de América fue celebrado con suntuosa solemnidad. En el año de 1891 fue resuelto favorablemente para Colombia, por la reina María Cristina de España, el litigio sobre límites con Venezuela. Por ley del año 1892, se autorizó el restablecimiento de las misiones en nuestro suelo549.
En el mes de abril de 1894 terminó por manifestarse el distanciamiento de dos antiguos amigos, que con el correr del tiempo, conduciría a la liquidación del partido nacional. Carlos Martínez Silva, de regreso al país, después de un viaje por Europa, abrió en forma indirecta fuegos contra el gobierno desde su periódico El Correo Nacional, por aumento de emisiones de papel moneda, dando lugar a una investigación oficial por las irregularidades denunciadas en las polémicas de El Correo Nacional y El Telegrama.
Martínez Silva fue acusado por la emisión secreta, destinada a comprar la deuda pública en 1889, como ministro del tesoro que había sido en el gobierno de Carlos Holguín. Martínez Silva después, convencido de que el gobierno había intentado colocarlo en posición deshonrosa, y no menos movido del espíritu de resentimiento que del de oposición sistemática, se valió de la pluma para inyectar al partido de la Regeneración el virus del descontento y división que acabó con el movimiento.
Las grandes divisiones y el ambiente político candente hicieron que el vicepresidente Caro solicitara al Regenerador Núñez su regreso a Bogotá; cuando se preparaba para viajar a la capital el 18 de septiembre de 1894, falleció en Cartagena, debiendo Caro asumir la Presidencia.
El fallecimiento de Núñez dejó a Caro como el gran político nacionalista; don Carlos Holguín murió al mes siguiente, quedando Caro con un partido conservador
tiempo que juzgue conveniente toda sociedad o establecimiento que bajo pretexto científico o doctrinal sea foco de propaganda revolucionaria o de enseñanzas subversivas”.
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(Zipaquirá, 1830 – París, 1900). Político colombiano. Presidente de la república de 1874 a 1876. Fue desterrado en 1893 por Caro.
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CARO, Epistolario de Miguel Antonio Caro y otros colombianos con Joaquín Rubio y Ors y Antonio Rubio y Lluch, Bogotá: Imprenta Patriótica del Instituto Caro y Cuervo, 1982, p. 162.
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GRANADOS, Rafael. Historia de Colombia, la Independencia y la República. Bogotá: Bibliografía colombiana Ltda., 1964.
profundamente dividido. La muerte de Núñez no pudo acallar los resentimientos y, los opositores a la política del Vicepresidente que en la Cámara de Representantes hacían sentir sus quejas con vehemencia, no lograron un avenimiento con sus contrarios. Siguiendo el orden cronológico de los acontecimientos, cuatro meses después de la muerte de Núñez, al comenzar el año de 1895, el partido liberal se lanzó a la guerra civil que fue rápidamente develada. El movimiento armado se principió en Bogotá y no tuvo ningún efecto.
En la noche del 22 de enero de 1895 se reunieron algunos revolucionarios con el propósito según se dijo, de apoderarse del Presidente, de algunas personas importantes y de los cuarteles pero, fueron sorprendidos por la Policía y reducidos a prisión varios individuos. Nuevamente, en 1895, el país se vio avocado a una nueva guerra civil, donde se trató de apresar a los miembros del gobierno y apoderarse de los cuarteles; Miguel Antonio Caro se salva milagrosamente. Se iniciaron crueles masacres en el interior del país, desembarca en la costa una expedición socorrida por mercenarios extranjeros. En Facatativá550 hubo un levantamiento en la misma fecha.
El gobierno declaró turbado el orden público el día 23 en los departamentos de Santander551, Tolima, Boyacá y Cundinamarca; el día 24 se hizo extensivo a toda la República. Se libraron combates en varios sitios del país pero el combate decisivo que fue sangriento y dio un golpe definitivo a la revolución, fue el librado el día 29 de enero en el “Enciso”, departamento de Santander. Muchas de las tropas revolucionarias emprendieron hacia diversos sitios la retirada, y finalmente se libró un último combate en los alrededores de Enciso el día 15 de marzo el cual dio el triunfo nuevamente al Gobierno y puso término a la guerra.
El 9 de noviembre de 1895 el Gobierno levantó el estado de sitio de la República y concedió indulto a los comprometidos en la revolución, con algunas excepciones552. Desde la Presidencia Caro insistió en que el partido de la Regeneración era el partido nacional, por