En este punto, se exponen los resultados de las regresiones múltiples Para estos cálculos se tomaron diferentes grupos de variables independientes, buscando
6.3. PERFIL DE ARQUITECTURA
6.4.1. Fuerza muscular
6.4.1.2. Modificaciones en las correlaciones
Se observaron correlaciones leves, aunque significativas (r=0.57, p<0.05) entre los cambios en el SJ y la 1RM de extensores de rodillas, y también entre los cambios en el SJ y la FIM de extensores de rodillas (r=0.57, p<0.05). Esto nos indica que los cambios en estas 3 pruebas podrían compartir causas comunes y que, en nuestro grupo, los aumentos en fuerza máxima fueron acompañados de aumentos en fuerza explosiva. Si bien esto
contradice lo que ocurrió en el trabajo de Baker y cols. (1994), debemos tener en cuenta las siguientes salvedades: el trabajo de Baker y cols. fue realizado con sujetos con experiencia en el trabajo con cargas, el test utilizado era un ABK, y el programa de entrenamiento incluía una intensidad media mayor que la nuestra. Estas diferencias podrían ser las responsables de los distintos resultados.
Las pendientes no correlacionaban con otras variables, excepto la pendiente cada 40 ms en el SJ, que antes del entrenamiento correlacionaba con variables de fuerza máxima (con la 1RM de extensión de rodillas, la FIM de extensores de rodillas y la fuerza ejercida en los primeros 500 ms por los extensores de las rodillas). Una explicación a esto sería que, antes de realizar el entrenamiento, la capacidad para aumentar la fuerza rápidamente en el SJ estaba más relacionada con la fuerza máxima del sujeto, mientras que tras el entrenamiento esto fue modificado, quizá por el aumento en la fuerza explosiva de los sujetos ante cargas ligeras.
No hemos encontrado correlaciones entre las pendientes de la curva de fuerza isométrica y las alturas de vuelo en SJ y CMJ, algo ya señalado en los trabajos de Baker
(1996) y Young y Bilby (1993). Tampoco hemos encontrado relación entre las pendientes medidas en los saltos y el rendimiento en esta prueba, al igual que Haff y cols. (2000), lo que nos indica que se asocian a manifestaciones de la fuerza distintas de las del rendimiento en tests de salto. La falta de asociación entre las alturas de vuelo y las
pendientes en la prueba de fuerza isométrica podrían ser debidas a diferencias en la activación neural e incluso por factores mecánicos, pues durante la prueba de FIM, el ángulo de rodillas es constante mientras aumenta la fuerza, mientras que en un salto el ángulo de las rodillas varía hasta el despegue. Por otra parte, nos parece importante señalar un aspecto metodológico: el diseño de las pruebas isométricas hacía que la fuerza ejercida por los sujetos pasase por su columna vertebral. Esto podía llegar a ser doloroso y, en algunos individuos, a pesar de la familiarización, podría haber limitado su potencial para desarrollar las máximas pendientes.
Las correlaciones de la altura de vuelo del CMJ con las potencias por kilogramo de masa y los impulsos por kilogramo de masa, disminuyeron tras el entrenamiento. Estas dos variables han demostrado ser las que más correlacionaban con el rendimiento en los saltos. La explicación al cambio en las correlaciones podría ser doble. Tras el entrenamiento, el grupo experimental se hizo más homogéneo, por lo que era más difícil encontrar correlaciones entre variables que en un grupo más heterogéneo. Por otra parte, la forma en la que los ejercicios eran ejecutados tenía una mayor transferencia al SJ, puesto que sólo se realizaba de forma explosiva la parte concéntrica del ejercicio. Esto pudo haber provocado que aumentos en la potencia por kilogramo de masa en el CMJ no se tradujeran en mejoras en la altura de vuelo. Confirmando la idea, se observaban las correlaciones entre los aumentos de las potencias por kilogramo de masa y las alturas de vuelo en SJ y CMJ. En el SJ sí había correlaciones significativas, mientras que en el CMJ no, lo que vendría a apuntar la importancia de la especificidad del entrenamiento.
6.4.2. Arquitectura
En este apartado se analizan las modificaciones en las variables de arquitectura muscular y las correlaciones entre ellas, comparándolas con los datos que aparecen en la bibliografía.
6.4.2.1. Modificaciones en los valores
La explicación de las modificaciones en la arquitectura comenzará con los grosores musculares, para seguir con los ángulos de peneación y, por último, se explicarán los cambios en la longitud de los fascículos.
En los grosores musculares del grupo experimental, los únicos cambios
significativos aparecieron en el VL (+6.6%, p<0.001), lo que apunta a que estos cambios fueron consecuencia del periodo de entrenamiento (Figura 31). En el trabajo de Rutherford y Jones (1992), el CSA del VL aumentó un 4.7% tras 12 semanas de entrenamiento. Por otra parte, Kawakami y cols. (1995), consiguieron un aumento del 27% en el grosor muscular del tríceps braquial tras 16 semanas de entrenamiento de fuerza de alta intensidad. En estudios más recientes, como el de Blazevich (2000), los cambios tras 5 semanas de entrenamiento en el grosor del VL iban del 2.9%, en un grupo de estudiantes que entrenó únicamente sprints y saltos, al 11.5% en un grupo que entrenó sentadillas explosivas con cargas. Blazevich y Giorgi (2001), reportan aumentos del 29.5% en el grosor del tríceps braquial tras 12 semanas de entrenamiento pesado, en un grupo que había recibido esteroides. Sin embargo, en el grupo que no recibió hormonas, los aumentos fueron únicamente del 13.8%. El grupo del estudio de Aagaard y cols. (2001), realizó un entrenamiento de fuerza de alta intensidad durante 14 semanas, consiguiendo aumentos del 10.2% en el CSA del cuádriceps. Realizando un entrenamiento isométrico de 10 semanas a intensidades del 60 y 100% de la FIM, el grupo de Kanehisa y cols. (2002) consiguió aumentos del 12.1% y el 17.1%, respectivamente, en el CSA del tríceps braquial.
0 0.4 0.8 1.2 1.6 2 2.4 2.8 3.2 3.6 Gr os or mus cu la r (c m) Primera medición Segunda medición
***
Grupo control Grupo experimental
Figura 31: Evolución del grosor muscular del vasto lateral, en la primera y segunda medición de los grupos control y experimental. (***p<0.001).
Los aumentos del grosor muscular o el CSA del VL en los trabajos mencionados se situaban entre el 5 y el 10%, por lo que nuestros resultados estaban dentro de ese rango. En el tríceps braquial se produjeron aumentos de mayor magnitud (del 10 al 30%), con la salvedad del grupo que no recibió esteroides en el estudio de Blazevich y Giorgi (2001), que únicamente aumentó un 3.8%. Estas diferencias podrían deberse a las distintas respuestas hipertróficas entre grupos musculares, pues en principio sería más fácil conseguir aumentos en el tríceps braquial en periodos cortos de entrenamiento.
El aumento conseguido en nuestro grupo experimental no fue grande, aunque sí significativo. La carga de entrenamiento y las intensidades utilizadas no eran las adecuadas para conseguir las mayores modificaciones en el tamaño del músculo (Fleck y Kraemer, 1997; González y Gorostiaga, 1995), aunque debemos tener en cuenta que, en individuos sin experiencia previa en el entrenamiento de fuerza, no es extraño encontrar cambios significativos en el tamaño del músculo con entrenamientos similares.
0 0.4 0.8 1.2 1.6 2 2.4 Grosor muscular (cm) Primera medición Segunda medición
Grupo control Grupo experimental
*
Figura 32: Evolución del grosor muscular del gastrocnemio lateral en la primera y segunda medición, de los grupos control y experimental. (*p<0.05). 0 0.4 0.8 1.2 1.6 2 2.4 G rosor muscular (cm) Primera medición Segunda medición
Grupo control Grupo experimental
Figura 33: Evolución del grosor muscular del gastrocnemio medial, en la primera y segunda medición de los grupos control y experimental.
del GL sí aumentó significativamente en el grupo control (+7.9%, p<0.05; Figura 32). Esta diferencia posiblemente vendría provocada por el problema metodológico que hemos señalado en el punto 6.1. Así, observando las modificaciones en el GM creemos que la tendencia en los extensores de los tobillos tras el entrenamiento fue la de mantener su tamaño. El entrenamiento realizado no habría sido suficiente para provocar aumentos de tamaño en estos 2 músculos.
Figura 34: Evolución del ángulo de peneación del vasto lateral, en la primera y segunda medición de los grupos control y experimental. 0 4 8 12 16 20 24 Ángulo de peneación (º) Primera medición Segunda medición
Grupo control Grupo experimental
Los ángulos de peneación de los tres músculos analizados no sufrieron cambios significativos en el grupo experimental (Figuras 34 a la 36), aunque hubo una tendencia
hacia la disminución en los tres (-2.4% en el VL, -8.9% en el GL y –8.1% en el GM). En los trabajos de la bibliografía, el entrenamiento de fuerza suele ir acompañado de aumentos en los ángulos de peneación que van del 1.4% en el vasto intermedio (Rutherford y Jones, 1993) al 39.5% en el tríceps braquial (Blazevich y Giorgi, 2001), pasando por aumentos del 29.1% en el tríceps braquial (Kawakami y cols., 1995), 13 y 15.2% en el VL (Blazevich, 2000), 15-16% en el tríceps braquial en el trabajo de Kanehisa y cols., (2002) y un 35.5% en el ángulo de peneación del VL en el trabajo de Aagaard y cols (2001).
Sin embargo, aunque la tendencia general en la bibliografía tras un entrenamiento con pesas es aumentar los ángulos de peneación, encontramos algunas excepciones. Rutherford y Jones (1992) encontraron una disminución del 2.1% en los ángulos de peneación del VL tras 12 semanas de entrenamiento. En el estudio de Blazevich (2000), los ángulos de peneación del VL se redujeron un 6.2% tras 5 semanas de entrenamiento de saltos y sprints, y en un trabajo posterior (Blazevich y Giorgi, 2001), encontraron una disminución del 4.3% en el grupo que entrenó durante 12 semanas el tríceps braquial sin recibir esteroides.
En la mayoría de los estudios que hemos citado se realizaron entrenamientos de alta intensidad orientados hacia el aumento de tamaño del músculo y de su fuerza máxima. Sin embargo, el objetivo del entrenamiento en los grupos del trabajo de Blazevich (2000) era aumentar su fuerza explosiva ante cargas ligeras. En su estudio, el grupo que entrenó con cargas lo hacía durante 2 días a la semana, alternando un día “ligero” y un día “pesado”. Las cargas utilizadas en los días “pesados” eran mayores que las de nuestro trabajo, por lo que serían las responsables del aumento de los ángulos de peneación del VL en un 15.2%, acompañados por incrementos del 11.1% en el grosor muscular.
Los sujetos de nuestro grupo experimental aumentaron un 6.6% el grosor muscular de su VL y disminuyeron un 2.4% los ángulos de peneación. La razón por la que no aumentaron sus ángulos podría ser que no llegaron al “umbral” en el que los cambios en su grosor muscular se tradujeran en aumentos en los ángulos de peneación. Esta
teoría vendría apoyada por los resultados de Rutherford y Jones (1992), en los que con un discreto aumento del 4.7% en el CSA del VL, los ángulos de peneación disminuían un 2.1%. El “umbral” de los cambios podría ser distinto para cada músculo, pues en el estudio de Blazevich y Giorgi (2001), el grupo que aumentó el grosor muscular de su tríceps braquial un 29.5% lo vio acompañado por incrementos en los ángulos de peneación del 39.5%, mientras que el grupo que sólo aumentó un 13.8% el grosor muscular tras el entrenamiento, disminuyó sus ángulos un 4.3%, lo que querría decir que los cambios en este músculo seguirían una evolución distinta a la del VL.
Otra posible explicación a la disminución de los ángulos de peneación podría ser la existencia de adaptaciones específicas de la arquitectura como respuesta al entrenamiento de fuerza explosiva con cargas ligeras. Uno de los grupos del estudio de
Blazevich (2000) sólo realizó entrenamiento de saltos y sprints, con una disminución del 6.2% en los ángulos del VL tras el entrenamiento. Esta tendencia hacia la disminución de los
0 4 8 12 16 20 24 Ángulo de peneación (º) Primera medición Segunda medición
Grupo control Grupo experimental
***
** *
Figura 35: Evolución del ángulo de peneación del gastrocnemio lateral, en la primera y segunda medición de los grupos control y
experimental. (*p<0.05, **p<0.01, ***p<0.001).
ángulos de peneación con aumentos del grosor muscular podría ser consecuencia del alargamiento de los fascículos musculares.
No tenemos referencias con las que comparar la evolución de los ángulos de peneación de los gastrocnemios. En el GL y GM del grupo experimental no hay cambios significativos, aunque sigue la tendencia hacia disminuir los ángulos de peneación tras el entrenamiento (-8.9% en el GL y –8.1 en el GM). Los datos del GL deben ser tomados con precaución, pues se produjo un aumento significativo del 8.6% (p<0.05) en el grupo control sin cambios similares en el GM. Además, encontramos diferencias significativas entre grupos en la primera y segunda medición en el GL, pero no en el GM (Figuras 35 y 36). Pensamos que posiblemente esto tuviera más que ver con el problema metodológico que hemos señalado, que con cambios producidos en el grupo control o con diferencias reales, pues ambos grupos provenían de la misma población y estas diferencias sólo aparecen en el GL, pero no en el GM.
Figura 37: Evolución de la longitud de los fascículos del vasto lateral, en la primera y segunda medición de los grupos control y experimental. (*p<0.05). 0 4 8 12 16 20 24 28 32 36 40 Ángulo de peneación (º) Primera medición Segunda medición
Grupo control Grupo experimental
Figura 36: Evolución del ángulo de peneación del gastrocnemio medial, en la primera y segunda medición de los grupos control y experimental. 0 2 4 6 8 10 12 14 Longitud de fascículos (cm) Primera medición Segunda medición
Grupo control Grupo experimental
*
La longitud de los fascículos aumentó en los tres músculos analizados en el
grupo experimental, aunque sólo en el VL lo hizo de forma significativa (+11.1%, p<0.05; Figura 37). En el grupo control también se produjeron aumentos en el VL y GL (+3.0% y +0.5%, respectivamente), aunque no en el GM (-0.1%). De todas formas, estos aumentos fueron menores que en el grupo experimental y ninguno de ellos fue significativo.
Los cambios en la longitud de los fascículos encontrados en la bibliografía siguen 2 tendencias. La primera implica disminuciones como consecuencia del trabajo de fuerza de alta intensidad (Kawakami y cols., 1995; Blazevich, 2000; Blazevich y Giorgi, 2001),
mientras que la segunda tendencia conlleva el aumento de la longitud de los fascículos en algunos grupos de sujetos. Blazevich y Giorgi nos señalan en su trabajo que el grupo que no recibió esteroides aumentó un 20.3% la longitud de los fascículos de su tríceps braquial. Los fascículos del VL también se alargaron un 24.9% en el estudio de Blazevich (2000), tras 5 semanas de entrenamiento de saltos y sprints.
Los incrementos descritos en nuestro estudio son menores que los anteriores, pero la principal diferencia es que en el VL se asocian con aumentos significativos en el grosor muscular. Esto estaría relacionado con un aumento de tamaño del músculo por
alargamiento de fascículos, algo que había sido apuntado como una posibilidad (Kearns y cols., 2000). El aumento de tamaño del músculo como consecuencia del alargamiento de fascículos permitiría, por una parte, mantener la tensión específica (Kearns y cols., 2000).
Por otra parte, implicaría una mayor velocidad de acortamiento (Fukunaga y cols., 1992;
Lieber y Fridén, 2000; Wickievicz y cols., 1983), e incluso se ha relacionado con un mayor rendimiento en pruebas de velocidad en atletismo (Abe y cols., 2000, 2001; Kumagai y cols., 2000a). El aumento significativo en la longitud de los fascículos / longitud del miembro en el VL (+11.1%, p<0.05) no puede ser comparado con datos de la bibliografía, aunque basándonos en los estudios transversales de Abe y cols. y Kumagai y cols. creemos que confirmaría esta tendencia.
En el GL y el GM también se observó la misma tendencia que en el VL, aunque los aumentos en la longitud de los fascículos no eran significativos. La ausencia de cambios significativos podría estar originada por la diferencia entre los ejercicios de entrenamiento de extensión de tobillos y de rodillas. La ejecución del ejercicio de extensión de rodillas era más dinámica que la del ejercicio de extensión de tobillos; además, en el ejercicio de extensión de rodillas se partía de un estiramiento previo del cuádriceps, mientras que los tobillos estaban en posición anatómica. Por otra parte, el VL y los gastrocnemios podrían tener una
0 2 4 6 8 10 Longitud de fascículos (cm) Primera medición Segunda medición
Grupo control Grupo experimental
***
**
Figura 38: Evolución de la longitud de los fascículos del gastrocnemio lateral, en la primera y segunda medición de los grupos control y experimental. (**p<0.01, ***p<0.001).
y como ha sido sugerido por Kawakami y cols., (1995). Estas razones podrían ser las responsables de la distinta magnitud de los cambios encontrados en los tres músculos analizados.
Por otra parte, las diferencias significativas encontradas en el GL entre los grupos experimental y control (Figura 38) estarían otra vez relacionadas con los aspectos metodológicos ya mencionados, más que con diferencias reales entre los grupos. Esta teoría se vería confirmada por la ausencia de diferencias significativas entre grupos en la longitud de los fascículos del GM.
Grosor muscular (cm) Ángulo de peneación (º) 10 12 14 16 18 20 22 1.0 1.1 1.2 1.3 1.4 1.5 1.6 r=0.84, p<0.001
Figura 39: Relación entre el ángulo de peneación y el grosor muscular del gastrocnemio lateral, tras el entrenamiento en el grupo experimental.
6.4.2.2. Modificaciones en las correlaciones
En los sujetos de nuestro grupo experimental había cambios en las correlaciones de las variables de arquitectura tras el entrenamiento. Así, aparece una correlación entre el
grosor muscular y el ángulo de peneación del VL (r=0.50, p<0.05; Figura 40), mientras
que en el GL aumenta (r=0.84, p<0.01; Figura 39). En el GM, en cambio, la correlación positiva de la primera medición (r=0.62, p<0.01) desapareció en la segunda. Los responsables de estas modificaciones en las correlaciones serían los cambios producidos por el entrenamiento en la arquitectura. El VL fue el único músculo del grupo experimental que aumentó su grosor muscular y la longitud de los fascículos significativamente, mientras que sufrió los menores cambios en su ángulo de peneación. Esto querría decir que aumentó su grosor muscular principalmente como consecuencia del alargamiento de los fascículos musculares. Según Kearns y cols. (2001), la ausencia de correlaciones entre grosor y ángulos de peneación no es extraña en sujetos sedentarios, y sólo cuando se comienza el entrenamiento es cuando la relación entre parámetros se hace evidente.
Figura 40: Relación entre la longitud de los fascículos y el grosor muscular del vasto lateral, antes del entrenamiento en el grupo experimental. Grosor muscular (cm) Longi tud de fascículos (cm) 5 6 7 8 9 10 11 12 1.2 1.6 2.0 2.4 2.8 3.2 r=0.50, p<0.05
La desaparición de la correlación entre grosor y ángulo de peneación en el GM tras el entrenamiento podría estar relacionada con la homogeneización del grupo experimental. En grupos heterogéneos, con rangos amplios de valores en los parámetros de arquitectura, sería más fácil encontrar relaciones significativas entre el tamaño del músculo y ángulo de peneación (Ichinose y cols., 1998), algo que ya ocurría en los trabajos de Kawakami y cols. (1993, 2000a), y Binzoni y cols. (2001). El entrenamiento realizado por el grupo experimental habría tenido un efecto “homogeneizador” sobre este grupo, lo que sería la causa de la desaparición de las correlaciones. Por otra parte, también debemos tener en cuenta que la contribución del tamaño del músculo a las variaciones del ángulo de peneación puede cambiar, dependiendo de los músculos analizados (Ichinose y cols., 1998b).
Sólo aparecen correlaciones (mínimas) entre el grosor muscular y la longitud de los fascículos en el VL antes del entrenamiento (r=0.50, p<0.05; Figura 40). En principio, esta tendencia debería haber sido inversa, y la correlación debería haber aumentado tras el entrenamiento. No obstante, no debemos olvidar lo señalado en el párrafo anterior sobre grupos homogéneos, y la dificultad para encontrar correlaciones. Además, debemos tener en cuenta que la ausencia de correlaciones ya ha sido observada en la bibliografía en 0grupos de sujetos no deportistas (Kearns y cols., 2000).
Las relaciones entre ángulo de peneación y la longitud de los fascículos eran significativas en los tres músculos estudiados tras el entrenamiento, aunque en el VL
aumentaron y en los gastrocnemios disminuyeron. Estas relaciones se esperaban, pues son variables que presentan cierta dependencia, aunque la ausencia de correlaciones en el VL antes del entrenamiento era inesperada. Una posible explicación sería el efecto que el entrenamiento tendría sobre la relación entre variables de arquitectura, actuando como “punto de arranque”, a partir del cual estas correlaciones entre variables se harían evidentes