3. Marco Contextual
3.6. El oficio de la pasión en Colombia
3.6.2. La mirada caleña
El ejercicio de Ojo al Cine sigue siendo un referente nacional en cuanto a su estilo e interés por renovar el cine colombiano
.
A pesar de que solo tuvo cuatro números publicados,
sus colaboradores y su director y creador Andrés Caicedo,
son considerados expertos en el campo y son ejemplo para cineastas y cinéfilos aún ahora.
Sus críticas y apreciaciones sobre el cine fueron a su vez elogiadas y criticadas,
pero sin duda lograron movilizar la opinión cultural alrededor del cine.
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La revista nació como publicación del Cine Club de Cali
,
y su financiación se derivaba de la entrada de los espectadores a este espacio.
Pero el nombre Ojo al Cine era también el nombre de la columna dominical que publicaba Andrés Caicedo en El País,
periódico de Cali,
desde donde defendía la experimentación cinematográfica como un ejercicio de renovación.
Los jóvenes en Cali de principios de la década de los setenta venían
recibiendo la influencia de varios fenómenos internacionales: el movimiento hippie
,
la música rock,
la canción protesta latinoamericana,
el redescubrimiento del son,
la salsa,
la revolución cubana,
las ideas socialistas,
los ecos de mayo del 68,
el boom de la literatura latinoamericana,
los ecos de las filosofías existencialistas de posguerra,
del teatro brechtiano y del absurdo (Beckett,
Ionesco),
del Pop Art,
pero también de fenómenos locales como el nadaísmo,
el teatro político universitario,
el movimiento político estudiantil y obrero.
Arbeláez,
2005)Todos estos elementos se tradujeron también en su interés por acercar las expresiones artísticas internacionales de otros jóvenes que estaban desafiando los límites de aquello que era considerado arte
.
Es por esto que,
desde 1971 cuando Andrés Caicedo se hizo cargo del Cine Club,
se hicieron más frecuentes los ciclos que correspondían a los proyectos que solían ser descartados por la cartelera comercial.
Sin embargo
,
como lo relata Ramiro Arbeláez en el Encuentro Nacional de Revistas de Cine de 2005,
el primer número de la revista,
de 1974,
se publicó en medio de un interés nunca antes visto por el cine colombiano en los circuitos culturales del país.
La Cinemateca Distrital de Bogotá había realizado un ciclo dedicado al cine nacional,
y en el Cine Club de Cali se proyectaron algunas de las películas.
Así que esa primera edición centró su atención en la producción cinematográfica del país,
y a partir de ese debut los roles dentro de la revista se establecieron.
El crítico con más oficio era Caicedo; la abundante información que Ospina siempre manejó le
permitió tener papel protagónico en las entrevistas; Mayolo y Arbeláez nos dedicamos a hacer historia y crítica del cine colombiano
.
El contenido era discutido y decidido en equipo y luego se repartían responsabilidades e invitaciones a críticos nacionales o internacionales.
Los principales colaboradores fueron los españoles Miguel Marías,
Ramón Font y Segismundo Molist,
reforzados por los peruanos Isaac León Frías y Juan M.
Bullita,
pero también recibimos al menos un artículo del caleño en adopción Jesús Martín-Barbero y de los colombianos Luis Alberto Álvarez,
Hernando Salcedo Silva,
Jorge Silva,
Marta Rodríguez,
Lisandro Duque,
Julio Luzardo,
Juan Diego Caicedo,
Umberto Valverde
,
Alberto Valero y Alberto Rodríguez,
e imágenes de nuestro fotógrafo de cabecera: Eduardo Carvajal.
Arbeláez,
2005)Como se ha mencionado
,
los críticos y colaboradores de la revista eran también cinéfilos y apasionados por el cine.
Ellos,
además de participar en este proyecto editorial,
eran también lectores de revistas especializadas de cine.
Entre las más consultadas estaban Hablemos de Cine,
de Perú,
y Cahiers du Cinéma de Francia.
A través de sus páginas se acercaron a teorías y propuestas como la política de los autores,
los estilos de montaje,
etc.,
así como a los estilos analíticos y críticos de quienes consideraban sus maestros.
Así mismo,
a raíz de esta directa influencia intelectual,
establecieron un panteón de directores y realizadores que servirían de inspiración para aquellos de los críticos que se aventuraron a la realización.
Por otra parte
,
en Ojo al Cine existía un claro interés por estudiar la historia del cine y por conocer más acerca del escenario nacional.
En este campo,
los textos no se limitaban a las producciones,
también se trataban temas de la producción,
distribución y fomento de un ejercicio que cada vez atraía a más público.
La revista era un espacio de reflexión y de debate,
un lugar en el que se consignaban los deseos de estos cinéfilos por ver un cine de calidad y ejemplar,
pero también en donde expresaban sus dudas acerca de las condiciones en las que era posible llevar a cabo esos sueños.
Los textos de la revista y algunos de Andrés Caicedo también apuntaban al interés por formar un público exigente para el cine
.
La recopilación de éstos que realizaron Andrés Romero y Luis Ospina en el libro que lleva el mismo nombre de la revista y su columna,
da cuenta de la cinefilia de Caicedo y la experiencia íntima que tuvo con el séptimo arte.
Una relación que construyó y mantuvo viva a través de la constante y casi enfermiza costumbre de ir a ver cine.
Caicedo insistía en la necesidad de fomentar la curiosidad de los espectadores para que
,
de esa forma,
tuvieran elementos críticos a la hora de acercarse a una película.
Ese público ideal,
que Caicedo y los miembros de la revista esperaban ver algún día en el país,
sería un elemento fundamental a la hora de exigirle a la industria cinematográfica nacional.
Solo así,
creían ellos,
se podía pensar en hacer cine colombiano de mejor calidad.
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La muerte de Andrés Caicedo en 1977 fue un hecho que determinó el final de este ejercicio crítico y cultural
.
Además de haber perdido a la persona que organizaba y cohesionaba editorialmente la revista,
el Cine Club debió trasladarse a otro edificio en la ciudad de Cali.
Este cambio ahuyentó a gran parte de sus miembros,
y el cierre de este espacio de reunión sepultó finalmente la posibilidad de financiar el proyecto.
No obstante