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El Modelo Dialógico de Prevención y Resolución de Conflictos: una propuesta

educativa consciente para hacerle frente a los retos de la escuela frente a las relaciones de género.

El Modelo dialógico de Prevención y Resolución de Conflictos es una de las actuaciones educativas de éxito que conforman del Proyecto Comunidades de Aprendizaje, parte de la reflexión de otros modelos utilizados para la resolución de conflictos – el disciplinar y el experto- que en la misma línea han tenido avances, sin embargo, no han podido obtener los resultados deseados al no analizar la raíz del conflicto y quedarse en el campo de la prevención. El modelo

disciplinar se centra en la idea de una figura de autoridad que imparte las normas y reglame ntos

que deben obedecerse. No toma en cuenta la opinión de los otros, no es participativa:

Este modelo, parte de que hay que imponer una autoridad y pautas de conducta que las familias no ejercen o que incluso, si las ejercen, se consideran negativas. Se toman medidas como las sanciones, expulsiones o derivación a otras unidades externas a la escuela. (Flecha y García., 2007, p.73)

El modelo experto, avanza un poco más que el anterior al incorporar a las personas implicadas en el conflicto en la solución:

Se parte de la actuación de una persona que actúa como experta para interactuar entre las partes implicadas. Se considera necesario que esta persona sea ajena a las personas que han generado el conflicto para asegurar una postura crítica y no partidista. (Flecha, Ramón; García, Carme, 2007, p.73)

Este modelo con relación al anterior ofrece cambios significativos ante la solución de problemas, pero argumenta Flecha y García que se queda corto ante la multiplicidad de conflictos que se presentan en la escuela, estos no pueden ser abordados por una sola persona. Por último, se presenta el modelo comunitario o dialógico:

A diferencia de los dos anteriores modelos, el modelo comunitario está basado en el objetivo de prevenir la situación de conflicto y no de tratar de resolverla una vez ya ha aparecido (modelo experto) o tratar de eliminarla mediante actuaciones punitivas (modelo autoritario). El modelo comunitario implica que toda la comunidad participe en un diálogo que permita descubrir las causas y orígenes de los conflictos para solucionarlos desde la propia comunidad mucho antes de que aparezcan. (Flecha y García., 2007, p.74)

Este modelo ofrece la posibilidad de establecer un diálogo con un sentido más humano y social, abriendo las puertas de la escuela a las familias, al entorno que hacen parte de la formación de toda persona, llevándolas a participar en la construcción de unas competencias sociales que contribuyan a la formación de una comunidad consciente de lo que vive y de cómo puede influir en ello.

Esta actuación educativa de éxito surge a partir de una línea de investigación denominada “Socialización Preventiva de la Violencia de Género” en el grupo de investigación CREA (Community of Research on Excellence for All) que según Álvarez (2017), es el marco contextual que le da sentido de esta actuación educativa. A través de un análisis que se hizo sobre la convivencia en diversos centros educativos, se llegó a la conclusión que los problemas o conflictos que hay en el aula solo son la punta del iceberg, apuntan a que de fondo hay diversas situacio nes de violencia en familias, relaciones de pareja, etc., que se manifiestan en el aula de clases a partir de comportamientos que propenden al conflicto y la violencia en el plano afectivo- sexual. Jesús Gómez64 inició esta línea de investigación que se centra en “analizar y estudiar las interaccione s

sociales que provienen no solo del grupo de iguales sino de todos los agentes alrededor de la comunidad educativa” (Álvarez P. , 2017), y estas interacciones traen consigo o están conduciendo a un aprendizaje de relaciones afectivas entre los niños y las niñas.

Ejemplo de ello es la socialización de los modelos de atractivo y violencia que se generan desde los primeros años, potenciados en diferentes escenarios: televisión, películas, medios en general, noticieros, familia, acciones cotidianas: los chicos malos, los chicos buenos, estereotipos de belleza, roles de género etc. En ese sentido, lo que busca esta línea de investigación es generar un diálogo sobre los diferentes modelos culturales, roles, estereotipos, alrededor del género, que propenden en comportamientos generadores de violencia y de relaciones no igualitarias entre hombres y mujeres, que permita una transformación en las relaciones, libres de violencias. La comprensión desde este escenario implica un análisis profundo de las situaciones de violencias, de los contextos y una perspectiva de no validación ni naturalizar estos comportamientos. En esta perspectiva, la escuela es un escenario donde se pueden identificar en los de los niños y las niñas conflictos que parten de experiencias mediadas por imaginarios, creencias etc., producto de la comprensión o asimilación de un contexto violento. Por lo anterior, el trabajo que ofrece esta

actuación educativa desde el aprendizaje dialógico es vital para la prevención. Como dice Álvarez (2007), “la clave está en la socialización de la prevención de este tema”.

Tres aspectos son vitales en la actuación MDPRC: El papel de la comunidad, todos los agentes representan un rol en la gestión dirigida a prevenir y resolver los conflictos. La inclusión del

diálogo en todo proceso normativo, llegar a acuerdos, cuáles son las normas que queremos para

nuestra escuela, la promoción de entornos libres de violencia. Participación y aprendizaje, todas las personas interactúan y participan en la resolución de los conflictos. Para poner en marcha todo lo anterior es de suma importancia el papel del docente como investigador en el aula, para realizar un rastreo de aquellas situaciones que viven los y las estudiantes y que pueden estar desencadenando conflictos. Las actuaciones no deben partir de las ocurrencias o la improvisac ió n, debe abordar una problemática del contexto, para que su aplicación sí contribuya a la transformación de comportamientos que no aportan a las relaciones de igualdad.

Esta actuación educativa se ha trabajado en España con un objetivo claro: la prevención de la violencia de género desde la escuela. La línea de investigación Socialización preventiva de la violencia de género, que lleva más de 10 años tratando de buscar una respuesta a la situación de violencia que viven las mujeres en ese país y en todo el mundo, ha encontrado en esta actuación una forma de hacerle frente a la problemática: “Esta línea estudia las interacciones sociales (medios de comunicación, grupos de iguales, familia, centro educativo...) que generan una socialización y un aprendizaje de modelos amorosos y de atractivo que se vinculan a la violencia de género” (Duque, Prevención de la Violencia de Género, 2012, pág. 1). Esta investigación se centra en cómo los niños, niñas, adolescentes se relacionan, establecen relaciones afectivo-sexuales a partir de modelos establecidos socialmente:

Desde la línea de socialización preventiva se incorporan diferentes teorías como el interaccionismo de Mead (1990) y la Teoría de la Acción Comunicativa de Habermas (1987) y el planteamiento de las emociones de Elster (2001) que van explicando cómo se crean nuestros gustos y deseos. Y es con esta línea de investigación que se aporta cómo la atracción es fruto de las interacciones sociales, así como lo son nuestros deseos. El elemento clave identificado en esta línea de investigación es la existencia de una vinculación entre atracción y violencia. Esto significa que socialmente se nos presentan como más atractivas aquellas personas que ejercen el poder, la dominación e, incluso, el desprecio y la violencia; mientras las “buenas personas” se nos presentan como convenientes y adecuadas, pero no como excitantes ni deseables. El ejemplo claro se encuentra en los medios de comunicación. (Duque, Prevención de la Violencia de Género, 2012, pág. 2)

En Colombia no estamos ajenos a esta realidad, cada día vemos como la violencia de género crece hacia las mujeres de todas las edades, vemos una sociedad enferma de violencia y que, de muchas formas, literales y simbólicamente reafirman estas situaciones. Nuestras políticas educativas frente a esto crean dispositivos que buscan generar procesos para la prevención, tenemos el caso del programa de Educación para la Sexualidad y Construcción de Ciudadanía, sin embargo, se hace necesario un trabajo más consciente puesto que aún existen muchas limitacio nes para hablar del tema:

Si partimos de la realidad de los centros educativos, encontramos que ya existe violencia de género dentro de sus paredes. Está presente no solo en la violencia física, sino en el desprecio y en el maltrato psicológico, el acoso, etc. La falta de reconocimiento de la problemática es el primer impedimento para poder trabajar la prevención de la violencia de género en los centros educativos y, de esta manera, tenemos excusas perfectas para no trabajarlo en cada nivel educativo: “son muy pequeñas y pequeños” en Educación Infantil; “son cosas de niños/ as” en Educación Primaria; es “típico de adolescentes” en Educación Secundaria, y “ya son grandecitos” en educación de personas adultas… el tema siempre es evitable y de esta manera evitamos que suceda y se reproduzca. (Duque, Prevención de la Violencia de Género, 2012, pág. 3)

Esta propuesta se presenta como herramienta para poner en diálogo el género y todo lo que se ha configurado a partir de él en las relaciones sociales, ofrece la posibilidad de hacer un anális is desde varias miradas, la de los y las docentes, las familias, los y las estudiantes y mejor aún ofrece la posibilidad, en un espacio educativo de lograr, por qué no, transformar aquellas relaciones que desencadenan en violencia y desigualdad:

Los recientes desarrollos teóricos de las ciencias sociales indican que nuestras sociedades son cada vez más dialógicas: las personas utilizan más el diálogo para llegar a acuerdos. De hecho, el diálogo es la única alternativa a la violencia y cuando el diálogo se niega es cuando surge el conflicto. Esta tendencia ha sido analizada por diferentes autores, relacionándola con la capacidad de dialogar de todos los actores sociales, como Jürgen Habermas que argumenta que todas las personas tienen capacidad de lenguaje y acción o Paulo Freire que afirma que el diálogo forma parte de la naturaleza humana. Estas concepciones se han venido desarrollando mientras las personas, mujeres y hombres, reclaman más diálogo para consensuar cómo quieren que sean las sociedades y cuáles son las dinámicas que tienen que definirla. Estos cambios han venido acompañados de la transformación de los roles de género, favoreciendo que los estereotipos sobre qué es ser mujer y qué no lo es, vayan siendo superados. Los nuevos modelos femeninos han sido reivindicados a través del

cuestionamiento del rol tradicional de mujer y la imitación del modelo masculino. (Flecha, Puigvert, & Redondo, 2005)

3.2 Descripción del proceso de implementación a partir de los principios metodológicos del