CÓMO
ORGANIZARTE
MEJOR
PROGRAMA “CÓMO ESTUDIAR” DE RON FRY
CÓMO
ORGANIZARTE
MEJOR
SEGUNDA EDICIÓN
POR RON FRY
Editorial Career Press
Contenido
Prólogo
Comienza por el principio………. 5 Capítulo 1
La necesidad de organizarse……….……… 19 Capítulo 2
Organiza tu vida……….……… 33 Capítulo 3
Organiza tus estudios………. 43 Capítulo 4
Organiza tus meses, tus semanas y tus días……….. 59 Capítulo 5
Manejo de los traumas cotidianos……….………. 79 Capítulo 6
Organízate para las clases……….……….. 89 Capítulo 7
PRÓLOGO
Cómo organizarte
mejor:
Comienza por el principio
STE AÑO MARCÓ OTRO HITO muy importante en la evolución a lo largo de una década de mi programa “Cómo Estudiar”1: el relanzamiento de nuevas ediciones de volúmenes clave como el mismo Cómo estudiar mejor, ahora en su quinta edición; la cuarta edición de Cómo mejorar tu memoria, Cómo mejorar tu lectura, Cómo mejorar tu redacción y Aprueba tus exámenes sin esfuerzo; y una segunda edición de Cómo organizarte mejor. Sin embargo, Cómo tomar apuntes, Cómo organizar mejor tu tiempo y Cómo utilizar mejor tu computador, aunque todavía se pueden encontrar, no fueron revisados este año.
Me siento sinceramente orgulloso, y algo sorprendido también, por que Cómo estudiar mejor ya está cumpliendo su segunda década. Lo anterior porque a la mayoría de los escritores les gustaría que sus libros estuvieran siempre vigentes, pero la realidad es que la mayor parte va a parar al rincón de los cachureos mucho antes de lo que nos gustaría (o que admitimos).
¿Por qué razón esta serie de manuales de estudio se ha convertido en la más vendida de todos los tiempos? ¿Por qué no solo los estudiantes, sino que también sus padres, quienes quieren que les vaya bien a toda costa, necesitan tanto estas guías? Porque, en esencia, se han mantenido todas las condiciones de las que he estado hablando por todo el país desde 1988; incluso han empeorado:
1. A pesar de los pequeños avances que se han logrado en el último tiempo con respecto a los puntajes de las pruebas, los estudiantes estadounidenses todavía obtienen resultados mucho más bajos en comparación a otros países, especialmente en lo que se refiere a las áreas científicas y matemáticas.
2. Cuando los padres estadounidenses votan, la mayoría indica que la prioridad número uno del país consiste en mejorar la educación pública. Esos mismos padres
no piensan que los establecimientos educacionales públicos estén haciendo un buen
trabajo, porque no enseñan mucho a los niños.
3. Los empresarios líderes continúan quejándose de que son demasiados los candidatos a su primer trabajo que no son capaces de leer, escribir, sumar o multiplicar. ¡Muchos ni siquiera pueden llenar los formularios de postulación! En consecuencia, las empresas gastan millones de pesos entregándoles a sus empleados las herramientas básicas que deberían haber aprendido en el colegio. Resulta casi inevitable que estas condiciones continúen empeorando, lo que significa que los problemas tradicionales que más afectan la capacidad de los alumnos para aprender (salas llenas, falta de recursos como computadores y nuevas tecnologías y escasez de profesores bien preparados) seguirán frustrando a aquellos que quieren aprender pero que necesitan ayuda.
Por lo anterior, desafortunadamente, continuarán necesitándose los libros de mi Programa “Cómo estudiar”, ya que estos ofrecen la ayuda precisa que la mayoría de los alumnos necesita y que los padres exigen.
Entonces, ¿quién eres tú?
enseñanza básica preparándose para ingresar a media y jóvenes que están empezando su educación media (lo que expresa algo muy positivo de su motivación y éxito futuro).
Varios de ustedes son adultos volviendo a estudiar y otros han estado mucho tiempo alejados de los estudios, pero si pudieran aprender ahora las técnicas de estudio que sus profesores nunca les enseñaron, les iría mejor en sus carreras, en especial si supieran cómo recordar las ideas clave de su presentación o los nombres de sus clientes.
Montones de ustedes son padres con la misma preocupación: “¿Cómo puedo hacer que Matías mejore en el colegio? Si ni siquiera se acuerda de mi cumpleaños, ¿cómo se va a acordar de su próxima prueba de trigonometría?”
Quiero dirigirme brevemente a cada uno de los lectores de este libro para analizar algunos de los factores que los afectan:
Si eres alumno de enseñanza media
Te deberías sentir especialmente cómodo tanto con el lenguaje como con el formato de este libro. Presenta oraciones y párrafos relativamente cortos, algunos títulos y subtítulos (esperemos) divertidos y un vocabulario extenso pero no exorbitante. ¡Lo escribí pensando en ti!
Si estás ingresando a la enseñanza media
Aprender ahora a organizar tanto tus estudios como tu vida es clave para tener éxito en este momento y en el futuro. Estás tratando de aprender a estudiar
precisamente en el momento adecuado. Los cursos sexto, séptimo y octavo, antes de que
des el salto a veces cósmico a la enseñanza media, constituyen, sin lugar a dudas, el período en que se deberían manejar todas estas técnicas de estudio. Si eres lo suficientemente serio como para estar leyendo este libro, no creo que tengas problemas con los conceptos o el lenguaje.
Si eres un alumno universitario “tradicional”
Si has pasado de la enseñanza media a la universidad, aprender a organizar tu vida y tus estudios no solo es una buena idea, sino que será lo único que te permita sobrevivir; confía en mí. No te puedes ni imaginar lo ajetreada que estará tu vida una vez que asistas a tu primera clase en la universidad y te entreguen tu carga académica… y sepas de las actividades extraprogramáticas… y de las deportivas… y las relacionadas con el trabajo.
Si es el padre o la madre de un estudiante de cualquier edad
Seguramente, el establecimiento educacional de su hijo le está enseñando muy poco a su hijo sobre cómo estudiar, lo que significa que no está aprendiendo a aprender. Lo anterior se puede traducir como que su hijo no está aprendiendo a tener éxito.
¿Es esa la misión de las escuelas y colegios? Absolutamente. Después de todo, en el país se gastan miles de millones de pesos tanto en educación primaria como en secundaria y por ese dinero deberíamos obtener mucho más que una posible graduación, algunas porristas y un anuario.
¿Qué pueden hacer los padres?
En la realidad son los padres los que se preocupan más que sus hijos. Esto lo digo porque los primeros que llaman a las radios o a la televisión durante mi participación generalmente son padres sinceros y preocupados preguntándome “¿Qué puedo hacer para que a mi hijo le vaya bien en el colegio?” Por eso, aquí están las reglas para los padres de alumnos de cualquier edad.
1. Establezca un área de trabajo, libre de distracciones, bien iluminada y con todas las herramientas necesarias a la mano.
2. Establezca una rutina de trabajo en la que se determine el momento y el lugar. Tiene que ser a la misma hora, en el mismo lugar, todos los días.
3. Establezca prioridades de trabajo, aunque, en realidad, solo dictamine que el trabajo es la prioridad, antes de cualquier cita, antes de la TV, antes de salir a jugar, antes que todo.
4. Haga de la lectura un hábito, no solo para ellos, sino que también para usted, suponiendo que todavía no lo es. Los niños inevitablemente imitan lo que usted
hace, no lo que dice (incluso cuando les prohíba hacer lo que usted está haciendo). Por eso, si sigue molestándolos con que lean mientras usted mira la
quinta teleserie de la tarde, ¿qué mensaje cree que le está dando?
5. Apague la TV o, al menos, determine el momento y el tiempo apropiados para mirarla. Esa puede resultar la tarea más difícil. Créame, tengo un hijo de 11 años, así que lo sé, pero haga lo mejor que pueda.
6. Hable con los profesores y averigüe qué es lo que se supone que deberían estar aprendiendo sus hijos. Si no lo hace, no podrá supervisarlos. Incluso podría estar enseñándole lo contrario a lo que les está entregando el profesor.
7. Incentive y motive, pero no los persiga para que hagan sus tareas. Simplemente, no funciona.
8. Supervise su trabajo, pero no caiga en la trampa de hacer sus tareas.
9. Felicítelos cuando lo hagan bien, pero no cuando el resultado sea mediocre. Los niños saben cuando se los está subestimando.
10.Hágalos ver la realidad (esto va para los estudiantes más grandes). Está bien, admito que esto resulta casi tan difícil como apagar la TV, pero si aprenden y se dan cuenta de que en la vida real a nadie le importarán sus notas, sino lo que saben y pueden hacer, se ahorrarán muchas lágrimas (probablemente las suyas). Puedo asegurarle que nunca resulta prematuro (aunque debe hacerse con cuidado) enseñarle a su hija genio que la vida no es justa.
11.Si puede costearlo, adquiera un computador para su hijo y todo el software que pueda manipular. Muchas personas lo han estado repitiendo por años, incluyéndome a mí, y realmente no hay alternativa: sus hijos, sin importar la edad, deben manejar la tecnología (los computadores) si quieren, al menos, sobrevivir tanto dentro como fuera del colegio.
Un estudio realizado durante diez años arrojó recientemente que los niños que manejan los computadores aprenden más rápido y obtienen mejores resultados. 12. ¡Apague la TV de inmediato!
13.Conéctese. Internet es el mejor invento de nuestra época y una herramienta increíble para los alumnos de todas las edades. Aunque es imposible enumerar unos pocos sitios de utilidad en un libro tan pequeño como este, los padres de niños tanto de educación básica como de media deberían estar al tanto de los siguientes: http://es.wikipedia.org/wiki/Portada http://es.encarta.msn.com/ http://monografias.com/ www.icarito.cl
La importancia de su participación
No subestime la importancia de su compromiso con la educación de su hijo ni por un minuto, ya que es absolutamente esencial en su éxito futuro.
Aunque parezca sorprendente, los resultados de todos los estudios realizados en las últimas tres décadas con respecto a los factores que afectan el rendimiento de los niños en el colegio demuestran claramente que lejos el más importante es la participación de los padres. La influencia del tamaño del establecimiento, el dinero destinado a cada niño, la cantidad de alumnos y el número de profesores eficientes (o pésimos) es mucho menor. Sí, todos los factores influyen, pero ninguno es tan relevante como su compromiso. Por eso, le ruego que se dé el tiempo para leer este libro (y todos los demás de la serie, especialmente Cómo estudiar mejor). Sepa lo que sus hijos deberían estar aprendiendo (y cuáles otros libros, relacionados con un tema específico, necesitan más). De esta manera, los estará ayudando tremendamente, aun cuando usted no haya sido un muy
buen alumno, aun cuando no haya aprendido estrategias de estudio muy adecuadas.
Puede aprovechar ahora para aprender junto a su pupilo; no solo lo ayudará a él en el colegio, sino que también le servirá a usted en su trabajo, sin importar su campo.
Si eres un estudiante no tradicional
Si vas a volver al colegio, a la universidad o vas a cursar un postgrado a los 25, 45, 65 u 85, ¡probablemente necesitarás la ayuda de mis libros más que nadie! ¿Por qué? Porque mientras más tiempo hayas permanecido alejado de los estudios, más probable será que no te acuerdes de lo que has olvidado. ¡Y seguramente se te ha olvidado lo que se supone que tenías que recordar! Así como subrayo que pocas veces es demasiado pronto para aprender hábitos adecuados de estudio, también debo destacar que nunca es demasiado tarde.
Si estás regresando a los estudios, aún cuando tomes una carga menor de cursos, a la vez que trabajas, sostienes a una familia o ambas situaciones, te vas a ver enfrentado a ciertos problemas que la primera vez que estudiaste posiblemente no tuviste:
Presiones relacionadas con el tiempo y con el dinero. Seamos honestos, cuando solo tenías que preocuparte de ir al colegio, debe haber sido más fácil que estudiar, tener una familia y trabajar para ganarse la vida, todo al mismo tiempo (¡y lo era!). Manejar todas las técnicas de administración del tiempo resulta incluso más importante si se quiere lidiar con todas las responsabilidades que implican una carrera, la familia, los clubes, los amigos, etc., junto con el compromiso con el estudio. La administración del dinero puede perfectamente considerarse otra habilidad esencial, ya sea para encontrar la manera de pagarle a alguien para que cuide a los niños (algo de lo que probablemente no tuviste que preocuparte la primera vez que estudiaste) o para cumplir con todas tus responsabilidades, a la vez que le restas horas al trabajo para dedicarlas a la educación.
Temores a la insuficiencia autoimpuestos. Es muy posible que te convenzas de que simplemente estas “fuera de práctica” en relación a todo lo que implica el estudio. ¡Ni siquiera te acuerdas para qué sirve el destacador! Aunque una pequeña parte de estos miedos es válida, la mayoría no lo es.
La parte aceptable es que estás regresando a un ambiente académico del que puedes haber permanecido alejado por una década o dos y es difícil (lo que analizaré en mayor profundidad en los párrafos siguientes) al mundo laboral diario.
Es solo cuestión de algunos ajustes lo que, créeme, tomará solo unos días, si es que no horas, para disipar los miedos. Pero sospecho que a lo que realmente le temes es al hecho de que ya no te encuentras con esa “mentalidad” escolar, que no “piensas” de la misma manera o, lo que quizás está más relacionado con este libro, que las habilidades que necesitas están un poco oxidadas.
En mi opinión, dichos temores no tienen fundamentos, ya que has estado pensando y actuando por varios años, a lo mejor con mucho éxito, por lo que en realidad es ridículo pensar que los estudios van a ser tan diferentes. No va a ser así, así que relájate. Además, si estás pensando que tus técnicas de estudio están un poco oxidadas, ten en cuenta que las has estado utilizando diariamente en tu trabajo sin haberlo notado. Si con lo anterior todavía no te convences, puedes refrescar tu memoria con mi programa “Cómo estudiar”, gracias al cual es posible que aprendas más sobre el estudio de lo que hayas olvidado.
Tal vez te preocupe que la planta de energía académica no funcionó muy bien la primera vez que lo intentaste otra vez. Bueno, tampoco les pasó a Edison, Einstein o a un grupo de otras personas medianamente exitosas. Toma en cuenta que desde la última vez que estudiaste has cambiado de manera significativa, ¿o no? Has tenido varios trabajos, criado hijos, ahorrado dinero y asumido más y más responsabilidades. ¡Ahora concéntrate en el hecho de que en este momento estás muchísimo mejor capacitado que antes!
Sensación de estar “fuera de tu elemento”. Se trata de un miedo un poco distinto; el miedo a no encajar. Después de todo, ya no tienes 18 años. Sin embargo, tampoco los tienen la mitad de los universitarios de hoy. En serio, el 50% de los alumnos universitarios es mayor de 25 años. La verdad es que probablemente ahora te sientas más en tu elemento que la primera vez.
Diferente percepción de los profesores. Esto se convierte en un punto a favor. Dudo que ahora le tengas miedo al profesor. Lo peor que puede pasarte es que lo veas como a un igual. A lo más, lo vas a considerar más joven y no necesariamente tan exitoso o experimentado como tú. En cualquiera de los casos, es posible que no estés dispuesto a tratar a tus profesores de la universidad como si fueran todopoderosos.
Diferencias en la vida académica. La vida académica es más lenta que el mundo “real” y puede que tú te estés moviendo mucho más rápido en comparación a su ritmo normal.
Cuando tenías 18, una tarde sin clases significaba un juego de ping pong; ahora podría significar ponerse al día con una semana de trámites atrasados, cocinar (y congelar) para una semana, y(o) escribir cuatro informes para la semana anterior. No esperes que porque tu programa sea acelerado la vida en el campus se acelere en respuesta. Tendrás que acostumbrarte a personas y sistemas que se interesan muy poco por la velocidad.
Algunos pensamientos con respecto al aprendizaje
El aprendizaje no debería resultar doloroso y ciertamente no es necesario que sea aburrido, aunque la mayoría de las veces resulte tener ambas características. Sin embargo, no necesariamente va a resultar maravilloso y fácil. En ocasiones vas a tener que esforzarte mucho para solucionar un problema o para sacar un proyecto adelante. Así
es la vida.
También es cierto que no todo es tan obvio y fácil de entender. De hecho, reina la confusión. Convéncete de que es normal y aprende a sobrellevarlo. Si en verdad piensas que se supone que debes entender todo lo que leas a la primera, te estás engañando. El hecho de que te demores en aprender algo no significa que tengas un problema. Puede ser que se trate de un tema al que a todos les cueste.
Un alumno eficiente no se asusta cuando no entiende algo de inmediato. Por el contrario, se toma su tiempo, toma las medidas pertinentes y sigue confiado en que en algún momento se le va a encender la ampolleta.
Con frecuencia, los padres me preguntan “¿Cómo puedo motivar a mi hijo adolescente?” Lo primero que contesto es que “Si conociera la respuesta a esa pregunta, me habría jubilado con mucho dinero hace harto tiempo”. Sin embargo, estoy seguro de que existe una respuesta, pero no se trata de algo que los padres puedan hacer; es algo que tú, como estudiante, tienes que decidir: ¿te vas a pasar el día interesado y atento o indiferente y aburrido?
Es tan simple como eso. ¿Por qué no cultivar la actitud de que de todas maneras tienes que ir al colegio, por lo que, en vez de estar aburrido o sentirte miserable mientras estés ahí, puedes permanecer activo y aprender tanto como sea posible?
La diferencia entre una nota 5 y un 6 y un 7 para muchos alumnos reside en, estoy segurísimo, el simple hecho de querer que les vaya mejor. Como repito constantemente en mis entrevistas, resulta inevitable que termines renunciando a los estudios y te darás cuenta muy pronto de que es muy importante lo que sabes y lo que eres capaz de hacer. Las notas ya no van a valer nada, así como tampoco las pruebas. De manera que tienes dos opciones: o aprendes todo ahora o te lamentas más tarde.
¿Cuántas veces te has dicho a ti mismo “No sé para qué me doy la lata de aprenderme esta fórmula (o materia) si nunca la voy a volver a usar”?. No me gusta andar haciendo aterrizar a las personas, pero, a menos que tengas en tus manos la patente de algún gran invento para leer el futuro, no tienes idea de lo que necesitarás saber mañana o la próxima semana, menos el próximo año o la siguiente década.
A mí me ha sorprendido la cantidad de veces en que me he visto realizando actividades sin ningún propósito específico en mente (excepto, quizás, ganar dinero), las que años después han llegado a ser no solo invaluables en mi vida o carrera, sino que también básicas. ¿Cómo iba a saber, cuando tomé alemán como electivo en la enseñanza media, que la exhibición comercial internacional más importarte en relación a publicidad literaria, mi campo, tenía lugar en Frankfurt… Alemania? ¿O que las técnicas básicas que aprendí durante el año que trabajé como contador (mientras escribía mi primer libro) se volverían fundamentales cuando más tarde comencé cuatro empresas? ¿O cuán importantes serían las matemáticas al vender y negociar a través de los años? (Ok, lo admito: no he utilizado una ecuación diferencial en 20 años, pero, ¡ey! ¡Nunca se sabe!)
En consecuencia, apréndelo todo. Y no te sorprendas si el tema que habías catalogado como “el que menos posibilidades tiene de ser requerido” termine convirtiéndose en la clave para tu propia fama y fortuna.
Existen otros manuales de estudio
Aunque sigo con la convicción de que mi programa “Cómo estudiar” constituye el más útil para la mayoría de las personas, lo que no es muy modesto de mi parte, hay otros supuestos libros de estudio en el mercado.
Por desgracia, creo que muchos de ellos no cumplen lo que prometen. De hecho, me estoy comenzando a enojar por la creciente cantidad de manuales que aseguran “el camino seguro a los 7” o algo así. Esos son los libros que rechazan las maneras más acertadas para estudiar y aprender con el “Bueno, eso nunca funcionó para mí” como si esa fuera una razón válida para desecharlas, como si nos importara que al autor no le sirvieron. Todos estos trabajos promocionan el “sistema” de sus autores, lo que por lo general significa lo que ellos hicieron para lidiar con los estudios.
Este “sistema”, sin importar si es básico y tradicional o terriblemente estrafalario, puede o no funcionar para ti. Entonces, ¿qué haces si “su” manera de tomar apuntes no tiene sentido para ti? ¿O si logras manejar sus grandiosos “Súper símbolos de estudio para el alumno” y aún así solo obtienes notas 5?
No me quiero convertir en el despotricador de Villegas, pero hay muy pocos “aciertos” y “desaciertos” en el campo de los estudios. Ciertamente, no existe un única forma “acertada” para abordar las pruebas de opción múltiple o para tomar apuntes. Así que no te engañes pensando que sí la hay, especialmente si lo que tú estás practicando parece funcionar para ti. No cambies lo que te da resultados, porque un gurú autoproclamado del estudio asegura que lo que estás haciendo no es lo correcto.
Quizás sea él el que está errado. Después de todo, si su sistema te funciona, lo único que realmente significa es que comparten los mismos gustos, aversiones, talentos o habilidades.
Y esto no debería decirlo, pero no leas mis libros buscando la Verdad, ese sistema único que le funciona igual a todos, porque no la encontrarás. Simplemente, no existe. Lo que sí vas a encontrar es una plétora de técnicas, consejos, trucos y ardides, de los cuales algunos te van a servir, mientras que otros no. Elige, cambia y adapta, averigua lo que es apto para ti, porque tú eres el responsable de crear tu propio sistema de estudio, no yo.
Obviamente, en ocasiones voy a hablar sobre “mi manera” de llevar algo a cabo. Incluso puedo sugerir que ofrece algunas ventajas en comparación a maneras alternativas para realizar lo mismo, pero eso no significa que sea una clase de regla fija cuya desviación del programa de estudio de Ron Fry merezca la pena de muerte.
He utilizado la frase “estudia bien, no más” como un slogan publicitario para el programa “Cómo estudiar” durante casi diez años. Entonces, ¿qué significa para ti? ¿Que garantizo que emplearás menos tiempo estudiando? ¿O que la menor cantidad de tiempo constituye lo mejor? ¿O que se supone que estudiar siempre debe resultar fácil? Para nada. Significa que el estudio ineficiente es perder minutos que podrías destinar a realizar otras actividades (probablemente más entretenidas) y que lograr estudiar en poco tiempo y de una manera eficiente constituye un objetivo realista, que vale la pena y que es
alcanzable. Yo sé lo que es el trabajo duro, pero tampoco soy un monje marginado a
quien la autoflagelación lo hace crecer. ¡Trato de que mi trabajo no sea más difícil de lo que ya es!
www.study.com
En 1988, cuando escribí la primera edición de “Cómo estudiar”, la compuse, formateé e imprimí (ahora tomen aire) en un computador personal. Sí, chicos y chicas, en esos días, estaba surfeando una ola que no llegaría a su orilla hasta unos años más tarde. La mayoría de las personas no tenía un computador, menos una red vecina y DSL (Línea de Suscripción Digital), ni navegaba en la Web (fuera lo que fuera eso) ni chateaba ni enviaba mensajes instantáneos a los amigos ni… ya entendiste la idea.
A menos de que hayas estado viviendo en una cueva que a Bill Gates se le haya olvidado conectar, aquellos días ya han terminado y tú deberías celebrarlo aunque no tengas idea de lo que era el sistema DOS (¿o es? ¿o podría ser?). Lo anterior, porque la expansión de los computadores personales, y lo que es más, de Internet, ha hecho evolucionar el ámbito de los estudios desde la Edad Media a la Era de la Información en solo diez años.
Por lo tanto, te encontrarás con que en todos mis libros doy por sentado que tienes un computador y que sabes cómo usarlo (para tomar apuntes, leer, redactar informes, realizar investigaciones y mucho más).
Hay varias tareas que pueden resultar difíciles de llevar a cabo en un computador, y voy a señalarlas, pero ni por un segundo pienses que no te va a ayudar tremendamente, sin importar tu edad ni tus notas.
En cuanto a Internet, la red ha revolucionado el campo de la investigación de una manera desorbitante. Ya sea que te encuentres escribiendo un informe, unificando una lista de material de lectura, estudiando para la PSU o simplemente tratando de organizar tu vida, Internet se ha convertido en una herramienta más valiosa que la biblioteca más completa del mundo. De hecho, es la biblioteca más completa del mundo… incluso más que eso. Entonces, si no eres un entendedor de Internet (sí, me estoy dirigiendo a los padres, ¿no se dieron cuenta?), admite que eres un tonto, consigue un libro (sobre Internet, obvio) y conéctate. De otra manera, te estarás perdiendo demasiados recursos y estudiando demasiado duro.
En caso de que estuvieras preguntándote
Antes de comenzar a abordar los consejos y técnicas necesarios para recordar lo que sea que se necesite recordar, en el momento preciso, déjame aclarar dos aspectos importantes acerca de todos mis libros de estudio.
En primer lugar, creo en la igualdad de los géneros, tanto en la escritura como en la vida misma. Por desgracia, encuentro que las estructuras como “él o ella” “el/la” o “chic@” son un poco incómodas y, por esa razón, he intentado soltar al azar los pronombres de ambos géneros a lo largo del texto.
En segundo lugar, encontrarás muchos consejos, ejemplos, listas, frases y secciones que se repiten en dos o más de mis libros. Con respecto a este libro, Cómo organizarte mejor es en gran parte un resumen de todas las técnicas de manejo del tiempo, de toma de apuntes y de organización analizadas en todos los demás trabajos y, como tal, duplica lo que contienen las obras Cómo tomar apuntes y Cómo organizar mejor tu tiempo, ninguno de los cuales ha sido actualizado hasta ahora. Entonces, si compraste este manual, entonces no necesitas comprar los otros dos.
Habiendo aclarado la situación, puedo garantizar que las casi 1.200 páginas de mi programa “Cómo estudiar” comprenden el sistema de estudio más completo, más integral y más variado que se haya publicado hasta el momento. He intentado crear un sistema útil y práctico, susceptible de ser aprendido; un sistema que tú puedas utilizar, sin importar tu edad, capacidad de estudio e incluso tu CI, para que te comience a ir bien en los estudios, en el trabajo y en la vida inmediatamente.
Ron Fry Mayo del 2000
CAPÍTULO 1
Cómo organizarte
mejor:
La necesidad de organizarse
IN IMPORTAR SI ERES un estudiante de enseñanza media que está comenzando a sentirse exhausto, un universitario lidiando con cinco ramos y un trabajo de medio tiempo o un padre que trabaja, asiste a clases y cría a una familia, un sistema de organización simple y fácil de seguir resulta crucial para salir adelante. Además, a pesar de la tendencia natural a reclamar que simplemente no cuentas con el tiempo para programar, enumerar y dejar registradas las actividades por realizar, también constituye la mejor manera de ganar más tiempo.
Destinarle tiempo a ganar tiempo
Estoy seguro que muchas de las personas que están leyendo este libro, también se encuentran luchando por cumplir con todas sus responsabilidades y compromisos, que aumentan cada día.
Algunos pueden estar sintiéndose tan sobrepasados que ya se han rendido y lo peor es que posiblemente no se han dado cuenta de que es su propia culpa: si se esforzaran más, le destinaran más tiempo a sus informes y tareas, y visitaran más la biblioteca, todo funcionaría mejor.
Si se resignan a pasar todas las noches en vela, tratando de estudiar toda la materia de una sola vez y se olvidan de ciertas actividades que restan tiempo como comer y dormir… es decir, si tratan de hacer todo de una sola vez, incluso cuando lo que hay que realizar es demasiado, sin aprender los métodos necesarios para controlar tu tiempo, lo más probable es que exploten.
¿Cuándo termina esto?
Tomando en cuenta las clases, las tareas, un trabajo de medio tiempo o de tiempo completo, además de todas las oportunidades de recreación y de entretención, la vida de un estudiante puede volverse muy agitada. Pero, confía en mí, no se hace más fácil cuando te gradúas.
La mayoría de los adultos te dirá que todo se torna más complicado. Siempre habrá un jefe esperando que trabajes hasta más tarde, hijos que necesitan ser alimentados, vestidos y llevados al doctor, hobbies e intereses personales, actividades sociales, cursos que tomar, etc., ¿captaste la idea?
Si ese es tu caso, lo más seguro es que no tenga que decirte lo importante que es la organización, ¿o sí?
Necesitas días más largos
Una vez le pregunté a una alumna muy ocupada si le gustaría contar con más tiempo y me contestó bromeando que se alegraba de que el día solo tuviera 24 horas, porque, si tuviera más, no tendría ninguna excusa para no cumplir con todo.
Déjame darte una buena noticia: existe una forma de lograr más en menos tiempo y ni siquiera debes trabajar más.
Puedes programarte por adelantado y realizar elecciones conscientes acerca de la manera en que emplearás tu tiempo y de la cantidad que le dedicarás a cada actividad. Puedes ejercer más control sobre tu día en lugar de estar siempre corriendo contra el tiempo para alcanzar a lograr todo lo que te has propuesto.
Ahora las malas noticias: el primer paso para comenzar a manejar tu tiempo debería ser decidir lo que es importante… y lo que no lo es tanto. Aunque pueda parecer difícil, a veces es necesario que reconozcamos sinceramente que no podemos hacerlo todo y descartar de nuestras ocupadas agendas aquellas actividades que no tienen tanta relevancia, de modo que podamos dedicarle más energías a las que sí la tienen.
Quizás te guste tanto la música que quieras pertenecer a la orquesta, al grupo de jazz y al coro del colegio, además de tocar con tu propia banda los fines de semana, pero, ¿es realista realizar todas estas actividades?
Por otra parte, tal vez tu trabajo en la tienda del centro comercial te signifique un descuento del 20% en la ropa que quieras comprar, pero si trabajas ahí cuatro días a la semana, asistes a 15 horas semanales de clases y además realizas ayuda comunitaria los fines de semana, ¿a qué hora piensas estudiar?
Si tienes una familia que criar, estás trabajando medio tiempo y, además, cuentas con una carga académica casi completa, probablemente ya sea hora de curarte del síndrome de súper mamá.
¿O solo es necesario planificarse un poco más?
Aunque sigamos los consejos anteriores, a veces aún así la mayoría de nosotros tiene que cumplir con todo, lo que no resulta fácil si incluimos clases, tiempo de estudio, compromisos laborales, actividades extracurriculares y vida social.
El plan de organización que propongo en este libro se ha diseñado especialmente para los estudiantes. Independientemente de que seas un alumno de enseñanza media o de pregrado, un alumno “tradicional” o uno que ha decidido regresar a los estudios después de haber estado en la “vida real” por varios años, te encontrarás con que se trata de un programa asible que sin duda te funcionará.
Además, permite flexibilidad; de hecho, te recomiendo adaptar cualquiera de mis consejos a tus propias necesidades, lo que significa que el programa te servirá tanto si compartes un cuarto con un compañero, como si vives en una casa de estudiantes o si tienes un cónyuge e hijos. Te aseguro que puedes aprender a equilibrar los estudios, el trabajo, la diversión e incluso las responsabilidades familiares.
El propósito de este libro es ayudarte a tomar decisiones sobre lo que realmente es importante, a plantearte metas, a organizar y programar tu tiempo, y a encontrar la
motivación y autodisciplina necesarias para cumplir con la programación y lograr esas
metas, lo que te permitirá ahorrar tiempo para destinarlo a aprender todas las otras técnicas de estudio de las que escribo.
¿No sería grandioso contar con tiempo extra, en lugar de estar siempre corriendo contra el tiempo? ¿Sentir que tienes control sobre tu agenda, tus estudios, tu vida… en lugar de pasar de compromiso en compromiso, de clase en clase, de tarea en tarea, como una bola de billar enloquecida? Es posible.
No voy a emplear mucho tiempo tratando de convencerte de que se trata de una idea “entretenida”; no es muy fácil volverse loco por los calendarios y las listas de actividades por realizar. Levantarte una mañana con la genial idea de que organizar tu vida es lo más entretenido que hay no va a suceder, pero espero que sí lo harás si te convenzo de que la organización eficiente dará sus frutos y de manera bastante concreta.
Asumiendo que todo lo anterior es cierto (y puedo apostarlo), a menos que tengas razones demasiado buenas, si no tienes una idea clara de los beneficios que te puede traer una organización eficiente, lo más probable es que te resulte difícil mantenerte motivado para hacerlo. Tiene que volverse un hábito, algo que lleves a cabo sin pensarlo, pero también algo que realices sin excepciones.
Más trabajo, menos tiempo ¡y más diversión!
Un sistema de organización o de administración del tiempo que satisfaga tus necesidades puede ayudarte a cumplir con más compromisos en menos tiempo.
Sin importar si tu prioridad es disponer de más tiempo libre del que tienes ahora o mejorar tus notas, aprender a organizar tu vida y tus estudios te permitirá lograr tus objetivos, por las siguientes razones:
Te sirve para poner en primer lugar lo que es más importante
¿Alguna vez has tenido que pasar una tarde entera llevando a cabo una tarea que requería mucho trabajo para un curso fácil, solo para darte cuenta de que no le habías dedicado el tiempo suficiente a una prueba crucial para un ramo mucho más difícil? Está bien, si enumeras todas las actividades que tienes que realizar y priorizas, te asegurarás de realizar las más importantes siempre, incluso en esos días en que no cumples con todo. Te sirve para evitar las trampas de tiempo
Las trampas de tiempo son aquellos acontecimientos inesperados que nos sorprenden, en ocasiones (al parecer), todos los días. Son los incendios que tienes que extinguir antes de que te vuelques a las actividades como estudiar.
Puedes caer en dichas trampas, porque aparentan ser urgentes… o porque parecen
divertidas. O te puedes pasar horas realizándolas… sin darte cuenta de que estás
estancado.
No hay forma de evadir todas las trampas de tiempo, pero un manejo eficiente te puede ayudar a evadir la mayoría. Administrar el tiempo es como prevenir los incendios, en lugar de combatirlos: te permite pasar de actividad en actividad de forma sistemática en vez de que sea de crisis en crisis o de capricho en capricho.
Te permite anticipar oportunidades
Además de permitirte balancear el tiempo de estudio con otras actividades que demandan tiempo, un manejo adecuado de tu día puede hacer que las horas que
efectivamente le dedicas al estudio sean más productivas. Podrás lograr más en la misma
cantidad de tiempo o (mucho mejor), alcanzar más en menos tiempo. Estoy seguro de que encontrarás la manera de ocupar esas horas extra cada semana.
Imagina que tú y otro compañero están trabajando en el mismo informe semestral, pero tú planeas los pasos a seguir por adelantado de manera de comenzar y terminar antes, mientras que el otro alumno pospone incluso pensar en el informe hasta una semana antes de la fecha límite. Si los dos no pudieran encontrar todo el material que necesitaban en la biblioteca central, tú, que comenzaste más temprano, tendrías la oportunidad de mandar a pedirlo. El alumno que solo tenía una semana por delante no podría darse ese lujo ni tampoco obtener la misma buena nota
Te da libertad y control
Al contrario de lo que piensan muchos alumnos, la administración del tiempo es
liberadora, no restrictiva. Un cierto control sobre parte de tu día te permite ser flexible
con lo que queda de él.
Por otra parte, podrás programar más tiempo libre en tu agenda. Por ejemplo, tendrás muy claro y por adelantado que tienes una prueba enorme el día después de la fiesta de tu amigo y, en lugar de tener que llamarlo para contarle la triste realidad, podrás estudiar con anticipación e ir a la fiesta sin sentirte culpable, sin siquiera pensar en la evaluación.
Te ayuda a evitar los conflictos de tiempo
¿Alguna vez has experimentado la siguiente historia de terror? Sales a las 5:30 pm clases, te acuerdas de que al día siguiente tienes que entregar una tarea larguísima de matemáticas y es en ese momento también cuando te das cuenta de que no tienes el tiempo para hacerla, porque tienes un ensayo de música a las 6 pm. Luego recuerdas que tu juego de béisbol está programado para las 7 pm… justo antes de esa cita que acordaste meses antes (que se te había olvidado por completo hasta que llegaste a la casa y encontraste un mensaje no tan amoroso en tu máquina contestadora).
El simple hecho de anotar todas tus actividades, responsabilidades y compromisos en un solo lugar te sirve para evitar programar dos cosas al mismo tiempo. Si surgen conflictos de tiempo te darás cuenta por adelantado y podrás reorganizarte.
Te ayuda a evitar sentirte culpable
Cuando sabes todo lo que tienes que estudiar y lo tienes programado, puedes relajarte, ya que estás seguro de que lo lograrás. Es mucho más fácil olvidarte de los estudios si ya has planificado el tiempo para ellos. Si no cuentas con un plan para terminar con el trabajo que estás llevando a cabo, podrías sentirlo como tu cruz, incluso cuando no estés realizándolo precisamente. ¡En lugar de estar pensando todo el tiempo en estudiar, mejor ponte a estudiar!
La administración efectiva del tiempo también te permite tener tu conciencia tranquila: cuando ya has estudiado lo que debías estudiar, puedes disfrutar de verdad tu tiempo libre sin sentirte culpable porque no lo estás dedicando al ámbito académico. Te permite evaluar tus avances
Si estás al día con tus lecturas y tareas nunca te verás sorprendido con las fechas límite. Por ejemplo, si has planificado todo el semestre y sabes que tendrás que leer un promedio de 75 páginas semanales para seguir el ritmo de las clases y solamente leíste 60 páginas esta semana, no necesitas una calculadora para darte cuenta de que estás un poco atrasado. Además que resulta bastante simple planificar un poco más de tiempo para leer la semana siguiente, de manera que puedas ponerte al día. Por otra parte, si lees solo cuando esto no perjudica tu tiempo libre (es decir, cuando no existe conflicto con tu programa de televisión favorito) o cuando estás muy cansado, nunca sabrás si estás atrasado o adelantado (¡pero te apuesto que será lo primero!). Entonces, un día te das cuenta de que tienes tiempo para leer hasta el capítulo 7… hasta la hora de almuerzo. Te ayuda a apreciar el panorama general
La administración efectiva de tu tiempo te permite una apreciación general del semestre. En lugar de que te sorprendan con la guardia baja cuando se acercan tiempos acelerados, serás capaz de programarte por adelantado, semanas por adelantado, cuando tengas que rendir pruebas o entregar trabajos en más de un ramo.
¿Por qué no terminar ese ensayo de cultura alemana unos días antes de manera que no represente un obstáculo cuando tengas que entregar dos ensayos a la vez… o cuando quieras ir a la nieve por un fin de semana?
Los conflictos pueden solucionarse mucho más fácilmente si los prevés y haces algo por eliminarlos.
Te ayuda a apreciar el panorama aún más general
Planificarte por adelantado y contar con una visión global de tu curso te permite ver la manera en que tus cursos aportan a tu educación. Por ejemplo, si sabes que debes tomar química, biología y farmacología para poder optar a enfermería y que los ramos que tengas más tarde se basarán en ellos, al menos podrás saber la razón por la cual esas clases son requeridas en tu carrera de pregrado, incluso cuando no te gusten mucho.
Te sirve para aprender cómo estudiar de una forma más inteligente, sin esforzarte más
A veces los alumnos piensan que administrar su tiempo simplemente significa dividirlo, destinando la misma cantidad de tiempo a estudiar, a las clases y a las fiestas, solo intercambiando los segmentos de tiempo de manera que todo esté “más organizado”.
Lo anterior solo es una verdad a medias, ya que un aspecto clave en el manejo adecuado del tiempo es aprender a priorizar las tareas. Sin embargo, esta visión simplista ignora uno de los beneficios más valiosos de tomar control de tu tiempo: resulta perfectamente plausible que te encuentres tan bien organizado, que hayas priorizado tan bien y que estés en tan buen control de tus días que te puedas dar el lujo de dedicarle
menos tiempo al estudio, obteniendo mejores notas y contando con más horas para
dedicarlo a otras actividades, como las extracurriculares, los hobbies, las películas, lo que sea.
Y la cosa se va poniendo mejor
Además de servirte para manejar tu tiempo en este preciso instante y de ayudarte a alcanzar tus metas inmediatas, aprender a organizar tus estudios seguirá arrojando beneficios.
¿Alguna vez te has sentado en una clase y pensado “nunca voy a utilizar esto cuando salga del colegio”? Eso no pasará con las técnicas de organización, porque te servirán durante toda la vida. El colegio te sirve para prepararte, de eso se trata, por lo que si empleas tu tiempo de modo efectivo ahora, estarás en mejores condiciones en el futuro. Y, mientras mejor preparado te encuentres, contarás con mayores opciones; tener un aprendizaje efectivo y buenas notas en este momento aumentará tu rango de opciones cuando te gradúes. La universidad a la que asistas o la compañía para la que trabajes la habrás elegido tú, no estarán determinadas por tu mal desempeño en el pasado.
Aprender a controlar tu tiempo ahora te ayudará a adquirir hábitos y técnicas que podrás usar fuera del colegio. Puede resultarte difícil adquirir la costumbre de
administrarlo de manera eficiente, pero no pienses que estás sola: esta capacidad le cuesta a muchos padres, profesores y personas que no son estudiantes. ¿A cuántos conoces que nunca se preocupen por el tiempo?
Si aprendes las técnicas de administración efectiva del tiempo en el colegio, resultará fructífero durante toda tu vida sin importar si terminas administrando tu casa o un negocio. Sin embargo, la organización de tus horas no constituye una varita mágica que puede utilizarse para resolver los problemas en el colegio o después de la graduación; es un arte que debe perfeccionarse. No existe un gen del manejo del tiempo que tengas o que te falte, como los responsables de que tus ojos sean cafés o te pelo, negro.
Estas técnicas constituyen herramientas que pueden servirte para alcanzar tanto tus objetivos inmediatos como los mediatos con éxito. Lo que tienes que recordar siempre es que puedes ser un buen administrador de tu tiempo y un alumno exitoso si estás dispuesto a hacer el esfuerzo por aprender y por aplicar los principios de este libro.
Si odias la idea de estar amarrado a una planificación, si temes que le va a quitar toda la espontaneidad a tu vida, sé que te agradará descubrir que la verdad es totalmente lo contrario. La mayoría de los alumnos sienten alivio y entusiasmo cuando se dan cuenta de lo liberador que puede resultar el manejo del tiempo.
Analicemos algunos mitos que pueden tenerte a la defensiva.
¿Acaso tengo que vivir en la biblioteca?
La adquisición de técnicas para administrar mejor tu tiempo no te convertirá en un ratón de biblioteca. ¿Cuántas horas necesitas destinarle al estudio? Pregúntaselo a tu consejero de carrera y lo más probable es que te recomiende dos horas (o cuatro o seis [¡]) de estudio fuera de las clases por cada hora que emplees en las clases. Tonterías… dicha cantidad de horas puede resultar ser muy poco o demasiado. La cantidad de horas necesarias para el estudio variará de persona en persona, dependiendo de sus ramos, sus capacidades, sus necesidades y sus objetivos.
Organizar tu tiempo de estudio no significa que tengas que aumentar de tres horas diarias a ocho. De hecho, la planificación por adelantado de tus actividades por lo general se traduce en que puedes relajarte más cuando no te encuentras estudiando, porque no estarás preocupada por el momento en que harás tu tarea, debido a que el tiempo ya está especificado.
La cantidad de tiempo que dediques al estudio resulta menos importante que la
efectividad con que lo haces. No se trata de estar más horas estudiando, sino de destinar
las mismas o menos horas, logrando más sin importar el tiempo que demores.
Parece demasiado complicado
Muchos temen que el manejo del tiempo implica complejidad, pero, de hecho, lo que se recomienda es simplicidad. Mientras más complicado sea tu sistema, más difícil resultará implementarlo y, en consecuencia, será menos probable que lo uses de manera coherente. Mientras más complejo sea el sistema, más probabilidades existirán de que colapse.
Resulta demasiado rígido
Puedes elaborar un programa que se ajuste a tus propias necesidades. Algunas de las técnicas que aprenderás en este libro te serán más útiles que otras cuando se trate de alcanzar tus objetivos. Quizás ya estés utilizando algunas y querrás comenzar a usar otras de inmediato. Sin embargo, existe la posibilidad de que ciertas técnicas no te acomoden para nada, de manera que tienes que emplear aquellas que tiendan a conducirte a tus metas, a satisfacer tus necesidades y que calcen con tu personalidad.
La inflexibilidad es a lo que las personas más temen: “si lo programo todo, no podré ser espontáneo ni tampoco elegir lo que quiero hacer luego”. Pero, tu planificación
puede ser todo lo flexible que quieras. De hecho, los mejores sistemas son los que sirven
de guía y no constituyen un conjunto rígido de lo que se debe o no se puede hacer.
Con lo anterior tenemos suficiente en relación a los mitos. Ahora echemos un vistazo a lo que verdaderamente se requiere para utilizar las técnicas de manejo del tiempo de manera adecuada.
Un cuaderno apropiado y un lápiz con punta
Tu planificación tiene que estar siempre disponible, ya que resulta casi imposible avanzar en la programación si no cuentas con un registro permanente. Conviértelo en una regla: “Si lo planifico, también lo escribo”. También asegúrate de disponer de un lugar
para escribir y mantener toda la información del programa, incluidos los horarios de
clases, las reuniones, las horas de estudio, los plazos para entregar trabajos, las vacaciones y feriados, las citas médicas, los eventos sociales, etc., de modo que siempre sepas dónde encontrarlos.
Buena disposición para adaptar y personalizar
Tu sistema para controlar tu tiempo tiene que ser creado para satisfacer tus necesidades y tu personalidad. Toma en cuenta el ejemplo siguiente: aunque la mayoría de los padres apagan la luz y mantienen la casa en silencio cuando su guagua está durmiendo, conozco una que estuvo dos meses en el bullicio de una unidad de cuidados intensivos y que no podía quedarse dormida a menos que las luces estuvieran encendidas y que hubiera mucho ruido.
De la misma manera, aunque muchos alumnos pueden estudiar mejor en un ambiente tranquilo, otros se pueden sentir incómodos en una “abarrotada” biblioteca y pueden preferir hacerlo en su propia sala de estar.
Haz que tu programación te satisfaga a ti, no a tu compañero, de costumbres nocturnas, que tiene que planificar todas sus actividades a última hora. Cámbialo, rigidízalo, flexibilízalo, según lo que funcione para ti.
¡Nunca más serás desorganizado!
Todos hemos vivido la experiencia de olvidar una reunión o compromiso importante y decirse “Sé que lo tenía escrito en alguna parte, pero ¿dónde?”
Es fácil pensar “Lo escribiré para que no se me olvide”, pero una planificación que no siempre se utiliza no constituye una herramienta muy confiable; el registro debe ser regular. Debes destinarle tiempo a llenar tu programa cada semana, cada día.
Todos los esfuerzos que realices para controlar mejor tu tiempo serán inútiles si no tienes tu programa contigo cuando lo necesites. Por ejemplo, te encuentras en una clase de arte y tu profesor te dice la fecha en que tienes que entregar tu proyecto; la anotas en tu cuaderno de arte y te prometes que al llegar a casa la vas a anotar. Corres a la siguiente clase y tu profesor programa una sesión de estudio para la semana siguiente y lo escribes en tu cuaderno de laboratorio. Entre las clases, un amigo te detiene para invitarte a una fiesta el jueves en la noche y le prometes que vas a ir. Luego llegas al trabajo y te encuentras con que tu supervisor ha planificado tus horas para la semana próxima; las revisan y a ti te parecen bien. Si hubieras tenido tu programa contigo, habrías podido anotar tu proyecto de arte y de planificar el tiempo necesario para terminarlo. También te habrías dado cuenta de que la sesión de estudio de geología era a la misma hora que la fiesta de tu amigo y que las horas que aceptaste para trabajar te dejaban muy poco tiempo para realizar el proyecto de arte.
Lleva tu planificación todo el tiempo y a donde sea que pienses que podrías necesitarla.
Cuando tengas dudas, ¡llévalo contigo!
Si llevas tu programa contigo a todas partes, las veces en que te digas “Esta vez trataré de no olvidarlo” o “Lo voy a escribir en este papelito y después lo transfiero a mi plan” se verán reducidas.
Escribe siempre tus tareas, trabajos, números telefónicos y otros datos importantes en tu programación de inmediato.
Utiliza tu nuevo sistema regularmente
Para comprobar su efectividad, debes poner a prueba todos los sistemas; dales un tiempo, ya que ninguno puede mostrar sus cualidades si no se utiliza con regularidad… y la regularidad no tendrá lugar si no te esfuerzas. Es igual que aprender a andar en bicicleta. Al principio cuesta cualquier cantidad, incluso te puedes caer un par de veces pero, una vez que logras darle la vuelta al pedal dos veces, puedes andar cada vez más rápido de lo que lograrías a pie.
Lo mismo sucede con las técnicas que te enseñaré aquí: pueden requerir ejercitación y una cuota de acostumbramiento, pero una vez que experimentes una vida “reorganizada” por unas semanas, lo más probable es que te encuentres con que ya es un hábito. Desde ese momento en adelante, no te costará mucho mantenerlo. Ahí es cuando le tomarás el peso a las ventajas, cuando la tarea se convierta en una segunda naturaleza.
CAPÍTULO 2
Cómo organizarte
mejor:
Organiza tu vida
N UNA de mis rutinas favoritas de los famosos comediantes estadounidenses Abbot y Costello, el desafortunado Costello se para en frente de un enorme escritorio de estos con una pequeña puerta ovalada que se cierra hacia abajo, del que se asoman cientos, no, miles de papeles. De pronto, Abbot, el delegador supremo, entra y pide el contrato “Smerling”, de 1942. Costello saca dos montones enormes, trajina en el escritorio cavernario, del que salen papeles por doquier, y extrae una única hoja de papel, a la vez que anuncia “contrato Smerling, 1942”.
Muchos de nosotros probablemente somos tan desordenados como el “sistema de archivo” de Costello, aunque muchos también (ok, yo también me incluyo) van a señalar que difícilmente podrían encontrar algo en esa montonera de cosas que llamamos escritorio.
Sin importar si nos estamos engañando o no, volvernos más organizados en nuestra vida, independientemente de si somos estudiantes, padres o madres o escaladores de carreras, resulta clave para triunfar en el ámbito de los estudios, en la casa y en el trabajo (lo siento Virginia, las ratas, por definición, no son organizados. ¡Limpia tu escritorio!).
Autoevaluación: ¿Cómo es tu CI de planificación?
Con el fin de conocer tu orientación actual con respecto a la planificación, toma esta prueba adaptada del libro Make the Most of your Workday [Saca el mejor provecho a tu día de trabajo] de Jonathan y Susan Clark (Career Press, 1994), encerrando la respuesta que describa tu alineación en un círculo: (3) de acuerdo, (2) no estoy seguro y (1) en desacuerdo:
_____________________________________________________________________________
Soy constante en la planificación diaria 3 2 1
Tengo un calendario o sistema de organización
elegido por mí 3 2 1
Priorizo todas mis actividades… diariamente 3 2 1 Generalmente cumplo con el plan diario (ver p. 70) 3 2 1
No me cuesta tomar decisiones 3 2 1
Trabajo diariamente en partes de proyectos que
deben entregarse en una semana más 3 2 1 El estanque de bencina de mi auto siempre está lleno
al menos hasta la mitad 3 2 1
Sé perfectamente en qué momento soy más productivo 3 2 1 Sé cuál es mi tarea más importante para mañana 3 2 1 Tengo un tablero de proyectos actualizado (ver p. 63) 3 2 1 _____________________________________________________________________________ ¿Cómo te fue?
15 a 24 A veces das lo mejor de ti.
Menos de 15 ¿Cómo puedes soportar esta crisis?
Por qué quedan cosas sin hacer
¿Al final del día te sientes frustrado? ¿Tu lista de actividades por realizar es casi tan larga como lo era al principio del día? ¿A veces sientes que no has parado en todo el día y que, sin embargo, no has avanzado nada? Casi todos los problemas de productividad pueden relacionarse con uno o más elementos de la lista siguiente.
✎ No existen objetivos claros. Sin una meta específica, resulta imposible manejar y organizar tus prioridades de una manera eficiente. Si no sabes hacia donde te diriges, ningún camino te servirá para llegar.
✎ Falta de prioridades. La mejor lista de actividades que se haya escrito jamás no sirve para nada si sus elementos no se han priorizado. Es natural que la mayoría de las personas trabajen en sus actividades más fáciles o entretenidas primero, descartando la mayor parte de su lista, ¡pero dejando de lado lo más importante!
✎ No existe un plan diario. Comenzar la mañana sin un plan equivale a perder el día entero cometiendo errores, ya que permites que cualquiera o cualquier cosa interrumpa tus actividades. Darás paso a cualquier intruso, porque no tendrás cómo defenderte.
✎ Perfeccionismo. ¿Eres incapaz de terminar una tarea (informes, reportes de laboratorio, presentaciones, etc.) y de entregarla hasta que la encuentres perfecta? ¿Todavía puedes ver maneras de mejorar algo? ¿Incluso cuando no lo hay, insistes en que tiene que haber algo en lo que no te hayas fijado?
✎ Desorganización personal. Independientemente de lo bien organizadas que estén tus prioridades y de la perfección de tu programa, puedes estar perdiendo tiempo irrecuperable buscando lo que se te ha perdido en el caos de tu escritorio o de tus archivos, de tu closet o incluso de tu auto.
✎ Interrupciones. Puede ser que todo esté funcionando acorde a tu plan… hasta que llega un amigo o que comienza algún juego en la TV. Muchas de estas eventualidades pueden eliminarse y las que no, deben controlarse.
✎ Postergación. Siempre parece ser una buena idea posponer tu programación; después de todo, mañana será otro día, ¡pero te puedes ver atrapado!
Si te sentiste identificado con algunos o con todos estos elementos, entonces es tiempo de cambiar algunos hábitos. Si estás decidido ha hacerlo, te tengo muy buenas noticias: los malos hábitos pueden mejorarse y hasta reemplazarse de una manera relativamente fácil. De hecho, es mucho más fácil reemplazar un hábito que mejorarlo; solamente intenta cambiar “el hábito mediocre” por las costumbres organizacionales que se presentan aquí. A continuación te presento tu plan de batalla:
✎ Comienza hoy. El mejor momento para comenzar a trabajar en la decisión de ser más organizado es justo ahora. No postergues, ya que tu motivación y resolución no estarán mejores el próximo mes con respecto a ahora. ¡Comienza de inmediato y proponte como meta haber adquirido el hábito en los próximos 30 días!
✎ Haz correr la voz. No dejes en secreto tu determinación a cambiar. Comprométete con tu cambio positivo contándole a tus amigos y a tu familia lo que has decidido realizar y pidiéndoles que te ayuden a cumplir con tu compromiso.
✎ Practica, practica y más practica. La práctica constituye el aceite que lubrica cualquier motor de hábitos. Mientras más ejercites algo, más integrado se vuelve.
La pirámide de objetivos
Una manera de visualizar todas tus metas, y su relación, es elaborando lo que yo llamo una pirámide de objetivos, que se realiza de la siguiente manera:
1. En el medio de la parte superior de una hoja, escribe el objetivo último de tu educación, es decir, tu meta a largo plazo y la punta de tu pirámide.
2. Bajo tu(s) meta(s) a largo plazo, enumera objetivos de mediano plazo: hitos o etapas que te conducirán al fin último.
3. Bajo los objetivos de mediano plazo, anota todos los objetivos a corto plazo que se te ocurran, pequeños pasos que pueden completarse en períodos relativamente cortos.
Modifica tu pirámide de objetivos en el transcurso de tu educación, ya que, con el tiempo, puedes cambiar de opinión con respecto a ella. También pueden variar tus metas a mediano plazo si te decides por un camino distinto conducente al objetivo de largo plazo. Es evidente que los objetivos a corto plazo van a cambiar, incluso día a día.
El proceso de elaboración de tu propia pirámide de objetivos te permite apreciar la
manera en que esas etapas diarias o semanales pueden conducirte hacia tus metas a
mediano y a largo plazo y, por lo tanto, te motivarán a trabajar en tus tareas diarias y semanales con más energía y entusiasmo.
Convierte el establecimiento de metas en una parte de tu vida
La adquisición de técnicas de estudio adecuadas constituye la vía rápida hacia tus objetivos, sin importar cuáles sean. Independientemente del esfuerzo que hagas o de la adversidad que tengas que enfrentar en el camino, el viaje habrá valido la pena.
¿Cómo haces para convertir el establecimiento de metas en una parte de tu vida? Aquí te presento algunos consejos útiles:
1. Sé realista a la hora de plantearte objetivos. No quieras llegar muy lejos o no avanzar mucho y no te preocupes cuando tengas que realizar ajustes a lo largo del camino.
2. Sé realista con respecto a tus expectativas. Es preferible que mejores la comprensión de un tema para el que no demuestras muchas aptitudes que sentirte desesperadamente deprimido si no logras un completo manejo de la materia.
3. No te rindas tan fácilmente. También puedes ser extremadamente realista, es decir, estar demasiado dispuesto a rendirte cuando algo resulta un poco más difícil de lo que te gustaría. No te propongas objetivos muy altos para que luego te sientas miserable cuando no los logras a cabalidad, ni tampoco te plantees objetivos muy mediocres, de forma que nunca desarrolles tu potencial; encuentra el camino correcto para ti.
4. Concéntrate en las áreas que ofrezcan las mejores oportunidades para mejorar. El éxito inesperado puede hacer maravillas con tu seguridad y podría lograr que alcances más de lo que pensabas incluso en otras áreas.
5. Evalúa tus avances y continuamente plantéate nuevos objetivos. Pregúntate cómo lo has hecho y hacia adónde te gustaría dirigirte ahora cada día, cada semana y cada mes.
¿Cuán perfecto eres?
¿Qué significa ser perfeccionista? ¿Eres uno de ellos? Y si lo eres, ¿por qué plantea un problema?
Las personas perfeccionistas quizás se preocupan demasiado, lo que les impide sentirse satisfechos con algo a menos que esté “perfecto” (según su definición), asumiendo que dicho ideal puede alcanzarse. Por supuesto, es perfectamente posible tener los 100 puntos de una prueba y obtener un perfecto “7” en un ensayo en el que el profesor escriba “¡perfecto!” en el margen. Pero, en la realidad, hacer que cualquier cosa sea “perfecta” constituye una tarea imposible.
¿Y qué tiene lo anterior que ver contigo? Nada, a menos que te sorprendas destinando dos horas puliendo un informe con el que ya vas a obtener un 7 o media hora tratando de encontrar esa palabra “perfecta” o una hora reescribiendo apuntes magníficos para volverlos “absolutamente perfectos”.
En otras palabras, aunque la búsqueda de la perfección pueda ser una noble hazaña, puede volverse muy fácilmente, quizás de forma inevitable, un problema difícil de resolver si se torna incontrolable y una urgencia impostergable que no te deja disfrutar de tu trabajo y de tu vida.
Si te encuentras luchando con este demonio, recuerda (con frecuencia) la ley de disminución del rendimiento: el esfuerzo inicial conduce a los mejores resultados, mientras que cada esfuerzo con resultados exitosos que se realizan adicionalmente, conduce a resultados cada vez menores. Luego llega un punto en el que incluso los esfuerzos más prodigiosos se tornan sin sentido. Lo anterior no solo se aplica a los perfeccionistas, sino que también a esas personas que se burlan de la idea de utilizar un “simple” esquema o de producir un informe preciso y conciso. No siempre tienes que ser innovador, deslumbrante y creativo; no es necesario que inventes un informe tipo libro “nuevo, multimedia e interactivo”. En muchas ocasiones, un informe apropiado de seis hojas con el que obtienes un 6,5 está bien; ese 7 obtenido por la innovación requiere tomarse más tiempo y (resolver más problemas) de lo necesario.
Cuando me siento tentado a hacer más de lo requerido, simplemente porque sería
cool (junto con consumir mucho tiempo y ser inútil e ineficiente y además, difícil), me
acuerdo de George Simenon, el autor francés, mejor conocido por su serie de narraciones de misterio protagonizadas por el inspector Maigret y de los 500 libros que escribió en su vida. ¿Cómo lo logró… aún teniendo tiempo para comer y dormir? Muy simple: solo utilizaba 2.000 palabras (de las 800.000 que podía utilizar), de manera que no tuviera que interrumpir su redacción para consultar un diccionario (y, lo más probable es que no haya comido ni dormido mucho).
Si realmente prefieres destinar otras dos horas más a pulir ese informe para sacarte un siete o a buscar un sitio web del que tu profesor nunca haya oído, en lugar de mirar una película, leer un libro o dedicarte a llevar a cabo otras tareas, haz lo que quieras. ¿Acaso son tan importantes esas últimas décimas? En algunos casos sí, pero no siempre.
Otros tres consejos fenomenales relacionados con la organización
Aquí te presentamos tres conceptos que harán una tremenda diferencia en el éxito que logres cuando comiences a hacer que el establecimiento de metas y la organización se integren a tu vida:
Los pequeños cambios a través del tiempo son muy significativos
Puede ser que una modificación simple y pequeña en tu comportamiento no tenga resultados importantes en términos visuales; sin embargo, realiza cientos de cambios ¡y los efectos serán devastadores!
Convierte esta regla en un factor automático de tu proceso mental y de tus acciones, porque te permitirá entender una diferencia que a menudo es mínima entre el éxito y el fracaso, la productividad y la frustración, la felicidad y la agonía. Es tan simple que resulta engañoso. Quizás sea necesario un poco más de práctica, tal vez un método de planificación un poco mejor, a lo mejor una pequeña mejora en una costumbre, o quizás estos factores y algo más. Cada uno por sí solo casi no tiene consecuencias, pero cuando se suman, ¡la ventaja es increíble!
Ten presente la regla 80-20 (Principio de Pareto)
Otra regla que puedes aplicar para lograr una diferencia en la eficiencia con que organizas y manejas tus prioridades es la regla 80-20, también conocida como principio de Pareto.
Víctor Pareto fue un economista y sociólogo italiano que estudió la posesión de tierras en Italia hacia fines del siglo XX. Pareto descubrió que más del 80% de las tierras se lo adjudicaba menos del 20% de las personas. Al estudiar otras posesiones (incluido el dinero), se encontró con que actuaba el mismo principio: el 20% o menos de las personas siempre terminaba con el 80% o más de cualquier cosa.
La revelación más impresionante de la regla 80-20 es su lado opuesto: si el 20% de las actividades producen el 80% de los resultados, entonces el 80% restante de las actividades, en total, solo arrojan el 20% de los resultados.
Recuerda: con el fin de aplicar la regla 80-20 para manejar tus prioridades, recuérdate que el 20% de las actividades en tu lista va a producir el 80% de los resultados y de los beneficios. Tu pregunta siempre debe consistir en “¿cuáles son las actividades que conforman el 20%?”.
Aprovecha los entretiempos
Puedes ser aún más productivo si identificas las pequeñas oportunidades que se te presentan en la vida cada día. No llegan con mucha fanfarria, de manera que si no estás alerta, pasan desapercibidas. ¿Qué debes hacer con estos entretiempos? Reconocerlos apenas se presenten y utilizarlos de inmediato siguiendo un curso premeditado. Si no cuentas con un plan, ¡perderás el tiempo!
A continuación se entregan algunas sugerencias: ✎ Realiza llamadas telefónicas.
✎ Lee algo. ✎ Envía cartas.
✎ Compra abarrotes (o haz la lista del supermercado).
✎ Limpia tu escritorio o regresa las cosas al lugar donde corresponden. ✎ Revisa tu plan diario y vuelve a priorizar, si es necesario.
✎ Revisa tu correo.
✎ Escribe una nota o una carta para tu casa.
✎ ¡Piensa! (sobre alguna tarea pendiente, un informe que estés redactando, lo que sea).
✎ ¡Relájate!