Cuando leemos libros por placer, solemos hacerlo, naturalmente, de principio a fin (aunque algunos somos culpables de echarle una miradita al capítulo final de una novela de suspenso). Sin embargo, este método lineal, comenzando en el punto A y moviéndose en forma directa hacia el punto B, no necesariamente constituye la manera más eficiente para leer textos informativos.
Si te encuentras tratando de averiguar de qué se trata el texto, sin la menor idea de lo que estás leyendo, entonces ha llegado la hora de cambiar tu estrategia de lectura. Los mejores alumnos no abarcan los capítulos de sus libros de principio a fin, sino que leen de un modo casi circular. De esta manera:
Buscan claves
Si estamos metidos con la última novela de Stephen King, todos esperamos algunas claves que nos indiquen cuál será la horrorosa situación que se aproxima. Y contamos con que Agatha Christie nos arroje señales sutiles para solucionar el misterio mucho antes de que se resuelva en el salón principal.
Sospecho que la mayoría de ustedes nunca ha intentado descifrar el misterio de sus propios textos de estudio utilizando la señalética que casi todos contienen. Es cierto, los textos son acertijos con pistas que revelan al alumno perceptivo todo el contenido que vale la pena anotar y captar. Lo puedes encontrar en los siguientes elementos:
Títulos y subtítulos de los capítulos
Los títulos y los subtítulos en negrita anuncian de qué se trata la idea central y, en algunos textos, los párrafos titulares o pequeñas introducciones, también en negrita, anuncian que el autor está a punto de entregar detalles importantes. Por eso, comienza todas tus lecturas revisando el capítulo completo, desde el principio hasta el final,
Saber hacia dónde nos quiere conducir el autor en un texto nos ayudará a encontrar los argumentos para sus conclusiones mientras leemos. Aunque no sea muy entretenido leer una novela de esta forma, cuando se trata de leer textos de estudio y de tomar apuntes, te ayudará a convertirte en un lector mucho más activo y, en consecuencia, ahuyentarás la posibilidad de que te sorprendas dormitando y de que la prosa, que generalmente es abundante, te deje sin sentido.
Imágenes, gráficos y cuadros
La mayoría de los textos de estudio, en especial los relacionados con las ciencias, presentarán cuadros, gráficos, tablas numéricas, mapas y otro tipo de ilustraciones. La gran mayoría de los alumnos los consideran meros “rellenos”, puestos ahí para darles un vistazo rápido y para olvidarlos igual de pronto.
Si le estás dando esa importancia a los cuadros y gráficos, eres tú el que sale perjudicado. No es necesario que vuelvas a dibujar las tablas en tus apuntes, pero observa de qué manera complementan el texto y cuáles son las ideas que están enfatizando y deja un registro de eso. Lo anterior te permitirá a expresarte con tus propias palabras, lo que luego te servirá para recordar y para evitar que tengas que recurrir una y otra vez a tus textos al repasar para las evaluaciones.
Términos, vocabulario y otros datos destacados
En algunos textos, te encontrarás con que los términos y la información clave aparecen subrayados (no estoy hablando de lo que otro alumno haya marcado; ¡ten cuidado con esas marcas, ya que su valor es directamente proporcional a la nota que se hayan sacado, que tú desconoces!) Sin importar si están en negrita, en itálica o encerradas en cuadrados, generalmente se está indicando que es contenido que hay que apuntar.
Preguntas
Algunos autores utilizan un formato en que los conceptos significativos son enfatizados por preguntas, ya sea dentro del cuerpo del texto o al final del capítulo.
Si lees estas preguntas antes de decodificar el capítulo, tendrás una mejor idea del material al que necesitas ponerle atención.
Estas herramientas organizacionales deberían facilitarte la lectura. La próxima vez que tengas que leer un texto de historia, de geografía, etc., trata de revisar las páginas asignadas primero. Lee los títulos y los subtítulos. Luego lee la primera oración de cada párrafo y después comienza a leer en detalle.
Para resumir el proceso de revisión:
1. Si se presenta un título o un encabezado, reformúlalo en una pregunta. Esta será tu meta en la lectura.
2. Examina todos los subtítulos, ilustraciones y gráficos, ya que te permitirán reconocer lo más importante del texto.
3. Lee con atención los párrafos introductorios, el resumen y las preguntas que puedan aparecer al final del capítulo.
4. Lee la primera oración de cada párrafo. Como averiguamos en el capítulo 3, generalmente es ahí donde encontramos la idea principal de un texto.
5. Evalúa las ventajas que hayas sacado de este procedimiento: ¿eres capaz de responder las preguntas que aparecen al final del capítulo?, ¿podrías participar en una discusión en clases de manera inteligente?
6. Escribe un breve resumen que comprenda lo que aprendiste por medio de la revisión del texto.
7. Basándote en dicha evaluación, decide si requieres realizar una lectura más detenida.
Ahora, a los detalles
Ya que a estas alturas tienes una idea general del contenido leyendo los títulos y subtítulos, revisando el resumen, fijándote en las palabras y la información destacadas y analizando las preguntas de revisión que pueden haberse incluido, finalmente estás listo para leer el capítulo.
Lee una sección (o capítulo o lo que sea) a la vez y no pases a la siguiente hasta haber
realizado el siguiente ejercicio:
1. Escribe la definición de las palabras clave que podrían ser esenciales para entender la materia.
2. Redacta preguntas y respuestas que consideres que te ayudarán a aclarar el tema. Juega a ser el profesor por un momento y elabora un quiz sobre el capítulo.
3. Formula preguntas cuyas respuestas tú no sabes; luego revisa el texto y encuéntralas releyendo el capítulo, anotando las preguntas que te gustaría plantearle al profesor o respondiendo mediante una lectura adicional.
4. Aun cuando todavía tengas preguntas sin resolver, pasa a la siguiente sección y completa los números uno a tres de esa sección (y así sucesivamente, hasta haber completado la tarea).
Evalúa si este método te ayuda a cumplir mejor con la tarea justo desde el principio. Debido a que has realizado una revisión preliminar, te encontrarás con que la lectura será mucho más rápida.
Pero… no des por sentado que ahora puedes leer con velocidad el texto. No te
apures o lo único que lograrás es tener que leerlo otra vez.
Seguramente todos hemos escuchado hablar del niño y la niña maravilla que pueden leer entre 1000 y 2000 palabras por minuto reteniendo todo, pero la mayoría de nosotros nunca será capaz de leer tan rápido. No importa; es mucho mejor leer algo lentamente y recordarlo que apurarse como en una maratón. Muchos alumnos eficientes, incluso aquellos que se encuentran estudiando leyes o que han tomado cursos sobre la novela del siglo XIX, nunca alcanzan una velocidad lectora ni cercana a las 1000 palabras por minuto. Algunos tienen que leer y releer los pasajes que no entienden hasta captar la idea. No hay nada malo en ello.
La manera más inteligente de leer es tener como objetivo comprender y no hacerlo rápidamente. Muchos alumnos subrayan sus textos o los marcan con destacadores amarillos. No me gustan mucho ni el amarillo ni el rosado.
Destacar puede servir para que algunos de ustedes recuerden la información destacada, pero solo a expensas de otros datos. No es muy útil y, de hecho, representa más un problema que una ayuda, si la materia es muy densa o muy complicada, lo que elimina a casi todos los textos de estudio universitarios e incluso a algunos de la enseñanza media. La eficacia de destacar es tan limitada que yo simplemente les sugeriría a aquellos que tienen esa costumbre que dejaran de hacerlo.
Otros dejan notas en los márgenes, lo que me parece un poco mejor como estrategia para obtener mejores notas, pero, generalmente, estas anotaciones solo tienen sentido en contexto, de manera que el alumno se ve obligado a volver a leer gran parte del texto.
¿Cuál es la manera más efectiva para leer y recordar la información de los textos de estudio?