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MITO Y LEYENDA

2. DESCRIPCIÓN DEL PROBLEMA

2.1. GENERALIDADES

5.2.1.3. MITO Y LEYENDA

El mito y a leyenda pertenecen al género narrativo, los mitos son historias sobre los dioses y dan explicación a los orígenes, las leyendas son una narración de carácter popular, ligadas a eventos reales:

La leyenda es una expresión literaria primitiva, que tuvo su origen en la tradición oral y en la que los hechos verdaderos coexisten con otros fabulosos. Las leyendas de carácter narrativo y literario surgen debido a la necesidad que tiene el hombre de aludir a lo maravilloso. Las más antiguas que se conocen provienen de la India, pero todos los pueblos la desarrollaron. Algunas, como la de la Mesa Redonda y la de Merlín, el encantador, parecen provenir de antiguas tradiciones celtas; otras

por la tradición. Gran parte de la epopeya eran ya conocidos en forma de leyenda. Además de ser cuna de los cantares de gesta, sirvieron también al romancero. (Rogel, 2009)

Las leyendas perduran a través del tiempo gracias a la tradición oral, así como también se han transformado e incorporado elementos imaginativos o maravillosos para explicar sucesos extraños o heroicos. Por lo contrario, el mito enfoca en las historias sobre creación del mundo y el universo, formando parte de creencias religiosas de una cultura:

La literatura entiende el mito como la narración de acontecimientos sagrados y primordiales, ocurridos en el principio de los tiempos entre seres de calidad superior: dioses y héroes arquetípicos, civilizadores, legendarios y simbólicos. Trata aspectos de la naturaleza humana o del universo, cuya analogía suele ser religiosa. Surge de las preocupaciones del origen y destino de la humanidad, por lo que es objeto de estudio de la etnolingüística y conserva muchas veces antiguas tradiciones orales a través del lenguaje de carácter ritual y pre lógico. El mito suele estar presente en los autores clásicos, sobre todo en la épica y la dramática. Conviene destacar que el mito no se considera como ficción en la sociedad que lo crea, ya que en él ve una realidad del pasado. (Rogel, 2009)

Si bien, para Fundalectura las buenas ediciones de los mitos deben contener:

● Versiones originales y reelaboraciones literarias que se caracterizan por:

- Conservar rasgos de la oralidad: tono, lenguaje evocador y estructura lineal progresiva, que al final regresa al inicio de la narración para cerrarla.

- Se indica fuente, el origen y el contexto de historias, incluyendo la referencia

completa de los libros utilizados para la adaptación.

Las buenas leyendas para niños y jóvenes se caracterizan por:

● Refleja las creencias, costumbres y entorno de donde han surgido.

● Representan elementos simbólicos unidos a la cultura que los origina: el agua como origen

de la vida, las semillas como representación de la fertilidad…

● Acuden en su mayoría a lo sobrenatural para caracterizar a los personajes: fantasmas, seres

que cambian de forma…

● Generan imágenes llamativas a partir de descripciones de la naturaleza, los personajes y el

contexto cultural.

● Incluyen la explicación de contexto histórico que enmarca la tradición.

● Incluyen la referencia completa de los libros utilizados como fuente de adaptación.

5.2.1.4. Cuento:

El cuento es una narración breve de hechos imaginarios que presenta un narrador, unos personajes y una trama; para Fundalectura es importante definir dos tipos de cuento: el cuento popular y el cuento de autor; el primero hace referencia a los cuentos populares que salvaguardan la memoria de los pueblos, es decir es una narración tradicional de transmisión oral narraciones originales que perdieron un origen sagrado para transmitir enseñanzas, recobran vida con la voz y el cuerpo del lector como medio de transmisión, Gemma Lluch (2009) menciona que “los relatos populares se constituyen en forjadores de estructura que el oyente sigue y recuerda fácilmente, de personajes que se tornan arquetipos, de enseñanzas que surgen de lo moralmente aceptado, de símbolo y poéticas que muchos libros de la actual literatura infantil y juvenil y juvenil toman prestados para elaborar nuevas historias” (p.71), los siguientes son algunas de las características que deben recoger los buenos libros de la tradición oral:

● Conservan el tono de lo oral, de las formas de contar. ● Transmiten un saber, una moraleja, una lección de vida. ● Son breves y contienen descripciones cortas.

● Se desarrolla en prosa, generalmente.

Por otro lado, el cuento de autor es el resultado de un proceso creativo de un individuo que refleja su manera de pensar y sentir, así como sus conflictos, el cuento se mueve en el plano del hombre donde resulta una batalla entre la vida y la expresión escrita; los buenos relatos cortos para niños y jóvenes se deben caracterizar por:

● Exploran la aventura, la fantasía, el misterio o lo cotidiano.

● Acude a pocos personajes y generalmente todas las acciones recaen en uno de ellos. ● Conocemos a los personajes desde sus pensamientos, percepciones y acciones. ● Desarrollen una sola línea argumental donde confluyen todos los hechos y elementos.

● La narración es breve y compactada por:

- El uso de oraciones concretas y necesarias.

- Formas gramaticales básicas.

- Condensación del tiempo y el espacio.

Los relatos para niños y jóvenes siempre han estado presentes en todas las culturas, que han pasado de generación en generación, construyendo aportes para cada una, “cuando un narrador cuenta una historia, da su perspectiva sobre lo que narra e incorpora su experiencia vital, su manera de pensar”. (Lluch, 2009, p. 49)

5.2.1.5. Poesía:

La literatura como “alma del mundo”, como la cataloga Mario Benedetti, la representan diversos géneros, entre ellos la poesía; para el poeta hispano americano Octavio paz, “la poesía es la perpetua tensión del poeta hacia un absoluto del lenguaje, en la esperanza de cautivar la realidad, lo efímero, eso mismo que se desvanece en el momento en que uno lo piensa, da un paso, con palabras que no se esperan y milagrosamente se ordenan, gracias a la cadencia que el mismo artista vacila en considerar como el fruto de su paciente trabajo”. (Paz, 2018)

Ofrecer poesía a niños y jóvenes supone un tránsito de lo oral a las palabras en un lenguaje poético que, para Pellegrini, es el lenguaje de la verdadera comunicación, donde el poeta busca en la palabra un modo de participar en la realidad mismas, sumergiendo al lector en otro plano de la realidad, es por ello, que para los criterios de Fundalectura, la buena poesía se debe caracterizar por:

● Conmueve y despierta la sensibilidad de los lectores.

● Expresa brevemente ideas, sentimientos, emociones, pasiones.

● Evoca sensaciones táctiles y visuales, aromas, sonidos…

● Despierta la imaginación, divierte y asombra.

● Muestra la vida cotidiana descubriendo en ella lo que tiene de profundo,

● Se relaciona con nuestra vida diaria, con la forma de sentir, ver y vivir la realidad que nos rodea y con los nexos que establecemos con los demás.

● Propone juegos con el lenguaje. (Lluch, 2009, p.79)

Los criterios deben identificarse en la obra a valorar, ya que debe estar cercana a la esencia de quien lee, siendo de cierta manera alegre, soñadora e inquieta, permitiéndole al lector descubrir sus propias emociones y el mundo.

5.2. Lector competente:

Teniendo en cuenta que la misión de Fundalectura radica en espacios alternativos de lectura como una nueva forma de acercar a niños y jóvenes a la literatura, surge la necesidad de hablar de lectores competentes en tanto que, sirve para entender no sólo las formas de caracterización textual dentro de la organización sino también para crear estrategias de promoción de lectura en espacios no convencionales. Ahora bien, por competencia entendemos lo expresado en los lineamientos curriculares del Ministerio de Educación (1994):

La noción de competencia es una categoría pensada desde la constitución y formación de los sujetos en diferentes dimensiones de su desarrollo. Pero esta noción está referida básicamente a potencialidades y/o capacidades. Las competencias se definen en términos de las capacidades con que un sujeto cuenta para llevar a cabo una acción. Pero es claro que estas competencias, o más

bien el nivel de desarrollo de las mismas, sólo se visualiza a través de desempeños, de acciones, sea en el campo social, cognitivo, cultural, estético o físico. Ésta parece ser una de las características básicas de la noción de competencia, el estar referidas a una situación de desempeño, de actuación, específica. (p.17)

Por lo dicho, un lector competente necesita de estímulos para potenciar diferentes dimensiones del desarrollo como, por ejemplo - y para el caso- la capacidad interpretativa, comprensiva, productiva y analítica. Investigadores interesados en el desarrollo cerebral, han demostrado por medio de maquinarias especializadas que la primera infancia es la etapa crucial en el desarrollo cognitivo, tal como lo afirman las investigaciones de Anna Campos (2010) en Características del desarrollo cognitivo y del lenguaje en niños de edad preescolar:

Entre las más diversas investigaciones realizadas por los neurocientíficos, encontramos un consenso acerca de la importancia de la primera infancia como un periodo de fuerte impacto en la calidad de vida posterior de la persona, por tratarse de una etapa de significativo crecimiento y desarrollo cerebral, en donde la alta plasticidad que posee el cerebro permite que las experiencias vividas lo modelan tanto estructural como funcionalmente. (p. 48)

La infancia, es una etapa relativamente corta que debe aprovecharse al máximo porque es justamente allí donde se fortalecen las funciones cerebrales superiores como la memoria, el lenguaje, la percepción, entre otras. Por ello, estímulos como la lectura temprana apuesta a afianzar los procesos del lenguaje y su interrelación con el pensamiento, como también entornos propicios

para la comunicación. Investigaciones en este sentido como las de Rosalía Montealegre (2014) en Controversias Piaget-Vygotski En Psicología Del Desarrollo, afirma que el desarrollo no solo debe medirse con base al área cognitiva del niño sino también al contexto, ya que este factor se convierte en un determinante en los procesos de configuración de sentido.

Los procesos neurológicos y la correspondencia con el contexto de los sujetos, se articulan para crear un vínculo estético con la sociedad a través de la lectura, de esta manera, se apuesta por niños y jóvenes críticos y activos que sean capaces de promover cambios sociales tomando como herramienta concreta la cultura. Esa clase de vínculos se pueden establecer siguiendo a Roland Barthes (1997) haciendo la siguiente precisión:

Texto de placer: el que contenta, colma, da euforia; proviene de la cultura, no rompe con ella y está ligado a una práctica confortable de la lectura. Texto de goce: el que pone en estado de pérdida, desacomoda (tal vez incluso hasta una forma de aburrimiento), hace vacilar los fundamentos históricos, culturales, psicológicos del lector, la congruencia de sus gustos, de sus valores y de sus recuerdos, pone en crisis su relación con el lenguaje. (p.13)

Ser un lector competente implica tener procesos de lectura avanzados que agranden el perímetro de su goce textual. Toda lectura genera placer, una cierta felicidad por los libros y su causa, pero cuando esa belleza es capaz de alumbrar el carácter estético del dolor, el lector sufre una transformación real. Habrá descubierto algo que ya llevaba adentro y que hasta entonces no correspondía con una palabra o una imagen en concreto. Se plantea entonces un lector activo y

dinámico que desde su infancia construye valores significativos y, que, a su vez, es capaz de encontrar en un texto el encanto y el desencanto del mundo.

La lectura se disfruta desde todos los ángulos, cada libro es un el Aleph2con mundos y fugas posibles de lo real, son un reflejo de nuestras formas de vida, por tanto, la discusión en torno a libros infantiles y juveniles conlleva una gran responsabilidad dentro de los comités de Evaluación y valoración, pues los libros seleccionados como altamente recomendados consolidan el desarrollo crítico de niños y jóvenes en espacios no convencionales, mediante la lectura guiada y puesta en discusión con otros.

5.4. Lectura crítica:

La lectura es una práctica cultural que permite el encuentro con otras formas de pensamiento para así construir una comprensión crítica de la realidad, como también la construcción de subjetividades que responden a modos de vida diversos. En esta dimensión, la lectura es un acto de acción que contribuye a la construcción de sujetos autónomos, dispuestos a cuestionarse para generar rupturas que posibiliten otras formas de interpretación. Velar por la lectura crítica es para Fundalectura una forma de establecer espacios reflexivos para niños y jóvenes en torno a dinámicas sociales, culturales y políticas que permean sus realidades. Sin embargo, es sabido que aprender a

2 Se alude al Aleph, cuento de Jorge Luis Borges, para manifestar el carácter multidimensional de la literatura, “la posibilidad en otras partes”.

leer no certifica que niños y niñas potencien su capacidad analítica, se requiere un esfuerzo mayor, asumir un compromiso con lo que se lee o en palabras de Freire (1985) “leer es pronunciar el mundo, es el acto que permite al hombre y a la mujer tomar distancia de su práctica (codificarla) para conocerla críticamente, volviendo a ella para transformarla y transformarse a sí mismos”. (p.17)

Según lo anterior, puede afirmarse que el mundo es susceptible de ser interpretado de múltiples maneras, por ello se idean estrategias para abordarlo en aras de responder a necesidades tanto globales como individuales. Es entonces que la lectura como instrumento de interpretación crítica, se convierte en una forma de organizar el pensamiento, es decir, la realidad. En consecuencia, un lector crítico según Cassany (2008) debe:

● Comprender autónomamente el propósito lingüístico, las intenciones pragmáticas

y los puntos de vista particulares que subyacen a los discursos que le rodean;

● Tomar conciencia del contexto (contenido cognitivo, género discursivo,

comunidad de hablantes, etc.) desde el que se han elaborado dichos discursos;

● Construir discursos alternativos, que defiendan sus posiciones personales y que se

vinculan polifónicamente o intertextualmente con los anteriores;

● Utilizar todos los recursos lingüísticos disponibles para conseguir representar

Dichas características tienen que articularse en la producción de sentido, teniendo en cuenta el contexto, las necesidades específicas y la demanda concreta del capital cultural al que está sujeta la selección y la difusión de los textos. Bajo esta dinámica, es posible incrementar el pensamiento crítico de manera exponencial, induciendo a niños y jóvenes a trabajar rigurosamente en hábitos lector-escritores hasta su visión de mundo. Entendemos pensamiento crítico desde las investigaciones de Richard, Paul y Elder Linda (2005) como:

El proceso de analizar y evaluar el pensamiento con el propósito de mejorarlo. El pensamiento crítico presupone el conocimiento de las estructuras más básicas del pensamiento (los elementos del pensamiento) y los estándares intelectuales más básicos del pensamiento (estándares intelectuales universales). La clave para desencadenar el lado creativo del pensamiento crítico (la verdadera mejora del pensamiento) está en reestructurar el pensamiento como resultado de analizarlo y evaluarlo de manera efectiva. (p.7)

En esta medida, la enseñanza de la lectura no solamente se reduce a generar las estrategias pedagógicas adecuadas para la comunicación y sus variables dentro del campo social, sino que, además, esta clase de procesos sirven para producir y reproducir herramientas muy precisas del lenguaje que ayuden al niño a entender y expresar el mundo de forma creativa y constructiva. Con esto no se quiere decir que el lenguaje (y más aún la lectura) es apenas un medio para la consecución de otra cosa, sino que es, ante todo, un fin en sí mismo, pues de uno u otro modo, leer es tratar de buscarse constantemente en otros lugares, en otras personas. No en vano, se dice que este proceso es una aventura. La figura del mediador, en este sentido es crucial, ya que crea situaciones significativas que llevan a niños y jóvenes a construir su conocimiento. El mediador

para Aidan Chambers (1991) no es solo quien está en la capacidad de dar, sino que también puede aprender de lo que otros producen, entonces, es un proceso recíproco donde las experiencias significativas se propician a través de la literatura, juntos exploran nuevas formas de relacionarse mediante la discusión y reflexión sobre lo que se lee para construir un idea o percepción hacia fenómenos constitutivos de la vida cotidiana. Podría afirmarse que este proceso enriquece, de manera distinta e individual el encuentro con los otros, pues “el desarrollo es un proceso socialmente andamiada, mediado, asistido y guiado en el que, en consecuencia, el papel de la educación y de los procesos educativos es crucial” (Vygotski,1978, p.47).

Esta mediación, es muy recurrente también en espacios escolares, debido a que el docente es quien tiene la tarea de enriquecer la historia lectora de cada uno de sus estudiantes y de formarlos como lectores críticos, de manera que si un maestro maneja adecuadamente el discurso -fruto de su experiencia y la pasión de sus lecturas anteriores- podrá dejar una huella que influirá en su comprensión e interpretación de la literatura y de manera directa a otras áreas de la vida configurándolo como un lector audaz.

Es necesario para esta formación que niños y jóvenes establezcan estrategias, de tal suerte que alcancen el disfrute de leer desde todos los puntos posibles, ya que leer es más que codificar un mensaje. Una de las primeras estrategias, radica en el uso de esquemas de secuencialidad que, aventuran al niño en la predicción de hechos y su significado de tipo circunstancial, con ello utilizará todo su conocimiento del tema en cuestión, aumentando su capacidad de asombro o afinidad con lo que lee; y la inferencia, otra estrategia importante porque impulsa al niño a sacar

conclusiones o deducir un resultado a partir de la relación entre los caracteres, por ejemplo, los personajes y su vínculo con las preferencias del autor. La inferencia surge entonces, del análisis mental entre distintas expresiones de la obra, que permiten trazar una explicación lógica de aspectos que estaban en el texto de forma explícita o implícita. Estrategias como la motivación, la búsqueda y la memoria también se ponen en escena y se activan en el encuentro con la novela, el cuento y otras formas de literatura, mediante el vínculo entre el texto y el lector “al llevar nuestro propio mundo al mundo del texto y compararlos, descubrimos significados en uno u otro, o en ambos”. (Chambers, 2007, p.26)

Por lo anterior, se entiende que el lector busca la manera de encontrar el sentido del texto y para eso, hace uso de una serie de herramientas que paulatinamente fue adquiriendo en ambientes de lectura. Pero, además de estas estrategias, debe tener una dedicación en el acto de leer, profundizar en ella y darle un cuerpo, es decir, dejar que la lectura permee el movimiento y lenguaje imbricado en la esfera familiar y escolar e influya en la manera de sentir amor, odio, empatía, alegría, tristeza ya sea para reforzar su estructura o reformularla. Walter Ong J. (1982) en su libro Oralidad y Escritura: Tecnologías de la Palabra, considera “la palabra articulada como poder y acción” “Las palabras son sonidos. Tal vez se las llame a la memoria, se las evoque. Las palabras son acontecimientos, hechos”. (p. 38)

Entender la formación de hábitos lectores como un proceso educativo, implica hacer que niños y jóvenes adquieran una real comprensión de los textos, de ahí que se hable de los tres niveles de lectura, la forma procesual de tener una aproximación a la comprensión.

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