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2.13.1 La educación en valores como clarificación de los mismos

Se origina en la obra de Raths, Harmin y Simon (1967) El sentido de los valores en la enseñanza. Esta obra trata sobre el papel de la escuela que es la de estimular la reflexión y la libre opción de los valores y no de transmisión.

Los valores tienen validez porque son elegidos por la persona, luego de jerarquizados, no hay primacía de un valor sobre otro en situaciones de conflicto de valores que son difíciles de dilucidar en el momento de la convivencia. Se lo conoce como

Modelo relativista de la educación moral o en valores, pues no existen opciones de valor preferibles. Al solucionar un conflicto no se resuelve por la vía del razonamiento moral que aclare lo que es mejor o justo en la situación, sino que está en función de lo que la persona decida. En consecuencia este modelo se acerca a la tendencia subjetivista en axiología, aquella que defiende que algo tiene valor porque el sujeto se lo confiere, porque le agrada, lo estima o lo desea (Cid Fernández, 2001,30).

No hay criterios que le permiten situar en forma prioritaria la validez de una elección por encima de la otra, ni posibilidad lógica de solucionar los conflictos de valores que afecten a más de una persona. Toda postura será defendible y válida, no será posible un diálogo, un acuerdo sobre posturas diferentes. El valor aquí se centra en la persona que valora, su autonomía y su libertad.

“Los conflictos que pertenecen al ámbito público o social, aunque la persona decida en último término lo que vaya a hacer, son resueltos teniendo en cuenta el ámbito del derecho y la ley. En el dominio privado la persona es su ama” (Cid Fernández, 2001,31)

81 La clarificación de valores se hace a través de juegos y ejercicios en el aula dependiendo de la edad de los niños, estas actividades incluyen discusiones de situaciones poéticas, conversaciones sobre situaciones que los estudiantes han enfrentado en la escuela, discusiones de lectura, todos los diálogos son abiertos y los valores presentados y discutidos no se juzgan de ninguna manera.

Raths, Harmin y Simon hablan de los valores como guías de la conducta humana y trabajan a partir de un modelo de formación que potencia el autoconocimiento y el conocimiento de los demás. El proceso de formación en valores lo dividen en tres partes: Selección, apreciación y actuación.

En la selección, se elige libremente un valor entre una serie de alternativas, tras una detenida reflexión sobre las consecuencias de cada alternativa.

En la apreciación, se aprecia un valor, lo suficiente como para afirmarlo en público, no manifiesta ningún deseo de ocultarlo y en la actuación, se pone en práctica un valor.

La clarificación de valores ofrece un procedimiento para asumir responsabilidad del propio comportamiento, articular y actuar de acuerdo a valores definidos.

Garantiza el autoconocimiento, estimula el análisis y la reflexión como procedimientos de valoración moral y procura integrar reflexión, sentimiento y acción.

Sin embargo no garantiza el paso del pensamiento al comportamiento y parece abocar a un relativismo puro en materia de valores.

2.13.2 Educación en valores como formación del carácter moral

Esta educación está acompañada de un código moral o axiológico que guía a la persona a su proceso de adquisición. Modelo aristotélico y de postura filosófica comunitarista.

“Defiende que la educación en valores no se debe limitar al conocimiento intelectual de los mismos, sino que se tiene que conseguir que la persona actúe conforme a los valores elegidos”.(Cid Fernández, 2001, 32)

Los conflictos de valores que se experimentan en la vida cotidiana están previamente resueltos, pero quien así lo ha determinado es una autoridad, instancia, ideología, externas a la persona a las que se debe adherir de manera libre.

82 La imitación, la práctica y la repetición son procedimientos utilizados para desarrollar la dimensión moral de las personas.

El fundamento racional está claramente definido, la persona no puede salirse de ahí, no puede ponerlo en duda. Sólo se puede alcanzar el ideal en la medida en que se adhiere y practica el código axiológico que el modelo presenta.

La educación en valores cómo formación del carácter moral posibilita la consecución de una manera de pensar, sentir y hacer en aquellos contenidos de valor previamente seleccionados por alguna instancia.

2.13.3 La educación en valores como construcción de la personalidad moral.

Este modelo intenta superar los posibles inconvenientes de los dos modelos anteriores, tiene como base la filosofía Kantiana y neokantiana y ética dialógica o discursiva. Se fundamenta en la colaboración como procedimiento para llegar al desarrollo de la dimensión moral de la persona.

Los conflictos de valor se resuelven tomando en cuenta la racionalidad. Se recurre al diálogo. No significa que todo conflicto de valor será solucionado por medio de un acuerdo, o a una solución aceptada por todas las personas involucradas, sino que se actúa como si tal idea siempre fuese alcanzable.

En este diálogo las personas dan su punto de vista con un grado de apertura hacia el otro, hacia sus razones, así ellas construyen entre sus diferentes posicionamientos. Esta construcción se realiza mediante la razón dialógica y la autonomía.

2.14

Orientaciones metodológicas para la praxis de la educación en

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