Los modelos neoclásicos de economía internacional, con precios flexibles y mercados en equilibrio, tienen problemas para replicar el lento ajuste en los precios y en los salarios y los grandes movimientos en la producción y el empleo, propios de
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todas las fluctuaciones económicas. De la misma forma, estos modelos consideran el nivel de producción como una variable exógena y no permiten analizar el efecto de las distorsiones monetarias en el output. Además, el nivel de precios es tan variable como el precio de cualquier activo y la nueva información altera considerablemente dicho nivel, de tal manera que se puede exagerar su variabilidad. Dentro de esta literatura se ha tratado de incorporar explícitamente la posibilidad de rigidez de precios. Pero, normalmente, las reglas de fijación de precios se han propuesto de forma arbitraria más que como resultado de un comportamiento racional de los agentes. Además, conceptualmente existe una cierta incompatibilidad entre un comportamiento de fijación de precios y el supuesto de competencia perfecta bajo el cual funcionan las empresas.
Todas esas consideraciones van a derivar en una corriente de modelos en los que la competencia imperfecta en productos o en factores es un elemento básico. Entre los argumentos que se han utilizado para defender este nuevo planteamiento se pueden destacar los siguientes: (1) a diferencia de la competencia perfecta, con agentes precio-aceptantes, el poder de monopolio permite el análisis explícito de la decisión de fijación de precios; (2) los precios de equilibrio se establecen por encima del coste marginal, de tal manera que la demanda determina el nivel de producción en el corto plazo, ya que las empresas no pierden dinero con la producción adicional; (3) el poder de monopolio significa que la producción de equilibrio está por debajo del óptimo social, lo cuál es una distorsión que potencialmente puede ser corregida mediante el empleo de la política monetaria. (4) el hecho de presentar una utilidad explícita permite realizar análisis de bienestar, a la vez que proporciona un marco para evaluar los efectos sobre dicho bienestar de distintas políticas económicas y (5) al permitir rigidez nominal e imperfecciones en el mercado, se altera el mecanismo de transmisión de los shocks y se otorga mayor relevancia a la política monetaria.
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12 Lane (2001) presenta una excelente recopilación de los modelos de competencia monopolística.
(1989), considerado como uno de los artículos más relevantes de esta tendencia. A partir del artículo de Lucas (1982) estos autores diseñan un modelo en el que suponen competencia monopolística para explicar por qué los precios no se ajustan instantáneamente. Después, Obstfeld y Rogoff (1995) desarrollan una contribución básica a esta nueva investigación. Su artículo es un manifiesto para los modelos de precios rígidos que presenta una sólida justificación microeconómica en un contexto intertemporal. La mayor parte de la estructura analítica de este artículo ha sido adoptada en la literatura más reciente. A partir de él se han ido planteando nuevas modificaciones con el objetivo de generar la persistencia observada en el tipo de cambio. Así, Hau (1998) considera precios flexibles pero salarios rígidos. Siguiendo las pautas de Calvo (1983), otros autores sugieren un procedimiento de ajuste de precios escalonado, como Chari, Kehoe y McGrattan (1998a). Andersen (1998) considera que para generar persistencia es más apropiado suponer un ajuste escalonado de salarios y no de precios. Otros autores, en el contexto de competencia monopolística, proponen mercados segmentados y Pricing to Market como instrumento para conseguir persistencia. En esta línea encontramos a Betts y Devereux (1998a).
La investigación en este sentido ha sido mayoritariamente teórica12, aunque
también se han realizado estudios econométricos utilizando la metodología VAR, además de ejercicios de calibración para cuantificar los resultados teóricos obtenidos. Clarida y Gali (1994) y Eichenbaum y Evans (1995) utilizan las funciones de respuesta a un impulso, generadas por un modelo econométrico VAR, para demostrar que los shocks monetarios afectan cualitativamente al tipo de cambio real tal y como predicen los modelos de precios rígidos. Betts y Devereux (1997) actualizan el sistema VAR de Eichenbaum y Evans para incluir el saldo de la balanza comercial. Por otro lado, Chari et al. (1998b) y Kollman (1997, 1998) emplean la calibración para establecer qué parte de las fluctuaciones agregadas se pueden explicar por los
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13 Dooley and Isard (1982b, 1987), Krugman (1985, 1988b).
shocks monetarios.
Para terminar, se puede afirmar que, aunque el efecto de los shocks en variables reales es similar al que preveían los modelos tradicionales, la naturaleza intertemporal y la sólida microfundamentación de esta literatura permiten un análisis de bienestar que puede generar resultados interesantes. De la misma forma, el estudio del bienestar permite la posibilidad de una evaluación rigurosa de distintas políticas. En este sentido, surge un entorno apropiado para analizar políticas coordinadas a nivel internacional.
Sin embargo, una de las limitaciones de este enfoque reside en que la mayor parte de las predicciones teóricas son muy sensibles a la elección de los valores de los parámetros, al procedimiento en la fijación de los precios, a la especificación de preferencias y tecnología, a la estructura financiera, etc. Además, presenta algunas dificultades técnicas para implementarlo en modelos de valoración de activos.