NIVELES DE NECESIDAD
2.4. Aportaciones teórico-empíricas en la investigación de valores y orientaciones hacia el trabajo
2.4.7. Modernización y valores del trabajo: el modelo de Zanders
En su análisis sobre el cambio en los valores del trabajo, Zanders (1994) parte del supuesto de que el ámbito valorativo laboral puede verse influido por el proceso de modernización. Dicho proceso, que se refiere a la diferenciación e individualización, implica que los valores serán menos dependientes de la tradición y de las instituciones sociales que en el pasado, convirtiéndose en la actualidad en elecciones personales. En las sociedades modernas el trabajo no sólo se entiende como el desempeño de las tareas necesarias desde el punto de vista biológico y económico, sino también como una actividad humana intrínsecamente gratificante y creativa, por lo tanto cabría esperar que se diese prioridad a la función expresiva o intrínseca del trabajo, en detrimento de la función instrumental o extrínseca.
Para estudiar el cambio en los valores del trabajo, Zanders (1994: 136-138) realiza un análisis factorial en base a quince atributos del trabajo21, que las personas entrevistadas en dieciséis países consideran como importantes desde su punto de vista personal para describir una situación laboral favorable. Del resultado del análisis factorial, que agrupa a once de los quince atributos en tres dimensiones, Zanders deriva un modelo de tres conjuntos de valores hacia el trabajo, que denomina desarrollo personal, confort y condiciones materiales. Estas tres dimensiones son en cierta medida similares a algunas de las desarrolladas por el grupo de estudio del significado del trabajo (MOW), que se han expuesto más arriba, en concreto a la dimensión expresiva, la económica y la de confort.
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La pregunta del cuestionario presenta una lista de quince aspectos del trabajo (un buen salario, un trabajo no demasiado agobiante, alta seguridad en el empleo, un trabajo respetable, buen horario, un trabajo que ofrezca la oportunidad de utilizar la iniciativa, vacaciones y días festivos abundantes, un trabajo en el que crea que pueda llegar a hacer algo, un trabajo de responsabilidad, un trabajo interesante, un trabajo adaptado a los conocimientos y habilidades, un trabajo útil para la sociedad, un trabajo que permita conocer gente, un trabajo con perspectivas de promoción y trabajar con gente agradable) y solicita a las personas entrevistadas que mencionen cuales de los atributos consideran importantes. El uso del análisis factorial sería discutible, puesto que dicha técnica requiere que las variables empleadas tengan un nivel de medición de escala (intervalo o cociente) y en este caso las variables que se manejan son binarias, no como en el caso del estudio del grupo MOW, que se ha reseñado anteriormente, en el que las variables manejadas eran de escala.
La dimensión de desarrollo personal se refiere a los aspectos expresivos del trabajo (usar la iniciativa, responsabilidad, logro, trabajo interesante y que se adapte a los conocimientos y habilidades). La dimensión de confort engloba aspectos referidos a condiciones secundarias del trabajo (poco agobiante, respetado, buen horario y abundantes vacaciones). Por último la dimensión de condiciones materiales recoge los atributos relativos a las recompensas económicas y la estabilidad laboral (buen salario y alta seguridad en el empleo).
Zanders (1994: 136-137) clasifica estas tres dimensiones en términos de su grado de modernidad22, siguiendo el esquema propuesto por Yankelovich et al. (1985). El desarrollo personal, en tanto que refleja valores claramente expresivos, debe considerarse típico de las sociedades modernas, en las que se están experimentando los fenómenos de individualización y búsqueda de la autorrealización. También puede ser clasificada como moderna la dimensión de confort, puesto que se relaciona con una orientación individualista hacia las condiciones que hacen más llevadero el desempeño de la actividad laboral. La dimensión de condiciones materiales se correspondería a la categoría de éxito material, de acuerdo con el esquema de Yankelovich, y sería, por tanto, propia de las sociedades industriales, en las que el trabajo se entiende como una actividad que permite mejorar el nivel de vida. Sin embargo, Zanders apunta que, puesto que el concepto de modernidad se refiere a la individualización y la independencia, la consideración de que las condiciones materiales son un aspecto importante del trabajo también podría entenderse como un patrón valorativo propio de las sociedades modernas, debido a que disponer de ingresos suficientes es uno de los requisitos fundamentales para poder participar en una amplia variedad de actividades sociales. Por ello la dimensión de condiciones materiales podría considerarse como una combinación de valores industriales y modernos.
Esta forma de clasificar los valores laborales es quizá un poco confusa. Realmente en el esquema teórico de Yankelovich, como se ha visto más arriba, se propone una relación entre los valores generales y los laborales, de modo que a los valores de sustento se
22 Aunque Zanders emplea el término “modernidad” en realidad se refiere a las actuales sociedades del
asocia una idea de que el trabajo permite ganarse la vida y sobrevivir; los valores del éxito material implican que trabajando se puede mejorar el nivel de vida y en relación con los valores expresivos se encuentra la idea de que el trabajo permite llegar al desarrollo personal y mejorar la calidad de vida. Por lo tanto, cabría esperar que en las sociedades en las que se ha dado un fuerte crecimiento económico y estabilidad, que son los factores que favorecen la aparición de los valores expresivos, se produzca también un auge de los valores relacionados con el desarrollo personal en el ámbito del trabajo. Sin embargo, el problema que se plantea en las sociedades desarrolladas -modernas en la terminología de Zanders- es que la individualización hace que no existan patrones rígidos que conformen las preferencias valorativas de todas las personas en una misma dirección y que, por tanto, coexistan diversas orientaciones.
2.4.7.1. ¿Hay un cambio de valores laborales?
Tras desarrollar empíricamente el modelo de tres dimensiones -desarrollo personal, confort y condiciones materiales-, Zanders analiza su evolución entre 1981 y 1990, y señala que se han experimentado ligeros cambios. La mayoría de los atributos de estas tres dimensiones han sido citados algo más frecuentemente en el año 199023, en especial los pertenecientes a la dimensión de desarrollo personal. Este último dato es congruente con la perspectiva teórica, que prevé un auge de las preferencias expresivas o intrínsecas en el ámbito laboral, como consecuencia del proceso de individualización. Sin embargo también se encuentra un incremento, de hecho el más elevado si se consideran cada uno de los ítems por separado, en la frecuencia de respuestas que mencionan la importancia del salario.
En un análisis más pormenorizado de los cambios en los valores del trabajo, Zanders (1994: 139-142) estudia los efectos de algunos factores socio-demográficos como la edad, el género, la educación y la ocupación.
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El modo en que está planteada la pregunta, siendo cada uno de los atributos una variable independiente y sin límite en el número de atributos a mencionar, permite que pueda haber un incremento en la frecuencia de respuesta de todos los ítems.
Los resultados de la comparación de valores del trabajo por grupos de edad reflejan pocos cambios en la década analizada y además no siguen un patrón uniforme, por lo que el autor señala que no se perciben efectos de período, de ciclo vital o diferencias por cohortes.
Los efectos del género en la evolución de los valores laborales no son notorios. Si bien los varones tienden a conceder un poco más de importancia a las dimensiones de desarrollo personal y condiciones materiales que las mujeres, las diferencias se reducen al pasar de los datos de 1981 a 1990. La dimensión de confort es valorada de modo similar por ambos sexos.
El nivel educativo tiene una clara relación con el componente de desarrollo personal. Cuanto mayor es el nivel educativo de las personas entrevistadas mayor es la importancia que se le asignan a los atributos relativos al desarrollo personal. Sin embargo, las diferencias por nivel educativo son más acusadas en 1981 que en 1990, debido a que las personas con menor nivel educativo aumentan durante ese período la importancia del desarrollo personal, mientras que los más educados reducen ligeramente su interés por esta dimensión. Las otras dos dimensiones, confort y condiciones materiales, no reflejan un patrón de evolución claro cuando se considera el efecto de la educación.
En cuanto a la ocupación, cuyo efecto se ha analizado sólo para aquellas personas que tenían trabajo en el momento de la entrevista, el desarrollo personal es más valorado por los profesionales y directivos, aunque la importancia que le conceden a esta dimensión decrece ligeramente durante la década estudiada. Por el contrario, el desarrollo personal aumenta en importancia para los autónomos y los trabajadores manuales semi- especializados y no especializados. De todos modos, en el año 1990 se siguen manteniendo las diferencias por grupos ocupacionales, de modo que los profesionales y directivos son los que más valoran el desarrollo personal y los trabajadores manuales semi-especializados y no especializados son los que menor importancia relativa dan a esta dimensión. La importancia de los atributos relativos al confort aumenta para los grupos de trabajadores semi-especializados y no especializados junto con los
autónomos, si bien éstos últimos son los que menor valoración arrojan de la dimensión en los dos años analizados. Los trabajadores semi-especializados y no especializados cambian de posición durante la década, pues si bien en 1981 eran el tercer grupo ocupacional en cuanto a la importancia relativa del confort, por detrás de los profesionales-directivos y de los trabajadores especializados, en 1990 constituyen el grupo ocupacional que más valora dicha dimensión. Por el contrario, los profesionales y directivos, que en 1981 eran el grupo que más importancia daba al confort, pasan a ocupar la tercera posición en 1990. Las condiciones materiales cobran mayor relevancia para todos los grupos ocupacionales al cabo de la década estudiada, excepto para los profesionales y directivos. Aunque los autónomos aumentan su interés por las condiciones materiales, son el grupo que menor importancia relativa concede a la dimensión tanto en 1981 como en 1990. El grupo que más valoraba las condiciones materiales en 1981 era el de los profesionales-directivos, mientras que en 1990 esa posición es ocupada por los trabajadores manuales especializados, seguidos por los semi-especializados o no especializados.
En resumen, los cambios más sobresalientes durante el período analizado se han producido en tres grupos ocupacionales, por una parte, los autónomos y los trabajadores semi-especializados y no especializados, para los que aumenta la importancia de las tres dimensiones consideradas, y, por otra, para los directivos y profesionales que presentan un menor grado de adhesión a las tres dimensiones. Este último resultado no resulta coherente, según Zanders, con el tipo de cambio propuesto desde el punto de vista teórico, puesto que cabría esperar que precisamente las personas con niveles ocupacionales más elevados fuesen las que presentasen unas orientaciones laborales crecientemente dirigidas al desarrollo personal. Tal vez estos resultados estén reflejando una posible convergencia en los valores y orientaciones laborales en los distintos grupos ocupacionales a que alude Mendras, cuando señala24 que “las diferencias entre profesiones no son muy grandes, y en diez años las actitudes de los obreros y de los
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Este comentario se basa en el análisis de datos sobre distintos países tomados de la Encuesta Europea de Valores y los diez años a los que alude son los que mediaron entre la aplicación de 1990 y 1999 de dicha encuesta.
empleados se han aproximado a las de los ejecutivos y de los profesionales liberales.” (1999: 92).
Los hallazgos de Zanders muestran que, durante el período analizado, las actitudes hacia el trabajo han experimentado cambios muy leves. Además no se aprecian marcadas diferencias en los valores laborales entre los grupos definidos por las variables de clasificación y dichas diferencias parecen ser todavía menos acusadas en el segundo momento analizado.
2.4.8. Las recompensas del trabajo y su relación con variables a nivel macro y micro: