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A modo de cierre

In document ANUARIO ELCANO: AMERICA LATINA 2002-2003 (página 95-102)

S er visto y suscitar interés es muchas veces la con- d ición pa ra dar cauce pr i mero y rei v i nd icar despu é s el der echo a una pr esen cia. Pues si los pa r es apor- tan la base pa ra ver com ú nlo que es ajeno al nuevo contexto –ex pr esa r se en espa ñ ol, que el son ido de la bachata, el mer eng ue o la ra n chera inu nde la vía, d i sponer de los pro ductos habitua les o comer una

a r epa en un puesto en la ca l le–, la actitud de los d i s í- m i lespuede reducir esas conductas al ámbito de la pr i v acidad o ref orza r las med ia nte la aprobación y más aún si las celebra n. Y una vez que se inicia este pro ceso llega un momento en que son los agentes externos los más inter esados en poten ciar la ima- gen de población difer enciada–y apegada a una ser ie de se ñ as– fr ente al con ju nto globa l, ta nto i ns i stiendo en la ( supuesta )u n idad cu ltu ra l, como en fatiza ndo las (a veces ig ua l mente supuestas )

d i fer en cias.

Los pro cesos y datos anted ichos cor roboran la cr e- ciente importa n cia de la población hispa na en E EU U. Ésta ha superado ya el grado de promesa y a lca nza la masa cr í tica necesa r ia pa ra recabar una especial aten ción de los otros sector es y af i r ma r su pos ición en el hor izonte de fuerzas so cia les. En cua nto a la cuestión inicia l, lo observ ado apu nta a u na doble respuesta según el pla no al que nos ref i- ra mos y lav a ra con que quera mos med i r lo. Si la pr eg u nta se limita a si hay un f u tu ro –a esca la so cial e institucional– pa ralo hispa noen EEU U, la r espuesta no puede ser otra que un resuelto sí. De hecho, el espa ñ ol es ev idente en cada seg mento de la vida estadou n idense, hay ya una elaborada i n fraestructu ra que lo apoya y los inter eses que le ci rcu ndan tenderán a da r le aún mayor sol idez. La conti nu idad de los flujos, la cercanía a los luga r es de or igen, las nuev as tec nolog í as de la infor ma- ci ó n, el interés de corporaciones y pol í ticos en cu l- ti v a r d icho públ ico, sin ol v idar la ideolog í a mu lticu ltu ral y la do ctr i nanor mativa del país fr en- te a los inmig ra ntes –pos itiva e integ radora–, que aportan la leg iti m idad necesa r ia, av a lan la evol u- ción en esa línea. Y lo mismo cabe decir en cua nto a la alineación con una identidad difer en ciada. E ntre otras ra zones, además de las citadas, por lo d i f í cil que le resu lta a su vez al ci udada no amer ica- no med io ver se ref lejado –e identi f ica r se– con el r esto de pa losque tiene hoy la ba ra ja.

O tra cuestión es lo que ocurrirá a nivel ind i v idual as í como el alca n ce y ra ngo so cial del espa ñ ol. Si per- ma necerá mayor mente como refer ente simbólico, r educido al interca m bio espont á neo con los pa r es y a la dimensión ex pr esiva y comercial (de bienes o votos) –lo que fía su tra nsmisión al es f uerzo e inte- rés pa rticu lar y seguirá fomenta ndo la acu ltu raci ó n l i ng ü í stica de las nuev as generaciones–, o rebasa r á esos ámbitos af i r ma ndo su pos ición y validez a otras esca las. Por ahora, lo observ ado muestra que la ten- den cia, aún en aquel los que tienen un perfecto dom i- n io de la leng ua, es s a l tar al inglés en cua nto la conver sación ca m bia de foro. Se echa de menos, en este sentido, una con cien cia más extend ida sobre la neces idad de cu lti v a r lo entre los jóvenes y el per ju i- cio de su pérd ida. Es más, no es extraño que se dé por hecho y acepte como nor mal o, en to do caso, que se fíe su futu ro al albur del ambiente. Se entiende, de un lado, que es el pr ecioa pagar por integ ra r se y ascender so cia l mente. Y, de otro, la l igazón natu ra l que se da por sí misma. “Como el ag ua y el pez ” ,

según ex pr esión gráfica de un entr ev i stado50( N YC,

agosto 20 02). Y nad ie duda que el lo sea así. Sólo que no hay reg uero que res i sta el batir del océano. No obsta nte, ta mpo co cabe hacer un gran desga r ro de vestidu ras. Au nque ya sea pos i ble vivir en EEU U

en espa ñ ol, el hecho obje ti vo es que sólo qu ienes dom i nan el inglés pueden llevar una vida más plena y tener acceso a oportu n idades. Es compr ens i ble pues que, ante las dificu ltades escola r es o las def i- cien cias de la –mal lla mada– educación bi l i ng ü e, los pad r es opten por relegar su leng ua (en la escuela e i n cl uso en el hogar). Pero con independen cia del componente afecti vo y los benef icios ps ico -so cia les aso ciados –mayor au to esti ma y ex pectati v as aca- d é m icas y menor disona n cia cu ltu ral entre genera- ciones (Portes y Ru m baut 20 01; Portes y Hao 20 02)–, el bi l i ng ü i s mo tiene un notable valor en sí m i s mo en un mu ndo –y economía– cada vez más g lobal e interconectado. Y de hecho, no fa ltan vo ces

que lo recuerda n. Por lo que es de esperar que, a med ida que el espa ñ ol af i r me su pos ición en el espa- cio so cial y se amplíe la dema nda de per sonal bi l i n- güe –algo que ya está ocu r r iendo, como hemos v i sto–, se empiece a contemplar –y apr eciar– de otra ma nera el poten cial natu ral con que se cuenta. Por otra pa rte, la pérd ida o el escaso dom i n io de la leng ua materna, no pa r ece afectar –al menos hasta donde alca nzan nuestras observ aciones– a la af i- l iación identita r ia, lo que sin duda cho ca con el pr e- supuesto general que los enga rza. Y, au nque el lo no deje de suscitar cierta sorpr esa en qu ien lo ve desde f uera los ind icios apu ntan hacia un sólido naciona- l i s mo que pr esci nde del víncu lo con la leng ua de r efer en cia. Las ra zones que hay de trás son muy v a r iadas. Pero esto, ta m bién se sa le de los márge- nes de este escr ito.

En su ma, lo h i spa no–y lo lati no– tienen por dela nte, en mi opi n i ó n, un sólido futu ro en EEU U. El espa ñ ol seguirá consol ida ndo su pr esen cia e importa n cia au nque, de no haber un giro importa nte y reci bi r mayor apoyo instituciona l, no pa r ece fácil que se r eduz ca la br echa entre su desa r rol lo a esca la so cia l y el retro ceso ind i v idual que ahora pr esenta. No ser í a extraño pues que, de conti nuar en esa línea, nos en contr emos con la pa radoja de que mientras los a jenosse es f uerzan por apr ender lo, los propiosle s igan da ndo la espa lda. Por cierto, el Pa rtido Republ i- ca no, que ta nto ig noró hasta hace muy po co a los his- pa nos, ofr ece clases de espa ñ ol a sus miem bros en F lor ida desde ma rzo 20 02 y proyecta extender las al r esto del pa í s51.

‘ neg ros’... son los hatia nos. . .’ (Entr ev i stas NY, ma rzo y mayo 20 02). ( 48 )De los resta ntes, el 47% se decla ra ‘bla nco’ y un 6% afirma pertenecer a dos o más ra zas, fr ente al 2% que el ige esa opción en el resto de la poblaci ó n. (Ver Gr ieco y Cassidy 20 01 y Singer 20 02 ) . ( 49 )V é ase A. Goldstein y R. Suro: “A jou r ney in stages”, ‘T he Was h i ng ton Post’, 16 enero 2000. ( 50 )Qu izá valga la pena ano tar que qu ien as í desca rta la necesidad de cua lqu ier ti po de apoyo, es miem bro de una pr estig iosa u n i versidad nortea mer ica na y está tan comprometido con lo que sucede en su país como pa ra pr esidir la extensión en EEUU del pr i nci pal pa rtido pol í tico de aquel que cuenta con un buen número de a f i l iados. ( 51 )K. Díaz, ‘T he Star Tr i bu ne (Mi n neso ta)’ 25 octubre 20 02; T. Abbady, ‘T he Was h i ng ton Post’, 31 octubre 20 02. ( 52 )Los art í cu los de pr ensa fig u ran sólo a pie de página om iti é ndose en esta relaci ó n.

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Introducción

A ntes de entrar a ana l izar los pro cesos electora les celebrados en América Lati na en 20 02, mer ece la pena destacar la situación históricamente singular que ha ca racter izado a la región desde el inicio de laTer cera Ola demo cr á tica. América Lati na vive, desde hace 25 años, el pro ceso de demo cratiza- ción más la rgo y prof u ndo de su histor ia. Pese a la diversidad alcanzada por la democracia en desarro- l lo y ca l idad, la región vive el av a n ce más impor- ta nte de las libertades ci udada nas en muchos años2. El contexto histórico, las experiencias nacio-

na les y las ci rcu nsta n cias internaciona les ha n de ter m i nado que, en to do este per io do de tiempo no haya ex i stido ning u na alternativa a la demo cra- cia. Cua lqu ier régimen con per specti v as de viabi l i- dad tiene que celebrar elecciones y decla ra r se demo cr á tico: debe instituciona l izar la pol í tica, da r ciertas ga ra nt í as de protección de los der echos hu ma nos, ma ntener un sistema jud icia l, aseg u ra r la compe ten cia pa rtida r ia, velar por la libertad de ex pr es i ó n, es deci r, intro ducir elementos de la demo cracia ausentes en los reg í menes au tor ita r ios. Nu n ca antes hubo ta ntos reg í menes demo cr á tica- mente electos ni ta ntas tra ns iciones demo cr á ticas. Esto no impl ica una sati s facción total con la demo- cracia; por el contra r io, aun cua ndo la demo cracia está más firmemente establecida, la población se muestra decepcionada por los resu ltados econ ó m i- cos y so cia les. Como bien destaca el Infor me de Desa r rol lo Hu ma no del Prog ra ma de las Naciones Un idas pa ra el Desa r rol lo (PNUD)3, muchos se com-

prome tieron con la lucha demo cr á tica con la espe- ra nza de log rar mayor justicia so cia l, mayor pa rtici- pación pol í tica y una sol ución pac í f ica a los con f l ictos violentos. Y, con razón o sin el la, espera- ban que la demo cracia tra jera cons igo más desa r ro- l lo. Hoy, dos décadas más ta rde, en demas iados pa í- ses vemos que la demo cracia no ha mejorado la vida de la gente com ú n.

Los avances en materia de democratización ni han sido homogéneos ni se han visto acompañados por mejor í as importa ntes en la ca l idad de vida de los ci udada nos. Si bien el desa r rol lo pol í tico era ind i s-

A m é r ica Lati na: ba la nce

electoral 2002

Las elecciones celebradas du ra nte 20 02

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