Capítulo 2. El envejecimiento, el apoyo social y la soledad
2.1. Concepto de soledad
2.1.2 El modelo de discrepancia cognitiva: la contribución de de Jong Gierveld
El modelo de discrepancia cognitiva tiene sus raíces en el abordaje cognitivo y fue adoptado por diversos autores, incluida de Jong Gierveld, para intentar explicar la experiencia de soledad. Desde esa perspectiva, la soledad surgiría como una sensación desagradable resultante de una discrepancia entre los niveles de contacto social deseado y la realidad que la persona ha logrado conquistar. En otras palabras, el modelo considera
SOLEDAD EMOCIONAL SOLEDAD SOCIAL
Figura de apego Red social
ausente presente Sensación de seguridad no satisfactoria satisfactoria Integración social, aceptación Aburrimiento, exclusión, marginalidad Insatisfacción y depresión Miedo a ser abandonado,
una ecuación entre la situación relacional real y la deseada, y por lo tanto, la experiencia de soledad depende de una valoración subjetiva de la persona sobre sus relaciones sociales (de Jong Gierveld, 1987; Peplau y Perlman, 1982).
Otros aspectos tenidos en cuenta por el modelo de discrepancia cognitiva son las atribuciones causales y las estrategias de afrontamiento utilizadas por las personas, lo que determina cómo viven su experiencia personal de soledad.
En línea con el modelo de discrepancia cognitiva, de Jong Gierveld y colaboradores (de Jong Gierveld, 1998; de Jong Gierveld y Raadschelders, 1982) sugieren que la soledad es un fenómeno multidimensional, compuesto por tres dimensiones, a saber:
1. La carencia o privación es la base del concepto y se refiere a los sentimientos de vacío o abandono asociados a la ausencia de relaciones de intimidad;
2. La perspectiva de tiempo según la cual el individuo percibe su soledad, sea como algo inmutable o como algo que puede ser tratado y consecuentemente extinguido; 3. Un conjunto de aspectos emocionales que acompañan la soledad, tales como la
tristeza, la melancolía, la culpa, la frustración, la vergüenza y la desesperación.
En este sentido, la aparición y/o el mantenimiento de los sentimientos de soledad dependen de diferentes factores que se relacionan con la evaluación subjetiva del individuo que la sufre acerca de la calidad y la cantidad de sus relaciones sociales (de Jong Gierveld, 1987).
Teniendo en cuenta que los procesos cognitivos actúan como mediadores entre las características de las redes sociales y la experiencia de soledad, de Jong Gierveld (1987) diseñó y puso a prueba un modelo teórico para comprender la soledad. En este modelo se consideraron características descriptivas de la red social del individuo, variables
sociodemográficas, características de personalidad y evaluaciones subjetivas sobre sus relaciones sociales.
Respecto a las características descriptivas de la red social, se consideraron la ausencia o presencia de los diferentes niveles de relación (mutua o de intimidad) y la ausencia o presencia de diferentes tipos de contactos sociales (familiares, amigos, vecinos, colegas). Las variables sociodemográficas abarcaban el género, la edad, el estado civil, la situación laboral, la forma de convivencia y las condiciones de la vivienda. Supuestamente estas características individuales podrían, en mayor o menor grado, ofrecer oportunidades para que el individuo creara o mantuviera sus relaciones sociales en un nivel óptimo.
En cuanto a las características de la personalidad, de Jong Gierveld (1987) suponía que éstas jugaban un importante papel en la aparición de los sentimientos de soledad. La autoestima y la introversión, por ejemplo, podrían influir en los niveles de interacción social deseados y los alcanzados. Por ello, incluyó en su modelo medidas de introversión- extroversión, del concepto del Yo y de ansiedad social.
Finalmente, se consideró que la evaluación subjetiva, o valoración cognitiva acerca de la red social actuaría como un factor mediador entre las características descriptivas de la red y la soledad, en la medida en que sirve para comparar las relaciones sociales efectivas con las deseadas, determinando el grado de satisfacción con la red social. Esta evaluación se da a través de la combinación entre factores situacionales, como las características descriptivas de la red, y factores del carácter, como los valores y las creencias sobre las relaciones sociales.
El modelo propuesto por de Jong Gierveld (1987) fue capaz de explicar el 52,3% de la varianza de soledad, siendo que el factor predictivo más importante fue la forma de
convivencia. En concreto, la soledad se asociaba significativa y negativamente con el hecho de vivir en pareja (con coeficiente de regresión estandarizado igual a -,21); asimismo se asociaba significativa y positivamente con el hecho de no tener una pareja (coeficiente de regresión estandarizado de ,23). También la valoración subjetiva de la red social desempeñó un papel importante, ya que se detectaron asociaciones positivas y significativas entre la intensidad de la soledad y la insatisfacción con las relaciones sociales (coeficiente de regresión estandarizado de ,29), así como entre soledad y deseo por formar nuevas relaciones (coeficiente de regresión estandarizado de ,21).
Las variables relacionadas con las características descriptivas de la red social (cuyos coeficientes de regresión eran menores que ,00) y algunas de las variables sociodemográficas, como género (-,10), edad (,09) y tener un trabajo (,05), presentaron efectos moderados o bajos sobre la soledad. En cuanto a las características de la personalidad, solamente el concepto de Yo tuvo una participación medianamente importante en la explicación de la soledad (coeficiente de regresión estandarizado de - ,08). Por lo tanto, la autora recomienda cautela al considerar la personalidad como factor predictor de la soledad, ya que otras variables de ámbitos distintos también están en juego y parecen tener más peso en el desarrollo de la soledad.
Además de las variables incluidas en su modelo del 1987, en una publicación posterior, de Jong Gierveld, van Tilburg, y Dykstra (2006) añadieron el clima normativo y el contexto socioeconómico como factores potencialmente responsables de la experiencia de soledad. Según estos autores, las normas y los valores culturales de una persona pueden afectar a la forma en que evalúa su red social y a sus expectativas en relación al apoyo ofrecido por sus familiares. En este sentido, habría más soledad entre las personas mayores sin pareja que viven solas en los países en que se espera que estos individuos vivan con sus familias (países del Sur de Europa como España, por ejemplo)
que en individuos en la misma situación residentes en países en los que la preferencia por vivir solos está más aceptada (países del Norte de Europa, por ejemplo). Asimismo, el contexto socioeconómico en el que un individuo está inserto podría contribuir para aumentar o reducir las oportunidades de interacciones sociales y de integración del individuo en una red social, afectando a su experiencia de soledad.